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El altruismo como efecto golondrina

Ref.: Diario “La Patria”, Manizales, Col., 14.XII.08; p. 5-a [www.lapatria.com]

 

En "El Espectador" del 12 de octubre/2008 (p. 50) se publicó importante ensayo breve de Moisés Wasserman, rector UN, bajo el título "Altruismo en la ciencia pública", el que quizá corresponda a intervención que tuvo cuando la inauguración del edificio donado por el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, egresado de la institución. Y es normal que una posición tan consistente y ejemplar pase desapercibida, sin suscitar discusiones o comentarios en el medio interno. Me propuse romper el hielo de la indiferencia tomándolo como ejercicio para despertar el diálogo y aun el debate en una sesión de mi "Cátedra Aleph", lo que ocurrió el pasado 25 de noviembre.

En el ensayo plantea Wasserman tres ideas fundamentales: 1. El altruismo como estrategia exitosa, 2. Nuevo acuerdo Conocimiento-Universidad-Sociedad, y 3. El reto de reconocer la legitimidad del disenso. Contrapone el altruismo a la mera evolución espontánea que implicaría el abandonarse la persona o la institución al azar, sin conducción racional y planificada de los procesos. El altruismo lo reivindica en su capacidad de generar despliegue de conciencia en favor de caros valores que acrecienten el sentir y el sentido de Universidad, sin esperar nada a cambio, apenas la utilidad social del buen servicio, lo que ya de suyo impone un grueso carácter. Al considerar que el altruismo es una forma de estrategia para el éxito, lo que quiere significar es los logros consecutivos que pueden conseguirse con la aplicación de planteamientos meditados, desprevenidos y sin prejuicios. Buena intención en la idea, en un contexto en el que se sobreponen los intereses individuales a los colectivos, con apego desproporcionado al dinero, "estiércol del demonio": entre más fácil de allegarlo mejor para quienes evaden el cultivo del trabajo honrado, como forma de vida digna. Pero no podrá renunciarse a predicar y a ejercer la magnanimidad y el altruismo, por quienes personifican las más altas responsabilidades morales.

Por otra parte, nuestro Rector invoca la necesidad de renovado acuerdo social que asuma el conocimiento como oportunidad de armonía (¿conciliación?) entre Universidad y Sociedad. El conocimiento como razón de ser de la institución de educación superior, al servicio de profundizar en los complejos problemas de la comunidad, partícipe en sus soluciones. La sociedad estará representada por organismos y entidades que puedan ser favorables a la interlocución, con el fin de llegar a acuerdos sobre grandes guiones que comprometan a todos en el avance para la superación de las angustias sin horizonte en la comunidad. Otra buena intención de la que se esperaría respuesta práctica de empresarios y gobernantes, en la vida diaria.

La tercera idea le permite al Rector formular un "reto adicional", como lo es el aceptar, de una vez por todas, la existencia del disenso, legítimo en una sociedad que se precie de democrática. Disenso que conlleva formas de manifestarse con posiciones “divergentes”, “antagónicas” e “irreconciliables”. Parece que su interpretación apunta a entender que las dos primeras darían lugar a construir acuerdos, y la tercera no deja de ser la de máxima preocupación, pero a través de formas acuciosas de diálogo podría alcanzarse el respeto. El mayor problema se asoma cuando ambos extremos pugnan por tomar o reasumir el poder, en cualquier nivel, lo cual no es grave si se resuelve la contradicción con proceder democrático por consulta a la gente, para que las mayorías definan la orientación institucional o de estado. Pero no será posible en todos los casos salvar la situación con votaciones. Las guerras seguirán siendo, por desgracia, una respuesta, la más catastrófica en los países, entre las naciones o de bloques en el mundo, para dirimir los casos de extremo antagonismo, por la imposibilidad de entendimiento.

Aquella formulación de la dialéctica: tesis, antítesis y síntesis, con base en el razonamiento silogístico, continuará teniendo múltiples formas en los procesos, hasta llegar a soluciones deseables por el diálogo racional. Sinembargo, continúa predominando el instinto que lleva a la radicalización de posiciones, con exabruptos y desenlaces funestos. Proceso temprano el de la Humanidad para la construcción de actitudes mentales o espirituales que favorezcan la solución, en todos los casos, por la vía de la negociación y la concertación.

El Rector llega a calificar la violencia como "imposible moral", pero por imposible que sea, la violencia sigue su sendero de horror, con manifestaciones desde la familia hasta las más avanzadas formas de organización, o desorganización, de la sociedad. Las consecuencias en tragedia y dolor las vemos a cada instante.

Me parece que en el fondo del escrito del Rector están otras lecturas, como la referente al manejo que pueda hacerse de los conflictos ineludibles, la respuesta que deba darse a reacciones con instintos incontrolados entre los protagonistas. Cuestión compleja con, al parecer, inexistencia de métodos regularizables que conduzcan al éxito, es decir, a evitar confrontaciones violentas. Quedará la invocación continua por avanzar en maneras de comprender y asumir esas actitudes extremas, llegando en lo posible a desentrañar las necesidades radicales, o "irrefrenables" que llama David Bohm, con la posibilidad de poderlas afrontar creativamente en forma colectiva, de tal modo que se logre una puesta-en-común de los significados de las creencias o convicciones surgidas por la vía de la sensibilidad. Es ahí donde está el meollo del problema.

En el caso de la Universidad Nacional de Colombia, el rector Wasserman ha sabido entender a cabalidad los procesos y conducirlos sin pasión, con serenidad inconmovible, y ejercicio continuo de racionalidad e invocación de la misma ante los protagonistas de los conflictos. No queda otro camino que persistir en la actitud. Y la educación es el único medio posible para acentuar la disposición de las personas a favor del respeto en las diferencias, por radicales e irreconciliables que estas sean.

Pero no solo habrá que mirar hacia fuera en busca del altruismo. Más indispensable lo es encontrar en el interior las condiciones para que tenga lugar, contrarrestando formas que le son adversas.

¿Acaso una golondrina hace verano?

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