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Mi encuentro con Luis Cardoza y Aragón

Los intelectuales han sido faros del conocimiento y del debate público, incluso con capacidad disidente, opuestos con su palabra calificada a los poderes omnímodos que discriminan y sojuzgan, con políticas oficiales excluyentes y de censura. La muerte y el exilio han sido el precio de su reciedumbre. Sócrates, la mayor de las víctimas. Y la cadena siguió, sin término. Incluso se habla de ser esta una época de transición, camino hacia destinos de incógnita. Y en general la intelectualidad laboriosa más bien se refugia en la neutralidad y en la elaboración de la propia obra, distanciada de los medios informativos.

En 1988 tuve de nuevo la oportunidad de visitar Ciudad de México, en labores académicas y culturales, en encuentros y entrevistas con destacadas personalidades de las artes, de las letras y del humanismo, tales como Fernando Salmerón, Manuel Enríquez, José-Luis Cuevas, Alí Chumacero, Marcela del Río, Antonio Armendáriz, Blas Galindo, Germán Pardo-García, Luis Cardoza y Aragón, que han quedado en registros testimoniales en la Revista Aleph.


Un caso en especial de recordar es el de Luis Cardoza y Aragón (1901-1992), guatemalteco, con vida intensa de participación pública, perseguido por las dictaduras de su país, con exilio definitivo en México, país que ha conservado admirable tradición para acoger a los académicos e intelectuales asediados en sus naciones de origen. Poeta y ensayista, con servicio temporal en la diplomacia y en el servicio público. Estudioso de la pintura, con importantes ensayos publicados, en especial sobre los muralistas, de los cuales destaca  a José-Clemente Orozco.

Cardoza tuvo desde niño la disposición de actitud autonómica para sus decisiones y para el camino que siguió, como destino singular. Heredó de su padre la actitud de filosofía liberal, en continuidad de los enciclopedistas. De niño y joven fue mal estudiante, pero para las pruebas finales se preparaba con intensidad a tal punto que obtenía las calificaciones más altas. Desde temprano su sensibilidad tuvo disposición especial por las formas, los olores, los colores y los sonidos, lo que le permitió acentuar los pasos en las artes, con solvente escritura de la más rica y novedosa creación.

En su agitado periplo vital encontró por el camino a una muchacha bella y escritora, Lya Kostakowky -hija de Jacobo, violinista compositor originario de Odesa-, residente en Ciudad de México, diecinueve años menor, con quien casó en Bogotá en 1947 con residencia de unos seis meses en funciones diplomáticas en la capital colombiana; enseguida viaja a Chile también en misión diplomática y regresa a Bogotá como delegado en la Conferencia Panamericana, habiendo sido testigo del horrendo “bogotazo”, al ser asesinado el líder Jorge-Eliécer Gaitán, incluso la malignidad sin falta llegó a culparle de “instigador”. 

Fue una relación intensa, de amor y trabajo, y ella fallece en abril de 1988. Cuatro meses después lo visito en su casa, en el Callejón de las Flores No. 1, Coyoacán, todavía sumido en la tristeza. “Lya no es mi familia, soy su fuente, es la mía. Somos uno en sí y no la doble imagen en el agua. Y somos el agua”, expresó Luis. A su vez Lya había escrito: “Él y yo somos siempre tan unidos, somos tan el mismo espíritu y el mismo corazón, que en lugar de ser uno somos dos.”

A su muerte se creó, por instrucción suya, la “Fundación Cultural Lya y Luis Cardoza y Aragón”, con dineros para promover concurso anual de ensayo  al amparo del nombre de Lya, que en 1993 comenzó labores.

Viajó por Estados Unidos, Francia, Cuba, URSS, España, Colombia, México (su lugar de asiento definitivo). En Cuba conoció y tuvo cercanía con Federico García-Lorca, con quien llegó a escribir la obra “Adaptaciones del Génesis para Music Hall”, y este le dedicó el “Pequeño poema infinito”, el penúltimo de “Poeta en Nueva York”. También en Cuba conoció a Barba-Jacob, en similar encuentro con Lorca en el despacho de Juan Marinello (1930).

En nuestro encuentro rememoró sus libros: “Luna Park” (1924), “Maelstrom” (1926), “Guatemala: las líneas de su mano” (1955)... Hace énfasis en su autobiografía: “El río, novelas de caballería” (1986), extensa obra de 900 páginas, dividida en seis partes o libros: “Ayer”, “Ciudad natal”, “París” (con memoria de sus  lecturas de Baudalaire, Rimbaud, Mallarmé, Corbière, y de encuentros con los surrealistas Antonin Artaud, Breton, Eluard, y del compartir vivienda con Picasso en la Costa Azul), “México”, “Dura Patria” (sobre Guatemala) y concluye con “Mar”. Pero dice que de toda su obra la que prefiere es “Pequeña sinfonía del Nuevo Mundo” (1929-1932, 1938), de imaginación desbordante en su continua pasión por crear, inventar, fabular.

Es obra monumental con singularidades extremas, sin depender de sistemas lógicos, al permitir que aflore el subconsciente en imágenes y metáforas. Con apelación a la memoria, con visos de realidad-irreal, un tanto en desarrollo del delirio, la fluidez incontenible de la palabra en ritmos seductores, al amparo de Flaubert en la convicción de un libro solo poder sostenerse por la escritura. Es obra con desarrollo espontáneo, desde lo onírico, separada de cualquier estándar en géneros o modas. Apela en ella a la necesidad imperiosa de lo maravilloso, desde lo desconocido, con despliegue de sensaciones sin acudir a la coherencia. Pero toma de pronto referencia con vivencias europeas y norteamericanas, en contraste con señales de culturas aborígenes de América. Es la simbiosis de la irrealidad subyacente y la imaginación incontenible en deseos de palabras errantes. Su ritmo de intensa colonización lleva a pensar en una sinfonía real.

Fernando Charry-Lara en estudio sobre él refiere que su poesía es siempre joven, de actualidad, con desenfreno y conexiones entre lo antiguo, lo aborigen de América, lo europeo y lo contemporáneo. De esta manera se identifica su producción poética, reto de creatividad, con desbordante imaginación, sin contemplar división en géneros literarios.

En aquella visita del 18 de agosto de 1988 a su residencia, me cuenta cómo de tan joven tuvo la intrepidez de pedir, con aire autosuficiente, un escrito para prólogo de su segundo poemario “Maelstrom”, a Gómez de la Serna, con el antecedente de haber recibido opinión positiva suya sobre el primer libro, “Luna Park”. En ese escrito el prologuista dice, entre otras cosas: “Por la ventana del libro que da a la noche incierta de la vida entran las imágenes vencidas, con el estertor último.” Y concluye el prólogo: “Pero con Paisaje o Paisaja este es un libro derrochador y colgado de corbatas nuevas en que veo a Cardoza sonreír como heroico capitán del terremoto, como su epicentro.” De esta manera el prologuista rubrica la novedad abrumadora de la escritura de Luis, quien corrió todos los riesgos para dar salida a una fértil y prolífica imaginación, sin cuidar la tradición de formas.

Entre tantos temas conversados alude en algún momento a los integrantes del grupo “Ateneo de la Juventud” para resaltar en él la participación de Alfonso Reyes y de José Vasconcelos. Del primero destaca su obra “Ifigenia cruel” por la que más interés tuvo, y del segundo anota haber sido una personalidad extraordinaria, con sus más y sus menos, pero destacando todo lo que hizo por la cultura de México, con edición de los clásicos, la promoción de los muralistas, las misiones populares en las escuelas en el campo, entre otras.

Aludió a los muralistas Rivera, Orozco, Siqueiros, con profunda cercanía a ellos, pero destacó a José-Clemente Orozco como el de la obra mayor, bajo el criterio de no juzgar las obras de arte por las ideas políticas que involucren sino por el valor estético, en la formalidad de su expresión.

Al terminar el encuentro, me escribe en un papel, de su puño y letra: 

 

“Se ha repetido que soy crítico de arte. Escribo sobre arte como escribo las nubes y el mar. La crítica de arte es la Venus de Milo llevando en sus manos la cabeza de la Victoria de Samotracia./ L. Cardoza y Aragón/ Para Aleph – Tenochtitlan 18-VIII-88” (cf. Revista Aleph No. 68)

Y antes me había enviado su poema en manuscrito autógrafo:

 

 [Ref.: "La Patria", 10.III.2019, en versión más corta]

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