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ISSN 0120-0216
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Heriberto, un docente de racamandaca

En acto de homenaje al Prof. Heriberto Santacruz-Ibarra, ofrecido por la Escuela de Filosofía de la Universidad de Caldas, el 31 de octubre de 2014, en el "Aula Carlos Nader", con motivo de su jubilación.

Desde Heráclito, el fuego se consideró como el principio activo, aunque elemento sutil, siempre actuante para avivar o comenzar de nuevo. Quizá, pasados los siglos, esa consideración podrá estimarse como metafórica para identificar a la Educación, el elemento transmisor y formador en la humanidad. Por la Educación se preparan personas, diestras para los oficios y las actividades múltiples, las disciplinas, las profesiones; para el pensamiento y el arte, para la dirigencia y el gobierno de las sociedades. Pero, muy especial, y en el deseo, para formar ciudadanos justos.

Ser docente a cabalidad es un reto, que congrega vocación, continua formación intelectual, actitud favorable para la motivación y el diálogo. Desde los tiempos de Confucio y de Sócrates, la búsqueda de la verdad con los otros ha sido un reto angustioso de la humanidad pensante, con los tropiezos dramáticos en la historia, manifiestos en fanatismos, con las consiguientes discriminaciones, odios, rencores, y guerras. Y la Universidad en nuestro tiempo trata de no ser ajena a esa historia, ubicándose –no sin dificultades- en ese lugar de lucha por la verdad, así esta no se encuentre al alcance de la mano.

El profesor Heriberto Santacruz-Ibarra responde al homenaje que le ofreció la Escuela de Filosofía

Heriberto responde a esa tradición. Lector, estudioso infatigable, debatiente sin tregua, forjador de hipótesis sin arraigo en ortodoxias. Su entrega a estimular el libre examen, con trabajo de rigor, ha contribuido a forjar personas significativas de los estudiantes que le han acompañado en los años que hoy celebramos, de un nuevo paso adelante, con motivos valederos para justificar la vida, ceñida en intento de encontrarle sentido en el estudio y la reflexión.

Confucio lo dijo: “Estudiar sin pensar es inútil. Pensar sin estudiar es peligroso”. Y Heriberto ha sido ejercitante cotidiano de esta enseñanza.

Largo camino hemos recorrido juntos en los ámbitos de la bella ilusión que es “Aleph”. Historias por recordar con nostalgia, y sendero de seguir con tejido perseverante y firme convicción en las bondades multiplicadoras de la Cultura. Y apenas puedo, con estas palabras, testimoniar su condición de amigo/compañero entrañable, hermano del alma, solidario y generoso en todas las horas.

Termino este reconocimiento, compartiendo la lectura de un texto que dediqué a Mónica y Heriberto, incluido en mi libro: “Burbujas en un sueño” (1994):

                                                 Destino


Raro artificio de la luz  

rehuye los pasos

y a lo lejos los árboles oscilan

entre la realidad y el sueño


A la vez

el tiempo asedia en la distancia

con la vecindad de lo fugitivo


Difícil esclarecer la soterrada voz

de escurridizos destellos

                                   a todas las horas

sin días en los que permanezcan

                                   siquiera en la memoria

los rostros apacibles


Difícil el sosiego entre las olas

y entre las turbias miradas.

 

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