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El sentido común en propuesta

Ref.: Diario “La Patria”, Manizales, domingo 9 de septiembre de 2007 [www.lapatria.com]

 

El 25 de septiembre de 2005 "El Tiempo" publicó artículo de Carlos Lemoine en páginas editoriales, bajo el título "Ética laboral: economía para todos", con sugerente propuesta a partir del conocimiento de situaciones críticas, guiado por el sentido común. Conviene recordar esa contribución, hecha por personalidad académica de alto nivel: doctor en Matemáticas, presidente del “Centro Nacional de Consultoría”, empresa con aplicaciones en estudios de mercado para industrias y de opinión, y autor de obras como: “Transformadas de Fourier de distribuciones homogéneas”, “Iberoamérica habla”, “Nosotros los colombianos del milenio”, entre otras.

El artículo está animado al comienzo con pensamiento de Lao Tse, que invita a observar la naturaleza en sus maneras de resolver problemas, como fuente inspiradora de soluciones para afrontar los nuestros. Y lo concluye con Gandhi: "toda verdadera economía debía ser ética y toda verdadera moral, económica." Con esos referentes distingue una "economía del mercado" de una "economía del cuidado"; ésta, conducente a prestar especial atención al país con sus niños, jóvenes y ancianos, al medio natural, y a las relaciones, en cuya organización debemos estar todos. Economía que a su vez encuentra complementaria de la primera, la de la libre competencia. Observa el modo como se organiza el trabajo en familia, con repartición de tareas para las distintas actividades en el hogar y asimila el método para sugerir solución al desempleo.

Dice: hay que atender en primer lugar, por ejemplo, cerca de tres millones de niños entre los 2 y los 7 años que no van a la escuela, a los que se les debe enseñar las primeras letras; actividad a la cual podrán aplicarse 300.000 de los 3 millones de bachilleres desocupados. Registra que hay unos 10 millones de personas mayores de 40 años que no tienen acceso a la limpieza dental, labor asumible por 20.000 bachilleres capacitados en cursos cortos de higiene oral. Asimismo anota que hay 20 millones que desean tocar un instrumento, atendibles en buena parte por 50.000 personas sin trabajo que saben hacerlo. Plantea el tema del desaseo en las ciudades, al igual que la inseguridad, situaciones que pudieran ocupar a 200 mil personas. Y el cuidado de los 5 millones de ancianos existentes estaría a cargo de por lo menos 50 mil jóvenes. Proceder de esta manera, invoca el autor, conduciría a cuidar las cosas que hay que cuidar y a aprovechar el trabajo de los que pueden trabajar.

La propuesta es ingeniosa y habrá que analizarla en función de costos y de cómo asumirlos. Tarea que podría corresponder ahora a candidatos en campaña para alcaldías, gobernaciones y corporaciones públicas.

La idea de disponer de una "economía del cuidado" es atractiva, por su sencillez. Cuidar lo que debe cuidarse en la sociedad y en la naturaleza, es una forma de economía, puesto que redunda en factores de seguridad y crecimiento. Las personas que por determinadas circunstancias reclaman atención, podrán sentir alivio al alcanzarla y hasta adquirir cierto sentido de la felicidad, con repercusión en distensiones del entorno familiar y social, lo que a su vez repercutirá en la mejor aplicación de las personas a sus labores y, por ende, en lo que ahora se denomina la "productividad".

Por otra parte, el artículo apela al cubrimiento total de la educación básica y media, fundamental para elevar los niveles de comprensión y de participación de las individualidades en el desarrollo integral de la colectividad. La educación es imprescindible para humanizar a la persona que llega de manera natural al mundo, y que comienza a transitar por él a tientas. Con la educación se le dota de capacidad comprensiva y de posibilidades para desarrollos propios por la reflexión, hasta conseguir nivel apropiado de discernimiento, indispensable para valorar y aun desechar opciones en la vida diaria, o para controvertir con racionalidad posiciones de otros, en diálogos, debates o en las lecturas, para la solidaridad y la innovación. De este modo se adquieren mejores hábitos para la convivencia y el anhelado bienestar.

De igual modo, no hay que olvidar que la educación es siempre educación para el trabajo, así haya quienes puedan dedicarse al disfrute continuo de la lectura, la apreciación del arte y al ejercicio de expresiones plásticas, de la música, la danza, el teatro... La persona tendrá que estar dotada para sobrevivir dignamente con trabajo, el que le corresponda. No todo el que decide ser escritor o pintor, o músico, podrá vivir del oficio, y tendrá que desenvolverse en otras labores que le permitan ganar el sustento, y dar soporte a sus aficiones y vocaciones más íntimas.

Aquella dimensión de la "economía del cuidado" podrá estar enriquecida con los elementos a los que he aludido, especie de extensión del concepto, puesto que el espíritu es motivo central de atención, como pilar, para desencadenar procesos saludables en un mundo compartible, y en despiadada competencia.

Si apeláramos de manera más frecuente al sentido común, surgirían fórmulas de fácil enunciado y de aplicación sencilla, con impactos de "mejoramiento continuo" en la sociedad. Falta desde el Estado más imaginación para generar ideas, o para asumir con oportunidad las buenas de otros, sin los distractores tan socorridos en el poder. Alguien debería repensar la propuesta de Carlos Lemoine, con implicaciones prácticas.

Marco-Fidel Suárez escribió algo así: el sentido común, si es que existe común sentido, no es muy común, pero sí bastante raro.

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