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Omar Velásquez, claretiano


El fanatismo es propio de religiones e ideologías, con excepciones individuales notorias. Es el caso del padre Omar, de la comunidad claretiana, formado en altos niveles académicos, con dominio de latín, griego, italiano, francés, inglés, portugués y alemán, sin faltarle otros recursos lingüísticos en sus estudios de Biblia, ni la calidad humana desde la cuna.



P. Omar Velásquez (derecha) y CER (12.VII.08)

 

Cuando asumí el vicerrectorado en Manizales de la Universidad Nacional, a comienzos de 1990, él llegó a los pocos días como capellán, y tuvimos empatía desde el primer encuentro. De ahí en adelante se actuó con sumatoria de esfuerzos, bajo igual actitud de respeto para todos, además con trabajo de cercanía y estímulo. Personalidad singular, ajena a la ortodoxia, lo que nos hizo más próximos. Con rapidez logró ser aceptado, adentro y fuera de la institución. Hoy es, quizá, el personaje más conocido y saludado en nuestra ciudad. Lúcido y acertado en sus homilías, pero más efectivo en el trabajo personalizado. Estudiantes, empleados y profesores acuden a él en confianza plena, con la seguridad de encontrar receptividad a sus problemas, sabio consejo y voz de aliento para superarlos.

Recuerdo casos que trabajamos juntos frente a situaciones dolorosas de los jóvenes que, debido a dificultades y a la falta de preparación para enfrentar conflictos personales, buscan refugio en la droga y en el suicidio. Uno en especial, chico de barrio del otro lado del Olivares, para quien acudimos, con apoyo clínico de la sicóloga de la U, a siquiatra amigo que le diera la mano; hablamos con su familia, y estuvimos cerca de él sin desampararlo en nada. Espero que ese joven, a la altura de este momento, esté disfrutando de su vida profesional, con familia en buen camino, y recordando que es posible la solidaridad en un mundo signado por la rentabilidad y el individualismo. Caso que nos permitió, con sicóloga y siquiatra a bordo, emprender diálogos internos para mostrar las maneras como los profesores, y demás personal cercano a los jóvenes, pueden contribuir no siendo autoritarios ni represivos, y en simultaneidad dialogantes, con capacidad de comprender y canalizar situaciones que de otro modo pueden tener desenlaces infortunados.

Jovial y entusiasta. Con él y con Antanas Mockus, como Rector Magnífico, reanudamos las fiestas universitarias, con esplendor de recordar. Y juntos también sobrellevamos dificultades, como aquel secuestro de cinco horas al que fuimos sometidos por encapuchados, con final feliz. Y en compañía animamos las reuniones semanales del "grupo de sintonía", para departir y examinar el acontecer en la institución, sin bajar la guardia en la motivación y en los compromisos integrales con el trabajo.

Encontré en él a un espíritu liberal, en sentido filosófico, amparados ambos por un sistema de valores, congraciados con el destino de la vida, enriquecida a diario con el cumplimiento de las responsabilidades o deberes, sin olvidar el necesario repaso de clásicos griegos y latinos. Fui en especial beneficiario del libro: "Llave del griego - Colección de trozos clásicos, con comentario semántico, etimología y sintaxis", de Eusebio Hernández y Félix Restrepo, en edición de 1937 (Freiburg im Breisgau, Alemania) que me regaló cuando algún acontecimiento de academias me sobrevino. Y buena mano me ha dado en la composición de frases en aquel lenguaje de los dioses.

El padre Omar supo, en tiempos recientes, jugársela toda en defensa del personal administrativo y de profesores: luego de meditación cautelosa sobre qué hacer en un clima laboral tenso, con su liderazgo se restableció el respeto en la vida institucional.

Han pasado 18 años de su presencia plena y vital en nuestro ámbito universitario, con disfrute del cariño bien ganado de todos. Ahora el provincial de los claretianos en Colombia, en común acuerdo con él, lo traslada para cumplir tareas nacionales, con sede en Medellín, previa una pasantía de algunos meses en Europa.

La comunidad universitaria sentirá su ausencia, con gratitud debida a la significativa contribución de ciudadano íntegro, creyente profundo en los valores del espíritu, más allá del marco restrictivo de una religión, con la que está comprometido, pero no obsesionado en convertir el mundo a su credo. Su ejercicio diario del respeto y la solidaridad, son guía en camino abierto.

Los dioses del Olimpo sabrán protegerlo en su destino, y darnos amparo, en continuidad. ¡O tempora! ¡O mores!

 

Ref.: “La Patria”, Manizales, Col., 13.VII.2008 (p. 5-a) [www.lapatria.com]

 

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