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Jorge Arias de Greiff: un sabio de actualidad en paradoja

En las sociedades de todos los tiempos no faltan singularidades humanas identificadas como sabios, por su conocimiento avanzado y por la capacidad de comprender lo múltiple y diverso en su complejidad. Con ejercicio del librepensamiento, en el mejor de los casos.

Jorge Arias de Greiff (n. 1922) es un académico de tiempo completo, formado como ingeniero civil, de ejercicio temprano en este oficio por Tierradentro (en el Cauca), con fortalezas en física y matemáticas, y de pronto acceso a temas de la Astronomía y la historia de la ciencia. Le correspondió ser el primero en introducir cursos universitarios de Mecánica Celeste y Astrofísica. Miembro de las academias de ciencias y de historia. Maestro consagrado. Director del Observatorio Astronómico Nacional por más de treinta años, decano de Ciencias y rector UN. Hijo de antioqueños, de padre comerciante y madre formada en la música. Sobrino de León y Otto de Greiff. Con estirpe de inteligencia y laboriosidad. Sus ensayos meticulosos, sus conferencias ilustradas y provocantes, y el diálogo ameno, con infaltables apuntes sarcásticos, a veces de ‘humor negro’, permiten formar el juicio de estar frente a un sabio, ni más ni menos. Conocimientos abundantes y memoria fresca, le permiten establecer con facilidad correlaciones en temas, épocas y autores, con interpretaciones personales de enorme validez. Una bibliografía completa de su producción está por hacerse, y la Universidad Nacional de Colombia debería emprenderla, con el compromiso de recoger en varios tomos su obra.

                               Jorge Arias de Greiff y CER (Bogotá, 01.VII.2014, en casa del Maestro)

He tenido la fortuna de conocerle por años y de admirar su labor. Tuve la ocasión reciente de visitarlo en su residencia, en Bogotá, con registro de larga entrevista-diálogo para difusión en la Radio UN, y en la Revista Aleph. Sorprende este hombre, al borde de los 92 años, con independencia de movimientos por la ciudad, participación en conferencias y reuniones de las academias, y en la grabación de programa semanal sobre ópera en la emisora de la Universidad Tadeo-Lozano. Mente prodigiosa, atenta a las cuestiones cruciales de nuestro tiempo, con perspectiva histórica.

En buena crónica de Marcela Giraldo, en “El Espectador” (1991), se califica a Arias de Greiff de “genio loco, melómano frenético y escudriñador de astros”, a la vez que recoge la razón de su éxito, en palabras del propio maestro, en “haber hecho las cosas con el máximo de seriedad, con gusto y por gusto, pero sin que se note”. Olga Restrepo identificó en él una “manera única de presentar y analizar los problemas más relevantes” (2005). Y para su hijo Eduardo –biólogo, músico y periodista- Jorge sigue siendo hoy una “caja de sorpresas”, convertido en un “librepensador muy radical y crítico del poder” (2014).

Del padre, comerciante y longevo, heredó, entre otras muchas cosas, algunos dichos antioqueños y para muestra nos recuerda dos: “más quebrao que un costalao de canela” y “ese negocio está más enredao que una libra de anzuelos”. En su infancia no tuvo juegos sino dedicación a construcciones, con unos jaboncitos pequeños, con forma de baldosines, que su padre recibía en cajas, como representante que era de una empresa norteamericana para su distribución promocional. No fue aficionado a practicar deportes, pero si a las excursiones, costumbre adquirida en el “Gimnasio Moderno”, donde cursó sus estudios de básica y secundaria. Institución supérstite de la “generación del centenario”, nacida con el modelo de “escuela activa”, introducido en Latinoamérica por Colombia, gracias a Don Agustín Nieto-Caballero, el mayor educador nacional en el siglo XX.

Ese modelo de educación se basaba en aprender haciendo, con incentivos por la lectura. Arias descolló desde el comienzo en matemáticas. Tres cursos estelares tuvo la primaria en el Gimnasio: “Observación”; iban al campo a observar todo, en contacto directo con la naturaleza. La clase siguiente se llamó “Asociación”, y el estudiante tenía que hacer una redacción con reflexión sobre lo observado, y dibujos. Y un tercer curso era el de “Trabajos manuales”, con aprendizaje de encuadernación, construcción de objetos en madera, etc. En esa época Jorge llegó a encuadernar algunos libros de León de Greiff que este le había regalado a la mamá: “Tergiversaciones” y “Signos”, por ejemplo, que se conservan. Fue un entrenamiento definitivo, lo cual redundó en que Jorge vive haciendo cosas con las manos. Educación, por desgracia, perdida, de volver a ella, cuando tomemos conciencia en la necesidad de enderezar rumbo.

Su libro “La Astronomía en Colombia” (1993) es un cuidadoso estudio, con la singularidad de sus interpretaciones. Así, desde el comienzo establece que la expresión “historia social” es pleonástica, puesto que “toda historia verdadera es total, es el progreso de las sociedades humanas” y, por consiguiente, es social. Asimismo, en su ensayo “Nuevas miradas a la Independencia” (2007), invita a repensar las formas tradicionales de interpretación, “dejando a un lado imaginarios independentistas de delirante gloria inmarcesible que automáticamente llevan a una horrible noche tanto inventada como ocultada”. Amplio conocedor en temas de aviones y ferrocarriles. Biógrafo no apologético de Caldas, Mutis, Garavito, Álvarez-Lleras…

En su parecer para resolver el problema del campo en Colombia hay que hacer un urgente proceso de “despotrerizar” el país, retornando las tierras al cultivo de alimentos y de árboles, en buena parte del territorio, incluso con incorporación de especies de maderas duras, y ambiente mixto. En cuanto a la literatura expresa que en una época leyó fragmentos de “La montaña mágica” para dormir, y no resistió pasar de la primera página en el “Otoño del patriarca”.

Estima que el principal aporte de la Universidad debe ser producir profesionales idóneos, capaces y honrados.

 

[“La Patria”, 13.VII.2014;  p. 2-c]

 

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