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ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

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De poderse, ¡Se puede!

En nuestro país, y en todas partes, los debates públicos suscitan desmedido apasionamiento en voceros de partidos, ideologías, creencias, que llegan a tener tremenda resonancia por los medios de comunicación, como si se quisiera agrandar la pelotera. Muy a pesar de esas actitudes, hay personalidades públicas con sindéresis, capacidad de comprender y exponer sin polarizar, acudiendo a las razones, a los argumentos, sobre la base de la información calificada, no de los decires. Y la polarización cunde, algunos la llevan adelante como estrategia opositora con miras a cautivar adeptos en la forma de votos para elecciones. Hay una mirada corta, puesto que se acude con las intervenciones públicas a mover el sentimiento incendiario, a la manera de diatribas, gritos y cosa parecida y no con el discernimiento deseado. Forma de violencia, que en nada contribuye a combatirla, sino a encenderla.

Siempre me ha parecido llamativa una paradoja, o un contraste agudo. Por un lado la capacidad humana de organizarse para emprender labores efectivas, como la construcción de un edificio, por grande que sea, o de otras obras materiales. Existe una jerarquía en la organización del trabajo, y cada uno hace lo suyo de la mejor manera. De esa forma vemos cada día como nace, crece y culmina una torre de apartamentos o de oficinas, o de ambos destinos. Es de asombro. Pero por otro lado, la condición humana desplegada en la acción pública, para definir destinos de las regiones y del país, polariza con restricciones palmarias en el alcance de los procederes. No se respetan ni acatan jerarquías, así sean elegidas por mandato electoral. Cualquier perico de los palotes  cree tener autoridad para insultar al Presidente, y a gobernantes en los diversos niveles. Nos hace falta campaña de cultura ciudadana sostenida e intensa por la apropiación de las instituciones y sus servicios, con la comprensión y el acatamiento de las instancias, a las cuales se debe acudir con respeto.

Suele argumentarse que es la politiquería y la corrupción las portadoras de ese esquema de conductas, que a su vez genera incredulidad o desconfianza en la cosa pública. Pero no siempre todo debe ser así. Habrá que tener valor ciudadano para asumir deberes y participar en la nueva modelación de Colombia, de modo integral, con sentido de cooperación y altruismo en los compromisos cívicos. Algo grave pasará en la educación, con la cual debería forjarse ciudadanía, al tomar en cuenta la historia, los problemas y las actitudes para llevar adelante las tareas, con respeto en las diferencias y capacidad de construir espacios de compromiso común.

Ahora estamos con la polarización del “Sí” y el “No”, que deberá definirse en el plebiscito convocado para el 02 de Octubre próximo. Todo para que la ciudadanía se pronuncie respecto a lo acordado en La Habana, tendiente a la desmovilización de un grupo insurgente y su incorporación a la vida civil. El trabajo desplegado por cerca de seis años, de parte de las delegaciones de ambas partes, fue impensado y saturado de dificultades, pero los compromisarios portadores de vocación sortearon los tropiezos y llegaron a una meta en el documento extenso y tedioso, a la manera de Acuerdo. Lo dijo Humberto de la Calle: no se trata de un acuerdo perfecto, sino del mejor acuerdo posible. Y no faltan quienes con pequeñez, en lo público y en lo privado, reiteren palabras de grueso calibre con suposiciones de falsa interpretación en lo acordado. Todos los organismos internacionales y países del mundo apoyan el proceso que se lleva en Colombia, por la singularidad, la tenacidad y la esperanza. E internamente le jugamos al desgano, con desfachatez. Nada; hay que generar confianza en el camino, por las personalidades que lo han venido liderando, de alta formación y capacidad dialogante para encontrar espacio común donde todos podamos coexistir en creación y labores, en sumatoria armónica aunque problemática, o de alta complejidad.

No se puede dudar de un Humberto de la Calle, probado como Estadista, líder indiscutido del proceso de la Constituyente con resultado en la Constitución Política de 1991, que fue un gran paso en el intento de reconciliación nacional. Condición plena con uso de discurso público pedagógico, convincente por las razones y verdades, sin ánimo revanchista o de pelea. Tampoco se podrá dudar de un Sergio Jaramillo, de los tres generales de la República (Naranjo, Mora, Flórez) que acompañaron en la mesa, entre otros, ni de Juan-Carlos Henao, el jurista-cerebro de la “justicia transicional”, ex presidente de la Corte Constitucional y rector de la Universidad Externado de Colombia. Sindéresis y compromiso es lo que hay en los comisionados del gobierno.

Entonces, si en la construcción de obras somos capaces de organizar el trabajo y producir resultados consecutivos hasta el logro final, ¿por qué no podremos en lo social y público aplicar un método similar?  ¡Sí se puede! ¡Sí!

 

[“La Patria”, domingo 11.IX.2016;  p. 18]

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