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ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

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¿Fervor o ilusión?

Hay una crisis en Europa, ambientada por los medios de comunicación al crear pánico, por la decisión de Inglaterra de separarse de la Unión Europea. Las dos guerras mundiales (o mejor, ‘guerras civiles europeas’) y la tradición de enfrentamientos bélicos entre países de ese continente, llevaron a configurar las Naciones Unidas, en singularidad la Unión Europea, con el propósito de disponer de comunicaciones en organismos integradores para resolver los conflictos y para dejarse de hacer la guerra, camino ambicionado de un “gobierno mundial” soñado por Albert Einstein y por Bertrand Russell, entre otros. Y para buscar formas de intercambios, cooperación y desarrollo con políticas concertadas. Tarea nada fácil, pero con logros innegables.

No puede desconocerse que Europa es la cuna de las culturas clásicas, de los mayores logros en creación y pensamiento, con universidades con el  humanismo orientador de la educación tecnocientífica. Expresiones de asomo perdurable en medio de conflictos desastrosos. Tampoco puede negarse la actitud de países europeos con sus colonias, en términos de explotación de sus recursos naturales y avasallamiento de poblaciones, con la secuela que padecemos en la abismal diferencia entre países ricos y países pobres. Y la resistencia que también hoy vemos de países europeos para acoger a los desplazados por las guerras. Pero Naciones Unidas y la Unión Europea conservan sentido y necesidad de fortalecerse para avanzar en posibilidades de un desarrollo integral, humanitario y humanista, con mecanismos para evitar las conflagraciones.

La Grecia antigua, con centro en la Grecia clásica, es la base de la cultura occidental. Veinticinco o poco más de siglos dan soporte a lo de luminoso que podamos percibir en la entraña de la cultura europea, irrigada por doquier, con gesta mestiza en Latinoamérica. Listado de nombres y escuelas es de muy extensa relación. Homero y Sócrates están en los cimientos. El Renacimiento y la Ilustración fueron de igual modo períodos de volver a Grecia y de expandir potencialidad en creación, ciencia y pensamiento. Sin olvidar el surgimiento del fanatismo religioso que ha producido crueldades inenarrables.

La Europa continental ha sido portadora de los encuentros, de las tertulias de café, en diálogos que dieron lugar a escuelas en las artes, las letras, el pensamiento, incluso a las revoluciones transformadoras, a diferencia de la cultura anglosajona más dada a la insularidad, con apetito de futuro y menosprecio del pasado. Y es también un continente con la vocación del caminar, del ir a pie por las ciudades, con sentido de observación y de la reflexión. Muy a pesar, resurgen hoy los nacionalismos, las tendencias en una extrema de las ideologías con mirada despreciativa a lo extranjero, al otro. Sinembargo, queda una impronta europea incluso en medio de las crisis, como tendencia de volver atrás, valorar las expresiones de la “alta cultura” y sostener la ambición de no dejarse apabullar por la tendencia uniformadora de la globalización.

Me atrevo a relievar unos nombres de la más provocadora instancia actual: Yves Bonnefoy, Zygmunt Bauman, Edgar Morin, George Steiner, en los caminos de la poesía, la reflexión indagadora y testimonial, así como en la capacidad comprensiva e integradora de ciencia y humanismo. Steiner, por ejemplo, se ha ocupado de la literatura comparada, del arte y el pensamiento, con dominio de las lenguas europeas, con sitio prominente en la cultura contemporánea, con acendro en la ética intelectual, de obra mayor. Heredero de los griegos, de Montaigne, de Spinoza, de Voltaire, de Kant, de Goethe,... Es partidario de una Europa que vuelva por los fueros del pensamiento griego, de la moral y la responsabilidad, en términos de la dignidad del ser humano. Steiner dice que a pesar de lo corta que ha sido nuestra vida en la Tierra, ese bípedo que somos ha sido capaz de un sadismo indescriptible, pero a su vez ha creado la música, la matemática, la poesía y la filosofía. Y reclama no olvidar el legado de Sócrates para examinar la vida, el buscar la verdad, por inalcanzable que pueda ser, y la indagación emprendida por Aristóteles entre la palabra y el mundo.

Hay que recordar también a Hölderlin en sus palabras: “Lo que permanece lo fundan los poetas”. O como lo dice Steiner: hay que “invitar a otros a entrar en el sentido”, especie de condición ineludible para el desempeño del profesor de humanidades, tan requerido hoy por la venida a menos de estas disciplinas.

 

[“La Patria”, domingo 10 de julio de 2016;  p. 18]

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