Ediciones

ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

Consejo Editorial

Luciano Mora-Osejo (א)
Valentina Marulanda (א)
Heriberto Santacruz-Ibarra
Lia Master
Marta-Cecilia Betancur G.
Carlos-Alberto Ospina H.
Andres-Felipe Sierra S.
Carlos-Enrique Ruiz.

Director
Carlos-Enrique Ruiz

Contacto
Tel-Fax: +57.6.8864085
Carrera 17 No 71-87
Manizales, Colombia,
Sudamérica.
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Entrevista a Carlos-Enrique Ruiz para "Papel Salmón" (2006)

 

1. ¿La revista Aleph surge como una necesidad de difusión de lo cultural o como una propuesta que se hace desde lo académico sin tener nexos con la Academia?

R/.  Por ambos motivos, pero con vínculos permanentes con la vida académica. Es de recordar que la revista nace en 1966, en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, al amparo de la gestión directiva de uno de los principales gestores de su historia, si no el principal, como lo fue el Ingeniero y Arquitecto Alfonso Carvajal-Escobar.

 Este hombre prodigioso llega al decanato de nuestra Sede en 1964, con ejercicio profesional prolongado y liderazgo social,  cuando éramos apenas ciento setenta alumnos en una sola carrera, ingeniería civil, condición no sostenible en el tiempo, por lo cual desde Bogotá se vislumbraba la posibilidad de clausurar esta Sede, a pesar de haber sido pionera en el centro-occidente del país, con traslado de los alumnos a las sedes de Bogotá o Medellín. Carvajal-Escobar comprende la situación y emprende la más ambiciosa labor de la que se tenga noticia: con estímulo a estudiantes y profesores crea un ambiente cultural que alienta de continuo, y funda con rapidez otros programas curriculares (Topografía y Agrimensura, Administración de Empresas, Arquitectura, e Ingenierías Química, Industrial, Eléctrica). Pronto la Sede adquiere presencia de significación en la región y en el contexto de la propia Universidad Nacional en el país.  En esta atmósfera aparece la revista Aleph en 1966, bajo la característica de congregar expresiones científico-técnicas y humanísticas, al amparo del naciente “Departamento de Extensión Cultural” de la misma institución. Al paso de los años, la Revista se consolidó en expresiones humanísticas, pero siempre viviendo y siendo nutrida por el ámbito académico, auncuando desde temprano dejó de ser órgano institucional, sorteándose su destino por el director y por quienes en el camino le han sumado esfuerzos con solidaridad.

En lo personal nunca dejo de recordar al Maestro Alfonso Carvajal-Escobar, a quien en la tradición de la UN-Manizales se le reconoce como el “Decano Magnífico” (1964-1972), refundador de nuestra Sede.


2. ¿Cómo hacer para que un proyecto como Aleph perdure en el tiempo?

R/.  No tengo otra respuesta que la dada por mí en una conferencia en el Banco de la República, en tiempos de Gloria López de Robledo: la obsesión. Desde temprano tuve aficiones por el mundo de la Cultura, en el cual me he desenvuelto, como alumno primero, luego como profesional y en particular como profesor universitario, y en la condición eterna de “estudiante de la mesa redonda”, que aprendimos con Sócrates, con Montaigne y con Germán Arciniegas, en lo fundamental. Obsesión que quizá le ha dado sentido a mi vida, al asumir tareas y llevarlas siempre adelante, sin importar las dificultades. Confío en que la vida siga dándome la oportunidad de continuar con Aleph por muchos años más, por senderos nada fáciles, siempre escabrosos. El camino no es de rosas. “El camino es culebrero”, decía, con sobradas razones, el inolvidable folclorista Crescencio Salcedo.


3.  En el Consejo Editorial de la Revista hay personas conocidas, y otras que no lo son tanto. ¿Quiénes son los unos y los otros? ¿Cómo se integró ese equipo?

R/. El principal soporte de la Revista ha sido, en toda su historia, Livia, auncuando no aparece en las identificaciones formales de la publicación. Ha sido la persona clave en la intimidad, quien no me ha dejado desfallecer, a pesar de los momentos duros, infaltables en cualquier ser humano. En la Universidad, desde comienzos de los años setentas se fueron sumando personas a las tareas de la Revista,  en especie de voluntariado. Y en los años ochentas se integró la “Fundación Aleph”, constituida principalmente por profesores de nuestra Universidad Nacional, pero hace algunos años se marchitó.

Ha quedado un Consejo Editorial integrado por personajes del mundo académico, como lo son: 1) Luciano Mora-Osejo, matemático, físico teórico y filósofo, con formación, en los niveles de postgrado, en Inglaterra y Alemania; profesor jubilado de la Universidad Nacional, donde se desempeñó tanto en Bogotá como en Manizales, dedicado en buena parte de su vida a la formulación de modelos matemáticos aplicados a la economía y a diversos campos de las ciencias aplicadas. Pensador en profundidad sobre problemas cruciales de nuestro tiempo. Es el mayor de nosotros, nuestro maestro; hoy con limitaciones de salud, reside en Bogotá.  2) Jorge-Eduardo Hurtado G., sobresaliente profesor e investigador, con maestrías y doctorado en Europa, ingeniero y filósofo, con actividades en ciencia básica y en ciencias aplicadas, y publicaciones en medios científicos internacionales; se mueve con destreza en ciencia y humanismo. 3) Heriberto Santacruz-Ibarra, de igual modo sobresaliente académico, profesor e investigador en la Universidad de Caldas, del campo de la Filosofía, con maestría en la Universidad de Antioquia y candidato a doctor en la Universidad de Málaga (España), especialista en temas de la Ética, con publicaciones también de significación. 4) Y desde ahora comienza a participar del Consejo Editorial, Carlos-Alberto Ospina H., también del área de Filosofía, con maestría en la Universidad Nacional y estudios de doctorado en la Universidad de Antioquia; su campo fundamental de investigación es la Estética.  Son cuatro personalidades del primer orden académico, que dan soporte de vigencia a ese mundo un tanto extraño que es Aleph. En páginas de la Revista quedan testimonios fehacientes del talento de  estos personajes.  Y 5) El director, de quien nada puedo decir, por simple desconocimiento.

Por otra parte, cabe mencionar que disponemos de un equipo selecto de traductores, voluntarios, que nos permiten publicar documentos originales, remitidos y autorizados por sus autores, integrado por los siguientes profesionales: Luciano Mora, Lia Master, Norma Velásquez, Beatriz-Elena Jaramillo,  Carlos-Alberto Ospina, Mónica Jaramillo, Heriberto Santacruz, Jorge-Eduardo Hurtado y Javier Vélez.


4. ¿Cuáles son los canales de una revista cultural en Colombia, en mayor grado si se hace en la provincia, como en el caso de Aleph?

R/. En general las revistas culturales tienen limitaciones muy fuertes para su circulación, puesto que no hacen parte de ese engranaje complejo y endemoniado de los intereses comerciales, mercantilistas. Hablo, en especial, por Aleph, que ha ido tejiendo una red nacional e internacional de amistades, como receptores, que a la vez generan espacios de diálogo permitiendo que la revista tenga una dinámica propia. Nunca se ha podido sostener por ventas, las que temprano se abandonaron. De manera simbólica se coloca en las librerías Lerner, en Bogotá, por generosidad de sus administradores, y desde allí camina, aparte de la distribución gratuita que se hace desde la dirección de la Revista, a personalidades e instituciones (bibliotecas entre éstas) afines con la naturaleza de ella, en Colombia y otros países. Y por años se ha contado con un soporte financiero fundamental de la “Fundación MAZDA para el arte y la ciencia”, gracias a su presidente, el doctor José-Fernando Isaza D., personalidad científica e intelectual de quien se han publicado trabajos sustantivos en Aleph.  Las contrapartidas salen, sin falta alguna, de los ingresos salariales de Livia y yo, en gracia de la vida austera que sobrellevamos.


5. Aleph se ha convertido más que en una Revista, en un medio de consulta del pensamiento iberoamericano en el siglo XX y en un medio de alta calidad estética. ¿Cómo espera afrontar las nuevas tecnologías, que a su vez atraen nuevos usuarios y lectores?

R/.  Sería de mi parte exagerado decir que Aleph es un medio testimonial y transmisor del pensamiento iberoamericano, aunque en sus páginas han escrito autores del mundo hispánico, y no solo de éste. Nuestra labor es modesta, y  siempre queda la incertidumbre sobre su utilidad real. No dejamos de intercambiar comunicaciones y puntos de vista con lectores esparcidos por el mundo, con personalidades intelectuales que nos han honrado con su amistad, además de lectores avisados. En páginas de Aleph ha habido un trabajo que reúne creadores y pensadores sobre diversos asuntos, sin encasillamientos ideológicos, políticos, religiosos o filosóficos. Somos de la convicción de permanecer en una incesante búsqueda, con perseverante diálogo, por la verdad y la belleza,  en convergencia de poesía, ensayo literario y filosófico, cuento, con expresiones de la plástica (caso singular de las carátulas e ilustraciones interiores), y lo hubo por tiempos, en forma de separatas centrales, de la música.

En sus páginas, reitero, hay análisis de continuo debate, en expresión de autores de todas partes, en los diversos géneros, incluyendo los de creación, en especie de coexistencia armónica de poesía y humanismo.

En cuanto a medios actuales de difusión, este año llevamos la Revista al ciberespacio con dominio propio: http://www.revistaaleph.com.co, con las tres ediciones más recientes (134, 135 y 136).  Es un paso de avanzada que nos exige la continuidad y la actualidad en el manejo de temas, con más apertura a los diálogos constructivos y al fomento de comunidades de pensamiento y creación.  Además, la Universidad Nacional de Colombia creó en el 2002 la “Cátedra Aleph”, como curso de contexto, para compartir experiencias y conocimientos, con personas de las nuevas generaciones, en extensión pedagógica de lo acumulado por la Revista.


6.  En Aleph aparecen ediciones especiales, monográficas, como la del cuarto centenario del Quijote, y la más reciente dedicada a Nicolás Suescún. ¿De dónde nace esta idea de realizar números monográficos si Aleph es una revista plural?

R/.  El término plural se refiere a la diversidad de enfoques de pensamiento y creación. En la tradición mundial de las revistas existe esa modalidad, la de reunir contribuciones sobre determinados temas para congregarlos en una edición monográfica. Quizá en Aleph ese carácter comenzó aprovechando algunos viajes del director, por cuestiones académicas, donde además de estar involucrado en temas de su profesión u oficio, se dedicaba al otro asunto, también de su competencia, desde temprano en la vida: las letras y el humanismo. Así aparecieron ediciones dedicadas a la Cultura en México, España, Israel, entre otras. Y de manera más singular, por momentos de lecturas más intensas, o por aficiones intelectuales, se hicieron monográficos sobre Borges, Germán Arciniegas, Unamuno, Fernando Pessoa, Alfonso Reyes, Jaime Vélez-Sáenz, Rafael Gutiérrez-Girardot, etc.  Y aún con temas específicos, como el número dedicado a los intelectuales y el poder, con el cual se rindió homenaje a la generación de la “Revista MITO”, la más civilizadora en Colombia en el siglo XX. Quisimos, de manera consciente, ponernos en línea o en sintonía con aquella descomunal expresión de un grupo de escritores y pensadores que actuaron con calidad e independencia de cualquier poder, sin perder el carácter crítico, de libre examen.

Heriberto Santacruz-Ibarra ha venido elaborando el índice general de las ediciones de Aleph, en los cuarenta años, con discriminación en campos específicos como: autores, carátulas, partituras, reportajes, manuscritos, monográfcos, entre otros.  No deja de ser conmovedor repasar la colección de la Revista: por allí están los testimonios de nuestra modesta formación, en campos por donde hemos trasegado, ajenos a intereses distintos a los de la Educación y la Cultura, incluso con la advertencia en sus páginas de las incertidumbres y los tropiezos.

Pido un minuto adicional para decir:

No me queda más que agradecerle a la vida, “que me ha dado tanto”, a Livia, que me acompaña en todas las horas, a mi gente más cercana, a mis hijos que soportaron un padre sin mayores horas para dedicarles, a mis nietecitos que empiezan ya a observarme como “rara avis”, a mis colegas y estudiantes que me han tolerado tantos años, con mis obsesiones y mi sentido del respeto indeclinable en las diferencias. No sin cicatrices. Un escritor antillano decía: “Cada cual lleva en la presencia de su cuerpo lo que de rechazo le fundió con los días la pelea de vivir.”   Y ahí está a la vista nuestra cara, la mirada, el alma, con atisbos de ilusión inacabada, y señales del trajín sin tregua. Y gracias a ese crecido y creciente grupo de personas, de aquí y de acullá, que nos han deparado su confianza. Ah,... y gratitud infinita al Maestro Alfonso Carvajal-Escobar, a quien sin duda alguna se debe la existencia hoy de la Universidad Nacional en Manizales, y el ambiente cultural donde comenzamos.

La vida sigue, y Aleph no declina en su compromiso de propiciar el hacer creador por la Educación y la Cultura, opción única para un gran salto adelante de la Humanidad, en especial de sociedades, como la nuestra, sumidas en el desamparo  y la indefensión, con carencia de liderazgo de magnanimidad, trenzadas en guerras inútiles entre hermanos.


[Ref.: “La Patria”, Suplemento dominical “Papel Salmón”, 26.III.06]

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