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La Universidad en sentido histórico y sus singularidades de nación y de región


Lección ante los alumnos que ingresan por primera vez en la apertura del segundo semestre académico de 2012: Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales; Campus-la-Nubia, lunes 23 de julio de 2012


Lema de la Universidad Nacional de Colombia: Inter aulas academiae quaere verum: Busca la verdad en las aulas de la Academia.

León de Greiff, el gran panida colombiano, expresó en un bello poema aquella metáfora: Riela en mi alma tu recuerdo/ como la Luna sobre el mar. Sugerencia que remite al otro gran poeta Li Po, chino del siglo VIII, quien se arrojó al agua desde su modesta canoa en una noche de Luna para atraparla, y después nada más se supo de la vida de Li Po. Es la misma imagen en los dos grandes poetas: La luna riela y al hacerlo convence y atrae, al igual que para nosotros la noción de Universidad.

La Universidad es una institución forjada en la sociedad, para su servicio, como órgano superior de la Cultura, cúspide en la formación espiritual y ética, con vínculos cada vez más intensos entre investigación y docencia, en ejercicio cabal de la libertad en sus propios fueros, que preside la obra intelectual y moral, como creadora de verdad, de belleza y de bien, a la vez que de pensamiento crítico independiente, bajo características de creciente complejidad.

A Sócrates y a Platón se debe ese sentido que la Universidad sigue invocando hoy, como posibilidad permanente de la investigación por la verdad, al incorporar el proceder dialéctico como método de conversación, hasta alcanzar la verdad por la vitalidad y dinámica del debate, en tanto diálogo constructivo. La Universidad es institución cuasi-milenaria que sigue reposando sobre tres principios fundamentales que vienen desde Bolonia en el siglo XII: La libertad académica de pensamiento, de conciencia, de estudio, de investigación, de meditación y de expresión, para maestros y discípulos; El respeto absoluto e incondicional de los valores intelectuales y científicos como criterio fundamental para la elección de los maestros, y El esfuerzo de superación y provisión adecuada de los medios de estudio e investigación necesarios al progreso de la ciencia y la cultura.

Con el antecedente de la Universidad Central, creada por Francisco de Paula Santander en 1826, se establece en 1868 la Universidad Nacional de Colombia, con Manuel Ancízar su primer Rector, interpretada para ese momento como "segunda madre del hombre", cuna de virtudes romanas, hogar de las ciencias, de las matemáticas, de la química, de la economía y del derecho. Ancízar era un espíritu tolerante que creía y practicaba con mayor consecuencia que sus contemporáneos el libre examen y el pensamiento crítico, al decir del historiador Jaime Jaramillo-Uribe, carácter que se le imprimió a la universidad por excelencia del estado colombiano desde su origen. Manuel Ancízar congregó en la Universidad a la élite científica e intelectual que disponía el país para la época. En la reforma universitaria de 1935 apareció en Colombia el concepto de universidad como complejo de investigación y docencia. Universidad que ha sido reconocida en tiempos más recientes en su ejercicio como crítica, popular, de excelencia académica, democrática y autónoma (M. Palacios, 1986)

Don Agustín Nieto-Caballero (1889-1975), Ministro de Educación y Rector de la Universidad Nacional, en 1924 le adjudicó a la Universidad, y en general a la educación, el papel de "preparar... para una vida útil, intensa y expansiva", con el llamado a "no dejarnos seducir por el practicismo [pragmatismo]". Reclamaba también como suprema cuestión universitaria el "levantar el nivel moral y espiritual del estudiante", por la acción fraterna de educandos y docentes, reunidos en cuerpos colegiados.

La Universidad, entreveo, es una isla circunscrita por ambientes casi siempre de incomprensión, limitada tan solo por la imaginación y exigida de súplica por las gentes que ansían un futuro mejor para sus hijos, sus nietos, sus vecinos y las sucesivas generaciones. Pero una isla muy singular, no alejada de tierra continental más que por el campo de sus preocupaciones de vida diaria, entre la conversación sabrosa en pasillos, plazuelas y cafeterías, y los devaneos entrecortados de preocupante silencio en las aulas, bibliotecas y los laboratorios. En unos y otros lugares, los profesores y los alumnos tienen la opción de expresar lo que el corazón exige y lo que la mente implora, en una continua confrontación entre razón y sentimientos.

Sinembargo, en ese lugar un tanto insólito, todavía hoy en pie después de mil años de intentos, herederos como somos de la tradición universal y también de la más cercana, los temas de indagación abundan, para ser acogidos con método bajo la forma de investigaciones que puedan dar luz a los problemas que nos asedian, en todos los frentes. Los de la vida diaria, que tocan con la simple sobrevivencia del ciudadano, el de las calles, o el del campo, o el que transita de uno a otro lugar sin encontrar sitio propio, bajo la angustia del mañana. Y los problemas de la ciencia teórica que apuntan a la comprensión de lo existente y a la modelación de mejores formas de ejercer y facilitar la vida, en armonía con la Naturaleza.

De recordar que Albert Einstein advirtió en 1936 que el papel de la Universidad debe estar en el desarrollo de la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes... El joven debe salir de la Universidad –dice Einstein- con una mentalidad armónica y no como un especialista, y de manera central con capacidad de pensamiento crítico.

La Universidad me aparece hoy como un sueño, como un delirio frente a tantos y tantos problemas por resolver, en los que ella ni siquiera tiene cabida por razón de causa, o por indebida intromisión. La Universidad apareció en la humanidad para forjar conductas, maneras de ser, responsabilidades, generar conocimientos de provecho como razón central, para que la sociedad misma respire mejor, camine, de ser posible, un tanto segura y se aventure a formular preguntas; así la Universidad no recoja frutos en lo inmediato que le satisfagan en esa inquietante vida que la mantiene en vilo buscando sentido para sus propios procederes.

Tenemos los ejemplos de las maravillosas ciudades universitarias de Europa y Norteamérica, también en otros lugares de esta América mestiza, y del Oriente meditativo y convulso, hechas al tamaño de la ambición de los estudiantes y de la sociedad. Ciudades universitarias que se nos presentan como oportunidad para emular con las nuestras hacia un mundo mejor, el que quizá apenas intuimos pero que no podemos describir con acierto y, eso sí, tenemos que ir construyéndolo paso a paso. A Manizales, nuestra ciudad, la hemos deseado como "ciudad universitaria" y "ciudad educadora", por sus condiciones reales, con el Arte de protagonista, en expresiones de música, teatro, plástica...

Rodolfo Llinás, el gran científico colombiano de la Neurocienia, de renombre mundial, en sus trabajos para la "Misión de ciencia, educación y desarrollo" (1994), proyecto ambicioso creado por él a comienzos de los 90, hizo llamado de urgencia hacia la productividad inteligente, la creatividad humana, la promoción de la ciencia y la tecnología en Colombia, factores que conducen al crecimiento económico, la calidad educativa y al bienestar socio-político, en un nuevo proyecto civilizador. Invocó Llinás, de igual manera, la obligación de preparar la próxima generación de colombianos con óptima educación, sobre bases sólidas. Asimismo, pidió asumir el modelo de desarrollo y la política social para la próxima generación de colombianos, de manera más desafiante, con el propósito de combatir el atraso educativo, el pesimismo, la violencia y la pobreza, a la vez que promover los derechos humanos, la productividad económica, la estabilidad política, la mejor calidad de vida y acelerar la creatividad científica y tecnológica.

Llinás llamó también la atención, sin ser todavía hoy debidamente oído, sobre la manera como "el futuro de nuestra civilización se decidirá, no con base en la guerra, como ha sucedido, sino con base en la competitividad para la invención."

Hay ciclos, oscilaciones más bien, que incorporan temporadas de calma reflexiva y momentos de agite provocados por los acontecimientos que rodean la isla –esta isla que es la Universidad-, y la asedian sin dar tregua. Relaciones amorosas de conflicto entre lo que la Universidad intenta ser a cada momento, y ese mar circundante, donde está inmersa, que es la sociedad, una denominación también escurridiza, de configuración plástica.

La Universidad colombiana, en este tiempo de confusión y de confrontación beligerante, tiene que pensarse de nuevo a sí misma, reasumiendo los principios que le dieron origen, bajo la circunstancia de gozar todavía de prestigio en la sociedad. Las generaciones se suceden en los claustros, y la Universidad va acumulando experiencias de vida que se traducen en un potencial mayor de sus profesores y del conjunto de la comunidad académica.

A pesar de tantas limitaciones ambientales, en clima laboral, en atmósfera para la investigación y la extensión fructífera en la comunidad, la Universidad es un campo privilegiado, espléndido, que supone la concepción de isla que he querido delinear, no como terreno excluyente, sin el cual la sociedad estaría más limitada en sus opciones de desarrollo, más despojada de justicia y de libertad. La Universidad se me antoja como aquella señal siempre encendida que pregona la negativa rotunda a los dogmas, a favor de la búsqueda incesante de verdades que se nos presentan huidizas, pero por las cuales vale la pena seguir luchando con espíritu inquieto, para la mejor comprensión y para el avance más rápido con resultados que puedan llevarle a la comunidad respuestas para las vidas, y para la permanente exploración por el sentido, y por la oportunidad de goce o de felicidad, de disfrute al compartir. La Universidad, además de ejercitar conocimientos, tiene que proponerse reunir personas de distintos programas, con criterio de inter, multi y transdisciplina.

No puedo eludir un tema, más palpitante ahora. La resistencia cívica contra la violencia y contra la guerra debe ser motivo de reflexión en la Universidad. Si el magno problema que nos aflige es considerado en la Universidad, como conciencia que es de la sociedad, podríamos dar algunos pasos adelante, con el propósito de desatar el nudo en que estamos. En medio del escepticismo generalizado, de la sin-salida en la que parecemos encontrarnos como país, inculquemos desde la Universidad más que un llamado categórico, el trabajo metódico, sistémico, de congregar para el libre examen y de compartir resultados con señales de prioridad. La oportunidad mayor ha de ser para la vida, con profundo respeto al derecho ajeno y al medio natural. Y en simultaneidad también hay que trabajar arduamente por la cobertura plena de la educación, de calidad, en todos los niveles.

Una forma simbólica, y por qué no también práctica de rescatar la vida intensa de Universidad podrá ser acudiendo a la sugestiva interpretación de Jorge-Luis Borges, cuando aludió a la existencia de un universo sin espacio, por ejemplo uno hecho de conciencias, de almas, de música y de palabras, a quien le resultaba imposible concebir un universo sin tiempo y eterno.

He ahí el más claro llamado a la esfera o estadio de trabajo que puede ser la Universidad, un sitio privilegiado donde se perciban aún los dardos del universo y de la sociedad, pero que en ella se aliente ese conjunto integrado por conciencias, almas, música y palabras. De esta concepción pudiera salir el mejor ejercicio de ella, alumbrando el tortuoso camino de la sociedad, que la reclama comprometida y actuante.


*

Resulta apropiado identificar la historia de nuestra Sede en cuatro períodos, con algunos énfasis: El primero comienza en 1948 con la fundación, y va hasta 1964, durante el cual existió un programa curricular, ingeniería civil, con el antecedente de la creación en 1943 de la "Universidad Popular" por parte de la Asamblea Departamental de Caldas, que aglutinó la educación oficial media, con la intención de ofrecer programas universitarios, lo que solo se consiguió con la llegada de la Universidad Nacional a Manizales. Fue período de surgimiento con el ímpetu de dirigencia regional unificada y la visión estratégica del Rector, historiador de las ideas, maestro Gerardo Molina, hasta el arribo a la pubertad.

Comienza el segundo en julio de 1964, en el rectorado de José-Félix Patiño, cuando asume la dirección regional el ingeniero y arquitecto Alfonso Carvajal-Escobar, reconocido como el "decano magnífico", quien fue salvación en la existencia de la Sede, en momento crítico, puesto que desde la dirección central en Bogotá se la consideraba inviable por el poco número de estudiantes que atendía (del orden de 180) y los apreciables costos de funcionamiento, en proporción, habiéndose pensado incluso en cerrarla, con traslado de estudiantes a terminar carrera en Bogotá y Medellín.

La misión de Carvajal-Escobar fue afortunada, porque comprendió el momento de crisis y acometió tarea de crear nuevos programas y reactivar la sede en todos los órdenes, en comprensión cabal con el estudiantado. De su iniciativa se crearon los programas de arquitectura, ingenierías química, eléctrica e industrial, administración de empresas (con ofertas diurna y nocturna), y una carrera intermedia que tuvo solo dos promociones: topografía y agrimensura. Esos programas los creó en entendimiento con las fuerzas vivas de la sociedad, en virtud de necesidades reales. Importante resaltar que Administración de Empresas ha sido el único programa con modalidad, además, nocturna, en toda la Universidad Nacional, al igual que fue único el programa de Topografía como carrera intermedia.

Ese período concluye con la muerte en ejercicio del Decano Magnífico, a mediados de 1972. Ocho años florecientes, de intenso trabajo, con despliegue de nuevas construcciones para aulas y bienestar universitario, y estimulante ambiente cultural; la biblioteca y las publicaciones cobraron sentido, y adquirió, en especie de pacífico "invasor", las instalaciones de "El Cable" (erigido luego en monumento o patrimonio nacional) para el funcionamiento del programa de Arquitectura, hoy remozadas con merecida restauración y ampliaciones modernas, sin perturbar la edificación histórica. De manera análoga destaco el impulso que Carvajal-Escobar dio a la biblioteca (que hoy lleva su nombre) dotándola también con libros de literatura y filosofía, con despliegue de continuas actividades culturales al crearse por entonces el "Departamento de Extensión Cultural" y la "Revista Aleph" (1966).

El tercer período va de 1972 a 1990, en el cual la Sede conservó sus características, como en especie de período de mantenimiento, sin mayor dinamismo, salvo en el interregno 1974/76, en el fugaz, intenso, agitado y polémico rectorado de Luis-Carlos Pérez, que permitió nuevo cambio en la dirección de esta Sede, con entusiasmo académico y creación, por ejemplo, del área de humanidades, hoy departamento de ciencias humanas, y la realización de una serie de seminarios para el debate de asuntos de la vida académica, como el carácter de la docencia, la necesidad de la investigación, el papel de las matemáticas en los programas curriculares, y la creación del "Centro Ludwig Boltzman", la primera dependencia de investigación en la Sede, en memoria del creador de la Termodinámica.

De igual modo, en ese paréntesis se llegó a un acuerdo con el rector de la Universidad de Caldas, el médico sicoanalista y humanista, Dr. Guillermo Arcila-Arango, para fusionar las dos dependencias de extensión cultural, habiéndose creado la OIAC ("Oficina interuniversitaria de asuntos culturales"), de maravillosa y fugaz existencia, que cumplió actividad espléndida con apoyo de entusiastas agrupaciones de estudiantes, como el "Cine club Jorge-Iván López".

A finales de los años ochenta se pasa de la figura de Facultad a Vicerrectoría, por disposición del Consejo Superior en Bogotá, acogiendo anhelo de años en la Sede, con la creación de dos facultades: "Ingeniería y Arquitectura", la una, y otra, "Ciencias y Administración", con las que se abrieron nuevas posibilidades y grandes expectativas. El primer vicerrector fue el Prof. Ing. Jorge Ramírez-Giraldo, de grata recordación.

El cuarto período va de comienzos de 1990 y continúa todavía hoy, caracterizado por el ímpetu en el desarrollo en todos los órdenes, con creación de nuevos programas académicos de pre y postgrado, intensificación en la capacitación de profesores, ampliación de la planta docente con especialistas, magísteres y doctores, nuevas construcciones: "Torre de Estancias" (con observatorio astronómico), "Edificio de Laboratorios", "Edificio de Postgrados", "Auditorio principal UN" (campus Palogrande), "Biblioteca Germán Arciniegas",... y adquisición de los antiguos predios del distrito número 5 de obras públicas, recibidos de la Nación, configurados hoy como "Campus-la-Nubia", que alberga más de dos mil estudiantes, en inusitado esplendor de edificaciones, con aulas, biblioteca, laboratorios, centros de investigación y de extensión, auditorios, sitios para el agradable compartir, área multideportiva y de bienestar, de modernidad admirable. Me correspondió la iniciativa y gestión para la adquisición de estos predios, con la formulación del primer plan maestro y su puesta en funcionamiento con recursos que conseguimos en la Ley de presupuesto, más una donación importante del exalumno-fundador, ingeniero civil Diógenes Pérez-Mojica, identificado con la matrícula 001, ya fallecido.

Tuve igualmente la iniciativa y contribuí en la gestión de la Ley que ordenó el impuesto de estampilla pro-universidades Nacional en Manizales y de Caldas, con los consiguientes trámites de Ordenanza departamental y Acuerdo municipal, que han permitido captar significativos recursos aplicados al desarrollo. Asimismo, adelantamos desde comienzos de los años 90 una intensa campaña de cultura ciudadana, o cívica, en la Institución que ha creado hábito perdurable por el respeto a la pulcritud de los espacios y a la convivencia, con acento en las aplicaciones creativas por el desarrollo humano integral. Y pusimos en marcha programas como el de Compensación, para contraponer al paternalismo una forma digna de los estudiantes más necesitados ganarse con trabajo la vivienda y el sustento. Y rescatamos las residencias estudiantiles con acción pedagógica y mediante la elaboración conjunta de un reglamento que le concediera responsabilidades a los beneficiarios en su vigilancia y mantenimiento, con sentido de pertenencia y de asumir a plenitud los deberes.

La historia ha seguido, con dinámica en su desarrollo calificado: tres facultades ('Ciencias', 'Administración' e 'Ingeniería y Arquitectura'), nuevas y funcionales instalaciones, en los tres campus (Palogrande, El Cable y La Nubia), con cerca de cinco mil alumnos. El proceso ha sido vertiginoso, con destacados avances en la investigación, en la extensión y en la internacionalización, con sostenidos esfuerzos en la línea del mejoramiento continuo, sin descuido en la docencia, que es función primordial. Esta Sede regional de la Universidad Nacional ofrece 11 programas de pregrado, y 22 de postgrado, con más de 40 grupos de investigación en los más variados campos, de merecidos logros, con laboratorios de punta en modelos hidráulicos, biotecnología, física del plasma, química esencial, electricidad y electrónica, materiales nanoestructurados, etc. Los programas curriculares han sido acreditados, con reconocimiento de alta calidad, por el Ministerio de Educación Nacional, y algunos de ellos incluso con acreditación internacional, como ocurre con ingeniería química, que acaba de recibirla por ocho años. El profesorado cada vez más idóneo y comprometido, con formación en los más altos niveles de maestría, doctorado y post-doctorado. Y constante auspicio a los estudiantes para adelantar pasantías nacionales y fuera del país, como en el caso de siete estudiantes que acaban de ser favorecidos por el servicio de cooperación académica de Alemania (DAAD), para visitar universidades y centros de investigación.

Y no olvidemos que la Universidad está inmersa en la Cultura, hace parte sustantiva de ella y que, como lo advierte el notable escritor William Ospina, en columna de prensa reciente ["El Espectador", 15.VII.2012; p. 44], la Cultura no ha sido ajena a los asomos continuos de barbarie y aniquilación, y debe ser ella, la Cultura, la que responda con desconfianza al modelo que prepondera, manifiesto en formas de opulencia, desperdicio y envilecimiento del entorno como manera de habitar en el mundo. La Cultura, digo yo, con la Universidad en su expresión más elaborada, debe encauzar al mundo por renovados senderos en defensa de la vida.


Torre de Estancias, con Observatorio Astronómico
Campus Palogrande UN-Manizales

¡Bienvenidos! sean ustedes, muchachas y muchachos, a la vida intensa, creativa y gozosa, de esta Universidad, por excelencia del Estado colombiano, que les recibe con brazos, mentalidad y corazón abiertos, al amparo del lema institucional: buscar sin fatiga la verdad en sus claustros.


Muchas gracias.
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