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Los murales de Alipio


Acostumbro expresar que la Universidad de Caldas tiene singularidad mayor en haber surgido de las Artes, con escuelas de artes plásticas y música que le fueron muy anteriores y que hicieron parte de ella en los años cincuenta. Origen que de recordarlo daría pie para fortalecer aún más esas indispensables áreas del desarrollo humano.

En 1931 se estableció el "Círculo de artes industriales" con la dirección del maestro Gonzalo Quintero, en asocio de Alberto Arango-Uribe y José-Manuel Cardona, para ‘dar instrucción a quien la solicite en dibujo, ornamentación, modelado y en todo lo que sirva para aumentar el conocimiento de las artes’, como bellamente se expresó en Acuerdo del Concejo de Manizales de marzo de 1932. En 1939 una junta cívica puso en marcha el Conservatorio con los maestros importados Gonzalo Hincapié (tenor, formado en Italia) y Rina Silva (pianista italiana), esposos, con el producido de la venta de novillo donado por espectador en recital del maestro Hincapié para recaudar fondos. Y el asunto de las artes se puso institucionalmente en marcha, con los altibajos propios de un camino arisco, pero con inocultables logros de la Escuela de Bellas Artes, devenida por extrañeza en la figura de "facultad", palabreja más propia para otros menesteres.

Importante hacer notar que en el origen de la Escuela, en las dos áreas, estuvieron figuras formadas en Europa, con bagaje humanístico, que dotaron a los primeros alumnos para el trabajo arduo y en comprensiones de universalidad. Y se contó con grupo cívico de apoyo, altruista. Para conmemorar los primeros veinte años (1951) se realizó exposición de artistas caldenses de homenaje a uno de los fundadores: Alberto Arango-Uribe, en cuyo catálogo escribió su director, el maestro Gonzalo Quintero, reflexiones de especial validez, como al referirse a la misión del arte en tiempos críticos, para alcanzar ‘horizonte distinto al de la desvalorización del hombre’. Le concede al arte un poder genuino con capacidad de resarcir ‘gran parte de las equivocaciones de la humanidad’. Termina su nota proponiendo que el gobierno departamental emita decreto para establecer, de una vez por todas, el "Salón [anual] de artistas caldenses". En la exposición participaron 37 artistas por recordar en dibujo, pintura y escultura. De aquella nómina de exponentes de nuestras artes plásticas, quizá los dos mayores maestros han sido Guillermo Botero-Gutiérrez, en la escultura, y Alipio Jaramillo-Giraldo, en la pintura. Ambos con inicio en la incipiente escuela de la municipalidad y con despliegue para formación superior por Chile, Argentina, Brasil, Uruguay...

El asunto es largo de relatar, y en particular me interesa acudir a episodios que tienen que ver con el maestro Alipio Jaramillo (1913-1999). La obra de Alipio se ocupa en lo fundamental del hombre colombiano, en sus labores, en sus conquistas y en sus tragedias. Estando en Brasil, la Universidad Nacional de Colombia lo convocó en 1945 para realizar unos murales en su facultad de Derecho. La propuesta surge del decano Rodrigo Jiménez-Mejía. Obra que se elabora, y son motivo de aprecio a partir de 1948, pero en 1953, mediante oficio número 48, el decano de la facultad de Derecho y Ciencias Políticas, Jesús Estrada-Monsalve, ordena removerlos por estimar que en la facultad no tienen "ambiente adecuado". Hubo censura política, en condiciones nacionales que se desataron de manera más cruda con el asesinato de Jorge-Eliécer Gaitán en 1948 y el país quedó sumido en el horrendo período reconocido como "La violencia", que no termina.

Originalmente fueron veinte murales, cada uno con nombre (“Café”, “Despojo”, “La caña”, “La danza”, “La colonización”, “Masacre”, “La molienda”, etc.), ubicados en paredes del vestíbulo de la edificación de aquella facultad en Bogotá, con testimonios de la vida del campo en sus contrastes de labor intensa, de gozo en el amor y en la música, pero también de sufrimientos por la explotación y la violencia, elaborados al duco sobre tablas de aglomerados. La Universidad Nacional publicó en 1948 artículo descriptivo de las temáticas de ellos.

De manera cuasi-providencial nueve se recuperaron para la Universidad de Caldas, en Manizales, por intervención de Rodrigo Jiménez-Mejía y de Rodrigo Ramírez-Cardona, y los otros se perdieron, quizá destrozados por el fanatismo. En principio estuvieron distribuidos en pisos del edificio central, y luego por motivos de reparación fueron a dar a un sótano, y en el rectorado del eminente humanista Guillermo Arcila-Arango (mediados de los años 70), se rescataron bajo el liderazgo de la directora de Bellas Artes, Livia González, y del maestro Jaime Valencia, e instalados en la Biblioteca Central. Allí permanecieron, a pesar del continuo deterioro, hasta el 2002 cuando intervine como rector para el nuevo rescate, al contratar a experta restauradora, la maestra Blanca-Victoria Maldonado, seleccionada por el Ministerio de Cultura. Por recomendación de ella se instalaron, una vez restaurados a plenitud, en el "Auditorio Ernesto Gutiérrez-Arango" de la facultad de Ciencias para la Salud.

Alipio tuvo influencia de los muralistas mexicanos, en especial de Siqueiros, con quien trabajó en Chile y en México. Significativo detalle es su diploma de grado como "Maestro de dibujo" (1940) de la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, firmado por el Ministro de Educación Jorge-Eliécer Gaitán, por el rector magnífico Agustín Nieto-Caballero, y por el director de la Escuela de Bellas Artes Ignacio Gómez-Jaramillo, tres personalidades protagónicas en la vida del país.


[“La Patria”, Manizales, Col.. 12.VII.09]

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