Ediciones

ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

Consejo Editorial

Luciano Mora-Osejo (א)
Valentina Marulanda (א)
Heriberto Santacruz-Ibarra
Lia Master
Marta-Cecilia Betancur G.
Carlos-Alberto Ospina H.
Andres-Felipe Sierra S.
Carlos-Enrique Ruiz.

Director
Carlos-Enrique Ruiz

Contacto
Tel-Fax: +57.6.8864085
Carrera 17 No 71-87
Manizales, Colombia,
Sudamérica.
cer @ revistaaleph.com.co

Educación por el Arte, en Herbert Read. Sentido de vigencia.

Con este trabajo[1], que hago con sentido e intención un tanto utópicos, pero ojalá resultare convincente, quiero propiciar la reflexión[2] sobre un siempre actual modelo de educación fundamentado en el arte, como posibilidad de superar a los que nos rigen con resultados desastrosos a la vista y de conquistar la formación integral de una nueva persona, más cosmopolita, con ejercicio de vida a plenitud. No resultará, entonces, extraño volver una y otra vez a fuentes insustituibles como Platón[3], Aristóteles, Kant,.... Las consideraciones que siguen las hago en emulación comparativa de experiencias mundiales, por desgracia no generalizadas, ni en países como Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Alemania, o aún España, pero sí con logros palpables en esas sociedades.


 Se sabe que en nuestro sistema educativo se utilizan ciertas áreas básicas para medir los logros de las personas acogidas en él: lenguaje, matemáticas, ciencias naturales, quizá en algo se empieza con las sociales; pero no se evalúa la capacidad, ni la sensibilidad estética, menos su desarrollo en la escuela, puesto que mal se haría en hacerlo ya que el sistema no la incorpora, mucho menos como punto de partida y columna vertebral de la educación.

Por demás, es llamativo el contraste de educación, para citar un caso próximo, entre los países del llamado Cono-sur y los del resto de nuestro subcontinente, en favor de los primeros. Hay acciones pedagógicas que a nosotros no nos llegaron, pero que en otros lugares tuvieron eco y aplicación con resultados ampliamente favorables. Muchos son los ejemplos. Echaré mano, para cumplir con el propósito de presentar unos guiones fundamentales, ante todo de la obra de Herbert Read: Educación por el arte[4], que tuvo real influencia  en la formación de maestros en países de mejor fortuna, sin haber pasado siquiera de soslayo por Colombia. Es otra de las evidencias dramáticas de la insularidad que hemos padecido.

Asimismo, este trabajo toma como ejemplo motivador una experiencia pedagógica cursada en mi cercanía durante ocho años, a partir de 1984, por dos maestras apasionadas por el aprendizaje y la enseñanza : Livia González y Graciela Díaz, aplicadas en ese período a la formación musical de niños entre los 4 y los 6 años. Experiencia sistematizada luego en un libro, bajo el título: “Buenos días, música”, que permanece inédito, con las fichas de trabajo desarrolladas paso a paso en el ejercicio de los talleres.

Lo más satisfactorio es que esa experiencia le permitió a Livia, una de las profesoras involucradas, formular los programas infantil y juvenil que fueron adoptados y ejercidos en el Conservatorio de Manizales, con la consecuencia de formar una generación que hoy hace parte del “Taller de Ópera” y de la “Orquesta Plan Batuta”, en la Escuela de Bellas Artes, con resultados reconocidos artística y socialmente con amplitud, en los últimos años en nuestra ciudad. También existen otras agrupaciones, con menos integrantes, beneficiarias de aquella experiencia pionera, que a su vez han tenido reconocimiento con premios nacionales. Todas ellas integradas por jóvenes mejor formados, de excelente proyección hacia la comunidad y en sus vidas personales.

Refiero este punto de partida, para dar sentido de realidad a mi exposición, con un “sí se puede” articular el arte a la vida, sí se puede asumir el arte como base de la educación, o como dijera el autor en cuestión: “dar coherencia y dirección al juego es convertirlo en arte”[5].  No hace falta sino que se adopte una política educadora con responsabilidad, que multiplique experiencias significativas que como la nombrada se han vivido en los escenarios regional y nacional. Y que se asuma la consecuencia inmediata de formación intensa y extensiva de maestros.

Para ir entrando en materia quiero recordar[6] como una de las formulaciones de intento de validez universal, el que la experiencia de lo bello ejemplifica la comprensión por el ejercicio de las facultades intelectivas libremente concertadas[7]. En consecuencia, se debiera reconocer en el arte, de manera ejemplar,  su función protagónica para el desarrollo de la conciencia, bajo comprensión unitaria, como posibilidad máxima de captar en su expresión la realidad, las interconexiones, la vida como totalidad.

Sobre la base de aquel enunciado de Kant, y a la vez como desafío hacia el hallazgo de caminos válidos que encaucen de mejor modo a las sociedades y de conjunto a la Humanidad, presento entonces en especial una experiencia de visión pedagógica.

Herbert Read es un crítico de arte y poeta inglés contemporáneo, que con la persistente preocupación por la formación integral, obtuvo una beca en la Universidad de Londres en el período 1940-1942 para investigar y escribir esa obra monumental: Educación por el arte. Obra que tuvo gran influencia en la formación de maestros en países como Uruguay, Argentina, Chile. Es autor también del libro Imagen e idea (La función del arte en el desarrollo de la conciencia humana)[8] que acoge las conferencias dictadas por él, en 1953, en la Cátedra Charles Eliot Norton, de la Universidad de Harvard. Y en su libro Carta a un joven pintor[9] recoge estudios críticos breves sobre pintores y varios ensayos sobre arte visual en general.

Es provocativo el mismo epígrafe del libro  que me sirve de grata justificación para insistir en el tema, con cita de Bernard Shaw, la cual dice: “Me limito a llamar la atención sobre el hecho de que las bellas artes son el único maestro, fuera de tortura.” A decir verdad, en los tiempos que corren, es una aseveración justa.

El punto de partida de Read es la tesis de Platón:  el arte debe ser la base de la educación.   Platón se refiere a la educación de los ciudadanos en La República o de lo Justo. Allí establece que los guerreros, para lo cual deben prepararse todos los ciudadanos con independencia de sexo, de infantes deben comenzar su educación por la lectura de fábulas que puedan ser aleccionadoras, y acompañarse de la instrucción en música, incorporando en ésta la palabra hablada, y también educarse en gimnástica. La cita clave de donde quizá se desprende la aseveración de Read, es como sigue: “..., la belleza, la armonía, la gracia y el número del discurso son expresión de la bondad del alma...  ¿No deben aplicarse nuestros jóvenes guerreros a adquirir todas esas cualidades, si quieren cumplir a conciencia con sus deberes? -Indudablemente.  Tal es, a lo menos, el objeto de todas las artes, de la pintura, de la escultura, del bordado, de la arquitectura y de la propia naturaleza en la producción de las plantas y de los cuerpos. La gracia o la falta de gracia se encuentran en sus obras; y así como la falta de gracia, de número, de armonía, suele ser indicio de mal espíritu y pésimo corazón, así las cuestiones opuestas son imagen y expresión de un espíritu y de un corazón bien hechos.... / Necesitamos,... , buscar artistas hábiles, capaces de seguir las huellas de la naturaleza de lo bello y de lo gracioso, para que nuestros jóvenes, criados entre sus obras como en un ambiente puro y sano, reciban sin cesar de ellas saludables impresiones por ojos y oídos, y que desde la infancia todo les mueva insensiblemente a imitar, a amar lo hermoso, y a establecer entre ello y ellos mismos un perfecto acorde. No habría nada mejor que semejante educación.” [10]

A su vez Read define bajo ese norte la finalidad de la educación, que no puede ser otra que fomentar el crecimiento de lo que cada ser humano posee de individual, armonizando al mismo tiempo la individualidad así lograda con la unidad orgánica del grupo social al cual pertenece el individuo. Es decir, la educación debe ser no sólo proceso de individualización, sino también de integración, o sea de reconciliación de la singularidad individual con la unidad social.[11]  Entonces, de acuerdo con lo expresado por Read, la finalidad de la educación se encamina a la conquista de armonía, en acople justo entre lo individual y lo social.

Una comprensión de esta naturaleza debiera ser universal, al igual que lo son otros principios y formulaciones. Los individuos nos debiéramos entrenar por la educación, desde bien temprano en la vida, para desplegar nuestras propias potencialidades en concordancia con los demás, con el conglomerado familiar y el de ámbito social en los que estamos inmersos. Y esa formación debería ser para evolucionar de conjunto, con cada vez mayor armonía, en actuaciones complementarias, de sumatoria compleja. Proceso que no debe, de ninguna manera, desconocer en su interior las disonancias y las disidencias, las cuales a su vez se entenderían como estímulos para el proceso, que se examina en forma continua, introduciendo correctivos de trayectorias, que visualiza horizontes diversos, con capacidad creciente de evaluar las repercusiones o impactos en la propia comunidad y en el entorno natural, con visión de largo alcance.

La Humanidad, en tanto sociedad de sociedades, está en etapa a lo mejor incipiente de su evolución, con estadios de desarrollo tremendamente desiguales, muy a pesar de los inusitados avances científicos y técnicos, puesto que, por ejemplo, no se ha podido resolver el problema de coexistencia entre creencias, concepciones, teorías y pareceres diferentes, menos entre opuestos. En simultaneidad se presentan los extremos más aberrantes. Por caso, se sabe que el concepto de tolerancia[12] se incorporó a la Humanidad hace dos siglos, o yendo más lejos con Juan-Amos Comenio en el siglo XVII, quien invocaba la coexistencia entre religiones, pero sin que todavía sea, dicho concepto, de dominio universal.  

En esta línea de consideración Iring Fetscher, catedrático que fue de Ciencia Política en la Universidad de Frankfurt, llega a aseverar que solo hay dos características que unen a los hombres, sea cual fuere la cultura a la cual pertenezcan: [1)] La capacidad de comunicarse entre sí a través del lenguaje, y [2)] La conciencia de la propia finitud y de su dependencia de la Naturaleza, que hace posible toda vida.[13]  De ahí la dificultad enorme, a veces la imposibilidad, de establecer consensos y coexistencias entre colectivos, sociedades, etnias, etc., cuando, para comenzar, las aceptaciones en común son mínimas. En adelante prepondera, como lo vemos a diario en el mundo, lo que Nietzsche ha llamado el “instinto de la crueldad”[14].

Si de verdad consiguiésemos una comprensión de esta naturaleza en la conciencia, se haría necesario explorar otros caminos para educar, con la mira puesta en corregir las malformaciones espirituales que traemos como duro lastre. Y ahí es donde le debemos apuntar al Arte.

En el camino de esclarecer el papel esencial del Arte en la formación de la persona humana, se encuentra también el poeta, filósofo, dramaturgo e historiador Federico Schiller (1759-1805), quien concibió en el ser humano tres instintos: el sensible, que nos permite apoderarnos de la materia; el ideal, mediante el cual llegamos a conocer la forma pura,  y el instinto estético, que está relacionado con el juego que a su vez permite acceder a la contemplación, al conseguir separar la apariencia de la materia en si.  De ahí que Schiller desprenda la consideración de producir la belleza a través del juego, como manifestación de placer, en un todo con el instinto estético.[15]

Una finalidad universal de la educación, entendida como concepto incuestionable de formación de la persona hacia fines altruistas y humanitarios, así como de producción de conocimientos, medios, instrumentos,... que le hagan más grata su permanencia en el mundo, pudiera orientar a la Humanidad hacia la conquista de la coexistencia, de la tolerancia, en la pluralidad, en la diversidad, como reto supremo, no sin atisbos de limitaciones e imposibilidades, como se advirtió antes en la cita de Fetscher, pero siempre debe ser un objetivo o meta por alcanzar, en conquista a veces de imposibles. A lo mejor en el camino, más no en el alcance de la meta, esté la clave.

Por otra parte, en la Ética a Nicómaco, dice Aristóteles: “Las virtudes,... , las adquirimos ejercitándonos primero en ellas, como pasa también en las artes y oficios. Todo lo que hemos de hacer después de haberlo aprendido, lo aprendemos haciéndolo, como por ejemplo, llegamos a ser arquitectos contruyendo, y citaristas tañendo la cítara. Y de igual manera nos hacemos justos practicando actos de justicia, y temperantes haciendo actos de templanza, y valientes ejercitando actos de valentía.”[16]  De igual modo, pienso yo, deberíamos entrenarnos para la tolerancia, practicándola, hasta convertirla en una función inherente a la condición humana.

Sobre esas bases referidas de Platón, Aristóteles, también de Kant y Schiller, la construcción del concepto universal en la finalidad de la educación, se creería más posible, estaría más al alcance. Por desgracia, todavía no lo es, como ejercicio de vida diaria. Pero vale la pena insistir en alcanzarlo. Aún más, se antoja como ruta de emergencia, como emulación de imposibles. Lo imposible en una época, o en un momento, puede no serlo para siempre.

En Read, la educación debe involucrar el concepto de libertad[17], entendida como un estado del ser dotado de características positivas, características que deben ser desarrolladas en toda su autosuficiencia.  Y postula que el desarrollo de esas cualidades positivas elimina inevitablemente las cualidades opuestas. Evitamos el odio, mediante el amor; evitamos el sadismo y el masoquismo mediante la comunidad de sentimiento y de acción.... Los impulsos que la educación pondrá en libertad preceden y excluyen la formación de esos impulsos egoístas y antisociales, producto actual del proceso social.  Planteamientos que asumen la concepción de Aristóteles, en la cita mencionada antes, en tanto la práctica de unos valores limita, obstaculiza, la irrupción de los contrarios.

Read toma en cuenta, para el desarrollo de su propuesta pedagógica, las teorías más importantes que le anteceden, incluyendo las de Rousseau, Pestalozzi, Froebel, Montessori, Dewey, Holmes, pero se apuntala en estos dos últimos para reinvidicar una teoría de la educación integrada en un todo al concepto democrático de sociedad.

Demuestra Read en su obra que la función más importante de la educación se encamina a la orientación psicológica, y que en consecuencia es de vital importancia la educación de la sensibilidad estética, o del instinto como refería Schiller.  No se encamina a la educación artística propiamente dicha, sino que cubre todos los modos de expresión individual, verbal o poética, musical o auditiva, bajo un enfoque integral que denomina educación estética, o educación de los sentidos sobre los cuales se basan la conciencia, la inteligencia y el juicio del individuo humano, en busca de una relación armoniosa y habitual con el mundo circundante. De esta manera se conseguiría una personalidad integrada. A su vez establece Read la educación, en brevedad, como el cultivo de los modos de expresión y le adjudica a la educación estética los siguientes alcances:

1. La conservación de la intensidad natural de todos los modos de percepción y sensación.

2.  La coordinación de los diversos modos de percepción y sensación, entre sí y en relación con el ambiente.

3.  La expresión del sentimiento en forma comunicable.

4. La expresión, en forma comunicable, de los modos de experiencia mental que, si no fuera así, permanecerían parcial o totalmente inconscientes.

Por tanto, la educación estética que propone Read debe preservar la intensidad de lo que se percibe y se siente, coordinando sus distintas manifestaciones entre sí y con el medio circundante, pero además debe conseguirse una manera de expresar, de hacer comunicable a los otros todo aquello, como experiencia de la mente. De no lograrse una cabal comunicación, los niveles alcanzados en captar o percibir, en sentir y elaborar, pasarían desapercibidos y aún más tendrían como refugio al inconsciente.

Para ese fin, Read establece formas de relación de aspectos de la técnica de la educación estética, con los sentidos, dando forma al diseño, a la música y a la danza (entre ambas a la euritmia), a la poesía, al teatro, y a la artesanía.[18] Se trata de una clasificación de características formales o descriptivas, sujeta a interrelaciones, sin separaciones tajantes, pero que se apoya en otra de Edmond Holmes, que a su vez remite a trabajo de John Dewey.

Resulta por lo menos curioso emparentar pensamiento con artesanía, dentro de comprensiones habituales, que han hecho carrera. En Dewey la materialización en un objeto modelado lo que hace es traducir sentimientos e ideas, en mayor grado cuando es producto de una escala en la formación dirigida por maestros debidamente entrenados en la concepción y en el método.

En este punto, resulta de interés volver atrás para establecer a qué aludió Platón cuando utilizó la palabra arte, al suponerlo como el soporte de toda educación. Read aborda el tema, precisándolo, y ubica al arte como representación, en tanto la ciencia es explicación.  La educación al cultivar los diversos modos de expresión involucra todas las facultades del pensamiento, como son: lógica, memoria, sensibilidad e intelecto (por ejemplo, se enseña a hacer sonidos, imágenes, movimientos, herramientas, instalaciones, utensilios...). Se trata, en últimas, de procesos que implican arte, como aspiración o propósito en la buena factura que debe tener todo lo que se hace.[19]

Para Read el arte involucra dos principios: el de forma y el de creación. La forma en su relación con el mundo objetivo, con la percepción, y la creación en su conexión indisoluble con la imaginación. Percepción e imaginación establecen relaciones dinámicas e integran la totalidad de la experiencia estética, sin despreciar los aspectos biológicos y sociales, que de suyo están involucrados en la producción de la obra de arte, o en el resultado del trabajo en un proceso continuo de formación.

Aún más, Read llega a aseverar que “la vida misma, en sus fuentes secretas y esenciales, es estética...”  Basta con apreciar cualquier manifestación de la naturaleza: mirar, por ejemplo, la disposición de los cuerpos celestes en una noche de luna, o apreciar una sección delgada de roca, o células o moléculas al microscopio, o aquella entretención de maravilla con los fragmentos de vidrios de colores en un prisma de espejos, y muchos casos más.  Read, entonces, adjudica aquel enunciado al “principio formativo discernible en la evolución del universo mismo”.  En consecuencia, entre más se desentraña la naturaleza de la estructura física del mundo, tanto más apoyo requerirá el científico en armonías, estéticamente satisfactorias.

Sería simplista reducir la comprensión del arte a una mera definición que de suyo limita. En términos contemporáneos esa comprensión tiene espectro bien amplio y está en general sujeta a los tiempos y a las costumbres, sin desconocer que hay obras que por siglos siguen siendo valoradas como verdaderas e incuestionables obras de arte. Están los casos de las pinturas en las rocas de Lascaux y de Altamira, aún los petroglifos amazónicos (vr.gr. en “El Encanto”, Caquetá, Col.), también los de tierras altas[20]; las cerámicas micénicas, los diseños geométricos en la alfarería egipcia, o en la de América precolombina, o en la cestería africana y zenú, o en las molas de los Kuna, y de otra parte los Masaccio, Miguel-Angel, Leonardo, Rafael, Durero, Rembrandt, Van Gogh, Kokoschka, Mondrian, Kandisky, Picasso, Dalí, Tapies,..... Tamayo, Soto, Guayasamín, Botero, Obregón,.... Niemeyer, van der Rohe, Le Corbusier, Alvar Aalto, Frank Lloyd Wright, Lina Bo Bardi, Salmona....   En otras expresiones del arte, el recuento también se haría con manifestaciones colosales, de personalidades de aguzado genio.

El tratadista Ernst H. Gombrich, asevera a su vez que no existe el Arte, lo que existe son artistas: “esto es, hombres y mujeres que han sido favorecidos con el maravilloso don de equilibrar formas y colores hasta dar en lo justo...”[21]  La expresión: “no existe el Arte” apunta quizá a la preeminencia de lo que se hace como hechos concretos de arte, antes que a la generalización abstracta a partir de una obra de arte, lo que pudiéramos expresar de otro modo: no existe la obra de arte como abstracción generalizada, sino como hecho concreto, con un gestor detrás de ella: el artista.[22]

El método propuesto por Read no busca formar solo artistas, aunque sin la menor duda despertará y canalizará la vocación de aquella minoría selecta y admirable que se abrirá un camino haciendo del arte su vida. Lo que trata el método de Read es de hacer de todas las personas sujetos favorables para un despertar mejor al mundo por las sensaciones, con expresiones propias, que afirmen la personalidad y el carácter, en libertad. El método vale por la incitación, la manera de cautivar, de atrapar, que tienen las formas, los colores, los ritmos, las melodías, aún las disonancias, para avivar la imaginación y provocar en la persona un despertar del entusiasmo por percibir y sentir, por expresarse y compartir con sello individual.

En general, la educación, ante todo en las etapas de jardín y en la básica primaria, debe girar en torno al aprendizaje por medio de los juegos, con sentido estético; hacer de él una diversión, un entretenimiento, aprovechando las diversas formas del arte, que le imprimirán a la vida escolar entusiasmo, coparticipación festiva, al contar de manera ineludible con el maestro como guía, no menos entusiasta.[23] De la capacidad de éste en orientar los procesos, con conocimiento pleno de métodos y temas, y sugerente en la creatividad, dependerá la participación activa, con resultados positivos de los alumnos. Valor del juego que ya había concebido Schiller en condición de instinto capaz de producir belleza, como se observó antes.

Las carencias en la formación estética no dejan de lamentarse toda la vida, como le ha ocurrido a grandes personajes. Se recuerda, para el caso, un aparte de la Autobiografía[24] de Charles Darwin, en el cual anota como antes de los treinta años él se ocupaba de la lectura con deleite de obras literarias de Milton, Gray, Byron, Wordsworth, Coleridge y Shelley, y especial gusto encontraba en Shakespeare, al igual que en la pintura y en la música. Este gusto estético superior que traía Darwin, desaparece en la etapa de más dedicación en su vida a la investigación científica, “convertido -dice él- en máquina para extraer leyes generales a partir de colecciones numerosas de hechos”. Y bajo esa experiencia personal sugiere Darwin que si tuviera que volver a vivir la vida se impondría la obligación de leer poesía y escuchar música, por lo menos una vez a la semana, pues la pérdida de esas aficiones repercute en la disminución de felicidad y en el carácter moral.[25]

Al estudiar toda la escala educativa, Read llega incluso a proponer para la Universidad un curso obligatorio de “instrucción en bellas artes”, con capacidad de producir goce, que sea disfrutado de manera intensa por profesor y alumnos. Tal curso debe estimular el desarrollo de la sensibilidad en relación con las obras de arte. Para conseguir ese objetivo sugiere encauzar el curso a través de la historia del arte, como estructura fundamental. Claro está que se requeriría -hay que insistirlo una y otra vez- de profesores altamente formados, con capacidad de percibir lo esencial y de motivar con entusiasmo a los alumnos, para conseguir objetivos útiles, en términos de la formación integral que se busca.

Con todo lo anterior creo haberme hecho a la idea de que las modalidades diversas del arte pueden, y aún deben, acompañar la educación en todos los niveles. En la escala progresiva, las preferencias se irán marcando más por unas formas que por otras, dependiendo de la naturaleza de las personas, de los ambientes propios de éstas. Pero si el sistema es lo suficientemente flexible, grato y atrayente, bajo atmósfera propicia, con ofertas múltiples en los niveles escolares, se conservará su visión integradora y el aliciente por una educación que se apuntale en la universalidad, coexistencia de lo múltiple y complejo, sin descartar el obligado conocimiento de lo cercano, ni la legítima especialización que compete a las exigencias de los tiempos que corren, en las propias líneas profesionales de cada cual. Ejemplo paradigmático sigue siéndolo un Albert Einstein, quien desarrolló incluso excelentes condiciones de intérprete del violín. Y quien, por otro lado, hizo gala de aquella condición que de alguna manera tiene que ver con las palabras de Kant referidas al comienzo, para confirmar que es posible con la mente, de la sola abstracción, resolver problemas del mundo físico. Es lo que se ha venido llamando la “ciencia teórica”.

Es tal la creencia en las bondades del arte en la formación, en todos los niveles, que -dice Read- no podemos participar plenamente de la conciencia moderna a menos que aprendamos a apreciar el arte significativo de nuestros propios días.

El arte, a su vez, exige adhesión intuitiva, más que análisis intelectual. También con la convicción plena que al final, el arte debería dominar nuestras vidas.

El optimismo de Read al preconizar un método como el enunciado, tan pertinente para cualquier época, con mayores veras hoy con el desbordamiento de la técnica, de la intolerancia, de todo tipo de violencias y de las guerras, llegaba a tal grado (su optimismo) que plantea metas en el tiempo para alcanzar transformaciones efectivas en las personas y en las sociedades, al decir Read por ejemplo: “Si en un comienzo una revolución puede ser garantizada sólo por la fuerza, mediante la educación puede en diez años verse fundada sobre la convicción, y al cabo de veinte años habrá llegado a ser una tradición inconsciente. Se deduce -agrega Read- que un método democrático de educación[26] es la única garantía de una revolución democrática; más aún, introducir un método democrático de educación es la única revolución necesaria. /  La dificultad -continúa- no consiste en conciliar idealismo y realidad, teoría y práctica; la dificultad radica en conciliar disciplina con libertad, orden con democracia.”

Como puede apreciarse, se trata de una teoría coherente y tan necesaria hoy en la vida dramática de Colombia y de otros países, que se apoya sobre valoraciones propias del ser humano, considerado en su integralidad, con capacidad de producir -no lo dudemos- grandes transformaciones en el mediano y largo plazo. Pero no ha habido liderazgo gubernamental con capacidad de reorientar el proceso de las sociedades, por camino distinto al que siempre nos conduce -como en manera inevitable- al mismo despeñadero de la guerra[27], con cada día más signos desoladores para la Humanidad.

Nunca será tarde para volver al enunciado sencillo y profundo de Platón, sobre la necesidad del arte como base y eje de la educación, o a la noción kantiana de la convergencia en la comprensión unificadora, por el libre despliegue de las potencialidades subjetivas, en la experiencia estética. O a aquella exclamación de Sábato de la salvación por el arte. O a la de García-Márquez, por la integración de las ciencias y las artes en la vida cotidiana. Se trata, en síntesis, de reunir los hilos de la historia, con el ánimo de alentar un nuevo proceder en la formación de los seres humanos, que pueda conducirnos a estadios nunca vividos en plenitud, ni mucho menos gozados de tolerancia, de coexistencia en las diferencias, en armonía consigo mismo, entre todos y con la naturaleza.

En algún lugar del mundo, ambicionable para todos, deberá comenzarse de nuevo, con liderazgo que prenda, que pegue, que irradie por la bondad de los resultados, que con efecto de espiral cautive a las nuevas generaciones, a los niños y jóvenes, a las naciones, pero ante todo a los docentes y a los dirigentes comprometidos con los cambios substanciales que todos esperamos, pero que no sabemos ni cómo ni cuándo, ni con qué, ni para qué. O que nos negamos a pensarlos con sentido de necesidad, en tiempos como estos de las mayores crisis.  ¿Utopía inalcanzable?

He ahí el reto, el desafío que corresponde enfrentar con mayor énfasis a las generaciones que vienen detrás, bajo nuevos conceptos de Estado, sobre la base de una sostenida e integradora formación, que apuntale un gran salto adelante, para Colombia, para los países llamados del sur, y también para la Humanidad entera, donde la justicia pueda ejercerse con libertad. 

Pero, ¿con cuáles maestros ?, ¿con cuáles Escuelas Normales ?, ¿con cuáles Universidades ?...... También en parte se lo pregunta Read. El problema fundamental se traslada a esa mirada práctica, y de seguro que para conseguir niveles aceptables, útiles, multiplicadores a corto y mediano plazo, bajo concepciones como la expuesta en esta intervención, habrá que apelar a la conformación de especie de misiones internacionales provenientes de países exitosos, o con resultados altamente significativos en educación (v.gr.: Inglaterra, Francia, Alemania, España, Estados Unidos, República Checa, Cuba, Jamaica, entre otros) para capacitar con intensidad a los docentes y formar los adicionales que se requieren, y aún los relevos, en esfuerzo mancomunado con los maestros formadores de maestros, esclarecidos por sus desempeños, que sin duda alguna existen todavía en nuestro propio país.

Un esfuerzo de esta naturaleza no es un imposible. Bastará con asumir, en el caso de Colombia, una de las recomendaciones -deseable todas- de la casi olvidaba “Misión de ciencia, educación y desarrollo”, también reconocida como de los diez sabios, estableciendo centros o institutos de investigación pedagógica, en sitios estratégicos del país, para formar a los maestros, de los diversos niveles, ante todo formarlos en el entusiasmo por vivir aprendiendo y compartiendo, con ejercicio diario de solidaridad, y de igual manera formarlos en el compromiso que requiere un país con el dramatismo desbordado del nuestro, dramatismo hecho vida diaria, del que quizá provenga esta insensibilidad nuestra, absolutamente sobrecogedora.

En ocasiones parece redundante y hasta inútil insistir en el alcance estratégico de la educación. Las razones se invocan una y otra vez. Pero me encuentro el siguiente dato que dice a las claras de una cierta repercusión cuantificable, reportado en estudios internacionales: “.... cada año de más que una madre haya cursado en la escuela primaria reduce el riesgo de muerte prematura de su hijo en un 8%.” [28]  Y no hay que olvidar que el drama de muchos países del “tercer mundo”, o del “sur”, o “en vías de desarrollo” está inmerso en el drama del mundo, donde “en 1997 había más de 850 millones de adultos analfabetos. En los países industrializados más de cien millones de habitantes eran funcionalmente analfabetos. Más de 260 millones de niños no asisten a las escuelas de nivel primario y secundario. Unos 840 millones de personas están desnutridas. Casi 1.300 millones de personas viven con menos de un dólar diario, y cerca de 1.000 millones no pueden satisfacer sus necesidades básicas de consumo. Casi 160 millones de niños están desnutridos. Más de 250 millones de niños son niños trabajadores.... A fines de 1997 había casi 12 millones de refugiados.”[29]  Esta situación contrasta con la creciente concentración de la riqueza, en tiempos de la globalización o mundialización. En el mismo Informe sobre desarrollo humano 1999 de las Naciones Unidas, se afirma que “en el último decenio hemos presenciado un aumento de la concentración del ingreso, los recursos y la riqueza entre gente, empresas y países”, como por ejemplo: “Las 200 personas más ricas del mundo duplicaron con creces su activo neto en los cuatro años anteriores a 1998...”[30]

Asimismo resulta tentador comparar algunos indicadores en educación aportados por el aludido Informe de Naciones Unidas. En cobertura de educación primaria, la tienen en totalidad en Latinoamérica: Cuba, Argentina, México, Ecuador. Y en indicador de cobertura están por encima de Colombia (89.4%), Costa Rica (91.8%), Uruguay (94.3%), Paraguay (96.3%), y Bolivia (97.4%), entre los países latinoamericanos.

Del mismo grupo de países, comparando número de científicos y técnicos por mil habitantes, Cuba ocupa el primer lugar con 2.7, le siguen Argentina con 0.8, Uruguay con 0.7, Bolivia con 0.4, México con 0.3, Venezuela con 0.2. Colombia, mi país, donde todavía no se ha construido la idea de nación, no alcanza a llegar al primer dígito decimal, y lejos está de éste. En  algunos países de “alto desarrollo humano”, la escala descendente la conforman: Japón (7.1), Suecia (6.8), Francia (5.4), Dinamarca (5.2), Noruega (5.1), Finlandia (4.8), Alemania (4.3), Bélgica (4.0), Australia (4.0), Estados Unidos (3.6), República de Corea (2.9), República Checa (1.9), España (1.6), Portugal (1.4).[31]   Con cifras que tienen voz propia.

Y para ver de manera más punzante la situación, repitamos aquí una cifra divulgada por los medios a nivel internacional: “el 66% de los niños en Colombia  manifiesta que la vida en su país -el nuestro- será aún peor en el futuro por culpa de la delincuencia y la violencia”[32]. Dicho de otra manera: en Colombia no existe la esperanza. En otros países latinoamericanos la observación es similar. Habrá que construir la esperanza con acciones ciertas, valederas, en forma colectiva, por concertación, así como habrá que construir la idea de Nación[33] y ponerla en práctica, puesto que República hemos tenido desde la Independencia de España -con bandera, escudo e himno- como forma de manejo administrativo-burocrático de los bienes y de los asuntos públicos, con los resultados que están a la vista. Pero, insisto, ha sido una República sin presencia de Nación.

No solo se manifiesta el sentimiento de desesperanza en los jóvenes y los niños. Ellos también invocan mejores condiciones que les permita un adecuado desenvolvimiento personal y de más bienhechora inserción en la sociedad. En estudio reciente de Carlos Lemoine, matemático y científico social, se establecen prioridades demandadas por los niños y los jóvenes que no tienen cumplimiento en las respuestas institucionales. Así, por ejemplo, ellos reclaman acceso a asignaturas prioritarias: computación, ARTE e idiomas (subrayado y resalte nuestro), que están en general ausentes en los programas. Y además el sistema educativo se encuentra en la imposibilidad de suministrarlas con el alcance requerido.[34]

Pareciera un lugar común, una frase estereotipada, decir que  mientras no exista una política de Estado, concertada en lo social y en lo político, aún con las fuerzas de la insurgencia -tal como se intenta hoy-, pero que tome a la educación como punto de partida y como eje conductor -ineludible e inexorable- del plan de desarrollo del país, para la recomposición de la sociedad; mientras esto no ocurra, seguiremos como estamos, camino al despeñadero, el que soportamos cada día por escalones.....

 

 Ya lo dijo Borges en su poema “El instante” :

 

El presente está solo. La memoria

 erige el tiempo.[35] 

 

Recordemos, tomemos lecciones del pasado, asimilemos experiencias significativas del propio y de otros lugares, reconstruyamos nuestro propio proceso de vida, de vida sin compartir, compartiéndola de una vez por todas. Entonces encaminemos los esfuerzos, ojalá descomunales, por la sustitución eficaz del tiempo perdido, con el Arte como elemento motivador, que entusiasme, y nucleador de la educación y por ende de la sociedad.  Arte no como adorno, no como decoración, no como lustre superficial, sino como actividad vital: la energía de los sentidos desplegada a plenitud en la transformación de la materia, generando espíritu, insuflando alma con desbordante imaginación, para conseguir, como nos enseñara Read, “radiantes imágenes de vida”[36]. 

 

____________________

 Ref.: Carlos-Enrique RUIZ. Educación por el arte, de H. Read.  En: revista ALEPH  No. 114 (julio/sept., 2000); pp. 77-94

 



[1] Conferencia en la “Cátedra UNESCO”, versión Manizales, Parque del pensamiento, 19 de junio del 2000.

[2] “...no hay una definición clara de esta palabra clave ‘reflexión’;  es sólo la actividad por medio de la cual descubrimos las distinciones entre el sujeto y [el] objeto, el cognoscente y lo conocido....”   Cf. :  Herbert Read, Imagen e idea (La función del arte en el desarrollo de la conciencia humana), Ed.  Fondo de Cultura Económica, Breviarios, México 1993 (sexta reimpresión), traducción de Horacio Flores-Sánchez;   pp. 162-163

[3] “... Platón será en este punto el eterno modelo de toda enseñanza digna de tal nombre. Enseñanza... dada sin reglamentos, concursos, oposiciones, libros de texto, exámenes; sin borlas, mucetas y demás insignias solemnes; y... sin ese pedantesco abismo entre el maestro y el alumno...”   Francisco Giner de los Ríos. Instrucción y educación, en: Ensayos, Alianza Editorial, colección “El libro de bolsillo” No.187, segunda edición, Madrid 1973,  p. 90

[4] Read, Herbert. Educación por el arte. Ediciones Paidos Ibérica, colección: “Paidos Educador”, traducción de Luis Fabricant, reimpresión 1986, Barcelona.

[5] Read, Herbert. Educación por el arte. Op. cit.;  p. 222

[6] Con base en la lección impartida por el autor en el Seminario Científico de CENICAFÉ,  el 16.IV. 1999

[7] Los juicios o experiencias estéticas son, según Kant, “formas de la imaginación logradas por el acuerdo libre e independiente de las facultades subjetivas.”

[8] Read, Herbert. Imagen e idea. Edición del Fondo de Cultura Económica, Breviarios No.127, traducción de: Horacio Flores-Sánchez; sexta reimpresión,  México 1993.

[9] Read, Herbert. Carta a un joven pintor. Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires 1985  (traducción de Aníbal Leal)

[10] Cf. :  Platón. La República o de lo Justo, Libro Tercero. En: Diálogos. Editorial Porrúa, S.A., vigésimo tercera edición, México 1993,  pp. 483-484)

[11]  El ideal de la vocación unitaria y de la ambición totalizante, también fue motivo de la “Institución Libre de Enseñanza”, creada por Francisco Giner de los Ríos, en España, en 1876. A este respecto el profesor Carlos París dice al recordar al fundador: “...., la Institución aspira a formar la inteligencia, pero también el carácter. Desarrollar la razón y la sensibilidad estética al par.”   Carlos París, Las ideas pedagógica de Don Francisco Giner de los Ríos. En: de los Ríos, Laura, otros. En el centenario de la Institución Libre de Enseñanza. Editorial Tecnos, Madrid 1977,  p. 68

[12] Para formarse mejores juicios sobre el tema, es conveniente consultar el libro: Fetscher, Iring. La tolerancia (una pequeña virtud imprescindible para la democracia. Panorama histórico y problemas actuales). Editorial Gedisa, traducción de Nélida Machain, Barcelona 1994.

[13]   Ibid.,  p.160

[14] Nietzsche, Friedrich. Ecce homo.  Alianza Editorial, traducción de Andrés Sánchez Pascual, decimoséptima reimpresión en “El libro de bolsillo”, Madrid 1997,   p. 110

[15] Cf. :  F. Schiller, La educación estética del hombre, Ed. Espasa-Calpe, Madrid 1932  (traducción del alemán: Manuel G. Morente)

[16] Citado por Herbert Read, en Educación por el arte, op. cit.,  p. 212,  pero he preferido transcribir el texto correspondiente, que se encuentra al comienzo del Libro II, de acuerdo con la versión de Antonio Gómez-Robledo: Aristóteles. Ética Nicomaquea / Política. Editorial Porrúa, decimoséptima edición, México 1998,  p. 18    Sinembargo, la traducción que emplea Read es más directa, más explícita, por ejemplo, en ella se dice: “... las cosas que debemos aprender antes de poder hacerlas, las aprendemos haciéndolas:....”

[17] Para una mayor claridad sobre el concepto de libertad, es recomendable estudiar el ensayo de Isaiah Berlin: Dos conceptos de libertad (1958), en: Berlin, Isaiah. Cuatro ensayos sobre la libertad, Alianza Universidad, Madrid 1988

[18]  “Al dirigirse Lutero en 1524 a las ciudades alemanas, a fin de crear por todas partes escuelas en que se formasen individuos vigorosos, morales e inteligentes, insiste ya en la necesidad de combinar el trabajo manual con las demás enseñanzas. No fue este un hecho aislado; tuvo su resonancia, y el realismo pedagógico del siglo XVII, que representan, sobre todo, Ratzke y  [Juan] Amos Comenio (1592-1671), hizo suya la idea que, por otra parte, se armonizaba enteramente con el espíritu general de su doctrina.”  Manuel B. Cossío, “El trabajo manual en la escuela”, en: De su jornada (fragmentos), Ediciones Aguilar, Madrid 1966,  p. 136

[19] Giner de los Ríos, Francisco (1839-1915), el fundador en España de la “Institución Libre de Enseñanza”, formadora de una gran generación, en lo fundamental de los republicanos incluyendo la oleada del exilio en América,  estableció que “el arte consiste en el poder de realizar libre y hábilmente las ideas del espíritu.”  (p.21). Y agrega: “..., toda obra verdaderamente útil, si es cumplidamente ejecutada, hace resonar siempre en el ánimo la emoción estética.” (p.24)   Cf. : F.Giner de los Ríos. Ensayos. Alianza Editorial, El Libro de Bolsillo No.187, segunda edición, Madrid 1973

[20] Los músicos y etnógrafos Guillermo Rendón y Anielka Gelemur han realizado levantamientos e interpretaciones de petroglifos, entre otros lugares, en la región amazónica colombiana y en la región de Riosucio, departamento de Caldas (Col.), con publicaciones de interpretación al respecto. Se destacan sus investigaciones: “Neolítico de la Sabana de Bogotá”, “Hallazgos antropológicos del Vaupés” y “Tunebia, reserva ecológica y cultural”. El proyecto suyo “Caldas rupestre”, comenzado en 1994, condujo a un primer resultado con el libro “Samoga: enigma y desciframiento” (Ed. Universidad de Caldas, Manizales 1998).

[21] Gombrich, Ernst H. Historia del arte. Alianza Editorial, versión española de Rafael Santos Torroella, decimoquinta edición, Madrid 1992,  p. 475.  También agrega, a continuación: “Somos nosotros quienes tenemos que mirar que el hilo de la tradición no se rompa y que se ofrezcan oportunidades a los artistas para que acrecienten la preciosa sarta de perlas que constituye nuestra herencia del pasado.”

[22] Sin abundar en definiciones de arte, conviene por pertinente recordar otra que trae el mismo Herbert Read en su Carta a un joven pintor, atribuida a Susanne Langer: “... el arte ha sido definido como la creación de formas simbólicas del sentimiento humano.” Y agrega Read: “Pero ahora tenemos el fenómeno del arte antiarte, el motivo nihilista de los dadaistas, el arte como la destrucción de formas que pueden simbolizar el sentimiento humano.”    Op. cit.,  p. 184

[23] En la reforma de la educación primaria que se adelanta en Francia, el Ministro de Educación Jack Lang, ha expuesto que “La educación artística debe ser considerada no como disciplina, sino como un método de aprendizaje”.   Cf.: El País Digital, Madrid, 21 de junio del 2000: Los alumnos de primaria francesa deberán pasar una prueba de Internet.

[24] Cf.: Darwin, Ch.  Autobiografía. Alianza Editorial, colección “Alianza Cien” No.12, Madrid 1993,  p.12, p.51,  pp.85-87     La alusión a este caso la trae H. Read en “Educación por el arte”,  op. cit.,   pp. 252-253

[25] Ibidem,  p.87

[26] Cf. : En La República o de lo Justo, de Platón: “... hay que desterrar de las formas de la enseñanza todo lo que pueda sonar a coacción y a traba.”   En : Platón. Diálogos. Editorial Porrúa, S.A., vigésimatercera edición, México 1993,  p.566

[27] Cf. :  Gómez-Buendía, Hernando. Kosovo y nosotros. Diario “El Tiempo”, Bogotá, 6 de abril de 1999, p.5-A.  “La nueva tecnología bélica es tan espectacular como apabullante. Primero, los navíos y aviones indetectables por el radar. Luego los tomahawk orientados por GPS desde satélites inalcanzables. Después, los batmanescos F117 y sus bombas dirigidas por láser. Siguen -por si faltaran- los sistemas de rastreo y rescate que salvaron al único piloto caído hasta ahora. Vienen los formidables Apache para barrer con los tanques. Y todo se transmite a través de CNN, que, de paso, fabrica la ‘opinión pública’.”

[28] Arias-Robles, Marta. Educación ¿para todos ?. El País Digital, sección: Opinión, Madrid, 15 de septiembre de 1999

[29] PNUD.  Op. Cit.,  p.22

[30] Ibid.,  p. 3

[31] Con base en el “Informe sobre desarrollo humano 1999”,  Op. Cit., tabla 10, pp. 176-179

[32] Encuesta realizada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, por muestreo en 20 países de América Latina. Cf.: Estudio/ Pesimismo en las nuevas generaciones: los niños de América Latina no ven futuro, diario “El Tiempo”, 13 de junio del 2000,  p. 1-5

[33] El Fiscal de Colombia, Dr. Alfonso Gómez-Méndez, ha dicho en entrevista lo siguiente: “Lo que habría que hacer es reconstruir la nación a través de unos principios mínimos. Creo que no necesitamos una Constitución de trescientos artículos. Pongámonos de acuerdo sobre treinta o cuarenta. Propiciemos un gran acuerdo para cumplir la ley en sentido amplio y sobre el supuesto de que las cosas que acordemos las apliquemos de verdad y que haya sanciones.”  Ref. :  Propuesta del Fiscal: “El precio de la paz no puede ser la impunidad”;  “El Tiempo” Digital, Lecturas Dominicales Bogotá, 21 de mayo del 2000

[34]  Lemoine, Carlos. Nosotros los colombianos del milenio. Ed. Tercer Mundo Editores, colección “Libros de la mesa” No.3,  Bogotá 2000;   p. 12

[35] Borges, J.L.  El instante, en : Antología poética 1923-1977, Biblioteca Borges, Alianza Editorial, Madrid 1997;  p. 75

[36] Herbert Read, dice: “... lo que llamamos arte y que tratamos, demasiado superficialmente, como un adorno de la civilización, es realmente una actividad vital, una energía de los sentidos que debe convertir continuamente la muerta corriente de la materia en radiantes imágenes de vida.”   En:  Imagen e idea,  op. cit.,  p. 216

Copyright ©Powered by Ciudadeje.com