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ISSN 0120-0216
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Luciano Mora-Osejo: matemático, académico, filósofo

En la sociedad hay académicos, científicos, artistas, intelectuales que medran al poder, otros pasan de largo cumpliendo con discreción su labor, y unos terceros, insumisos de voz pública, con capacidad de cuestionar e indagar. Luciano Mora-Osejo pertenece a estos últimos. Nacido en Túquerres (1928) y trasegado por el mundo. Personalidad de inteligencia superior, de la cual dio muestras desde la infancia y en la educación secundaria en el “Colegio San Francisco Javier” de Pasto, donde al lado de algunos profesores europeos aprendió idiomas como el alemán, el inglés y el francés, aparte de la matemática superior: los cálculos diferencial e integral, y la geometría analítica, con dedicación extracurricular, pero con motivación y esfuerzo propios, de absoluta ejemplaridad. De esa manera se mostraba su inclinación por la ciencia matemática, y además por la comprensión de la naturaleza y sus manifestaciones diversas, siempre complejas. Luego aprendió el italiano, el portugués y el ruso, y posee excelentes conocimientos de latín y griego.

Luciano Mora-Osejo (der.) y José I. Nieto (izq.): matemáticos, primeros alumnos de Carlo Federici-Casa,
en la Universidad Nacional de Colombia. Fotografía de CER; Bogotá, 27 de junio de 2013

El abuelo paterno, Rosendo Mora y Rosero, con estudios superiores en ciencias naturales y en agricultura, fue un librepensador  que fundó escuelas en Túquerres, Ipiales y Tulcán, pero por persecución política y religiosa del obispo de Pasto, Ezequiel Moreno-Díaz, fue a dar al Ecuador como exiliado, donde ejerció labor importante en la educación, en la fundación del Observatorio Astronómico de Quito y alcanzó a ser secretario privado de Eloy Alfaro, un radical, en dos oportunidades presidente de la república, consiguiendo transformaciones sustanciales de servicio a la comunidad, como por ejemplo en la educación, en las obras públicas, y con la afortunada separación de iglesia y estado. 

Su padre, Paulo Emilio Mora-Villota, educador y fundador también de escuelas en veredas y poblaciones del sur de Nariño, inculcó en los cinco hijos, al lado de la esposa, Victoria Osejo-Muriel (normalista letrada, apasionada de la poesía y el teatro), el amor por el idioma español y estimuló en ellos el desarrollo del pensamiento lógico, en forma cotidiana, con juegos gratos a la hora de la mesa. Y además les apoyó con lecciones de inglés, de igual modo en familia. Ese ambiente formativo ocurría en Túquerres, una población en la región sur-occidental de Colombia, con historia singular en los campos de la educación y la cultura, de libertad de pensamiento.

Luciano cursó la carrera de Matemáticas en la Universidad Nacional, en Bogotá, la que coronó con rotundo éxito. Fue del grupo de los primeros alumnos que tuvo el eminente Carlo Federici-Casa, matemático y físico italiano que inauguró en Colombia una escuela de pensamiento lógico y de pedagogía científica. Luego, bajo el motor de su avidez de conocimiento, adelantó especialidades en los institutos de matemáticas de las universidades de Mainz y de Münster, y estudios asimismo en las incipientes técnicas de cómputo electrónico en la Universidad de Manchester. Para subsistir ejerció labores de traductor en alemán, inglés y francés, con visitantes provenientes de países de lengua española.

Se desempeñó en universidades de Tunja, Pasto, Popayán, Ibagué y Manizales, culminando su ejercicio docente en la Universidad Nacional, en Bogotá, donde había comenzado de catedrático en 1954. En aquellos centros de educación superior no se limitó a las clases regulares, sino que alentó con propuestas, conferencias, debates y publicaciones, la creación de climas favorables al desarrollo de la investigación, articulada a la docencia. De amplia producción escrita, con enfoques teóricos, resultados de investigación y de aventuras en busca de conexiones entre las ciencias, el humanismo y la vida de las comunidades. Trabajos por recopilar y publicar en varios volúmenes.

Se trata de una personalidad intelectual erguida en el estudio perseverante de ciencias y humanismo, con aportes sustantivos, comenzando por la matemática aplicada, de la cual fue pionero en Colombia, así como en la física teórica, en la demografía, en la epistemología. Están, por ejemplo, sus aplicaciones de modelos matemáticos a procesos en la biología, la demografía, la economía, la producción agrícola, el transporte, la economía ambiental, etc.  En especial, en compañía del científico social Álvaro López-Toro, introdujo en Colombia los estudios de la ‘Demografía matemática’.

Un capítulo aparte merecería el referir con detalle el proceso que ha seguido en la construcción de su teoría de la ‘comprensión unitaria’, como intento de encontrar formulaciones de validez universal, a partir del estudio de las obras esenciales de pensadores a lo largo de los siglos. Establece, por ejemplo, que el conocimiento propiamente dicho no es posible sustentarlo únicamente con el empirismo y con el racionalismo; se necesita algo más. Pero es claro que existe la introspección, como capacidad de la mente humana para desarrollar análisis y desprender consecuencias de enorme validez, sin desligarse de la intuición, ni de los sentimientos, lo cual rebasa a la lógica formal.

Tuve con Luciano feliz encuentro cuando él llegó a comienzos de los años 70 como docente a la sede Manizales de la Universidad Nacional, donde creó el “Centro Boltzmann” y el “Centro interdisciplinario”, embriones del actual centro de investigaciones. Desde aquella época he conservado amistad y colaboración fructífera con él, ante todo por sus contribuciones recogidas en la Revista Aleph. Dialogante que examina y controvierte, de aquellos insustituibles en nuestra ‘cofradía del estudiante de la mesa redonda’.

El Dios-Naturaleza de Spinoza preserve su vida y memoria. 

 

[“La Patria”, Manizales, domingo 10.I.2016;  p. 22]

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