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Y si de pronto... (Reseña de libro de J.F. Isaza et al. sobre cambio climático)

 

Reseña del libro: “Cambio climático...” de J.F. Isaza y D. Campos

El tema se ha prestado para todo tipo de conjeturas e intervenciones, desde la ciencia más fría hasta la agitación política con manipulación del miedo y resultados jugosos en los promotores. El espectro en las posiciones comprende desde el dogmatismo cuasi-religioso al cientifismo más recalcitrante.

Se ha publicado el libro equilibrado: Cambio climático - Glaciaciones y calentamiento global (Ed. Fundación Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, Bogotá 2007; 294 pp.), de José-Fernando Isaza D. (ingeniero, matemático, físico, empresario, profesor, rector de la UJTL) y Diógenes Campos R. (físico, miembro de número de la Academia de Ciencias, profesor con todos los honores de la Universidad Nacional, y decano en la UJTL). Ambos hombres de ciencia, de reconocida trayectoria, se dedicaron a estudiar a fondo el problema y producir libro con intención didáctica para un público amplio. Isaza ya había publicado a comienzo de los años ochentas "Un ensayo sobre las perspectivas climáticas mundiales - Calentamiento o glaciación" (Ed. “Centro Las Gaviotas, Bogotá 1983; 64 pp.), en el cual llegó a plantear lo siguiente: “Los estudios recientes no parecen avalar la tesis apocalíptica, del efecto de una sustitución parcial del petróleo por el carbón. Al contrario, está abortando una nueva ‘pequeña glaciación', y que la emisión de CO2 a la atmósfera y la ‘contaminación térmica' que produce la quema de combustibles, se estarían convirtiendo en un factor benéfico.” (p. 58)

El libro parte de la hipótesis de estimar el aumento superficial de temperatura en la Tierra como ocasionado por actividades de la sociedad humana, con dos temas centrales: la intensificación del efecto invernadero, por la revolución industrial que se inició en el siglo XVIII, con crecientes emisiones principalmente de dióxido de carbono (CO2), y la destrucción paulatina de la capa de ozono, ocasionada por la polución atmosférica. Ponen de presente que los científicos que defienden la hipótesis estiman que la acción antrópica sobre el medio natural puede opacar otras causas como la actividad solar y otros fenómenos naturales. Los autores desarrollan el tema con análisis de cuatro temáticas: evolución del clima de la Tierra, el origen de los grandes cambios climáticos, el calentamiento global y las causas antropogénicas del calentamiento.

Al no tenerse registros del clima sino en los últimos 150 años se acude a estudios de los períodos geológicos y de sus huellas en la Tierra. Se observa que hay ciclos fríos y cálidos de diferente duración, por ejemplo entre los períodos cretácico y terciario la temperatura predominante fue cálida, con declive hacia el cuaternario, y crecimiento de la temperatura, de nuevo, en el presente.

Los autores obtienen dos conclusiones del estudio de eras y períodos: 1. La temperatura en promedio fue más alta que la actual hace 500, 390, 250, 145, 100, 43, 17, 2 millones de años, y 2. Hubo temperaturas-promedio más bajas que la actual hace 450 y 300 millones de años.

Utilizan el ejemplo del carro expuesto al sol con los vidrios cerrados, con la consecuencia de incrementarse en su interior la temperatura, para referir la situación de la atmósfera, según algunos científicos, que presenta fenómeno parecido por la acumulación del anhídrido carbónico en la atmósfera. Tanto los vidrios del primer caso como el CO2 en la atmósfera solo dejan pasar radiaciones solares de onda corta, incrementándose la longitud de onda en el interior, con rebote en el vidrio hacia adentro en el vehículo (primer caso) y en las capas atmosféricas de alto contenido de CO2, y otros gases de condición similar (metano, ozono, óxido nitroso, vapor de agua, por ej.), en la naturaleza, para tener como resultado el incremento de temperatura. Es el "efecto invernadero", como resultado del balance de energía en esa confrontación.

Se establece que después del vapor de agua, el gas de efecto invernadero más abundante en la atmósfera es el dióxido de carbono (CO2). De conjunto permiten que la atmósfera retenga más del 40% de la radiación emitida por la superficie, en virtud de lo cual ("efecto invernadero") se evita que la superficie del planeta, en ausencia de atmósfera, tenga una temperatura media de -18 grados centígrados, siendo en la realidad 33 grados más alta que ese valor. La preocupación en la actualidad radica, entonces, en que ese fenómeno se intensifique.

Las concentraciones de anhídrido carbónico (CO2) y de metano (CH4) se han venido incrementando desde mediados del siglo XVIII por la actividad humana. El primero se ha incrementado un 25% y el segundo 112.5%, poco más que duplicado. El metano tiene capacidad de absorción de radiación infrarroja 50 veces más que el anhídrido carbónico, lo que es un agravante, a tal punto que es el responsable en un 22% del efecto invernadero originado en factores antrópicos, y se ha calculado que sin él la temperatura superficial en la Tierra sería 1.3 grados más baja.

Por otra parte también se sabe que el CO2 potencia la acción del vapor de agua, en el efecto invernadero. Y la permanencia del CO2 en la atmósfera es larga, con el conocimiento que el 56% del generado por la actividad humana en el uso de combustibles fósiles todavía está presente, responsable en buena medida de gran parte del calentamiento global.

Los autores también se ocupan de comparar el crecimiento de la población con la producción de CO2. Estiman que a finales del siglo XXI la población mundial puede ser de 14 mil millones de personas, cantidad que superaría en 3 mil millones la "población de saturación" prevista en estudio por Naciones Unidas, con el consiguiente crecimiento en las emisiones de "gases invernadero".

Se estudian los futuros escenarios posibles SRES ("Special Report on Emissions Scenarios"), agrupándolos en cuatro familias, caracterizadas por idénticas causas del calentamiento global, pero con diferencias en la importancia reconocida a los factores que inciden: “A1” que estima crecimiento económico rápido, con población que alcanza el máximo a mediados de siglo con decrecimiento siguiente; “A2” población creciente y desarrollo económico regional; “B1”, con características de “A1”, cambios rápidos en estructura económica, reducción en uso de materiales e introducción de tecnologías limpias y eficientes; “B2”, considera énfasis en lo regional y en lo sostenible del ambiente, con cambios tecnológicos menos rápidos que en “B1”.

Estas simulaciones tienen aspectos en común, como: la temperatura global promedia en la superficie de la tierra se incrementó, en el siglo XX, 0.6 grados centígrados, con error hacia arriba o hacia abajo de 0.2; han disminuido las capas de nieve y la extensión de glaciares; hay evidencia notable en la responsabilidad de la acción antrópica, en los últimos 50 años, en el incremento de gran parte del calentamiento global, y es previsible la elevación de los niveles de los mares, entre otros. Se acepta, sinembargo, que hay vacíos de información y necesidad de mejorar la comprensión del calentamiento global, como proceso.

Los autores llaman la atención sobre los biocombustibles, en especial por el uso de etanol como aditivo en la gasolina, por ejemplo del 10% (E10) en volumen, haciendo notar que no hay evidencias en la literatura científica sobre sus beneficios, aunque reporta reducción marginal en emisión de gases invernadero.

Se dedica un capítulo a discernir sobre el "Protocolo de Kyoto" (1997), entrado en vigencia en el 2005, con metas concretas en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (anhídrido carbónico, metano, óxido sulfuroso, hidrofluorocarbones, perfluorocarbones y hexafluoruro de azufre), para el período 2008-2012, con reducción promedia mundial del 5%, pero con compromisos diferenciales para los países de más desarrollo, así: Estados Unidos, el 7%; Comunidad Europea, el 8%; Canadá-Hungría-Japón, el 6%; Australia, el 8%; Islandia, el 10%. Estados Unidos todavía no ratifica el Protocolo, siendo el emisor del 30% de CO2. Los autores critican que el Protocolo es demasiado modesto en sus metas, puesto que a partir del 2012 permite mantener constantes las emisiones alcanzadas, y, por otra parte, no exige reducciones a China e India, para concluir que el efecto en la disminución de temperatura resulta marginal, no superando los 0.3 grados centígrados para el año 2300.

Colombia acogió en 1994 la convención marco de las Naciones Unidas y el Protocolo de Kyoto en el 2001, con respectivas leyes. En el mismo 2001 se produce el primer documento elaborado con la participación de 70 instituciones públicas y privadas nacionales, con el liderazgo del IDEAM, en el cual se expresa la vulnerabilidad en Colombia de los ecosistemas de alta montaña, calificando el problema como de "seguridad nacional".

Se insiste en la reforestación como forma de atrapar CO2 y dan el ejemplo de calcular la cantidad de hectáreas en siembra de pino tropical para absorber el anhídrido carbónico emitido por central eléctrica de 125.000 kw, obteniendo por resultado que se necesitarían 20 mil hectáreas, de suyo otro problema.

También se presenta la situación de ser los bosques tropicales de beneficio significativo para todo el mundo, con la consecuencia de requerir de su preservación para reducir riesgos en el cambio climático global. Para mostrar este drama se aporta la información de lo ocurrido en el período 2000-2005 con 4 millones de hectáreas deforestadas en la selva amazónica.

A este propósito se resume el debate actual en dos posiciones: 1. Los recursos naturales deben salvaguardarse para las generaciones venideras, y 2. Las inversiones actuales pueden afectar el medio natural, pero con el acumulado de realizaciones las generaciones futuras tendrán mejores herramientas para resolver problemas heredados. Se llega a proponer, para el caso colombiano, el establecimiento de impuestos grandes al carbón y al petróleo (generadores de CO2), con aumento correspondiente a los subsidios a las nuevas explotaciones forestales, incluso considerando como aprovechables con ese fin las planicies de la Orinoquia. Sugerencia acorde con el "Consenso de Copenhague" (2004).

En pronunciamiento del grupo de los ocho países más industrializados (G8, 2005) se estableció que a pesar de la incertidumbre existente para la comprensión cabal del cambio climático, se conoce lo suficiente para actuar ahora, y en consecuencia el Grupo traza un plan de acción, con puntos tan sobresalientes como estos: cambiar las maneras de usar la energía; disponer cada vez en mayor grado de energías limpias; estimular la investigación; integrar los factores climáticos, ambientales, económicos, sociales y de salud; oponerse a la tala ilegal de árboles.

El problema es de la más alta complejidad. Incluso los autores advierten que hay científicos destacados (S.F. Singer, D.T. Arvery) con la consideración de ser el cambio climático no debido a causas antrópicas, y que de presentarse en forma moderada los efectos serían positivos, con base en estimar un ciclo de 1500 años, producido por el Sol, que genera enfriamiento y calentamiento en la Tierra, sin influir para nada los gases de efecto invernadero. Los científicos ilustran con el calentamiento romano en el período 200 a.C. al 600 d.C., seguido por período frío 440 d.C. al 900 d.C., empalmado con breve edad de hielo 1300-1850, y ellos se preguntan si el calentamiento que viene de 1850 hasta el presente constituye la primera mitad del ciclo próximo. Asimismo en el libro se registra en brevedad la teoría de L.F. Khilyuk y G.V. Chilingar, quienes llegan a la conclusión que el clima de la Tierra está determinado por fuerzas globales de la naturaleza, y que lo ocurrido en los más recientes 150 años de calentamiento global es meramente episódico dentro de un ciclo que lleva mil años en el cual la temperatura promedio global ha disminuido en 2 grados centígrados. Es decir, según ellos, vivimos época geológica fría, sin poder adjudicar responsabilidad alguna a las acciones antrópicas.

A raíz del Premio Nobel de Paz que este año se le ha concedido al IPCC (“Grupo intergubernamental sobre cambio climático de las Naciones Unidas”) y al ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, el profesor Bjorn Lomborg, de Copenhague, escribió artículo para la prensa internacional, valorando las contribuciones científicas del IPCC y criticando la misión de espectáculo terrorífico que hace Gore, con repaso de aspectos cruciales del problema, para concluir en esta aseveración: “Con la atención y el dinero escasos, se requiere que enfrentemos los problemas con las mejores soluciones, haciendo lo que podamos a lo largo del siglo... Empeñarse en recortes masivos de emisiones de CO2 dejará a futuras generaciones más pobres y menos capaces frente a los desafíos.” (Cfr.: “El Tiempo”, 14.X.07)

Pudiéramos llegar a tremenda confusión al saber del informe pesimista de la Universidad de Wisconsin elaborado para la CIA (1974), con predicciones de la siguiente naturaleza, de continuar el enfriamiento observado en la década de los sesentas del siglo pasado: En China se producirán hambrunas cada cinco años; cada cuatro años ocurrirán grandes inundaciones en la India... Incluso los autores registran, desde el Prefacio, planteamientos como el del científico Fred Hoyle, que al estimar la posibilidad de continuidad en descensos de temperatura, recomienda como conveniente contrarrestar el fenómeno de eventual pequeña glaciación con la emisión de más CO2 hacia la atmósfera.

Los autores recuerdan que la vida existe en el planeta desde unos 3.7 millones de años, con cinco grandes extinciones, por la incapacidad de plantas y animales en adaptarse a las condiciones cambiantes, sin faltar autores que advierten en el camino que se sigue hacia una sexta extinción, con el estimado que se produciría a un ritmo que puede ser de 1.000 a 10.000 veces más veloz que la tasa prevaleciente en los 60 millones de años pasados. Posibilidad de esta naturaleza que ha llevado al "Fondo mundial para la diversidad de cultivos" y a los jefes de Estado de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, a plantear la construcción en el Ártico de la "bóveda del fin del mundo", a prueba de toda catástrofe, para almacenar tres millones de semillas, con el fin de garantizar la sobrevivencia de cultivos de alimentos, con la conservación de semillas provenientes desde el trópico hasta latitudes superiores.

Otro elemento que involucra el libro, hacia el final, es el "principio de precaución", planteado por el "Foro económico mundial" en Davos (2000), con el planteamiento de los autores por dos alternativas: acelerar el proceso de extinción, provocando acciones antrópicas, camino de la destrucción del medio natural; o construir proceso de reflexión que pueda llevarnos a la preservación del medio natural y a la coexistencia armónica entre los diversos seres que comparten la biosfera. Sin la menor duda la opción segunda es la que corresponde, con medidas arropadas en el "principio de precaución", el que los autores homologan al de la sabiduría popular: "es mejor prevenir que tener que lamentar". Y complementan con el criterio de la "Declaración de Río" (1992) que establece que la falta de certeza científica no puede ser justificación para no tomar medidas preventivas que impidan la degradación del medio ambiente.

A pesar de la complejidad tremenda del clima como sistema y de las teorías dispares para su comprensión, los autores concluyen con sabiduría al invocar el "efecto mariposa" y las "bifurcaciones", dos categorías que reúnen los impactos en un sistema dinámico no lineal, como es el clima terrestre, advirtiendo en las sorpresas que pueden ocasionarse, recomendando acciones en dos campos fundamentales de trabajo: 1. La protección de la biodiversidad y del patrimonio biológico, y 2. La reducción de presiones antrópicas que alteran la capacidad de evolución de los sistemas naturales. Es decir, es necesario actuar en la sociedad, con criterio integral y de prevención, por si de pronto...

Cambio rotundo de actitud que en todos los niveles del sistema educativo debería trabajarse, si los Estados comprendiesen a tiempo las situaciones de riesgo que padecemos en el planeta, hacia actitudes de prevención, por si acaso podemos salvar el futuro de sucesivas generaciones de seres vivos en la Tierra. ¿O será que el Dios de los creyentes juega a los dados?

Excelente libro este, por bien estructurado (cuatro divisiones con 8 capítulos en total y 147 referencias bibliográficas, en sintonía con la producción científica actual), desarrollado con el talante de ser útiles los autores para la comprensión de asunto complejo que tanta opinión ha movilizado en el mundo, de los notables académicos José-Fernando Isaza y Diógenes Campos. ¡Enhorabuena!

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