Ediciones

ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

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Aleph, cuarenta años...

Quienes tenemos la vida inexorablemente unida y marcada por Manizales, adonde nos trasladamos en sueños no sólo diurnos sino nocturnos, sentimos la revista Aleph como una cosa nostra. Hoy, ya cuarentona, la publicación que naciera en 1966 tiene vocación cosmopolita, se internacionalizó, llega a recónditas bibliotecas de países lejanos, la leen corresponsales de todo el orbe y cuenta con una nómina de colaboradores, muchos de ellos traducidos de otras lenguas. Habla bien de su salud el hecho de que su horizonte, su alcance y su cobertura hayan trascendido los límites endogámicos del patio local.

Hay que ver lo que significa una publicación que le ha tomado el pulso cultural e intelectual a casi medio siglo del XX y que sigue tan campante creciendo con el XXI. "Nuestra mente es porosa para el olvido", como advirtiera Jorge Luis Borges en otro Aleph, y por eso quizás convenga traer a la memoria lo que significaba (y la consideración tiene sentido hoy en día, cuando se mira retrospectivamente) producir y distribuir una revista en aquellos años, cuando no se disponía de recursos como el fax, la fotocopiadora, el correo electronico, la computadora, el celular, la cámara digital, ni servicios de envío extra rápidos.

Cómo era el proceso de recolección de materiales, edición y corrección de textos en una revista que, entre otras muchas virtudes, se ha caracterizado por su pulcritud y su puntualidad. Cómo se diseñaba... Ha cambiado tanto la realidad editorial y de las comunicaciones en cuatro décadas que un ejercicio como éste se convierte en un legítimo viaje al pasado. Un pasado que ni siquiera nuestros hijos conocen.

Manizales, abismalmente distinta en su devenir actual, era entonces una típica ciudad de montaña, lejos del mundo, del sol y del mar, con un cielo siempre nublado, donde llovía impenitentemente. Contaba con una lujosa, por bien surtida, actualizada y mejor atendida librería, La Atalaya de Jorge Escobar, y la carrera 23, con La Suiza incluida, era el ágora donde se escenificaba la vida social. Pero los inquietos años sesenta hasta allí enviaron, con furia, sus coletazos... O sea que Aleph es contemporánea del primer viaje a la luna, de los Beattles, del apogeo de la marihuana, la prédica marcusiana, el Mayo francés y tantas otras cosas más.

Si hay algo que celebro y que quiero resaltar de Aleph es su fidelidad a sí misma, a lo que fue y a lo que ha sido. Es de esta manera como se ha mantenido en pie. No se ha dejado tentar por la novelería de cambiar el formato, ni el diseño, ni la concepción: leves mejorías en algunos aspectos, ligeros retoques que la han remozado, apenas. Es una de las pocas publicaciones que permiten su almacenamiento ininterrumpido de la edición número 1 a la 139 en los mismos estantes, en los mismos porta revistas. Y la razón de todo este tiempo durando, desafiando no pocas veces malos tiempos, es muy sencilla: siempre ha contado con el mismo motorcito, el mismo cerebro, la misma iniciativa privada que se resume en un nombre, Carlos Enrique Ruiz. Que la siga teniendo y manteniendo hoy en día, cuando es un profesional de larga data y desempeño, de regreso de las aulas y de la gestión universitaria, un miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, un poeta de varios libros, un hombre lleno de méritos y de reconocimientos no resulta tan asombroso. Hay que recordar que hace cuarenta años, cuando la fundó y la echó a andar, Carlos Enrique Ruiz era sólo un estudiante, emprendedor y brillante, de ingeniería civil.

Otra sería la suerte de Aleph si su destino hubiese estado ligado a un proyecto oficial o institucional. Se habría metamorfoseado muchas veces, habría renacido, habría cambiado de identidad, para satisfacer las apetencias del funcionario de turno -cuyo síndrome más característico es el de sentirse siempre en el primer día de la creación del mundo- hasta disolverse en el tiempo sin dejar rastros.

Encendamos entonces más velas para que Aleph nos sobreviva. Como seguramente ocurrirá.

Caracas, noviembre de 2006

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