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Vértigo humanista... Prólogo al libro "Educación y humanismo en la vida universitaria"

Ref.: Ruiz, Carlos-Enrique. Educación y humanismo en la vida universitaria.
Ed. Página Maestra Editores, Bogotá 2010;  378 pp.

Se accede a la edición completa con el siguiente enlace:
http://es.scribd.com/doc/29253464/Educacion-y-Humanismo-en-La-Vida-Universitaria-CER


Este atractivo libro reúne, bajo el título Educación y humanismo en la vida universitaria, ensayos y conferencias de Carlos- Enrique Ruiz en cuatro temas: educación humanística, humanismo, universidad y cultura, y universidad y educación. El autor advierte que se trata de textos trabajados a lo largo de los últimos doce años.



Lo más admirable y útil de esta recopilación es que presenta en detalle los principales compromisos vitales de Carlos-Enrique. Muy arbitrariamente me atrevo a interpretar y agrupar algunos de aquellos, como pasiones capitales, así:

1.    La vida plena no la concibe sino transformada por la escritura. La muerte de Sócrates es la experiencia fundadora. Aunque el mismo Sócrates no escribió, su heroísmo llega hasta nosotros por la fuerza testimonial de la escritura de sus discípulos. Vocación: una vida examinada, una vida que resistiría ser juzgada desde criterios universales.

2.    Aunque la libertad de pensamiento es –como en Kant– la cuna de todas las demás libertades,  para Carlos-Enrique el lugar privilegiado para la deliberación es el aula: “…mi lugar esencial ha sido, y sigue siendo, el aula, para el compartir, para los diálogos, para el libre examen”.

3.    Tal vez por ello propone buscar en la formación de los maestros la solución a la confrontación colombiana: “…el conflicto debe ser enfrentado desde la educación y la cultura, con trabajo intenso en la formación de maestros, en todos los niveles”.  No conozco intelectual o experto alguno en Colombia que le otorgue semejante grado de responsabilidad a la educación . Hay evidencia de que los maestros despiertan mayor o igual confianza que las instituciones reconocidas por el público como las más confiables, la Iglesia y el Ejército . ¿Hasta dónde esta confianza proviene del aislamiento escolar de la vida real? ¿Se mantendría con una educación más crítica, más pertinente, más orientada a la acción? ¿O el humanismo es la mediación clave (en primera aproximación impertinente) porque lleva a reconocer lo universal en situaciones, dilemas, exploraciones y soluciones concretas? Sin duda el enterarnos de otros dramas más lejanos y ajenos ayuda a la comprensión y al manejo de nuestros propios dramas.

4.    Nada de lo humano le es ajeno. Todo conocimiento puede ayudar a perfeccionar la humanidad. Carlos-Enrique no sólo divulga con inocultable entusiasmo las ideas pacifistas de Einstein, también entronca sus reflexiones con las de pensadores latinoamericanos. Es su manera de adaptar el humanismo al contexto local.  

5.    Otra vía de acceso privilegiada a la herencia del humanismo son las Cátedras, incluida la “Cátedra Aleph”, que permiten el contacto de los jóvenes y los profesores con pensadores, creadores y académicos contemporáneos ejemplares . Aportan en la misma dirección publicaciones, de calidad y abiertas a muy diversos temas, como la “Revista Aleph”. Presentar creaciones y dirigir argumentos a un público ilustrado, suscitando su juicio es parte esencial de la construcción de una “esfera pública” sin la cual no hay ciudadanía.

6.    ¿Es posible construir universalidad y ciudadanía desde una ciudad, Manizales, capturada al mismo tiempo por una innegable vocación universitaria e intelectual y por notorias limitaciones en el cumplimiento de normas legales en la administración pública y en la vida política (limitaciones ilustradas por dolorosos episodios de corrupción y violencia)? ¿Cómo entender esa paradoja? Manizales llegará plenamente a ser una ciudad universal si logra entrelazar en sus prácticas dos gustos, dos placeres cultivables: el de ser universitario y el de ser ciudadano.  

7.    Como gestor, como intérprete y protagonista del devenir institucional, Carlos-Enrique sabe combinar cierto espíritu travieso con una gran ecuanimidad, equilibrio y apego casi aristocrático a las formas. Por eso tal vez ha sido muy eficaz en múltiples iniciativas, desde su participación como estudiante en la recuperación de espacios culturales y físicos –bajo la benevolente mirada de Alfonso Carvajal-Escobar, el "Decano Magnífico”–  hasta la construcción de la torre de estancias, el edificio de postgrados (que incluye el “Aula del estudiante de la mesa redonda”), la biblioteca Germán Arciniegas, el edificio de Laboratorios, el Auditorio central, iniciativa y gestión de ley de estampilla pro universidades Nacional y de Caldas, y la consecución y puesta en marcha del nuevo campus universitario: La Nubia.

La fe en la razón también necesita templos. Hay una conexión estrecha entre el Carlos-Enrique constructor de infraestructura universitaria, el gestor cultural y el intelectual sui generis. Cada ciudad se construye y alcanza su universalidad en torno a su singularidad. La transición decisiva se da cuando la ciudad deja de verse a sí misma como algo simplemente dado, o como un mero hecho de naturaleza y pasa a verse y a vivirse como obra, como construcción con sentido, como cultura. Aunque  la revista Aleph podría publicarse en cualquier lugar del mundo, Manizales sin Aleph no sería Manizales.

Desde un punto de vista humanista, como el desarrollado en este libro, la educación va mucho más allá de la adquisición instrumental de competencias. Es formación. Es experiencia de la fertilidad de la convivencia entre distintas perspectivas. Es moralidad encarnada en la capacidad de construir, esgrimir, escuchar, evaluar y, si es el caso, acoger argumentos. Es capacidad de acudir al arte para refinar día a día nuestra experiencia y nuestras emociones.

Por eso la educación altera. Transvalora. Da vértigo.

 

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