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Manifiesto por la Educación: Edgar Morin en el combate por la lucidez

No hay caminos fáciles, y la vida desde sus orígenes es una aventura y una lucha continua, con avances y retrocesos, con obstáculos, algunos insalvables, y cataclismos. Pero la vida está ahí, con un “homo sapiens” de trescientos cincuenta mil años de edad, en realidad muy joven si lo comparamos con los cuatro mil cuatrocientos setenta millones de años de la Tierra y del Sistema Solar. E insignificante nuestra edad respecto a la del Universo, cercana a los catorce mil millones de años. Estamos aquí después del sinestro de doscientos cincuenta millones de años atrás que aniquiló las especies vivientes, con la rara sobrevivencia del “lyphosaurus”. También de recordar la catástrofe de hace sesenta y cinco millones de años que acabó con los dinosaurios, sobreviviendo los pequeños mamíferos, antecesores nuestros.

Temas de esta naturaleza son considerados en el libro “Enseñar a vivir – Manifiesto para cambiar la educación” (2015) del filósofo contemporáneo Edgar Morin, quien a sus noventa y seis años sigue en pie pensando, escribiendo y debatiendo sobre temas candentes de la actualidad y para el futuro del mundo. Afianza sus convicciones en el conocimiento científico e histórico, para considerar que desde el surgimiento del “homo sapiens” la evolución biológica es poco significativa y que lo conseguido en los individuos y en la sociedad es debido a la educación y la cultura, con las artes involucradas. Y este ha de ser el camino para intervenir hacia un mejor destino del género humano.

 

Sus planteamientos involucran la necesidad de introducir en la educación desde la primaria el conocimiento del origen y evolución del Universo, de la Vía Láctea, del Sistema Solar y de la Tierra. Además, con otra constante en todos los niveles, el estudio de la Ecología, para afianzar la idea de la preservación y reconstrucción del medio natural. Ese desarrollo humano que invoca debe comprender la formación en autonomía individual, la solidaridad en la comunidad y la conciencia de pertenecer a la especie humana. Con posibilidades de desarrollar la aptitud de convivir en las diferencias, con racionalidad y afectos.

Critica la educación que se imparte por considerarla disgregadora, orientada a las especializaciones, en especie de fragmentación del conocimiento. Pero además la estima contraproducente por fortalecer el individualismo y la competencia, con deterioro de las relaciones personales y la secuela de angustia y desmoralización por el presente y el futuro. Insiste en la necesidad de integrar, de formar fortaleciendo la interrelación de los saberes, hacia una comprensión unitaria, sin dejar de considerar problemas vitales como el error, la ilusión, el sectarismo, la comprensión y la incertidumbre. Con una cuestión clave de afrontar en nuestra vida: el conocimiento, a la manera de interpretación de sucesos, de los entornos, y de reconstrucción de todo aquello que presente situaciones deficitarias o anómalas, con fortalezas crecientes, por desarrollar, en la creatividad.

Rousseau se propone en el “Emilio” enseñarle a su discípulo “el oficio de vivir”. Pero, como lo advierte Morin, “sólo se puede ayudar a aprender a vivir”, a sabiendas que vivir es encarar las situaciones de la propia vida, y los riesgos de caer en el error y en el desvarío. A su vez, Fernando Savater, anota: “Hay que tener coraje para vivir, generosidad para convivir y prudencia para sobrevivir”, y señala esas tres virtudes como fundamentales. Entonces la educación debe dar herramientas para que las personas tengan capacidad de afrontar, en especial, los riesgos y las incertidumbres. Y para tener formación que nos permita asumir las incertidumbres hay que echar mano de la ciencia, incluso al saber el carácter cambiante de las teorías científicas.

Morin reconoce que desde los años sesenta, del siglo pasado, se ha formado una “bioclase adolecente”, y en colectivo, una “bioclase social”, que en los años que corren tiene soportes en Internet, a la manera de un “saber googlizado”, del cual se desprenden saberes valederos, pero también rumores y creencias, no siempre apropiadas. Y la mentira se vuelve un arma de engaño y enemistad, con mayor recurso en manos ambiciosas de poder y de dinero.

Importante los “mandamientos de la comprensión” que enuncia Morin:  Comprendernos, con reconocimiento de las insuficiencias propias;  argumentar ante los conflictos de las ideas;  superar el odio y el desprecio;  resistir a la venganza y al odio, y resistir a la barbarie interior y exterior, en especial en los períodos de histeria colectiva.

El libro en mención fue objeto de estudio en la Versión 31 de la “Cátedra Aleph”, en la UN-Manizales, semestre académico que concluye.

 

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