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ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

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"Nociones del vigía" (reseña)

Ref.: “Nociones del vigía” (Ed. Sanlibrario, Bogotá 2005, con dibujos de Emma Reyes)

Carlos-Enrique Ruiz (Manizales, Colombia, 1943) funda y dirige la revista Aleph en 1966, publicación que ha visto la luz de manera regular desde entonces. En la actualidad esta publicación sigue siendo un referente cultural en Hispanoamérica, una muestra del rigor y del amor a la poesía que empuja la altruista empresa de su director.

De profesión Ingeniero de Caminos, Ruiz es profesor emérito, honorario y especial de la Universidad Nacional, Miembro Correspondiente de Academia Colombiana de la Lengua y autor de numerosos libros de ensayo y poesía, entre ellos Imaginería de caminos y Sesgo de claveles.

Nociones del vigía se plantea como un viaje en el que se pregunta por la función del poeta y por la poesía en estos tiempos míseros y huérfanos de guías. Vigía que ronda en la oscuridad, éste parece velar nuestro sueño, mientras busca una ráfaga de luz que le permita desentrañar el misterio. Vigía que sólo puede bucear en su interior, en su aventura cae preso de instantes, de imágenes reveladoras. Cinco son las estaciones que marcan el itinerario de su viaje hacia el misterio en este poemario:

Uno: Cadencias de la propia distancia en el que las palabras fugitivas se escurren entre los cauces de los ríos y se pierden en el mar. Los despojos del náufrago se funden con los elementos, y éste alcanza la eternidad en el silencio de la roca:
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Dos: El titubear del candil donde el poeta persigue el instante con las palabras, pero el tiempo inmaterial reduce a una imagen fugitiva lo vivido:
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Tres: Lunas asedian a los cuerpos. El poeta busca el poema en el recuerdo, sondea la embrionaria presencia de las cosas reducidas a sombras, ruidos que se filtran entre los dedos, adioses sin regreso, rostros apesadumbrados que se convierten en señal del pasado:
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Cuatro: Devaneos en la torre de Montaigne. Entre el pensar y el acontecer sólo hay un paso al abismo, la frágil frontera entre la vida y la muerte. Se plantea la eterna pregunta del poeta que interroga al más allá, desde el viaje de Orfeo a los infiernos:
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Y cinco: La tabla del náufrago. El poeta náufrago se aferra a las palabras, a una melodía, a otras voces, a la música que emite la luz. Lo asedia el deseo desesperado de transformar en labios esas palabras, en gestos mudos, en conquistar el mundo de lo elemental, de lo cotidiano, del simple pasar:
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En: Revista ÓMNIBUS, No.7, año II, Madrid, enero del 2006

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