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ISSN 0120-0216
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Entrevista de Jorge Consuega con Carlos-Enrique Ruiz, a propósito de los ¡50 años! de la Revista Aleph

-       ¿Cómo nació la idea, hace 50 años, de hacer una revista cultural?

R/.  Ocurre que en mayo de 1964 los casi doscientos estudiantes que éramos de la sede en Manizales de la Universidad Nacional nos encontrábamos en huelga en oposición a la decisión de la dirección central en Bogotá de cerrar la Sede y de trasladarnos a concluir carrera de ingeniería civil (la única existente por entonces) a las sedes de Bogotá y Medellín, y también en reclamo de cambio del decano, con desempeños solo a las cinco de la tarde. En junio asume de Rector el Dr. José-Félix Patiño R., quien se apersona del problema enviando delegado para indagar, recibe pronto informe y él asume la decisión que informa al Consejo Superior: los estudiantes tienen la razón y se cambia Decano, nombrando al solicitado por los huelguista, al Dr. Alfonso Carvajal-Escobar (Ingeniero de la Escuela de Minas y Arquitecto de París), quien se posesiona en julio y se emprende la que reconocemos como la Refundación de nuestra Sede. Fue un período floreciente desde la gestión trasformadora de Patiño-Restrepo, con la reforma que lleva su nombre, y de Carvajal-Escobar quien crea nuevas carreras, amplía cupos y las instalaciones físicas, con creación de residencias para estudiantes. Pero, por otra parte, Patiño tuvo de mano derecha nada menos que a Marta Traba, directora de Extensión Cultural, motor imparable, con actividades congregantes en las artes y en las letras, con quien trabamos relación, y el foco de estudiantes activistas culturales en Manizales tuvimos de ella estímulo y apoyo incondicional.

En ese ambiente de renovación nace la Revista Aleph, en 1966, que incluye breve ensayo exclusivo de Marta Traba sobre el arte colombiano. El nombre tiene doble connotación. Por entonces yo descubrí el cuento “El Aleph” de Borges en “El retorno de los brujos” que leía, y me conquistó. Pero también, implícito en ese relato, estaba la referencia a la teoría matemática de los ‘transfinitos’, la “Mengenlehre”, desarrollada por el matemático alemán Georg Cantor (1845-1918), de la cual “Aleph” era el nombre del primer transfinito (primera letra del alfabeto hebreo). Y como estudiante de ingeniería tenía nada despreciable formación matemática, adopté el nombre, con apoyo de mis compañeros. Y con esa primera aparición (octubre 1966) quisimos hacer una revista que congregara aspectos de la ciencia, la técnica y el humanismo.

Asumo de director de ella, y en la Redacción el profesor Bernardo Trejos-Arcila (mi profesor de filosofía en el bachillerato y en el programa respectivo de la Universidad de Caldas; además docente catedrático en nuestra UN, por designación de Carvajal-Escobar), acompañado de mi entrañable colega estudiante Hugo Marulanda-López.

La Revista sale al amparo del que llamamos “Departamento de Extensión Cultural”, con un “Comité consultivo y asesor” integrado por Alfonso Carvajal-Escobar, los docentes Bernardo Trejos-Arcila y Jorge Ramírez-Giraldo, con la representación del Est. Antonio Gallego-Uribe, actuando yo como “Secretario”, sin retribución económica alguna. Eran tiempos de filantropía y altruismo en la vida universitaria, tan ajenos hoy.

Mis compañeros de agite cultural, Hugo y Antonio, se me fueron hace algunos años. Y he quedado un tanto solo, siguiendo el camino trazado desde los comienzos, con persistencia y sin doblegar la cerviz.

-  ¿Qué tipo de dificultades se encontraron en aquel entonces para hacer la Revista? 

R/. Quizá por el ambiente motivador referido antes, las dificultades no contaban para nosotros. Carvajal-Escobar me puso el reto de conseguir cooperación económica con exalumnos ingenieros, de ejercicio en sus campos. Acudimos a algunas oficinas de ingeniería y tuvimos avisos, que sumados los recursos no alcanzaban a cubrir los costos de la imprenta, pero Carvajal asumió lo faltante. Fue una edición de mil ejemplares editada en la “Editorial Renacimiento”, dependencia del diario local “La Patria”, en formato que se conserva de 17x24 cms., con Albert Einstein en carátula, en bella fotografía en blanco y negro. Si mal no recuerdo la edición costo mil pesos (de 1966), y se vendieron algunos ejemplares a un peso, con distribución a bibliotecas por parte de la respectiva dependencia en la Sede.

-      - ¿Cuál fue el primer logro de la misma?

R/. El primer logro fue haberme marcado en el compromiso de llevarla adelante, con persistencia y sin cejar en los emprendimientos. Me gradué de ingeniero civil en 1967, de la mano de mi tutor, el “Decano Magnífico”. Laboré en la profesión e hice estudios de posgrado, con reincorporación a la UN en enero de 1971, y desde entonces sigo en la brega académica, con algunos servicios prestados a nivel nacional, pero sin faltar en las ediciones de la Revista Aleph, que ahora cumple los cincuenta años, con 176 ediciones (primer semestre de 2016).

-      - ¿Qué temas se trataron muy especialmente?

R/. En la primera edición tratamos de marcar una ambición de destino en la Revista: congregar ciencia, técnica y humanismo. Escribí un editorial con mi idea de Universidad, la cual sigue acompañándome, además de un registro de la primera trascendental y emocionante semana cultural (25 de sept. al 2 de oct./1966); trajimos la Orquesta Sinfónica de Colombia, con dos conciertos: uno en el “Teatro los Fundadores” y el otro en el “Coliseo cubierto), para público en general y para obreros de las industrias que apoyaron económicamente su traída. Y tuvimos ciclos de teatro, cine, conferencias. Nuestro grupo de teatro estuvo organizado y dirigido por el alumno-ingeniero Henry Cardona, que representó “Las preciosas ridículas” de Molière y “El Escorial” de Michel de Ghelderode. Actuación de la coral universitaria que integramos, dirigida por el alumno-administrador de empresas, tenor Bernardo Sánchez. Tuvimos también el grupo de teatro de la UN-Bogotá dirigido por Carlos Duplat, con su obra “El basurero”. Una conferencia en especie de ciencia-ficción: “La energía atómica y su aplicación en la apertura del canal San Juan/Atrato”, por el físico alemán Hans Herkrath. Conferencia de profundidades en el pensamiento: “Raíces biológicas y existenciales de la Cultura”, por el profesor Bernardo Trejos-Arcila. Entre otras. Ciclo de apreciación de cine, con el crítico Hernando Salcedo-Silva, con tres películas: “La noche” de Antonioni, “Soberbia” de Orson Wells y “Juventud divino tesoro” de Bergman.

Pero volviendo a los otros contenidos de la edición fundacional de Aleph, un artículo sobre el “Sistema de adjudicación de contratos de ingeniería”, por el catedrático Ing. Rodrigo Arango-Soto (tempranamente fallecido, de enorme talento, quien tuvo a su cargo la clausura del primer ciclo de cine-club que tuvimos). El alumno-ingeniero Hugo Marulanda-López (mi compañero entrañable del bachillerato y la UN, y de ajetreos) escribió: “La Universidad Nacional de Manizales, síntomas de un cambio”. Se reprodujeron artículos fundamentales del “Código del Ingeniero”. El eminente profesor, Bernardo Trejos-Arcila, marcó punto alto con su ensayo: “La cultura como ingrediente de la vida”. Marta Traba de igual modo enalteció la publicación con su escrito: “Última década del arte colombiano”. El musicólogo/melómano, escritor, poeta, Alberto Londoño-Álvarez, contribuyó con su artículo: “La música como concepto filosófico. Breve artículo del por entonces alumno del sexto de bachillerato, en el Instituto Universitario de Caldas, Samuel-Darío Prieto R., luego ingeniero civil de notable trayectoria, además de bandolista, bajo el título: “¿Está la música colombiana condenada a desaparecer?”. Dos cuentos, uno de la Est. Beatriz Naranjo: “El mundo ideal” y el otro del Est.-Adm. Gustavo Duque-Franco: “Viaje a la ilusión”. El docente de humanidades, Jaime Berrío-Toro escribió sobre Camilo-José Cela, “primer estilista de las letras españolas contemporáneas”. El estudiante de filosofía, con apreciable trayectoria posterior de escritor, José Chalarca, publicó su reflexión: “El hombre y las cosas en La Vorágine”. Con el Ing.-Profesor Alfredo Robledo-Isaza, de notable talento, también tempranamente ido, hice mi primer “Reportaje de Aleph”, una entrevista al físico Hans Herkrath, en el cual utilicé como seudónimo: G. Samsa, lo que denota también por entonces mi apego a Kafka.

-     -  ¿Hacer cultura en Manizales por medio de una revista es complicado? 

R/. Igual que en cualquier parte, ni más ni menos complicado. Las cosas se hacen de acuerdo con el compromiso, la voluntad, la vocación, la persistencia… Manizales tiene la ventaja de ser mi ciudad, donde nací y he crecido. Aquí tengo a mi gente, y la gente ha sido generosa, amable y estimulante conmigo. Y es el lugar de mi familia, de donde vengo y en la que estoy.

-     -  ¿Cómo han respondido los lectores a la Revista? 

R/.  Una pregunta difícil de responder. La principal respuesta es la de un número apreciable de lectores, de difícil conteo, de lugares hasta inverosímiles. En esta época digital la Revista se produce en medio físico, en papel, con tirajes reducidos, y en la edición virtual, con muchas ediciones a la vista en nuestra web: www.revistaaleph.com.co, y seguimiento de lugares, lectores, preferencias, a través de “Google analytics” que tenemos incorporado. Es un medio de alcances insólitos. Encontramos que la Revista es consultada en algunos países de África, del medio y lejano Oriente, en Hungría, Ucrania, China, Rusia, India, etc. El mayor número de consultas suele ocurrir en Colombia,  España, México, Ecuador, Argentina, Estados Unidos, Venezuela, Chile, Francia, Alemania…Por otra parte, en esa página tenemos actualizados los índices, lo que permite una mayor difusión y alcance para investigadores, o lectores curiosos. Y se tienen, de pronto, comunicaciones con consultas y comentarios.

-    -   ¿Medio siglo es mucho tiempo o un tiempo justo para poder sonreír?

R/.  La sonrisa es una cualidad propia de espíritus con sentido de compartir alegría. Tengo la limitación, quizá genética, de no ser expresivo en risas y sonrisas. Pero el espíritu tiene gozo, que comparto en cercanía familiar, con amistades próximas y con alumnos de la Cátedra. En medio siglo de la Revista, mi edad de vida cultural/académica es esa. En lo personal cumplo también cincuenta años de incesante actividad, en medio de ilusiones, esperanzas, utopías, y hasta temporales desfallecimientos. Pero la línea conductora de mi quehacer es progresiva en iniciativas, en retos, en desafíos de pensamiento y creación. La sonrisa se me da en la mirada que suelo entrecruzar, en especial, con Livia, mis hijos y nietos.

-     -  ¿Cuál ha sido el mayor logro de la revista?

R/.  Otra pregunta de muy difícil concreción. Para aventurar una respuesta tendré que acudir al plural. Se trata de consecutivos logros. Cada edición es un logro, a veces impensable. Y en la cadena de labor muy importantes son las ediciones monográficas que hemos realizado: la Cultura en España, la Cultura en Israel, la Cultura en Argentina,… Michel de Montaigne, Fernando Pessoa, Miguel de Unamuno, Alfonso Reyes, Gabriel García-Márquez, Jorge-Luis Borges,… “Los intelectuales y el poder”, El Quijote, Baruch Spinoza, Danilo Cruz-Vélez, Jean-Jacques Rousseau, Eduardo Caballero-Calderón, Jorge Zalamea, Armando Romero, Eduardo García-Aguilar, La literatura del pueblo chicano, María Zambrano…  Recordadas un poco a saltos.

Otro logro reflejado en la Revista es el conjunto de “Reportajes de Aleph” que incorpora encuentros con personalidades en el mundo ocupadas de la ciencia, el arte, el pensamiento, las letras. En especial menciono mi encuentro con Juan Rulfo, Ben-Ami Scherfstein, Dámaso Alonso, Luis Cardoza y Aragón, Marcela del Río-Reyes, Matilde Espinosa, Fernando Salmerón, Alí Chumacero, Rafael Gutiérrez-Girardot, Germán Arciniegas, José-María Valverde, Fernando Savater, Oswaldo Guayasamín, Atahualpa del Cioppo, Gordon Brotherston, Nirma Zárate, Günther Haensch, Ernesto Guhl, José Prat, Blas Galindo, Germán Pardo-García, Francisco Miró-Quesada, Emma Reyes, Georges Lomné, Leopoldo Zea, Juan Friede, José-Félix Patiño, Jorge Arias de Greiff, Jaime Jaramillo-Uribe, etc., etc.

Asimismo, nombro las contribuciones de artistas plásticos para carátulas e ilustraciones interiores: Alejandro Obregón, Emma Reyes, David Manzur, Alipio Jaramillo, Juan Calzadilla, Colombo Gazzoni, Pedro-Nel Gómez, Oswaldo Guayasamín, Luciano Jaramillo, Guillermo Botero G., Pilar González-Gómez (nuestra más perseverante ilustradora),  Luz-María Ángel, Carlos-Augusto Buriticá, Gonzalo Ariza, Rodrigo Granada, Alipio Jaramillo, Cosme Jaramillo, Luis-Alfonso Orozco, Luz-María Jaramillo, Guillermo Páramo, Adolfo peña, Jorge-Elías Triana, Mario Rivero, Rogelio Salmona, Sergio Trujillo-Magnenat, Maria-Victoria Vélez, José-Luis Cuevas, Enrique Grau, etc., etc.

Y los manuscritos autógrafos, en especial de poetas… También de larga enumeración, de la más variada procedencia.

Asimismo, se publicó una serie del orden de 40 partituras, con obras de autores regionales, nacionales y algunos extranjeros, que merecería recogerse en un volumen.

-    -   ¿Aleph siempre será un referente a Borges? 

R/.  Como lo expresé en la primera respuesta, Borges tiene un peso fundamental en la denominación de la Revista, y en mi condición de lector, a tal grado que cada semestre, en mi “Cátedra Aleph”, en la Universidad Nacional de Manizales, con 28 versiones, en la primera sesión de trabajo dialogo con los estudiantes sobre ese complejo y asombroso relato: “El Aleph”, para poner en escena el método de seminario-tertulia, también para justificar el nombre de la Revista y su extensión viva en la Cátedra. Toda la obra de Borges es de asombro, como su propia personalidad. Y no dejo de compartir lecturas de “Los conjurados”, ese libro que le dicta a Maria Kodama en Ginebra, en la antesala de su muerte. En la dedicatoria a ella le dice: “Sólo podemos dar lo que ya hemos dado. Sólo podemos dar lo que ya es del otro. En este libro están las cosas que siempre fueron suyas”.  Y en el muy breve prólogo, anota: “Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.”   Ese hombre sabiéndose en la proximidad de la muerte se expresa sin dolor, sin sentimiento trágico de fatalidad, por el contrario con la satisfacción de haber disfrutado de la belleza y de la felicidad.

Borges sigue siendo un pilar que soporta mi vida de lector, de recreador de palabras, al deletrear sentimientos y pareceres. Y un tanto más hondo llevo a Michel de Montaigne, en sus “Ensayos”, para continua reflexión sobre los temas de la vida, infaltables.

-     -  ¿Qué se publicó en 50 años de la revista que fue un verdadero éxito cultural? 

R/.  Nada en la Revista y en mi vida ha sido “éxito”, si por esta palabra entendemos las satisfacciones que la sociedad mercantil ofrece en las entretenciones del consumismo. Me gusta la palabra “logros”, a los cuales ya me referí antes. Y sin la menor duda el principal logro de mi vida fue el encuentro con Livia, cuando ambos éramos alumnos -ella en Música, yo en Ingeniería-,  quien me ha acompañado en estos cincuenta años, en todas las circunstancias, jugándosela conmigo, paso a paso, desde la música, el amor, la solidaridad, la palabra,… el silencio. Con  tres hijos y cinco nietos, que le dan cada día más sentido y compromiso a nuestras vidas.

-    -  ¿Y...hasta siempre seguir con la publicación? 

R/.   ¡Hasta siempre!, ¡Hasta siempre!, compañero.

-    -   ¿Es el mejor legado para hijos, nietos y lectores?

R/.  Difícil saber que puedan apreciar ellos de los ajetreos de nuestras vidas. La Revista es un acontecimiento en la Cultura hispanoamericana, singular por la perseverancia en el tiempo, y por sus contenidos, ajenos a las modas, a los grupos, a las filiaciones ideológicas, políticas o religiosas. Hacemos parte de aquella extraña cofradía de los librepensadores, con Michel de Montaigne a la cabeza, y su antecesor Sócrates.

Hijos y nietos, en especial, tendrán pareceres sobre el trabajo de padres y abuelos, inabordables. Llevarán en sus espíritus la impronta de nuestra labor, fiel a la filantropía y el altruismo en la Educación y la Cultura. Livia y yo somos pensionados (¿despensionados y jubilosos?), como docentes de toda la vida, y yo sigo “ad honorem” trabajando con estudiantes en mi Cátedra, ese espacio propicio que me creó la UN, con aplicación cada semestre en el “Aula del estudiante de la mesa redonda”.

No me hago ilusiones frente al tiempo. Nada quedará. Los recuerdos son pasajeros. Otros seguirán sus propios caminos, el destino que les tocó, y nosotros entraremos a hacer parte de un pasado que va desdibujándose con el ritmo de los tiempos, más pronto que tarde, en la perspectiva de un futuro de difícil vaticinio. Sobrellevo una condición de escéptico moderado, de indagador sin sujeciones establecidas, acunado en la vida y obra de mi maestro Michel de Montaigne. Y en Don Quijote, el enjuto desfacedor de entuertos.

 

 

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