Miércoles 27 de septiembre de 2006 — http://cronopiosdiariovirtual.blogspot.com/ ________________________________________________ La poesía de un ingeniero de caminosPor Ignacio Ramírez Director de Cronopios
¡Qué poesía tan extraña esta de “Las lluvias del verano”! No hay tempestad ni música ni rodeos melifluos para pescar lectores deslumbrados ante el efectismo, que siempre abundarán en nuestros predios porque así como nunca fuimos bien educados para amar, tampoco hallamos el equilibrio de la estética y por eso los lugares comunes y la cascarita del adjetivismo o el pincelazo verbal tenue, predispuesto para tatuar la atmósfera, nos hacen resbalar y prorrumpir en suspiros propios de quien cae en la trampa y se deja robar mientras se arroba.
¡Pero qué contrastes también en la poética de Las lluvias del verano! Porque llueven, sí, flores y florilegios y no obstante conservan su palpable impermeabilidad bajo el aguacero del sentimentalismo: hay agapantos, amapolas, pétalos, claveles, sauces, cañadas, paliques y alambiques y trabucos y evanescencias y transparencias y sosiegos y sonrojos y sin embargo no cae en lo manido ni en lo cursi y deja —en cambio— a quien lo lee y lo asume, la sensación de quien avanza por un camino con la certeza de que ha de llegar al otro lado: el verano de las lluvias. Las lluvias del verano es un libro de cuestiones del decir, así bautizado por su autor Carlos-Enrique Ruiz, un ingeniero de caminos que ya con ese título gana el derecho a la poesía.
Yo no lo sé, pero pregunto y me pregunto: ¿Existe o existió alguna vez la carrera profesional de ingeniería de caminos? ¿Puede haber un oficio más poético que ingenierar caminos? ¿Y el verbo ingenierar existirá o lo estoy inventando? A mí me vale para ser poeta, que es tanto como ser ingeniero de palabras. Y también para sentir que estoy leyendo un extrañísimo libro de poesía donde encuentro espacios de antes sin frontera que ahora son objeto de burla, o el asedio de otras vidas víctimas del instante porque no quieren mirar a las estrellas.
El libro de un poeta ingeniero de caminos, la poesía de un filósofo cómplice de la razón pero amante del verso y a la vez de un versificador que filosofa o la brújula díscola de un viejo lobo de mar y amar en la mar del aforismo, la sinfonía sin partitura de un músico que habita en un pueblo de calles empinadas y es habitado por otro pueblo de encumbrados sueños y enarboladas palabras. En este otoño tropical, llueve… y es verano en el libro que ahora veo con su portada de flores de Emma Reyes. ****
Muestra fortuita de Las lluvias del verano 10. Ciudad abigarrada por las palabras por los sones y las tinieblas Ciudad del conjuro y la onomatopeya Ciudad del sueño transformado en nieblas Ciudad del paisaje carcomido por la soledad de astros y estrellas sin la pausa soberbia del qué galicado Ciudad en la colina del esperanto a la sombra de Babilonias con la efusión de silencios en la esquina de la rockola 20. Todavía cabe un sonrojo más en el lomo de la conjetura Todavía es posible la mano sobre el hombro y el corazón en arrebato Los pies sin pasos trazan especulaciones en la arena y del mirar sobrevive la sorpresa de los agapantos 21. Describí en tu cuerpo la geografía del agua y en los labios se extendieron las sílabas desgranadas del corazón entre quejas y suspiros Las horas fueron pronunciando el sabor agridulce de acontecimientos sin frontera hasta saciar la sed de las miradas y el pulso de las manos Horas con desenlace en el sosiego de las piedras por escarpes de impacto a la vista de lejanos peregrinos Tu cuerpo enciende la pasión del aire 26. En la alborada la flor destiñe el aire circundante y se desprende del destino a corre-vuelo hasta dejar en aroma no reconocible el valor de su huella Flores las hay de toda clase en especial las que no se nombran ni suelen verse tan solo en lo marginal de vidas que disfrutan con esplendor de la soberbia del mundo 28. Rencuentro de voces de lejanías de sonidos dispares en explanadas de la memoria entre lloviznas o brisas que la piel recibe en bálsamo El cruce de manos se desteje en las esquinas cuando las voces mismas entonan reclamo por ausencia Apenas el sigilo tintura las miradas y al instante el acontecer cotidiano invade las vidas de nuevo
33. Apestante algarabía de las cosas en los suburbios tan echados a pasar de largo ante las tragedias del mundo Ensordecedora ausencia de sosiego en los árboles en las flores y en las tendidas de mano entre cobardes La peste recorre los caminos de la indigencia y deposita plegarias en las puertas de palacios y catedrales A la espera no estuvo nadie y la huida ocurrió con la caída del sol 37. Las lluvias del verano acarician los campos y en los cristales dejan el llamado a la conquista de intimidad por los capullos dejados ahí a la deriva del calor Lluvias que llegan y pasan en la candidez de las calles y entre las sórdidas miradas de los paraguas Avanzan de improviso en el rocío de las amapolas y tras irse no regresan más 44. El silencio/ La rutina El aire que detiene la súplica Las ansias de la tierra en el subsuelo de la memoria Los recorridos tras las huellas de otros peregrinos El sinsabor en la acometida de los cerezos Pasos en sigilo por sendas que ocultan el tremor de los volcanes Y en las calles las sombras desasidas de los cuerpos en la huida que ninguna sed detiene 68. El habla contiene la razón al ensimismarse en pensadurías de lo cotidiano y el diálogo resiste al canje de palabras Es el tiempo de la meditación en la ideas en las formas o figuras en los colores en la música en lo evanescente de cada asunto en la transparencia de espíritus que subyacen en la gesta de la creación La poesía brota por los poros de la tierra y configura el otro lado nítido de la esperanza
Carlos-Enrique Ruiz
(Manizales, Col., 1943). Ingeniero de Caminos. Director-fundador de la revista Aleph (1966 - ...). Profesor emérito, honorario y especial ‘ad-honorem’ de la Universidad Nacional de Colombia. Miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua. Se ha desempeñado como director de la Biblioteca Nacional de Colombia, en la dirección universitaria y profesor siempre. Director de la “Cátedra Aleph” en la U. Nal. de Col. Director-fundador de la Revista ALEPH, con 40 años de existencia y 138 ediciones hasta septiembre de 2006. Autor de: “Decires” (Manizales, Col., E. del A., 1981), “Imaginería de caminos” (recopilación de escritos de los años ochenta: Decires de otra gesta, Memoria de la ciudad, Imágenes del decir, Imaginería de caminos, Aquellas pequeñas cosas en el asombro de la vida, Este agradable olor a manzana, Fulgor sin estrellas en el pecho, Fuga en el tinte del recuerdo, Camino sobre huellas indescifrables. Manizales, E. del A., 1989); “Sesgo de claveles” (Ediciones Sanlibrario, Bogotá 2004); “Nociones del vigía” (Ed. Sanlibrario, Bogotá 2005). Poemas suyos se han acogido en algunas revistas internacionales.
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En contracarátula:
Se habla de otros libros de poesía el mismo autor “... El poemario [“Sesgo de claveles”] cabe ser designado con un nombre alemán: Erlebnis-Lyrik. No conozco la equivalencia española, que podría ser ‘poesía vivencial’. Cabría agregar a esa designación una especificación: poesía vivencial de crítica de la época...” Rafael Gutiérrez-Girardot [Bonn, Alemania, 2004] “...Nociones del vigía se plantea como un viaje en el que se pregunta por la función del poeta y por la poesía en estos tiempos míseros y huérfanos de guías. Vigía que ronda en la oscuridad, éste parece velar nuestro sueño, mientras busca una ráfaga de luz que le permita desentrañar el misterio. Vigía que sólo puede bucear en su interior, en su aventura cae preso de instantes, de imágenes reveladoras. Cinco son las estaciones que marcan el itinerario de su viaje hacia el misterio en este poemario...” Consuelo Triviño (Madrid, 2006), en referencia a libro anterior “...En breves palabras, nos ha encantado tu poesía escrita con maestría y transparencia puesto que plasma una visión de las huellas de la existencia humana en este planeta...” Antonio García-Lozada (Ph.D., Central Connecticut State University, USA, 2005) “... Buena edición [“Sesgo de claveles”] y los poemas me gustan. Me gusta esa solución del poema lírico que luego cierra con versos de carácter lógico o racional. Ese tipo de fusión o solución es bastante complicada de realizar, pero aquí en este poemario se logra de forma clara y precisa...” Enrique Moya [Viena, Austria, 2004] “...leí Sesgo de claveles. Me gustó mucho su tono emotivo, su lenguaje sobrio, su aliento sostenido. Creo que la experiencia de vida se entrelazó con la destreza en el arte de escribir. Y el resultado se evidencia en este poemario reparador y profundo. ‘La certeza está en no creer / lo que se cree que es...’ Creo que allí reside el secreto de la poesía...” César Bisso (Buenos Aires,Argentina, 2006) |