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ISSN 0120-0216
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Provocaciones en lectura y educación

La educación no puede ser ajena a procesos de motivación por la lectura, en todos los niveles. Y el problema está en la preponderancia de docentes sin hábitos lectores. Un docente que tiene la costumbre de leer comenta con los alumnos, les cuenta de sus experiencias y los estudiantes tienen en él un referente para buscar los libros y las revistas, para frecuentar las bibliotecas. Se cree que la lectura en medios digitales es un recurso generalizable, con acceso creciente de los jóvenes en busca de lecturas sustanciosas. Suelo hacer entre mis estudiantes cada semestre una encuesta, para darme cuenta cuantos de ellos prefieren leer los libros en pantalla. Y la respuesta en orden del 80% marca predilección por el libro físico. Diciente.

Sinembargo, en general los jóvenes (y los no tan jóvenes) suelen estar pegados muchas horas de celulares, o artilugios de esta especie, en conexión con personas o redes, o con acceso a páginas de su particular interés. No estoy seguro que prepondere en ellos la estima por una búsqueda afanosa de conocimiento en ciencias, artes o humanismo. Crear gusto por la lectura es un gran reto para apuntalar una reforma seria en la educación. De nada vale formular programas en carreras y asignaturas, con los detalles de un sistema racional, si no nos preocupamos por formar docentes con fervor por la lectura. En familias deberá estar la simiente, pero en las condiciones preponderantes son pocas las que generan espacios favorables para el estudio y la lectura, con asistencia entusiasta y comprensiva de los padres.

El tema es un problema de encrucijada. Y el Estado, por intermedio del Ministerio de Educación Nacional, será impotente sin un plan de largo plazo que tenga como soporte sostenidas y alentadoras campañas de lectura, comprometiendo padres y docentes. Y el aula, escenario ineludible.

En la “Cátedra Aleph” a mi cargo en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, tengo la inveterada costumbre de propiciar la lectura y el diálogo sobre lo leído, con promoción de libros en cada sesión, que rifo entre los estudiantes, de tal modo que al término del semestre cada uno queda con el suyo, en diversos temas, en especial de la literatura. Se que es espacio un tanto en contravía en la onda preponderante de cienti-pragmatismo-utilitarista, que busca lo económico sostenible y rentable. El amor por el conocimiento requiere de alta componente altruista, con capacidad de desplegar esfuerzos cubriendo cualquier riesgo, sin quedar mediatizados por el dinero. Por supuesto que esta componente tiene su importancia, pero deberá estar subordinada a los grandes intereses de la ciencia, el arte y el humanismo.

Un planteamiento sustantivo de reforma educativa deberá tener como punto primero la formación de docentes/maestros, recuperando los guiones de la “escuela activa”, con antecedentes en Sócrates, en pensadores y pedagogos desde el Renacimiento, con paradigmas como Komenský, Montaigne, Rousseau, Pestalozzi, Montessori, Freinet, Giner de los Ríos, Dewey, Russell, los apóstoles del Ateneo de la Juventud en México (Alfonso Reyes, Pedro Henríquez-Ureña, José Vasconcelos…), Agustín Nieto-Caballero, Piaget, Freire… Y en tiempos más actuales, un Fernando Savater con su obra “El valor de educar”, y una Martha Nussbaum con “Sin fines de lucro”, entre otros. Pilares son la observación, la reflexión, la lectura juiciosa, el diálogo, y las manualidades, tan venidas a menos. Rabelais advirtió: “ciencia sin conciencia es la ruina del alma”.

Estamos sumidos en lugares comunes, las frases de cajón que distraen lo fundamental, y en manos de consultores de alto costo, con productos que atosigan. Hay que recuperar los guiones esenciales: sentido de humanidad en la complejidad del mundo y sus manifestaciones, amor por el conocimiento con sed inquebrantable, respeto en las diferencias, fortaleza en racionalidad y argumentación, sensibilidad por la belleza despertada o acentuada por las diversas formas del arte, autonomía en la formación ilustrada de juicios (conceptos, criterios) con medida en sus consecuencias, destreza manual como recurso cotidiano de utilidad en la vida, condición favorable a la ciudadanía participativa, ejercicio de los deberes, conquista del derecho a dosis de felicidad… Y solidaridad, sin tregua.

Harold Bloom señala, con desconsuelo: “La lectura cuidadosa y escrupulosa, desinteresada, es un arte que agoniza”. Pero tiempos mejores nos esperan, es el deseo y el compromiso. ¡Sí se puede!

¡Salud y trabajo en el Nuevo Año! ¡Felicidades de Navidad!

 

[“La Patria”, 14.XII.2014;  p. 26]

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