Ediciones

ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

Consejo Editorial

Luciano Mora-Osejo (א)
Valentina Marulanda (א)
Heriberto Santacruz-Ibarra
Lia Master
Marta-Cecilia Betancur G.
Carlos-Alberto Ospina H.
Andres-Felipe Sierra S.
Carlos-Enrique Ruiz.

Director
Carlos-Enrique Ruiz

Contacto
Tel-Fax: +57.6.8864085
Carrera 17 No 71-87
Manizales, Colombia,
Sudamérica.
cer @ revistaaleph.com.co

Elogio o apología de la Docencia

… mover a la fecundidad de una vida cada vez más eficaz, más llena de energía y buenas obras, más honda, más útil, más noble, más armoniosa.
                              Francisco Giner de los Ríos

 

Las palabras docente y docencia provienen de las expresiones latinas docens, docere, que articulan enseñanza y educación. La circunstancia de profesor remite a la consideración del dualismo enseñanza-aprendizaje, a las maneras de llegarle al estudiante con motivación y formas de interés para elevar su condición, con gradualidad, a comportamientos apropiados en la construcción de humanidad, de civilidad, de personalidad propicia a los desempeños favorables para vivir con armonía en sociedad. En estos términos resulta más adecuado hablar de docente. Contribuir a forjar el espíritu de los jóvenes, con integralidad, en las aulas y demás espacios de la institución, es verdadera responsabilidad del docente en tanto maestro. Su trabajo no es solo por el conocimiento; mejor por el reconocimiento de cualidades que permitan el crecimiento personal, por la solidaridad, el respeto, por la búsqueda afanosa del saber y de la equidad sincera, en afirmación del profundo y valedero sentido de la vida. La vida como el bien más preciado, en sintonía con la naturaleza, la historia y las oportunidades de mejor futuro, en lo individual, lo familiar y lo social.

Desde Heráclito, el fuego fue considerado como el principio activo, aunque elemento sutil, siempre actuante para activar o comenzar de nuevo. Quizá, pasados los siglos, esa consideración podrá estimarse como metafórica para identificar a la Educación, el elemento único transmisor y formador en la humanidad. Por la Educación se preparan personas, diestras para los oficios y las actividades múltiples, las disciplinas, las profesiones, para el pensamiento y el arte, para la dirigencia y el gobierno de las sociedades. Y no podrá entenderse la educación sin aquellos apóstoles perseverantes en la enseñanza y el diálogo: los docentes.

El docente ocupa sitio de la más alta significación en la comunidad, es el deseo, en un Estado que tenga a la Educación como centro de las mayores atenciones. Y la universidad es un foco de ese interés, por ser punto culminante en la formación y por facilitar la entrega de los jóvenes a la sociedad, con características de pulcritud intelectual y moral, con capacidad plena para los desempeños en labores calificadas, de constante inquietud en el continuo aprendizaje. Ingeniosos e inquisitivos, dotados para afrontar dificultades y problemas, con serenidad de espíritu y reflexión profunda, que les permita asumir con responsabilidad las consecuencias de los propios actos. Y que puedan tomar decisiones con altas probabilidades de acierto.

Por otra parte, en la Universidad tiene que haber espacio para el cultivo del amor y la belleza, en ese continuo entenderse docente y alumno, con ambiente apropiado para el ejercicio de múltiples expresiones de la Cultura. Mi maestro del siglo XIX, don Francisco Giner de los Ríos, decía: “El arte de lo bello depura el sentimiento, ordena y disciplina la fantasía, remueve las entrañas y la faz de la Naturaleza”. Y el disfrute de lo bello no es solo patrimonio de los artistas. Ese goce también es propio en las múltiples áreas de la actividad humana. Apreciar un crepúsculo, una ecuación matemática, unos trazos armónicos en el papel, una melodía, o unas palabras oportunas para el consuelo y la meditación, ahí de igual modo está la belleza. Asimismo en el diálogo comprensivo, en la búsqueda de explicaciones, la razón de ser, en el aula o en los espacios favorables para los intercambios, en un mirarse mutuamente a los ojos, a las expresiones de los rostros, a los movimientos de las manos que también dicen.

El docente enseña en el compartir conocimientos adquiridos, pertenecientes a una cadena forjada en el tiempo, de avances a veces inusitados. Enseñanza que transmite, que entrega, pero a la vez siembra inquietudes, dudas, para continuar en la propia indagación, pero en un espacio de comunicación entre los mismos estudiantes y de estos con el docente. Apertura infaltable para dar mayor solidez al proceso de aprendizaje, en ambiente cooperado. Se trata de una lucha sin tregua contra la desmotivación, la abulia, sin dejar desfallecer las ambiciones y los compromisos de ir adelante. Nada de caer en el fácil conformismo, restrictivo y opositor de ambicionados logros en la formación personal, humana, humanitaria y humanística.

No hay que olvidar que desde los orígenes la Universidad es universitas, es decir, corporaciones civiles, en diferentes modalidades desarrolladas en el tiempo y en la geografía. Pero con casi mil años de existencia, desde Bolonia, la Universidad es institución para formar en el saber proporcionado a la condición humana, con elementos favorables al temple del carácter, con cimientos de civilidad. En atmósfera de esa naturaleza, la Universidad avanza en el cumplimiento de formar juventudes alejadas del dogmatismo y de la pasividad en el aprendizaje. Mi maestro mencionado también aludía a la Universidad como un “instituto social de conocimiento y vida donde toda actividad humana, diferenciada en una profesión específica, halle el grado superior de su aprendizaje.”

Al hacer la apología de la docencia es imprescindible recordar a Sócrates, en cuyo método quizá deba reconocerse el germen de la Universidad prolífica de hoy. Sócrates dio grandes e imperecederas lecciones a la Humanidad. La primera, utilizar la razón, los argumentos para convencer al otro, o para construir de manera conjunta. Otra, el valor ante la adversidad. Cuando Sócrates fue enjuiciado por los supuestos delitos de impiedad y de corromper a los jóvenes, al conducirlos a pensar con libertad, por fuera de patrones socialmente consagrados. La defensa de Sócrates es el documento más estremecedor, digno de ser estudiado en los cursos de introducción a la vida universitaria. Se yergue Sócrates en su dignidad, sin súplica alguna a los jueces, ni mediación de formas corruptas como el soborno y la preparación de la huida de la cárcel dispuesta por un discípulo. Se defiende ante los quinientos jueces de la Asamblea de Atenas, quienes por mayoría lo condenan a morir bebiendo la cicuta. Acepta la sentencia, con el argumento de acatar la ley. Lección suprema de sujeción a las normas, así fuese víctima inocente de ellas. Mostró indiferencia ante la muerte, pero sintió placer al demostrar que en la vida no había cometido actos injustos e impíos. Caso, por supuesto, de frontera. Al terminar la defensa, Sócrates les pide a los jueces: “atormentad a mis hijos cuando sean mayores, como yo os he atormentado a vosotros, si os parece que se ocupan más de la riqueza que de la virtud, y si creen ser algo, no siendo nada; reñidles, como yo a vosotros, si se enorgullecen sin motivo.”

Y la lección de Sócrates que la Universidad recoge es la formación por el ejemplo y la enseñanza de valores laicos universales: respeto en las diferencias, solidaridad, acatamiento de las normas, libertad de pensamiento, rigor en la argumentación, conductas de solvencia moral, capacidad para descubrir y disfrutar la belleza…


Al amparo de estas consideraciones, deseo rendir tributo de admiración a los cuatro docentes pensionados que reciben merecido homenaje en esta oportunidad. Se trata de pioneros, veteranos, profesionales idóneos, íntegros e integrales, que dedicaron gran parte de sus vidas a estimular, con vocación y entusiasmo, sucesivas generaciones. Los refiero enseguida, por orden alfabético de apellido:

 

Mario Barreneche-Vélez. Recia formación intelectual, y templado carácter, con dominio de la historia, en especial de la arquitectura; docente de excelencia. Arquitecto, profesor emérito, profesional de ejercicio cabal, quien se incorporó a nuestra sede en momento crítico y emprendió asombrosa labor, contra viento y marea, por la recuperación de los espacios físicos, en edificios, lugares comunitarios y con proyectos llevados a cabo de nuevas edificaciones, pulcras, funcionales y bellas. Comprensivo y crítico del acontecer urbano, y de los desarrollos en edificaciones y comunas, con visión cosmopolita. Trabajamos juntos en los años noventa, sumando esfuerzos para avanzar en el rescate y desarrollo físico-ambiental de la Universidad, y a fe que tuvimos resultados de significación, como este Auditorio espléndido, celebrado y disfrutado en Manizales, por tres lustros, con música, teatro, conferencias, cátedras abiertas, foros, congresos, de manera apoteósica, con participación de agrupaciones y personalidades nacionales e internacionales. Además, tuvo a su cargo la formulación del primer plan maestro para el hoy floreciente “Campus-la-Nubia”, con el que conseguimos los primeros recursos en la ley del presupuesto nacional para comenzar poblamiento de ese lugar asombroso, como paso previo a la ley de estampilla que ideamos y gestionamos pro desarrollo de las universidades Nacional y de Caldas. Mario Barreneche es contertulio ilustrado y de libre examen de los problemas, con infaltables referentes al pasado histórico, de feliz y afortunada memoria. Lector y melómano de singularidades, activo en el apoyo a proyectos culturales de la ciudad.

Jorge Gutiérrez-Duque. Igualmente arquitecto, cooperante en la fundación de la Escuela de Arquitectura, en los tiempos cuando el maestro Alfonso Carvajal-Escobar, nuestro Decano Magnífico, reinventó esta sede regional, con liderazgo no igualado, salvando su existencia al crear, también contra viento y marea, nuevos programas curriculares: ingenierías Química, Industrial y Eléctrica; Topografía y Agrimensura, como tecnología transitoria; Administración de Empresas, en ofertas diurna y nocturna. Y Arquitectura. Todos ellos en entendimiento con las necesidades del medio regional y con apoyo en dirigencia de empresarios, gremios y de profesionales competentes. Ahí estuvo Gutiérrez-Duque, comprometido con los comienzos azarosos, e impartiendo docencia, en calidad de catedrático, en los conquistados y antes fríos, por desolados, espacios del terminal histórico del Cable. A comienzos de los años setenta, estuvieron vinculados como catedráticos los seis arquitectos que en Manizales tenían ejercicio profesional: Robert Vélez, Agustín Villegas, Hernando Gómez, Enrique Gómez, Gonzalo Botero y Jorge Gutiérrez (sobreviven los dos últimos). La Escuela de Arquitectura es hoy floreciente, con disfrute de espacios modernos, con respeto ejemplar al patrimonio arquitectónico que le da albergue, y gozo por la sostenida acreditación internacional. El doctor Jorge, con reconocimiento y liderazgo en el gremio y en la ciudad, aportó bagaje profesional calificado y sembró retos en las juventudes a su cargo. Además, de sobrio y reflexivo temperamento, quizá fortalecido en su afición admirable de cultivador de orquídeas. En especial nombro el apoyo que recibí de él, al expresar complacencia, como dirigente del gremio de los arquitectos, por el proyecto que en su momento lideré del “Centro Cultural Universitario” diseñado por el maestro Rogelio Salmona, que ahora se revive, con posibilidades reales de su construcción, en primera etapa el año próximo, a cargo de la Universidad de Caldas.

Jorge Manrique-Londoño. Ingeniero Civil, incorporado a la docencia en nuestra Sede en años tempranos, en el apenas despegue. Supérstite de la generación de los fundadores. Docente consagrado y de rigor, en áreas de la matemática y de la ingeniería aplicada, con desempeños de dirección en departamento y decanato. Cumplido y puntual. Serio y exigente, sin ser hosco. Diestro en el manejo del tablero, con trazos admirables en las piruetas de la Astronomía, y despliegue de ecuaciones, con inteligibilidad. Tuve el honor de ser su alumno en tres asignaturas, y docente a su cargo en el departamento de Ingeniería. Bajo su dirección de Departamento realizamos en 1972 y 1973 el primer trabajo de extensión de esta Sede: un estudio detallado sobre la situación aeroportuaria de Manizales. Cuando el doctor Manrique-Londoño se retiró al disfrute de la jubilación, se aplica como empresario del campo en la producción cafetera, habiendo llegado, por sus condiciones personales, al liderazgo en el sector, alcanzando la presidencia, cumplida por varios períodos, del Comité Departamental de Cafeteros, en Caldas, oportunidad que le llevó a ejercer políticas por el bienestar de los pequeños productores.

Julio Robledo-Isaza. Ingeniero Civil, formado en la reconocida y famosa “Escuela de Minas”, de la Universidad Nacional en Medellín; de igual modo supérstite de la generación de los fundadores. Primer galardonado en nuestra Sede como profesor emérito. Docente, director de laboratorios, director de recursos universitarios y vicerrector encargado. Personalidad sabia y modesta, con desempeños de alta calificación, sin pretensiones. Fundador del método experimental universitario en el centro occidente del país, al establecer, en esta Sede, los primeros laboratorios de resistencia de materiales y de suelos, y al llevar a cabo el primer estudio de suelos en la región, lo cual ocurrió en el proyecto del hoy Teatro-los-Fundadores. Cofundador de “Aquaterra”, la primera empresa de consultoría en Geotecnia (y afines) de la región. Además, es el autor del primer texto de Mecánica del Suelo publicado en el país, en sus ediciones iniciales como conferencias en mimeógrafo, con laboriosa confección, incluso creando singulares adaptaciones para las ilustraciones respectivas, sobre esa delicada sedilla de los esténciles Gestetner. Creativo y diestro en montaje y operación de equipos, también con especial comprensión de maquinarias. Incluso llegó a diseñar avanzado sistema de cambios, de mayor efectividad, para los vehículos automotores, que dibujó en sus detalles y construyó en modelo, el cual propusimos para estudio a una ensambladora en Colombia, con  respuesta negativa, por la inercia comercial. Fui su alumno, y de él recibí, como del doctor Manrique, lecciones de pulcritud y de solvencia en el ejercicio de vida.

Los cuatro docentes galardonados son hoy expuestos ante la comunidad universitaria y la sociedad, como paradigmas de suficiencia moral y profesional, quienes aunaron vocación en la formación de sucesivas generaciones de arquitectos e ingenieros idóneos, con cualidades inalienables de honestidad y apego al conocimiento compartido.

Nuestra institución nacional, ejemplarizada en la región, se siente orgullosa de exaltarlos y de referirlos como símbolos de abnegación académica por la docencia.

Y termino con cita de la pensadora española Adela Cortina, en ensayo reciente, acerca de lo esencial en la formación educativa: “…la calidad debería consistir, sobre todo, en formar personas y ciudadanos, capaces de asumir personalmente sus vidas, desde los valores morales que tengan razones para preferir, no solo en que los alumnos adquieran competencias y conocimientos para posicionarse en el mundo económico…”

 

 

Manizales, Universidad Nacional de Colombia, Auditorio Principal, campus Palogrande, 12 de diciembre de 2012

Copyright ©Powered by Ciudadeje.com