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La humanidad en situación

Situarse uno en su momento demanda conocimientos de la historia y en especial de los problemas de la época, los heredados y los cosechados en el propio tiempo. Pero, ante todo, implica asimilar los grandes y esenciales interrogantes que gravitan en la humanidad: De dónde venimos y para dónde vamos, qué sentido tiene la vida, cuál es la responsabilidad de interrelación de nosotros con el medio natural, cómo alcanzar comprensión y colaboración con los semejantes, cuál es el papel de la educación en el desarrollo humano integral, impactos en los avances de la tecnología y la propaganda...
Inquietudes que en lo fundamental se plantean los pensadores de todos los tiempos, con los escritores haciendo de puente entre las diversas formas de expresión que incorporan el arte, la ciencia, la moral. En 1959 el notable escritor inglés Aldous Huxley dictó un ciclo de doce conferencias en la Universidad de California recogidas en un volumen (“La situación humana”), en las cuales abordó esas palpitantes cuestiones. Huxley pertenece a dinastía familiar de científicos, escritores y humanistas, con abuelo biólogo evolucionista (Thomas-Henry Huxley),  y en esas conferencias hace gala de conocimientos en ciencias, historia, filosofía, con sentido de interpretación y de interconexión de saberes. 


 El libro puede aprovecharse para motivar a jóvenes por la responsabilidad frente a la vida, el conocimiento y el sentido de sociedad, con el propósito de no ahondar en la fragmentación, antes bien, reforzar la idea y práctica de la interdisciplina. La tendencia preponderante ha sido la especialización, con cada vez más campos reducidos en temáticas para profundizar el conocimiento específico. Huxley tiene soporte en los grandes pensadores de todos los tiempos, desde la Grecia Clásica. Y en los poetas. Acude también con soltura a compositores y artistas visuales, para dar ejemplo de las relaciones entre las ciencias y las artes. Se conmueve incluso por las puestas de Sol, en cuyo caso acude a poema de Wordsworth, quien describe aquella visión exquisita y clara que se extiende por la montaña, en el purpúreo atardecer. Apela a los místicos y sabios para recomendar procedimientos de control de temperamento y espíritu, sin abandonar los compromisos de labor y permitir que lo más profundo de la individualidad aflore y obre en acontecimientos bienhechores, incluso con alcance de percibir esa profundidad del Yo en especie de continuo con la dimensión enigmática del universo.

Estudia temas del inconsciente y de la creatividad, con apego a Freud, para desplegar comprensiones que se transmiten con el lenguaje, dando pie a encontrar testimonios antiguos que asemeja a una especie de “sabiduría fósil”. Describe la manera como ciertos problemas endocrinos inducen afloramiento de situaciones en el inconsciente que tienen repercusión en la subestima de la persona, con sentimientos abrumadores de inferioridad. Al considerar esas diferencias que se marcan, acude a otro poeta, a William Blake, quien se pregunta: “¿Oh, por qué nací con un rostro diferente?/ ¿Por qué no soy como el resto de mi estirpe?”, hasta llegar a plantear en el poema el desprecio que asume el artista con su propia obra.

Para hacerse entender sobre por qué una sociedad no puede ser considerada como un organismo, puesto que este se estima como criatura con vida propia y capacidad de proceder por sí misma, establece parangón con lo que ocurre con los gases, integrados por moléculas, que responden a leyes distintas los unos y las otras, pero que solo tienen en común por sus comportamientos la energía cinética y el movimiento aleatorio. El tratamiento científico del tema lo conduce a exponer la diferencia fundamental que hay entre las ciencias naturales y las ciencias de la historia.

Al preguntarse por el futuro del mundo refiere la superada concepción del tiempo cíclico de los hindúes que tuvo presencia hasta la época de Nietzsche, para apreciar su remplazo por idea científica de la creciente entropía, que pudiera asemejarse en tiempos más actuales a la complejidad en las teorías de Edgar Morin. Registra lo insistente en el mundo de la barbarie con exterminios y persecuciones. Celebra la publicación en 1859 de “El origen de las especies”, de Darwin, que incorpora al conocimiento la evolución, en continuidad desde las formas inferiores de vida hasta las superiores. Contrasta visiones optimistas y pesimistas sobre el futuro, con apelación a un optimismo moderado. Asevera que la especie humana es al parecer la más resistente de todas las especies, por la capacidad casi inconmensurable que tiene de generar sorpresas, con actuaciones insospechadas. 

Al indagar por las perspectivas que tenemos, acude en recurso a las consideraciones de Bertrand Russell, quien apreció tres posibilidades, de haber una guerra nuclear: la especie se extinguiría, o se regresaría a la barbarie, o en prevención se crearía un Estado mundial, que podría emerger por la fuerza o por la intimidación de la fuerza, con recurso de la razón y por los ideales humanitarios. En desarrollo de estas consideraciones se plantea que en general los seres humanos tenemos disposición de unirnos, incluso con privaciones, si se obtienen beneficios, pero bajo amenaza de otros. De este modo, y no sin humor, sugiere que a lo mejor nos uniríamos bajo un gobierno mundial si llegásemos a tener, por caso, la amenaza de invasión desde Marte.

A renglón seguido se pregunta si podrá haber alguna posibilidad de unirnos contra nosotros mismos, en virtud de los más elevados y altruistas intereses. No descarta que pueda lograrse ese ambicioso objetivo con persistencia en educación de calidad, acompañada por sistema consonante de medios de comunicación.

 

[“La Patria”, domingo 08.VII.2018;  p. 18]

 

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