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El hombre soberano de Nietzsche

Hay muchas malcomprensiones alrededor de Nietzsche, su vida, su carácter y sus ideas. Nos hemos acostumbrado a falsificaciones y distorsiones. A invariables repeticiones de profesores, comentaristas, intérpretes, biógrafos o editores, divulgadores básicamente de lo mismo. A invenciones gratuitas, conformadas más por el temor y la incomprensión de la diferencia que por un análisis guiado por la lógica y la razón.

El concepto nitzscheano  de Ubermensch se presenta en 1883 en Así habló Zaratustra, y se expone también en otros de los textos de Nietzsche, como un hombre creador de nuevos valores,  y constructor de una  sociedad nueva sin dependencia de concepciones religiosas ni dioses. Una traducción al español mal ajustada favorece la deformación y desviación del  sentido original y produce un significado alterado. Entre el hombre soberano y el superhombre hay amplia distancia semántica y filosófica. Nietzsche habla del primero, no del segundo. El inapropiado término de superhombre sitúa las ideas de Nietzsche en un espacio  mágico, emparentándolo con los imaginarios héroes voladores de las tiras cómicas, como Batman o Superman, con los que no tiene nada en común.  El realismo de Nietzsche, y su agudo sentido crítico y racional no coinciden con ese traslado de sus ideas a un plano utópico e inalcanzable. Algunas ediciones alemanas reconocen el  resonante error de la inexacta y mala traducción de Ubermensch. Pero la pasiva costumbre ha tolerado, generalizado, y repetido el error,  anclando el pensamiento de Nietzsche en un contexto ridículo y grosero.

El pensador alemán proponía la superación de una sociedad de masas, y la construcción de una sociedad de individuos, creadores de valores y belleza, que pudieran reflexionar a partir de una ética responsable y personal. Una sociedad que gravitara en torno  del hombre y sus decisiones  autónomas, y no de las prescripciones de una institución dominante o un supuesto  dios. 

El hombre sería soberano, decía Nietzsche, cuando pudiera escoger, medir y aplicar su propia tabla de valores, y no repetir los mandatos colectivos o religiosos. Cuando con libertad relativa y reflexión  responsable decidiera los mejores valores  correspondientes  con sus actos y practicara los valores escogidos. El hombre soberano  de Nietzsche se inscribe como posibilidad evolutiva en su propuesta esencial de transvaloración y selección de valores. Y pensaba el filósofo que los hombres conquistarían la soberanía cuando  se alejaran de los patrones gregarios. Cuando no repitieran los esquemas y estereotipos del rebaño. Cuando pensaran por sí mismos, y actuaran con autonomía. Serían soberanos cuando afirmaran un pensamiento y un comportamiento propios. 

La libertad relativa y la autonomía son los determinantes de la soberanía humana. Sin las posibilidades de la libertad no existe soberanía o dominio de sí mismo. La soberanía  nietzscheana significa un margen progresivo de autodeterminación, de libertad de decisión,  de control de sí mismo, de determinación de los actos y fines de la propia vida. Supone coherencia entre pensamiento y acción. Nada tiene que ver con  supermanes y superhombres. Es una meta humana deseable y alcanzable. Nietzsche propone un hombre desarrollado y autónomo que llegue a exponer argumentos e ideas propias. Que  alcance un mayor porcentaje de decisiones propias. Que pueda determinar su vida en la medida de lo posible. Que desarrolle la capacidad de elegir y construir su destino. La posible soberanía es una forma de autogobierno, de autorregulación, de autocontrol, de mayor conciencia, una capacidad creciente de toma de decisiones propias, en la que no se desconocen otros factores influyentes como la herencia, el azar, la sociedad, el contexto, o los instintos.

La  bella concepción nitzscheana del hombre soberano será afirmada y desarrollada posteriormente  por el pensamiento jurídico de Isaiah Berlin. Hombre soberano será quien logre construir la libertad positiva que expresa  dominio de sí mismo,  autodeterminación y autorrealización personal. Será algún día el hombre libre de espíritu, que se gobierne a sí mismo, a partir de sus propios y responsables criterios de pensamiento y acción.

 

 

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