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Aleph en el contexto colombiano de las revistas culturales

“Encuentro de revistas culturales independientes”, Medellín, 12/13 de septiembre de 2007

 

Se nos ha convocado para conversar sobre el acontecer de las revistas culturales "independientes", pero será de conveniencia aclarar, de entrada, qué es lo que quiere decirse con esta expresión.

 

Lo de independiente

 

Hay una referencia histórica a la que podemos aludir, así sea como anécdota. La revista "Orígenes" de José Lezama-Lima, fundada en 1944, con 12 años de continuidad, fue sufrida y prodigiosa, calificada por Octavio Paz como “la mejor revista del idioma de su tiempo”. Con las angustias de la subsistencia, el jefe de la institución donde sobrevivía Lezama le propuso financiar la Revista a cambio de figurar la "Dirección de Cultura" como propietaria, sin interferir en su política editorial, lo que Lezama consideró humillante dando respuesta pública, dos años antes de terminarse la revista, la que conviene recordar.

 

Puede ser un buen referente para ayudarnos a interpretar lo que significa "independencia" en una publicación cultural. La respuesta de Lezama es enconada. No transige con la oferta, así se le haya reconocido independencia plena en la política editorial. Pero el hecho de exigírsele, como contraprestación, figurar la institución con pertenencia de la Revista, le suscita rotundo rechazo. Y dijo preferir mejor la "indiferencia" que venía de atrás, puesto que no sabría qué hacer con la "admiración", tan repentinamente ofrecida. Estos fueron sus términos:

 

Si andamos diez años con vuestra indiferencia no nos regalen ahora, se lo suplicamos, el fruto fétido de su admiración. Les damos las gracias, pero preferimos decisivamente vuestra indiferencia. La indiferencia nos fue muy útil, con la admiración, no sabríamos qué hacer. A todos nos confundiría, pues nada más nocivo que una admiración viciada de raíz. Estáis incapacitados vitalmente para admirar. Representáis el nihil admirari, escudo de las más viejas decadencias. Habéis hecho la casa con material deleznable, plomada para el simio y piedra de infiernillo. Y si pasean enloquecidos dentro de sus muros, ya no podrán admirar al perro que les roza moviendo su cola incomprensible.

 

Me parece que es un ejemplo de reciedumbre, no despreciable para contribuir en la comprensión de lo que es o debe ser una publicación cultural independiente.

 

Se desprende de ese episodio la independencia con dos elementos: por un lado, la política editorial en manos de los protagónicos de la publicación y, por el otro, la transparencia en la propiedad, sin encubrimientos. De esta manera puede pensarse que la revista "Orígenes" fue independiente, a plenitud, sin soslayos.

 

Condicionamientos que vale la pena reivindicar en los tiempos que corren. Nuestras revistas independientes lo serían, entonces, si cumplen con aquellos dos requisitos, que reformulo de la siguiente manera: 1. Libertad en el sentido de expresar el pensar y el sentir de los editores, y de la manera como lo quieran decir, por supuesto bajo la característica del respeto, en lo deseable, y 2. Control total de lo financiero que le da soporte, con plena transparencia, sin concesiones, salvo a la calidad. Pero también lo "independiente" tiene que ver con la capacidad de los editores en no autocensurarse, en no limitarse en el tratamiento de temas que sean debidos a la naturaleza de la publicación, en consideración al qué dirán, situación muy posible en circunstancias como la nuestra, en Colombia. El factor "miedo" restringe la naturalidad en la expresión, con omisiones conscientes, o con tratamiento de temas con ribetes de escondite. En estas condiciones ambientales es dable la circunstancia de marginamiento de los intelectuales en los debates, el silencio meditado como actitud preventiva y elusiva. Así, el intelectual se refugia en el autoexilio, incluso en el hermetismo o la cripticidad. Pero, para no ir más lejos, el carácter de independiente puede resumirse bajo la característica de no sumisión a ningún poder, sea ideológico, político, social o económico. Así comprendida la expresión "independiente" de una revista cultural, podríamos proponernos describir nuestros propios casos.

 

Aleph en boceto y los 60

 

No quiero entrar en mayores honduras sobre la revista Aleph, tan solo presentar un boceto con aspectos de su historia, tan ceñida al campo de mis obsesiones personales. La creamos en 1966 en un ambiente de Universidad Nacional transitoriamente renovado en el rectorado de José-Félix Patiño, con especie de "revolución cultural" en la sede Manizales, en cabeza del Ingeniero de la Escuela de Minas y Arquitecto de París, Alfonso Carvajal-Escobar, veterano en oficios profesionales y liderazgo cívico, quien logró aglutinar sectores de avanzada en los estudiantes, con el consiguiente despliegue de actividades con nutrida ambientación desde la cultura, como marco de estímulo en la vida cotidiana de la academia. Caso de excepción en la historia institucional. Eran también los tiempos de Marta Traba en la dirección universitaria de cultura, el boom del nadaísmo criollo y la antesala de la insurrección estudiantil parisina del 68, que tuvo eco a ambos lados del Atlántico. Años sesentas de siempre recordar, en los que la juventud de todas las latitudes fue estimulada por el “Verano del amor” (Summer of Love) de los hippies, el movimiento pop, la irrupción planetaria de los Beatles y de su caricatura la “Banda de corazones solitarios del sargento Pimienta”, la catástrofe del llamado “sueño americano” en Vietnam, el despertar de esperanzas en las anheladas transformaciones sociales con la revolución cubana, el rompimiento en formas tradicionales del amor, la irrupción vistosa de la minifalda y el desalojo de la corbata en los estrados de la cátedra y otros escenarios sociales, la apertura de religiones hacia el compromiso con las comunidades de la marginalidad, el uso extendido de alucinógenos; en fin, el quiebre de modelos estereotipados en busca de alcanzar nuevos estadios de la conciencia, con llamados a asumir lo imposible.

 

Con semejante contexto, nunca Aleph se detuvo en lo meramente local o regional; se quiso al principio asumir la “cultura universitaria”, expresión un tanto indefinible, involucrando ciencia, técnica y humanismo. Sin olvidar expresiones de lugar, ha estado desde el origen abierta al mundo y a la historia, sin adhesiones ideológicas. Pero sí ha tenido etapas con énfasis en temas, como por ejemplo cuando se dio cabida a pensamiento filosófico de rebeldía, con fases consecutivas de fomento a las expresiones indígenas y del folclor, a la epistemología, a la búsqueda en posibilidades de pensamiento en Latinoamérica, hasta los tiempos de ahora, con más amplitud y sosiego de expresión en las letras, la poesía, el pensamiento y las artes.

Se han hecho ediciones monográficas como las dedicadas a la cultura en España, Israel, México, Argentina y sobre personalidades como Miguel de Unamuno, Alfonso Reyes, Fernando Pessoa, Michel de Montaigne, José Prat, Carlo Federici-Casa, Jaime Vélez-Sáenz, Fernando Charry-Lara, Rafael Gutiérrez-Girardot, o sobre obras como El Quijote, o sobre temáticas como “Los intelectuales y el poder”, “La educación por el arte”, y de próxima aparición una entrega sobre la obra de nuestro filósofo mayor, vivo, Danilo Cruz-Vélez.

 

De igual modo se ha perseverado en una sección: “Reportajes de Aleph”, por donde han pasado entrevistas exclusivas con Juan Herkrath, Juan Rulfo, Dámaso Alonso, Atahulpa del Cioppo, Isabel Aretz, Gordon Brotherston, Mario Benedetti, Leopoldo Zea, Juan Friede, Ernesto Guhl, José-Luis Cuevas, Günther Haensch, Leopoldo Zea, Leopoldo-Sédar Senghor, Eduardo Carranza, Germán Arciniegas, Rafael Gutiérrez-Girardot, Manuel Andújar, Alí Chumacero, Fernando Salmerón, Luis Cardoza y Aragón, Marcela Del Río, Blas Galindo, Germán Pardo-García, Oswaldo Guayasamín, Francisco Miró-Quesada, Emma Reyes, Ernst Tugendhat, Graciela Maturo, etc.

 

Las carátulas han sido ilustradas casi siempre con obras exclusivas, por donde han pasado Alejandro Obregón, Gonzalo Ariza, Alipio Jaramillo, Colombo Gazzoni, Jorge-Elías Triana, Emma Reyes, Oswaldo Guayasamín, Sergio Trujillo-Magnenat, Enrique Grau, Mario Rivero, David Manzur, José-Luis Cuevas, Juan Calzadilla, Guillermo Páramo, Luz-María Ángel, Guillermo Botero G., Pilar González-Gómez, Rogelio Salmona, Luz-María Jaramillo, Manuel Mejía-Vallejo, Luis Guerra Z., Nicolás Suescún, Bedriška Uždilová, etc.

 

Por años sostuvimos una sección de música, con publicación de partituras de compositores nuestros, en géneros de preferencia tradicionales, con la respectiva noticia biográfica de autor. Y se conserva la reproducción facsimilar de manuscritos autógrafos, con poesía en lo fundamental.

 

Los temas y autorías de trabajos no dejan de ser relaciones o referentes en la modesta formación intelectual de su director. Auncuando la revista estuvo soportada al principio por la Universidad Nacional, fue censurada en la número cinco, y desde entonces va independiente conmigo, en la espalda, en el alma y en las manos, sorteando caminos, por meandros gratamente inesperados. Disponemos de página virtual, con acceso a ediciones completas desde la número 133, en el “link”:


[->http://www.revistaaleph.com.co]

 

Interesante compartir que en el 2002 la Universidad Nacional de Colombia creó la “Cátedra Aleph”, designando como su regente al director de la Revista, con la idea de proyectar en nuevas generaciones las experiencias acumuladas en la vida de la publicación. Se han realizado diez versiones, en marcha la undécima, bajo la modalidad de seminario, con temáticas diferentes cada semestre, entre las cuales destaco: La comprensión unitaria; Ciencia y humanismo; El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, ocasión que motivó la edición monográfica a propósito del cuarto centenario de la magna obra; Mirada a Colombia y al mundo desde la cultura; Experiencias de la literatura y el arte, con estudio de obras escogidas de la plástica y las letras; Libros y bibliotecas: fulgor del conocimiento... Participan estudiantes de diversos programas académicos, en el espacio de “cursos de contexto” abierto en la reforma académica que lideró en buen momento Antanas Mockus. Se identifica el siguiente espacio virtual:


[->http://www.revistaaleph.com.co/rubrique.php3?id_rubrique=2]

 

Reconocimiento a los antecesores

 

Pero no quiero ahondar en la condición de Aleph, más bien deseo rendir homenaje a las revistas que nos antecedieron, en lo regional, con el carácter de admirable universalidad, expresión de intelectuales meritorios que se la jugaron socialmente para congregar y expresarse en continua condición creadora. Algunas fueron de grupos, pero en general tuvieron personalidad al frente, con vocería en muchos casos insular. Está por recogerse esa historia de las publicaciones culturales en las regiones de Colombia, con interpretación que pueda llevar a la comprensión de su real papel en la configuración de pensamiento y formas de creación, singulares o de consonancia con la respectiva época en otras latitudes.

 

Dignas de recordar siempre, en la tradición de las revistas en Manizales y Caldas, fueron: la revista Nueva, fundada en 1904 que alcanzó 40 ediciones, con las plumas de Aquilino Villegas y Samuel Velásquez, entre otros; la revista Motivos (1913-1916), del "Círculo de Bergerac" que integraron Jorge S. Robledo, Oscar Arana, Pedro-Luis Rivas, Roberto Londoño-Villegas, etc.; la revista Atalaya, del "negro" Gilberto Agudelo, y de coequiperos Francisco Botero, Camilo Orozco, Arturo Cañaveral...; la revista Milenios.....; la revista Siglo XX (años sesentas), de cuna universitaria y ámbito mayor... Resalto que Samuel Velásquez-Botero (1865-1942), además de su participación en la revista Nueva, fue personalidad sobresaliente, puente efectivo en el acontecer cultural de Medellín, Manizales y Bogotá, entre Antioquia y el Gran Caldas, nacido en Santa Bárbara (Antioquia), poeta, narrador, pintor, que publicó en Manizales dos libros: “Hija” y “Recepción del General Uribe-Uribe en Manizales”, en 1904, de quien Juan-Luis Mejía ha dicho: “Un hombre que participó del sueño final de Alberto Urdaneta: la Escuela de Bellas Artes, que vivió (y bebió) del incipiente romanticismo, que contribuyó a la formación de la primera narrativa auténticamente colombiana, que sostenía correspondencia con Menéndez-Pelayo y con la Pardo-Bazán, y que terminó sus días refugiado en su mundo de pictóricas flores imaginarias” (Cfr.: revista Aleph No.64, 1988).

 

En la segunda década del siglo anterior, cuando Manizales tenía no más de 40.000 habitantes circularon periódicos y revistas a granel, con nombres como: La espiga, Mercurio, Labor y Paz, El Centenario, El Conservador, El Cable, Motivos, Chantecler, Unión, Paz y Unión, El Noticiero, El Avisador, Renacimiento (de Justiniano Macía), La Exposición, Consigna Liberal, El Eco, El Correo de Caldas, Alma Nueva, Ferrocarril de Caldas, Eco Literario, El Combate, Renovación, Hojas de Caminos, Archivo Historial (de Enrique Otero D'Acosta), Azul (de Juan Bautista Jaramillo-Meza), Heraldo Liberal, La Fragua, Renacimiento Literario, El Diario, El Obrero, El Niño, Futuro, Libertad y Orden, La Tradición... (G. Cevallos E., 1989)

 

Como curiosidad en la revista “Azul” de J. B. Jaramillo-Meza, con 40 entregas entre 1919 y 1926, se publicó aviso promocional de las "Escuelas Remington", de Medellín y Manizales, como "única institución colombiana patrocinada por la Fábrica Remington de Nueva York...", bajo la dirección de Luisa Vásquez en Medellín y Josefina Mejía en Manizales, ambas educadoras de recordar.

 

Sin menoscabo del conjunto de revistas y periódicos que han tenido su odisea en nuestra región, hago mención especial de la revista “Cervantes”, y de su creador, don Arturo Zapata, impresor y editor, cuya obra alcanzó reconocimiento nacional, y circulación selectiva en países de Europa y América.

 

Avezado investigador califica a Zapata como "el mejor editor de su tiempo" (H. Salazar P., 1981), labor editorial que abarcó 20 años a partir de 1930, período en el cual produjo colección de libros, de intención mensual, con autores nacionales, a excepción de uno, escrito por autora peruana, Rosa Arciniegas, todos bajo el lema: "Compre, lea y regale libros nacionales: escritos, editados o traducidos en Colombia". La colección de los libros comenzó con "180 días en el frente", sobre el conflicto con el Perú, de Arturo Arango-Uribe, el fundador de “Propaganda Sancho”, y "Bobadas mías” de Rafael Arango-Villegas, y el último publicado, tras 15 años en esa bella odisea, fue "Variaciones alrededor de nada" de León de Greiff, con mil ejemplares, de los cuales se vendieron 50 en Bogotá y 70 en Salamina, municipio de Caldas, al norte de Manizales, con remanente de 800 que el autor fue consumiendo en gradualidad, sin costo alguno.

 

Entre los títulos publicados están "Toá" de César Uribe-Piedrahita, "Risaralda" de Bernardo Arias-Trujillo, "Cartas a Estanislao" y “Mi Simón Bolívar” de Fernando González, "Colombia S.A.", cuentos proletarios de Antonio García, "A través de mi lente", en dos tomos, de Gustavo Mejía-Jaramillo, “La moneda ladrona” de Aquilino Villegas, “Pago a todos” de Rafael Arango-Villegas, “El dinamismo de la libertad en la formación del carácter” de Francisco Marulanda-Correa, “Intimidades de un médico” de Roberto Restrepo, “De las pirámides a los Alpes” de Alejandro Botero G., “Vidas de Caín” de José Vélez-Sáenz, "Guerrilleros del Tolima" de Gonzalo París-Lozano, "Yo vi la batalla de Francia" de Daniel Henao-Henao, "Diálogos en otros mundos" de Félix Restrepo, "Nociones de alta crítica" de Daniel Restrepo, “Dicarquismo o si la razón fuera gobierno” de Roberto Restrepo, “Diálogos filosóficos” y “Apólogos literarios” de Baldomero Sanín-Cano... Hubo incluso libros de la colección que tuvieron segunda edición en la misma Editorial Zapata. Lo más importante es el espíritu liberal que lució Don Arturo, en un enclave conservador, con amplia recepción en cuestiones palpitantes de su tiempo, con libros que cubrían temas desde el frío ensayo filológico y el literario indagador, pasando por las crónicas testimoniales, incluyendo episodios de guerra, la visión histórica, el cuento y la novela, hasta la disidencia de pensamiento.

 

Arturo Zapata vivió en sintonía con el mundo. Su producción la enviaba a centros de la cultura en Europa y América, de donde recibía comunicaciones con valoración, que solía destacar en las primeras páginas de la revista, suscritas, por ejemplo, por el director del "ABC" de Madrid, o por otras personalidades intelectuales. Jesús Estrada-Monsalve, en esas corresponsalías, calificó la revista, no sin justicia, de ser elaborada "con elevado esmero y refinada pulcritud", como también la calificó de "Única hoy entre nosotros por la selección de contenido y por el cuidado en la presentación". Luis Tablanca, asimismo, se refirió a ella como "bellísima Revista". Se trataba de una publicación elaborada con exquisito gusto en diagramación, escogidas ilustraciones, cuidada en tipografía y de conjunto edición hermosa.

 

Arturo Zapata fue centro de actividades intelectuales y de emprendimiento cívico en la región, con algún relieve en el país. Hombre de talento, singular, con formación escolar precaria, pero autodidacta de lecturas escogidas e intensas, de escritura correcta y de oportunas iniciativas. Fue tal su influencia que alentó la formación de dos grupos o movimientos: por un lado el reconocido como "Los Leopardos", de intensa actividad política, con Silvio Villegas, Eliseo Arango, Augusto Ramírez-Ocampo y Gilberto Alzate-Avendaño, y "Los grecolatinos" (o “grecocaldenses”, o “grecoquimbayas”, también así llamados) como expresión intelectual en las letras. Los pertenecientes a ambos movimientos se entrecruzaban, o confundían, para lucir sus galas en los debates de corporaciones públicas, y en la expresión literaria. La tertulia de la “Editorial Zapata”, de donde surgió la identificación de “grecolatinos”, estaba integrada por: Fernando Londoño, Arturo Arango-Uribe, Gonzalo Uribe-Mejía (a. Luis Yagarí), Tomás Calderón, Luis Donoso, Jaime Robledo-Uribe, Antonio Álvarez-Restrepo, Silvio Villegas, Bernardo Arias-Trujillo, Gilberto Alzate-Avendaño, Alfonso González, Rafael Arango-Villegas, Alberto Arango-Uribe, Joaquín Estrada-Monsalve, Francisco Jaramillo-Montoya, Bernardo Londoño-Villegas, Hernán Jaramillo-Ocampo, Jorge Mejía-Palacio, Alfonso Muñoz-Botero, Samuel Hoyos-Arango. Se integraron también a la tertulia, como “socios honorarios”, Antonio Llanos, Jorge Rojas, Eduardo Carranza, Benigno Acosta-Polo, Evaristo Sourdís, Hugo Jaramillo, Edgardo Salazar-Santacoloma. (F. Londoño L., 1981)

 

Sus inquietudes al servicio de la comunidad llevaron a Arturo Zapata, por ejemplo, a plantear la protección de la industria nacional frente a la avalancha de importaciones, lo cual hizo con carta pública a escritores, periodistas y a las sociedades de mejoras públicas en el país, por febrero de 1930, despertando campaña para promover con preferencia el consumo de productos nacionales y, de ese modo, fortalecer la industria en Colombia. Mensaje que concluía de esta manera: "Pedimos a todos los hombres de buena voluntad poner el contingente de sus luces al servicio de este movimiento, que tanto ayuda a nuestros compatriotas los industriales, como beneficio al público consumidor..."

 

Eran los tiempos de la crisis económica del 29, con el reto de enfrentarla, en despliegue de ingenio y sensatez, por el gobierno de Enrique Olaya-Herrera y su celebrado ministro de Hacienda, Esteban Jaramillo.

 

La revista “Cervantes” se sintonizó con el buen pasado cultural, haciendo los respectivos reconocimientos y homenajes en sus páginas. Tal ocurre, por ejemplo, con "El Ruiz", de 1874, identificado como "periódico científico, literario e industrial", que destaca en reproducción facsimilar de su primera página, también con "Renacimiento" ("Diario de intereses generales", reza en el subtítulo) de Justiniano Macía, en el facsimile de portada correspondiente a la edición del martes 20 de diciembre de 1921.

 

La nota de homenaje para el primero dice: "Ah, si aquí hubiese lo que se llama el amor del pasado y el sentimiento de la historia, o mejor ciertas almas capaces de captarse el valor de las cosas que fueron deberíamos grabar en una columna, en un pórtico o en algo parecido, la fecha noble de la fundación del periodismo manizaleño, con este nombre al pie: Alejandro Restrepo R." Y a "Renacimiento" lo evoca reconociendo su producción de 2.000 números, entre 1915 y 1922, al reclamar que "La sociedad de Manizales debiera grabar el nombre de Justiniano Macía en una placa de mármol y colocarla en un sitio de honor, pues los periodistas son unos de los primeros benefactores de toda sociedad."

 

Por sus páginas campeó la expresión literaria de escritores atildados, los artículos y crónicas sobre el acontecer de la Cultura, sin descuidar la articulación con temas cruciales en la sociedad, en consonancia con el mundo. Encontramos, entre otras, una simpática crónica sobre Nueva York, escrita por Luis-Eduardo Puerta, que presenta con sensibilidad de fino observador detalles de la "fantástica visión" de esa gran ciudad, con recorridos por el "sobway" (sic), los rascacielos, el sentido del arte, el Bronx Park y su "jardín zoológico", el "acuarium", el "Central Park"... Singular en ella también fueron las notas de arte e ilustraciones de la pluma y pincel ágiles de Nazario Restrepo-Botero, quien emulaba con los dibujos de Alberto Arango-Uribe, fundador de nuestra Escuela de Artes Plásticas.

 

La revista “Cervantes” fue entre nosotros un ejemplo de mirada universal en la Cultura, como posibilidad de fortalecer las expresiones propias, sin influencia en modas pasajeras, pero sí en el espíritu más duradero de los tiempos. Y Arturo Zapata, su progenitor, con liderazgo cívico y cultural dejó huella profunda en Manizales, ciudad a la que sirvió como “agente de relaciones públicas” en la celebración del primer centenario (1950), con efectiva coordinación entre los letrados y la clase dirigente, anfitrión de visitantes ilustres, entre los cuales tuvo a Berta Singerman, Marian Anderson, la “Familia Trapp” y Yehudi Menuhin, por ejemplo.

 

Coda

 

Aleph, con sus limitaciones, carencias e imperfecciones, se considera epígono de esa tradición que tuvo de manera sobresaliente a don Arturo Zapata, con sus ediciones de libros y su revista “Cervantes”. Y también reconocemos en lo nacional, entre otras, a “Mito” y “Eco”, a las que tanto de civilizador le debemos todos.

 

Lezama-Lima al presentar la edición número 1 de su revista (1944), en la primera línea escribió: “No le interesa a Orígenes formular un programa, sino ir lanzando las flechas de su propia estela.” Así es, somos los pasos que con entusiasmo y hasta pasión por el conocimiento vamos dando, de tumbo en tumbo, sin dejar que las flechas busquen su blanco, hasta que las condiciones del azar lo permitan.

 

Esta es, a mi manera de entender, la “independencia” a la que estamos sujetos: estar en sintonía con la historia y con las preguntas y dudas físicas y metafísicas de todos los tiempos.

 

Y en palabras de Georges Bataille, escritas en el mismo año de aparición de Orígenes, la indagada expresión tendría el significado de: Rechazo al servilismo y odio a la propaganda.

 

Muchas gracias.

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