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Reflexiones sobre el Plebiscito del 02 de Octubre/2016

Bogotá, D.C., 4 de octubre de 2016

Hola querido CER-Aleph:

Los resultados del plebiscito sobre el Acuerdo de Paz realizado el pasado domingo 2 de octubre de 2016 me resultaron muy decepcionantes y altamente deprimentes. Esperaba que la abstención bajara por lo crucial de la cita, pero no sucedió. Esperaba que la gente votara mayoritariamente por el “sí” y, desconcertado, encontré que no sólo no sucedió esa victoria mayoritaria, sino que los votos mostraron qué equivocado estaba respecto a mi impresión del estado general de la opinión de quienes asistimos a las urnas. Ciertamente fue difícil de digerir el domingo mismo, pero ayer me puse a pensar por las razones que me movieron a crear expectativa. La teoría económica de pronto pueda ayudar a clarificar algunos temas.
Sobre mis expectativas, fui sujeto de un sesgo común y bien reconocido hoy en economía comportamental (behavioral economics): la ley de los pequeños números, es decir que las personas tendemos a generalizar a partir de pequeñas cantidades de información. Según esta ley, formamos anticipaciones y creencias frecuentemente con base en muestras estadísticas que no son significativas, pero que nosotros les damos validez espuria. El ejemplo clásico es éste: imagina una situación donde vamos a lanzar la moneda cuatro veces. Las tres primeras caen cara. ¿Cómo caerá la siguiente y última vez? Tendemos a creer que la cuarta vez va a caer sello porque deducimos de las tres primeras veces que si no ha caído sello, ya es hora de que lo haga. Sin embargo, cada evento es independiente del anterior y el lanzamiento tiene igual probabilidad de caer cara o sello en este cuarto intento. Nuestra generalización es injustificada.

Algo parecido me pasó a mí: deduje que si la mayoría de las personas que tengo en redes sociales y con quien hablaba iban a votar por el “sí”, entonces el “sí” sería el resultado general. Las ilusiones aumentaban cada día, pues me encontraba con personas con opiniones similares. Nuestros círculos sociales rara vez son una muestra representativa de la sociedad en su conjunto. El error fue que, como resultado de esa ley de pequeños números, hice menos ejercicio de persuasión del que probablemente debería haber hecho, y lo hice en círculos universitarios, donde probablemente la opinión del “no” era minoritaria. En los Andes por ejemplo hicieron dos encuestas donde más del 85% votaron por el sí. En la UN hubo un resultado similar. Escuché menos a los del “no”, porque me los encontré menos y porque creí que serían una minoría en las elecciones.

¿Cuántos no habrán sufrido de un sesgo similar y habrán considerado que no era necesario votar? Downs señalaba en 1965 que el votante medio no tenía incentivos a acudir a las urnas: el costo de votar era siempre superior a los beneficios, puesto que el votante consideraba que su voto no era decisivo (su beneficio tendía a cero), mientras el costo de trasladarse siempre era positivo. La lluvia aumenta ese costo. Si creo que mi opción va a ser ampliamente apoyada por otros (sesgo de la ley de pequeños números), tengo incentivo a ser un free rider y esperar que otros voten por mí, mientras me quedo en la comodidad de la casa evitando el costo de votar (racionalidad del votante medio).

Ahora bien, hay un sesgo adicional identificado por Daniel Kahneman y Amos Tversky en dos trabajos de 1979 y 1986[1], que puede ser de gran interés en estos momentos. Presento el problema de 1986 a continuación. Imagina que te plantean un problema con dos opciones y te sugieren elegir la que más prefieras:

Problema de decisión #1:

  1. A)Una ganancia segura de $240.000
  2. B)25% de probabilidad de ganar $1.000.000 y 75% de no ganar nada.

[Sugiero no seguir leyendo antes de responder al primer problema]

Ahora, imagina que te plantean otro problema, otra vez con dos opciones y te sugieren elegir la que más prefieras:

Problema de decisión #2:

  1. C)Una pérdida segura de $750.000
  2. D)75% de probabilidad de perder $1.000.000 y 25% de probabilidad de no perder nada.

[Sugiero no seguir leyendo antes de responder a este segundo problema]

Los autores encontraron que la mayoría de las personas (un 84%) preferían la opción A) en el problema de decisión #1 y la opción D) en el problema de decisión #2 (un 87%). ¿Por qué la gente prefería estas opciones? En el problema #1, la ganancia esperada de la lotería B) es de $250.000, que es ligeramente mayor a la ganancia de la opción A). En el problema #2, la pérdida esperada de la lotería de la opción D) es igual que la pérdida segura de la opción C).

La teoría económica tradicional señala que, si cada persona tiene un sólo nivel de aversión al riesgo, entonces si elige A) en el problema #1, entonces debería elegir C) en el problema #2, revelando así que es una persona aversa al riesgo. Por el contrario, si una persona elige B) entonces debería elegir también D), revelando que es más propensa al riesgo. Los resultados de Kahneman y Tversky controvertían este supuesto de un solo nivel de aversión al riesgo para cualquier problema de elección.

El problema #1 fue presentado en términos de ganancias, lo que hacía que las personas fueran más aversas al riesgo y prefieran la opción segura. El problema #2 fue presentado en términos de pérdidas, lo que hacía que las personas fueran más propensas al riesgo y eligieran la lotería. Eso significa que el lenguaje importa en las elecciones racionales que hacemos y que la forma como las personas perciban el problema, en términos de ganancias o pérdidas, tiene fuerte incidencia en sus elecciones.

Kahneman y Tversky concluyeron que las personas tenían una aversión a la pérdida y por eso preferían evitar la pérdida segura, apostando por la lotería. También concluyeron que las pérdidas nos duelen hasta dos veces más que la sensación de bienestar que nos producen ganancias equivalentes.

Podríamos utilizar esta teoría para entender qué pasó el domingo pasado. Votar por el “sí” era escoger la opción segura (representadas por A) y C)), mientras que votar por el “no” era escoger la lotería (representadas por B) y D)). El “sí” era la opción segura porque era votar unos Acuerdos ya escritos y bien definidos. El “no” representaba más incertidumbre, pues no se sabía con claridad qué iría a pasar, cuáles serían las posiciones de las FARC, el Gobierno, el equipo negociador y el Centro Democrático -los principales actores políticos en torno a este acuerdo-.

Los hallazgos de Kahneman y Tversky sugieren que quienes votamos por el “sí” probablemente percibimos el Acuerdo en términos de ganancias, escogiendo la opción segura, pues somos más aversos al riesgo en este caso; por el contrario, quienes votaron por el “no” lo habrían percibido en términos de pérdidas y, en consecuencia, escogieron la lotería, puesto que son más propensos al riesgo en este caso.

El uso del lenguaje de una parte y de la otra parecen corroborar esa deducción (ojalá no esté sufriendo otra vez de la ley de los pequeños números). Los del “sí” percibíamos que el Acuerdo nos daba paz, reducía la incertidumbre, permitía alcanzar una baja cifra de muertos, tenía una impunidad perfectamente aceptable en el marco de la justicia transicional y que la participación política era aceptable con tal de que las FARC dejaran las armas, entre otros beneficios (como lo bondadoso de la Reforma Rural Integral). Los del “no” veían el problema de una manera bien diferente: la impunidad era una pérdida de justicia inaceptable, la paz era sólo un embeleco para que los malos -las FARC- ganaran poder que amenazaba a Colombia en convertirse en el nuevo Venezuela, se premiaba a las FARC pagando sueldos elevados que salían de impuestos que los contribuyentes, gente de bien, perdía de sus cuentas y sus bolsillos, se estaba entregando soberanía nacional a favor de los levantados en armas, entre otros.

Lo cierto es que quienes votamos por el “sí” fuimos incapaces de mostrar que los Acuerdos representaban ganancias; no tuvimos palabras suficientes para la persuasión y el diálogo. De haberlas tenido, menos personas hubieran apostado a la lotería del “no” y de la renegociación de acuerdos, que aún sigue en el limbo y es sólo una gran promesa de la que hoy nadie sabe mucho. Que los ciudadanos hubieran sido más aversos al riesgo hubiera sido algo sumamente conveniente en este plebiscito.

Esta teoría nos da luces de los errores que no podemos volver a cometer si la oportunidad se nos presenta de nuevo. Hay que hacer el ejercicio de escuchar a quienes piensan diferente e intentar persuadirlos de que sólo podemos ganar con la firma de acuerdos de paz con los grupos armados al margen de la ley. Si quienes votaron por el “no” este pasado domingo siguen pensando que eligen entre dos males, que sólo están perdiendo, entonces probablemente seguirán siendo propensos al riesgo y continuarán apostándole a loterías y a los escenarios que generan incertidumbre, siempre a la espera de que alguna alternativa mejor se presente luego (¿cuántas oportunidades volveremos a tener?).

La teoría económica muestra que ellos, los del “no”, eligen razonablemente según sus creencias. El ejercicio es cambiar esas creencias, pero para ello debemos entender cómo las están formando. Bien decía Richard Thaler, a propósito de estos trabajos de Kahneman y Tversky, “la teoría de la prospección [nombre de la teoría de estos dos autores] nos dice que las decisiones dependen del marco como se nos presenta el problema, pero no nos dice cómo las personas espontáneamente crearán sus propios marcos”[2]. Falta investigación allí.

Abrazos siempre afectuosos para ti, la sra. L y Amandita,

Andrés-Felipe Sierra S.

 



[1] Ver: Kahneman, D. y Tversky, A. (1979). “Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk”, Econometrica, Vol. 47, No. 2, pp. 263-292 y Kahneman, D. y Tversky, A. (1986). “Rational Choice and the Framing of Decisions”, The Journal of Business, Vol. 59, No. 4, pp. S251-S278.

[2] Thaler, R. (2000). “From Homo Economicus to Homo Sapiens”, The Journal of Economic Perspectives, Vol. 14, No. 1, pp. 133-141. 

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