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La varita mágica... (Reseña de libro "Fronteras de conocimiento", Colfuturo 15 años)

Con motivo de los quince años de Colfuturo, se indagó a doce personalidades colombianas sobre temas palpitantes de educación, recogiéndose las entrevistas en el libro "Fronteras del conocimiento" (Ed. Colfuturo, Bogotá 2007; 56 páginas, formato: 24.5x35.0 cms., impresión: D'vinni S.A.). Se trata de las reconocidas autoridades: Rodolfo Llinás (científico), Antanas Mockus (pensador público), José-Fernando Isaza (rector de la Universidad JorgeTadeo-Lozano), Marco Palacios (historiador), Sergio Fajardo (matemático-Alcalde), Armando Montenegro (economista, presidente de Anif), Cecilia-María Vélez (Ministra de Educación), Luis-Carlos Sarmiento (empresario, líder de Colfuturo), Luis-Alberto Moreno (presidente del BID), Martha-Lucía Villegas (directora del Icetex), Jesús Ferro (rector de la Universidad del Norte), Iván-Darío Vélez (investigador, Universidad de Antioquia). Abordaron temas comunes: la importancia de las maestrías y los doctorados, su financiación, la relación entre academia y sector productivo, ventajas de estudios postgraduados en el exterior, la investigación, posibilidades de una educación de excelencia en Colombia,...

 

Una curiosa inquietud que se les formuló tuvo que ver con la posibilidad de disponer de una varita mágica y qué hacer con ella. La respuestas son variadas, desde solucionar la educación en zonas rurales, hasta fomentar becas para niños pobres que les den acceso a los colegios privados, pasando por cuestión de trascendencia como "educar a los educadores, a los que toman decisiones y a los medios de comunicación" (J.F.Isaza). Importante recoger los guiones fundamentales, en ese punto, de los doce encuestados, así como aspectos de otros temas tratados:

 

Armando Montenegro plantea generalizar el sistema de colegios en concesión, y becar pobres para que estudien en los colegios privados. Da la impresión que no le ve futuro a la educación pública. José-Fernando Isaza, de disponer de esa varita, se dedicaría a educar a los educadores, a los que toman decisiones y a los medios de comunicación, para conseguir mayores impactos en la población, con el mensaje de que el conocimiento y la conceptualización son importantes, como sustento de una educación de calidad.

 

Antanas, inesperado por gratamente creativo, se propondría "que haya más de los que corrigen a los que no corrigen... Aumentar el rigor colectivo... Descubir cómo más conocimiento, mejor adaptado, produce enormes diferencias en la vida real colombiana." La alusión a esas "enormes diferencias" deja la duda sobre el referente. Hilando delgado puede ser sobre la manera de interpretar el por qué de esas diferencias, cuando el conocimiento surge en sectores de privilegio académico sin mayor impacto en la sociedad. Da a entender, en el trasfondo, la importancia de conseguir que el conocimiento se difunda y reconozca en la comunidad, no solo en la academia, como aspiración.

 

Jesús Ferro apelaría a crédito del Banco Mundial para establecer escuelas-piloto en municipios de más de cien mil habitantes, conectadas con universidades mediante tecnología informática, con los mejores profesores y acceso al más avanzado conocimiento disponible. La Ministra de Educación, Cecilia-María, no arriesga en especulaciones, se atiene a continuar con lo conseguido, en términos de persistir en la articulación del sistema educativo, medir periódicamente la calidad en los distintos niveles de la educación, incluyendo la investigación, para no bajar la guardia en el mejoramiento continuo, y desear, por supuesto, "más platica" bien aplicada a la educación.

 

Sergio Fajardo, alcalde de Medellín, cobraría un impuesto especial para invertirlo en diez años en educación desde los niños de tres años hasta el doctorado. Invoca la necesidad de que el conocimiento haga parte de la vida cotidiana en la sociedad, y que los estudiantes comprendan el real alcance de emprender e innovar, en una concepción que él llama natural del desarrollo. El presidente del BID, Luis-Alberto Moreno, con la varita mágica despertaría conciencia en todos en favor de la educación, de tal modo que se alcancen niveles internacionales apropiados en términos de competencia y competitividad.

 

Martha-Lucía Villegas, cofinancista como Icetex en el sistema de educación superior, la emprendería con las "universidades de garaje", en términos punitivos, de regulación y de oportunidades para mejorarlas. El director del programa de estudio y control de enfermedades tropicales de la Universidad de Antioquia, Iván-Darío Vélez, descarta la posibilidad de disponer de una varita mágica, pero llama la atención sobre el atraso educativo, con pésimo nivel, en el sector rural. Con la excepción, anoto yo, del sistema de escuela activa que ha promovido la Federación Nacional de Cafeteros principalmente en departamentos del centro-occidente del país, con resultados sobresalientes en evaluaciones de Estado.

 

Marco Palacios, profesor-investigador, rector, historiador, se propondría conseguir mucho más dinero para el sector y alcanzar cambio en la mentalidad de la gente, desde los niños, padres de familia, maestros,... en el sentido de la responsabilidad, y acabar de una vez por todas con el famoso "nadadito de perro".

 

Rodolfo Llinás, científico que hizo parte, como el anterior, en la "Misión de los diez sabios" de los noventas, le apuntaría de entrada a mejorar el nivel económico del país, con la convicción que si se mejora la calidad de vida en un 5 o 10%, la gente puede estudiar, y disponer de tiempo para leer en vez de dedicar tantas horas a la televisión. Llama la atención sobre la situación actual que tiende a la sicopatía y al no-futuro, puesto que la realidad de la supervivencia en Colombia nos mantiene más cerca de la muerte.

 

El poderoso Luis-Carlos Sarmiento, gran dueño de bancos, redoblaría esfuerzos para la mayor concurrencia de sectores empresariales y financieros en los propósitos de Colfuturo, para enviar más jóvenes a estudiar postgrados en universidades extranjeras de calidad, con el simultáneo llamado a los jóvenes para que se preparen bien.

 

En otros puntos los entrevistados disciernen sobre el estado del país en relación con el motor que debe ser la educación, y se detienen en lamentar, como el profesor Llinás, el decenio perdido, que no permitió acoger y desarrollar contribuciones como las de la "Misión de ciencia, educación y desarrollo". En general se interpreta que los doctorados deben preservar las exigencias de rigor en la formación para los intelectualmente mejor dotados, con dedicaciones exclusivas y financiación suficiente, sin caer -como ya ocurre- en los de 'fin de semana', con el propósito ineludible de acentuar la generación de conocimiento.

 

Con cifras se hace ver el tremendo estado de atraso de nuestro país en la formación de doctores, incluso por debajo de Brasil, Argentina, México, Chile, también en las coberturas de la educación superior. Jesús Ferro recuerda que estas son del orden del 30% en países como los mencionados, mientras que en Colombia es del 21%. Esta cifra la precisa Marco Palacios al establecer que solo el 17% de los jóvenes, entre 17 y 24 años, asiste a la universidad colombiana, mientras que en Bogotá el promedio es del 35%.

 

En general se hace énfasis en el conocimiento para abordar problemas, con prioridad en el desarrollo de la capacidad de pensamiento en los niños y jóvenes, con fomento de la investigación, y en desencadenar procesos de aprender a aprender, sin pausa en la vida. Sergio Fajardo anota con razón que en Colombia no ha habido una decisión política de fondo que le apueste a la educación en calidad de motor de la transformación social, y en cambio ha habido desprecio a los aportes, por ejemplo, de la "Misión de los diez sabios". Fajardo también insiste en la educación como derecho y no como privilegio.

 

Luis-Alberto Moreno destaca la falta de un sentido filantrópico en Colombia que permita concentrar más recursos en sectores esenciales del desarrollo, en comparación con otros países, ni se diga con Estados Unidos donde se captan 250.000 millones de dólares al año por donaciones para la educación, el 80% proveniente de personas. Anota que Colombia invierte apenas el 0.03% del PIB en ciencia y tecnología. El caso de Latinoamérica también lo refiere donde se invierten 11.000 millones de dólares al año en CT, mientras solo Corea aplica 18.000 al año. Comparación que es para "llorar" dice con gracia Moreno.

 

Asimismo los expertos consultados por Colfuturo piensan en la urgencia de acelerar procesos en Colombia que permitan acortar distancias con los países que van más adelante, incorporando cambios pedagógicos profundos, con asimilación de tecnologías de avanzada, y enfrentar con decisión el cambio radical que se vive en las formas de aprender. Por su parte Marco Palacios anota que hay una tradición de "tacañería" en las clases privilegiadas, con mayores recursos, para asumir cubrimientos en formación como el doctorado que es de alto costo. Dice que un año de doctorado vale 50.000 dólares, haciendo evidente la necesidad de conseguir formas de financiación que bajen costos, subsidien y ayuden para que los jóvenes con talento e interés puedan hacer con tranquilidad sus doctorados.

 

Rodolfo Llinás, quizá por su disciplina en los estudios del cerebro, es quien más y mejor ha planteado para Colombia el tema de la educación, como quiera que fue el de la iniciativa para haberse constituido la "Misión de ciencia, educación y desarrollo" (misión de los diez sabios), con informes apreciables de señal de urgencia, que los gobiernos desconocieron de manera despampanante, e impunidad plena. En la entrevista del libro de Colfuturo es claro al afirmar que no debe limitarse el porvenir de un país a las necesidades que tenga o padezca en un determinado momento, como ha venido ocurriendo, con sesgos cortoplacistas y falta de atrevimiento en la formulación de políticas y en la convocatoria a la solidaridad social, con responsabilidades de Estado.

 

Llinás insiste en aprovechar la etapa más inteligente de la vida humana, que él ubica entre los 5 y los 10 años, y recalca la importancia de explicarles a los niños en qué consisten los problemas, para que ellos los entiendan y puedan abordarlos y encontrarles soluciones. No cabe duda que en su enfoque de pensamiento coincide con el físico y Premio Nobel Georges Charpak, quien ha desarrollado el método de aprender haciendo, con el lema simple de "con las manos en la masa", de aplicación en Francia y en algunos colegios de Bogotá.

 

Con expresiones moderadas Llinás hace crítica a la clase dirigente, a quienes "controlan el país", a los que califica faltos de generosidad, situación que considera de patología histórica en Colombia. Por otra parte, con merecido énfasis habla de la necesidad de formar maestros, facilitándoles medios, así como introduciendo formas de organización de su trabajo para que dejen de ser tan primitivas, como las califica.

 

José-Fernando Isaza también invoca la preocupación por la formación de los maestros y critica la visión tan localista que nos invade, sin mayores aperturas al mundo. Conecta la equidad con la formación básica de calidad que pueda alcanzarse y da prioridad a la formación teórica sobre la práctica o lo instrumental, de tal manera que sepamos valorar la primacía de la conceptualización, como actitud rectora en cualquier proceder. Llega incluso a distinguir entre "educación para la equidad" y "educación para el desarrollo", como formas complementarias pero diferenciables, con la advertencia de faltarnos mucho más trabajo sobre la primera forma, sin descuidar la segunda.

 

En términos de la investigación, casi todos hablan de la importancia de crear conciencia en el sector productivo para que la asuman, dándole el debido lugar como forma de desarrollar el conocimiento, mejorar la productividad y conseguir empresas de mayor competitividad. Se dan referencias de los países desarrollados, y de otros similares a Colombia pero que tienen más alto compromiso con el conocimiento. El Alcalde Fajardo cita el caso de Medellín donde se ha creado alianza de universidades con el sector productivo, con avances en la valoración del conocimiento y en la necesidad de invertir aquel en investigación con apoyo fundamental de las universidades.

 

El libro de Colfuturo se publica en buen momento, para hacer pensar a los sectores de gobierno, empresarios y universidades en la urgencia de entrelazar compromisos que se traduzcan en acciones solidarias, para acelerar los procesos de ampliación de cobertura y de calidad en la educación, en los distintos niveles. Se estima que la formación universitaria, con desarrollo adecuado de maestrías y doctorados, debe repercutir en los niveles anteriores de la educación, con más y mejores docentes, comprometidos por vocación y por entender la situación del país.

 

Se concluye, de su lectura, que no tenemos otro camino que reemprender el derrotero histórico de la mano de la educación. Indispensable que el Estado algún día vuelva a tomar riendas en el asunto, poniendo la educación en el centro, como motor del desarrollo integral, al igual que lo concibieron, por ejemplo, Santander en los albores de la República, los Radicales en el siglo XIX y la "Revolución en marcha" del gran López-Pumarejo.

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[Puede accederse al libro en:


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