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Educación de calidad por un 'mundo nuevo'

Bertrand Russell estimó que la vida de una persona sería satisfactoria de cumplirse dos clases de armonía: la una, entre inteligencia, emoción y libertad, y la otra, en la relación con los demás. Armonía en el sentido de favorecer en positivo la suma de esfuerzos para alcanzar objetivos en el desarrollo personal, y del mutuo beneficio. Procesos que involucran la reflexión, al estimar problemas, o situaciones, para encontrar salidas adecuadas.

 

La condición humana es frágil, así la misma naturaleza. Y de la fragilidad surge la idea de aprovechar cada momento, en tanto se tengan las habilidades para desplegar los pasos. La armonía es un reto para fortalecer los aspectos individuales y para no distorsionar la relación con lo externo. La complejidad es la característica preponderante. De ahí la insustituible educación que consiste en asimilar y sistematizar comprensiones y procederes, como guía para los desempeños de las personas. Educación activa, participada, con bases sólidas en las experiencias asimiladas de la historia y de las culturas, para un sostenido proceso de aprendizaje, entre docentes y alumnos.

Aquellas habilidades pueden deberse al hecho de ser lo que se es, o adquiridas en ambientes de familias, sociales y educativos, con mejoramiento perseverante. Condiciones favorables para dotarse de conocimientos y para ponerlos en práctica, desde la meditación personal que permita entenderlos y ubicarlos en los lugares apropiados del espíritu. Locke, por ejemplo, enseñó que una hoja de papel en blanco se parece a la mente, la cual se va forjando con la experiencia, de suyo múltiple, que involucra las influencias de lo estudiado y vivido, asimilado en los pasos propios.

Interiorizar y sistematizar experiencias es método por aplicar cada día, en mayor grado en lo individual, con soporte en la capacidad adquirida para organizar en el interior lo ocurrido, con el realismo de lo positivo y lo negativo. Se construye por agregado de valor a lo actuado, y por descarte de lo estimado de no favorable al camino que sigue. La vida es una conquista en cada instante. Los retos son en general conscientes, planteados desde la experiencia con visión de horizontes posibles, sin perder de vista los tropiezos que ayudan a ajustar los planes.

Nada despreciable lo fortuito en las vidas, el azar, lo que acontece porque sí, ajeno a explicaciones o justificación alguna. La vida sigue, con logros y torpezas, tanto menos traumáticas si alcanzamos el favor de la permanente comprensión, conductora en el sendero. Disponer de razones en cada uno de los momentos y de las actuaciones, podrá reducir efectos desfavorables. Muy a pesar, suele haber una carga instintiva que lleva a proceder de algún modo, sin mediar razón alguna. Ahí están las pasiones, los sentimientos que desbordan en complacencia o rechazo, o de mera indiferencia. Es la gran componente de las guerras, los odios, las enemistades, los rechazos de intuición. Y cuando en una confrontación la razón se involucra, será con tácticas y estrategias demoledoras, casi nunca de apaciguamiento. Quizá la razón al servicio del instinto de crueldad: de domeñar.

Benito Juárez, ese civilizador y creador indígena, gobernante en el México del siglo XIX, dejó máximas de inapreciable valor; una de ellas: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Derecho que involucra los deberes que cada uno tiene, por el lugar que ocupa en el mundo. Locke también desarrolló la idea de no ser el conocimiento científico el objetivo principal, sino el entendimiento humano. Entendimiento para la comprensión en las diferencias, para el establecimiento de reglas que permitan convivir, existir en común. Todo ello incluye la noción del respeto, no de la tolerancia que es otra cosa, mejor asimilado en el aforismo de Juárez.

Russell de igual modo soñó en un ‘mundo nuevo’, con posibilidades de mejores condiciones de vida para todos, donde sea posible la colaboración, la ayuda mutua, el crecimiento personal y de sociedad, y la felicidad, aquella sensación interior de beneplácito por lo alcanzado o por lo percibido, con características de alegría. El mismo pensador indicó que la clave para construir ese ‘mundo nuevo’ no es otra que la educación. Ejercer una educación con ese altruismo requiere de docentes formados y comprometidos, con políticas de Estado integradas, con amplia participación, y garantes en continuidad. Especie de gran concertación nacional, ajena a los intereses personales, de grupos, partidos, etc. Debe primar el interés general sobre cualquier otro.

La formación de docentes es el gran déficit de una sociedad como la nuestra, reconocidos y estimulados en la comunidad, compensados en su labor con ingresos dignos que les permitan una vida familiar provechosa, con procesos de evaluación permanente, a su vez de incentivo en la capacitación ininterrumpida, de la mano de las universidades. Extraño que en los diálogos de paz la educación no ocupe lugar alguno, cuando debiera ser la urgencia mayor, de la cual se desprendan los demás procesos, conducentes a un desarrollo humano, integral, por encima del limitante, aunque necesario, desarrollo económico. La educación es la puerta de entrada al ´mundo nuevo´, soñado por Russell, y por tantos y tantos, desde siempre.

Se educa para formar personas con capacidad de concebir sus propios ideales, que orienten su vida, en concordancia con las posibilidades propias y de los medios a su alcance. Para la autonomía de vuelo de cada uno, en armonía consigo mismo y con los demás. Tarea difícil, pero no de imposibles. También se ha anotado que para saber de la calidad de los docentes bastará con identificar la calidad alcanzada por sus alumnos. Igual se sabe que la calidad de la educación está dada por la calidad de los docentes, involucrados cada vez más en procesos de investigación, a la manera de método pedagógico, hacia la generación ambiciosa de nuevos conocimientos.

 

[“La Patria”, domingo 09.VI.2013;  p. 2-c;   www.lapatria.com]

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