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Libros y bibliotecas: fulgor del conocimiento

Ref.: “La Patria”, Manizales, Col., 13.V.07; p. 5-a [www.lapatria.com]

Se cuenta que en medio de atroz contienda le pidieron a Winston Churchill autorizar el cierre de la biblioteca británica y él respondió: estamos en guerra justo para que la biblioteca permanezca abierta. Lección imperecedera. Los libros y las bibliotecas son en las culturas puntal de asombro, oportunidad para la búsqueda incesante de respuestas y soporte en transformaciones sociales. Y por desgracia son también objetivo militar en guerras, como en Londres, en Sarajevo, en Beirut,... en Bojayá, y en tantos lugares del planeta.

Desde que mi adorada maestra de primeras letras, la señorita Margarita Gómez, me sedujo con "La alegría de leer", no he parado en la obsesión de lector y de acariciador de ese misterioso y real objeto que es el libro. Las librerías y las bibliotecas me atraen, con poder magnético. Me pierdo entre sus estanterías y quiero tomar entre las manos los libros, uno tras de otro, todos. En las ciudades las bibliotecas son los sitios que primero localizo, y a ellas llego con reverencia y curiosidad. Son muchas las obras que se ocupan del tema. Borges, por supuesto, es ejemplo mayor. Y de manera más cercana Harold Bloom y Alberto Manguel, éste con dos exquisitas producciones: "Una historia de la lectura" y "La biblioteca de noche", las cuales nos entretendrán en la décimo-primera versión de la "Cátedra Aleph", en el segundo semestre académico del presente año.

Mi experiencia más reciente la tuve en abril al visitar, con Livia, la Biblioteca Pública de Nueva York (NYPL) para entrevistar en ella a personalidad que descubrí por conferencia y diálogo público que tuvo en Barcelona. Se trata de Paul Holdengräber, licenciado en filosofía y derecho, doctorado en letras con tesis sobre Walter Benjamin y ejercicio profesoral en literatura comparada. Por su enorme capacidad gestora se le contrató en la NYPL donde creó programa ("Live from the NYPL") para atraer gente sin distingos de niveles sociales o en edades, con el único propósito de hacer sentir la pasión por el conocimiento. Ha llevado figuras del mundo de la Cultura, en los diversos campos, sometiéndolas en público a diálogo y debate. Por ese escenario han pasado Bill Clinton, Harold Bloom, Werner Herzog, Salman Rushdie, Isabel Allende, Alma Guillermoprieto, Günter Grass, Julia Álvarez, Alberto Manguel, John Updike, Amartya Sen, Baltasar Garzón,... Encuentros en los que se examinan temas cruciales de nuestro tiempo y de las culturas.

Paul Holdengräber me sorprendió por la recia formación intelectual y por el entusiasmo contaminante, con arraigado optimismo en los destinos de la humanidad, con la Cultura en el eje conductor. En la conversación que sostuvimos por espacio de dos horas y media expresó frases sorpresivas como éstas: “Considero que cualquier persona puede sentir el placer del conocimiento. El conocimiento es una sensación más fuerte que la pasión sexual. Hay que ganar audiencia para su disfrute. La idea de Platón es que el conocimiento es erótico... El buen profesor es el que provoca el deseo por el conocimiento... El libro no es una manera de aislarte, el libro es una oportunidad de estar con el mundo.”

Actividades de esta naturaleza llevan a creer que la biblioteca no debe ser un lugar meramente receptor, sino, por el contrario, con capacidad de promoción intensa de la vida del libro, portador de conocimiento, con el protagonismo de los más calificados y entusiastas voceros, autores o no, pero sí con formación de pensamiento y capacidad de compartir. Es decir, la biblioteca debe desplegar ingenio de convocatoria, haciendo sentir su existencia en el entorno, con singular dinámica.

En mi tiempo de servicio en la Biblioteca Nacional de Colombia, guardadas las proporciones, establecí programa en algo parecido que llamé "Jueves de la BN", con conferenciantes invitados semana a semana, en diálogo con el público. Análogo hice en universidades donde tuve asiento de dirección, con los ciclos "Grandes temas de nuestro tiempo", entre otros. O con el proyecto “Cátedra del pensamiento” en el Centro de Estudios Regionales, CRECE.

El libro no pasará. Su efecto benéfico hace parte de la cadena que se prolonga con los medios virtuales, en sentido de complementariedad. Las modalidades nuevas no descontinúan las anteriores, las superan pero enriqueciéndolas en significados. Como lo advierte Manguel, la existencia de libros y bibliotecas "es una de las pruebas más felices, más conmovedoras, de que poseemos, a pesar de todas las miserias y pesares de esta vida, una fe íntima, consoladora, quizá liberadora,..."

 

[Nota al oído: El “Palacio Nacional” en Manizales debe ser restaurado con prontitud: hay razones poderosas como las expuestas, con sensatez y oportunidad, por el Arq. Eduardo Londoño-Arango]

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