Ediciones

ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

Consejo Editorial

Luciano Mora-Osejo (א)
Valentina Marulanda (א)
Heriberto Santacruz-Ibarra
Lia Master
Marta-Cecilia Betancur G.
Carlos-Alberto Ospina H.
Andres-Felipe Sierra S.
Carlos-Enrique Ruiz.

Director
Carlos-Enrique Ruiz

Contacto
Tel-Fax: +57.6.8864085
Carrera 17 No 71-87
Manizales, Colombia,
Sudamérica.
cer @ revistaaleph.com.co

¡Felicidades!... en contravía

Ref.: Diario “La Patria”, Manizales, Col., 13 de enero de 2008; p. 5-a [www.lapatria.com]

Es costumbre desearnos felicidades unos a otros, en mayor grado cuando se trata de cambio de año. Con alegría y esperanza invocamos a la diosa Felicidad, como asidera de los caminos por venir, con ganas de salud y fortuna, conquistables para quienes no las tienen, o de fortalecerlas para quienes están con ellas.

 Más que un cumplido social rutinario, es un proceder afincado en lo hondo de los deseos, y en frustraciones. Si se piensa en el contexto en el cual estamos inmersos, al observar con un poco de cuidado la situación del mundo y de la nación que nos tocó, las expresaríamos con la fuerza de un clamor.

Por otra parte, la felicidad, como estado de continuo placer, en conformidad con la carga de experiencias y de ambiente que nos rodea, es un imposible. A lo mejor apenas sensación fugaz, antecedida y seguida de otras por padecimientos propios y ajenos. De ahí la validez del enunciado que formuló el pensador alemán contemporáneo, Odo Marquard: "felicidad en la infelicidad", incluso como título de libro suyo, donde se establece la necesidad de aceptar lo inevitable que es vivir rodeados del “mal”.

Para alcanzar un estado exultante en lo personal, circulan libros de "autoayuda", de enorme éxito mercantil, así como mensajes y videos por internet, con fáciles recetas, amparadas por la más ingenua de las lógicas, para que quien las acoja pueda alcanzar en breve tiempo el éxito, la felicidad, y permanecer ahí. Número considerable de personas, sobrecogidas por la ansiedad y la angustia, frente a la realidad propia y circundante, apelan a esos recursos que contienen ejemplos coloridos de imitar, en modelos seductores. Hasta suelen ser artificios en asignaturas universitarias, para vender el éxito con exposiciones de docentes sin éxito.

Caso de esta naturaleza pone en cuestión la existencia de la razón como fuente de explicaciones valederas para asimilar la realidad. Se actúa por la ambición a veces desmedida y, lo que es peor, por el fanatismo.

En el mundo las guerras se sostienen, circulan y se multiplican, como estados de confrontación a muerte de poderes por pasiones y privilegios, sin dar lugar a clima que favorezca la concertación por la vía de los argumentos. Caso palpable lo tenemos en Colombia, con una dolorosa tradición de beligerancia, sin que medie la compasión frente a población indefensa. Armas y dinero, en arsenales del narcotráfico, acumulación de bienes materiales y creencias obsesivas, alientan la duración del conflicto. Y no hemos tenido la capacidad de aclimatar la esquiva fórmula del "estado de derecho". La razón permanece en el exilio, entendida como constructora de argumentos confrontables en diálogos y debates para elaborar acuerdos con bases sólidas en la comprensión de motivos y consecuencias, hacia la coexistencia en la pluralidad.

Los intereses personales, de grupos y de multinacionales se imponen por “alianzas estratégicas” entre poderes. Los indicadores siguen mostrando que aumenta la concentración de riqueza, en detrimento de las mayorías en desamparo, sin darnos cuenta de que la vida en el planeta está en entredicho por la incidencia de actitudes humanas (contaminación ambiental, extinción de bosques y de especies...). O al notarlo se pensará que el problema es de otros, y que por lo pronto tendrá que gozarse de las riquezas acumuladas, en cruel individualismo, con la conformación de islas, a la postre barreras que se deshacen carcomidas por la descomposición que desde esos poderes se genera.

Hace algunos años en Colombia un magnate de la construcción, Pedro Gómez-Barrero, propuso que los poderosos, comenzando por él, entregaran el 25% de sus haberes para integrar un fondo de paz, en concordancia con proceso confiable que pudiera abrirse en el país para resolver el conflicto armado y la situación endémica de pobreza. Se trató de idea expuesta por alguien que estableció la "Fundación Compartir" para hacer escuelas que entrega funcionando a entidades territoriales, y premia maestros para incentivar la educación y emular entre quienes se dedican a ella. Cundió el silencio.

Pero le seguimos jugando a la guerra, sin alimentar procesos masivos de educación con calidez y calidad que permitan elevar de manera progresiva los niveles de lectura y comprensión, de racionalidad, de tal manera que la población sea menos manipulable, fortaleciendo en ella elementos de análisis para la toma de decisiones personales y en colectivo, sobre la base del discernimiento y del interés común, y no por halago del dinero fácil o de las armas. La dolorosa enfermedad sigue su fatal carrera, con la concentración de los poderes económico, político y religioso, en contravía de una formación laica en educación, con separación de respeto entre Iglesia y Estado.

Desde posiciones establecidas se continúa jugándole a las invocaciones cuasi-místicas de la felicidad, para el año que comienza y consecutivos, haciendo caso omiso en el poder, por ejemplo, de la eventual crisis económica advertida por analistas, entre ellos Stiglitz y Mário Soares.

Copyright ©Powered by Ciudadeje.com