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Imposturas intelectuales y académicas, a partir de Sokal y Bricmont

En los tiempos que andan, y otros anteriores, han hecho carrera diversas formas de simulación en la Cultura, a la manera de apariencias, o de coqueteos insustanciales, o de meros remedos con tergiversación o acomodo mañoso de asuntos. El mundo académico es muy propicio a esas dolencias, pero también se observa en autores consagrados como individualidades que por prestigio son más convincentes. La ciencia es un recurso de echar mano por legos para atrapar lectores y audiencias. Las jergas confusas también son propias para descrestar y engatusar incautos, desligadas de la racionalidad. El llamado “posmodernismo” ha sido prolífico en esas confusiones.

Por recomendación de Lorenzo Calderón-Jaramillo di con el libro “Imposturas intelectuales”, de dos destacados físicos: Alan Sokal, aplicado en la Universidad de Nueva York, y Jean Bricmont, de la Universidad de Lovaina (Ed. Paidós, Barcelona 2008; 316 pp.)  Ambos se dedicaron a explorar contenidos de verdad en textos reconocidos de autores consagrados. Desde el prefacio advierten del “empleo abusivo” de elementos de la ciencia por parte de autores como Jacques Lacan, Julia Kristeva, Luce Irigaray, Baudrillard, Jean-François Lyotard, Paul Virilio, Michel Serres y Gilles Deleuze. Esa singular obra padeció ataques de todo tipo, y ellos aceptan no haberse ocupado de controvertir con el radicalismo político sino de objetar la confusión intelectual. Identifican de entrada al “posmodernismo” como “una corriente intelectual caracterizada por el rechazo de la tradición racionalista de la Ilustración”, además del desprecio del que hace gala por comprobaciones empíricas y de la mirada despectiva por la ciencia, a la que considera como narración, mito y solo construcción social.

 

En la Introducción recuerdan el experimento que llevó a cabo Sokal, con elaboración de trabajo escrito dedicado a manejar términos y teorías a la manera de parodia de modas dominantes en revistas con apariencia de seriedad intelectual. Artículo elaborado con premeditación hecho a base de absurdos, que tuvo por título “Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica” y que después de ser evaluado por autoridades de la revista norteamericana destinataria “Social Text”, fue aceptado y publicado en número especial como reconocimiento a las “valiosas contribuciones”. El resultado de esa manera de poner en evidencia tantas sandeces, llevó a los autores a hacer una serie de divulgaciones críticas sobre las imposturas en ese mundo de la intelectualidad y de los pensadores reconocidos. Pero al final tal proceso les condujo a elaborar el libro que motiva esta reseña.

Los autores respetan las humanidades y las ciencias sociales, en la elaboración seria y fundamentada, explícita en obras que el rigor académico ha consagrado. Pero llaman la atención, en especial de los estudiantes, para no dejarse cautivar por el palabrerío insustancial, encubierto por poses de erudición, dominante en tantos ámbitos de  las instituciones educativas, y de los medios divulgativos. Examinan la situación en Europa y Estados Unidos, en autores de países estimados por el alto nivel cultural, académico y científico, para señalar casos con despliegue, y hasta fomento, de aquellos discursos. La finalidad no es otra que afianzar compromisos en bien de la racionalidad e integridad intelectual, por simple honradez. Señalan, por ejemplo, que los escritos de Newton son en el 90% del campo de la mística y la alquimia, pero los del 10% restante subsisten en virtud de la argumentación empírica y racional. En Descartes señalan la falsedad en la mayoría de los elementos de física que emplea.

De tomar en cuenta la advertencia que hacen para considerar los trabajos no por el expediente académico de los autores sino por la naturaleza y alcance de los contenidos. Indican los excesos del “pensamiento posmoderno”, que convierte a la ciencia en metáforas a veces ingeniosas, siempre distractivas, con mayor ocurrencia en países de habla inglesa, y por derivación de moda intelectual en el mundo hispánico. Rasgos de aquel pensamiento se identifican por la “jerga enmarañada”, repudio a la racionalidad y por asumir la ciencia con figuras de creación literaria, con eufemismos de evasión. Sinembargo, los autores alcanzan a ver que el “posmodernismo” es más bien un fenómeno marginal, que para nada pone en riesgo el destino superior de la Cultura. En cambio aprecian al “integrismo religioso” de mucho mayor riesgo para la humanidad. El alcance sustantivo de la obra radica en “denunciar la impostura y la deshonestidad intelectuales”, con independencia.

En el libro se examinan autores, ejemplos disipadores del rigor. Y es de interés señalar el surgimiento de corrientes de “sociología de la ciencia” o, en general, del conocimiento, en los años setenta del siglo pasado, en especial por autores ajenos a la ciencia. En esas teorías se utilizan expresiones como “causal”, “imparcial”, “simétrico”, para caer en nociones extrañas de la verdad. Incursiones que llevan a exponer cuestiones del escepticismo, el relativismo filosófico, acudiendo a fuentes de la sociología y la psicología para explicar las creencias, sin apelar a la racionalidad o a la argumentación seria. Lo que conlleva a desplegar campos del esoterismo y de corrientes relativistas, confundiendo hechos con afirmaciones. Procederes que conducen a tratar con laxitud la teoría y a adoptar conductas hipócritas.

Caso protuberante en la inconsistencia científica lo señalan en Lyotard, quien utiliza elementos de la “geometría fractal” y de la “teoría de catástrofes”, dos campos serios de la teoría matemática, para expresar que aquellas están a punto de desaparecer, con enredos  como aquello de la “expresión continua derivable”, hasta formular especie de “ciencia posmoderna” con desarrollo discontinuo en su propia evolución. Además, con uso desmedido de los términos “lineal” [f(x) = n.X; siendo n: 1, 2, 3, etc.] y “no lineal” [f(x) = X a la n], que tienen sentido exacto en la matemática. De la confusión posmoderna surge la idea de “pensamiento lineal”, como alusión indirecta al pensamiento lógico/racional de la Ilustración, o de la “ciencia clásica”, al cual el posmodernismo contrapone el “pensamiento no lineal”, de contenido no otro a favorecer en privilegio la intuición y lo subjetivo.

Los autores de ninguna manera estimulan el divorcio entre ciencias físico-matemáticas, las ciencias naturales, y las ciencias humanas, es decir, entre ciencia y humanismo. Llaman la atención sobre premisas necesarias para que ese diálogo entre ellas se pueda desarrollar con claridad, sin caer en confusiones epistemológicas. Premisas que apuntan al conocimiento cabal de teorías científicas relativas a los temas que se vayan a tratar o a debatir, con lo cual se tendría mayor oportunidad de acierto al intentar validar hechos y razonamientos que sean sustento de una teoría, o de una exposición con intención de rigor.

El libro referido es de enorme interés al considerar lo que pasa en la actualidad en las universidades, sujetas al sistema de la “titulitis”, a la “productividad”, a la publicación en revistas “indexadas”, en el modelo del libre mercado, con sistema remunerativo consagrado en “puntos” salariales y prestacionales, vitalicios, o en ganancias económicas extras a través de la “investigación remunerada” y los contratos de extensión, en demérito de valores antes consagrados en la vida académica como “altruismo”, por la vocación desprevenida en la conquista del conocimiento. Se ha impuesto en la práctica una ley: yo te publico, tú me publicas; yo te otorgo “puntos”, tú también me los concedes, con la matriz del “tirémonos pasito”.

Cabría la pregunta para las universidades públicas de Estado, si se consideran “territorios de mercaderes”.

A pesar del modelo imperante, insoslayable por el momento, no faltan los “quijotes”, singularidades silenciosamente sobresalientes, en el mundo de las instituciones educativas, por abnegados en la entrega o dedicación, por estudiosos, con ejercicio pulcro y desmetalizado de la investigación y la docencia, que producen resultados admirables e impactan en positivo a los estudiantes con su ejemplo de vida, consagrada a la búsqueda ansiosa de conocimientos y al compartir en el aula, en las memorias de trabajo en conferencias, en artículos, y hasta en las amistosas tertulias.

El mundo sigue en su complejidad, propia, crecida o creciente, y la vida se despliega por caminos escabrosos, en todo tiempo, con logros significativos que estimulan los sentidos de esperanza y de labor. La educación es el camino, quizá el camino único para mejorar la condición humana, en armonía con la Naturaleza, y en comprensión de la historia, para alcanzar sociedades con capacidad de coexistencia en la diversidad, en las diferencias, estadio social que suele invocarse con la palabra PAZ.

 

 

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