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ISSN 0120-0216
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Diario entrecortado - Argentina 2006


[Lo escrito en este diario, del 12 al 23 de octubre, se me borró en la Palm TX... ¡Qué vaina!... Pero el mundo sigue andando]

24.X.06
Salimos en busca del Museo Nacional de Bellas Artes, en el sector de La Recoleta. Vamos caminando por la avenida Santa Fe, calle Libertad hasta caer en la avenida Quintana, con remate en la Plaza Francia, el Centro Cultural Recoleta. Visitamos el cementerio histórico de la Recoleta, con toma de fotografía en el mausoleo 74 donde se supone está la tumba de Adolfo Bioy Casares, puesto que no hay placa que  la identifique, pero si referencia en el mapa que orienta la visita.
Tomamos fotografía de la gigante flor mecánica en el "Parque de la flor", distrayendo tiempo para llegar al Museo que lo abren a las 12:30 y justo a esta hora llegamos a la puerta de ingreso, la que abren. Visita a buen paso: en piso bajo se encuentra rica colección universal (ver libro-guía). En el primer piso (segundo nivel) se encuentra amplia colección de la plástica argentina, y el siguiente dedicado a la fotografía.
De salida tomamos taxi para regresar al hotel y almorzar en Natasha. Al pasar por enfrente de escultura grande de Fernando Botero, le pido al taxista que regrese por el otro carril para estar cerca y tomarle fotografía. Se trata del "Parque Carlos Thays", por la avenida Libertador. Ingresamos caminando al parque y tomamos tres fotos, dos de frente, a contraluz (Livia en una y yo en la otra) y la tercera por atrás con el fulgor del sol en ese cuerpo descomunal, tronco de mujer.
Observo que Livia ha estado en este día un poco baja de energía, quizá por el desproporcionado calor que sobrepasa los 30 grados, y en la tarde ascendió a los 35, con anuncios de lluvias y tormentas para la noche, con descenso de temperaturas a 18 o 19 grados en los tres días siguientes.
Al revisar el periódico "Clarín", encuentro artículo con síntesis de informe elaborado por la Unesco y la OEA ("Informe sobre tendencias sociales y educativas en América Latina 2006"), donde se dice que  Argentina es líder latinoamericano por sus indicadores educativos (ver recorte de páginas). Comienza el artículo diciendo: 'La Argentina se ubica -junto con Uruguay y Chile- entre los países con mejores indicadores educativos de América Latina vinculados con los aspectos sociales: menores índices de analfabetismo, mayor nivel de escolarización, acceso y permanencia en el sistema. Pero al mismo tiempo se están frenando esos progresos, que difícilmente alcanzan a la población mas pobre."
A las seis de la tarde nos encontramos con la profesora, eminente escritora de ensayo y poesía, Graciela Maturo, en cafetería próxima al "Centro cultural San Martín", departimos en diversos temas sin mayor trascendencia. Luego asistimos al encuentro de poetas, en encuentro internacional, y escuchamos algunas lecturas, ninguna con muestra de escritor deslumbrante.

25.X.06
Viajamos temprano, a las 8 am, a La Plata, a encontrarnos con Graziella y Douglas Zufriategui. Este nos espera en el terminal de ómnibus, con exactitud. Tremendamente frío el día, pero nos movemos con ellos por la ciudad, en coche que alquilaron para ese propósito, pero antes estamos un rato en su apartamento, conociéndolo en sus detalles y las curiosidades que conserva Graziella en su colección de muñecas, platos de cerámica, tejidos/bordados, algunos heredados de la mamá, fotografías, etc.
La primera visita que hacemos es a la librería del usado "Libros Lenzi", en la Diagonal 77 e/6 y Plaza Italia, con la gran sorpresa de encontrar una suculenta librería, bien organizada y con catalogación digital. Consulto por algunas colecciones de otro tiempo: "Grandes ensayistas" de Emecé, y "El pensamiento vivo de...", de Losada. Atiende la pareja de propietarios, cordiales e informados, en especial él, hombre entrado en años, vital, pelo y barba blancos, quien se mueve como pez en el agua en ese ambiente provocativo, con sótano atestado de maravillas.
Con despacio recuperamos y adquirimos los siguientes libros: "El pensamiento de Unamuno", de S.Serrano Poncela, en Breviarios del Fondo de Cultura Económica (México, 1953), libro que tiene un sello del propietario que era: "Prof. Omar Argerami/ Cno. Gral. Belgrano 400 - La Plata". De la serie "El pensamiento vivo de...", los siguientes:  "... Pascal", con prólogo y selección de François Mauriac (segunda edición, Buenos Aires 1945); "... Freud", preparada por Roberto Waelder (segunda edición, Bns.Aires 1947); "... Cossío", preparada por Luis A. Santullano (1a. edición, Bns.Aires 1946); "... Juan Luis Vives" (Bns.Aires 1944); "... Rousseau" (3a. edición, B.A. 1945), y "... Kant", preparada por Julien Benda (2a. edición, B.A. 1945).
Y de la colección "Grandes ensayistas" (dirigida por Eduardo Mallea) de Emecé Editores, adquiero en tres tomos "La cultura de las ciudades", de Lewis Mumford (B.A. 1945). Costo total: 120 pesos argentinos, pero el señor propietario los dejó en 100.
Luego recorremos la ciudad en medio de tenue niebla, cielo gris y llovizna persistente. Visitamos la Catedral, de arquitectura gótica, con espacios de museo  donde se aprecian al descubierto gruesas columnas circulares en ladrillo, y demás detalles propios de la edificación en su historia. También visitamos el "Museo de la Plata", con rica colección de Paleontología, desde antiguas manifestaciones de vida hasta las más recientes. Restos de plantas fósiles, trilobites, moluscos (amonites) y peces acorazados de la era Paleozoica. Calco de uno de los antrópodos más grandes encontrados, de 290 millones de años. También el museo dispone de restos de "helechos con semillas" y vertebrados como los mamiferoides. Están  dinosaurios del Mezosoico ("Edad de los reptiles"). En una sala  especial se exponen ejemplares originales de mamíferos de la era Terciaria; es una de las más importantes colecciones del Museo, conformada por gliptodontes, perezosos gigantes, megaterios, macrauquenias, toxodontes y esmilodontes (tigres de dientes de sable), entre otros.
Estamos de regreso en el hotel de Buenos Aires pasadas las cinco de la tarde. A las 7 llegamos a pie al sitio del Festival de poesía, para escuchar algunas lecturas. La observación persiste: curiosidades nada más, sin aparición de por lo menos un poeta que estremezca por el tono de su creación... Seguimos a la espera.

26.X.06
En la mañana salimos sin mucho ánimo de emprender larga caminata, puesto que Livia amaneció con descompostura del estómago: está un tanto fatigada. Entramos a "Galerías del Pacífico" en busca de un agradable sitio para revisar la prensa ("El Clarín" que compramos) y tomar un té de boldo. Luego pasamos por las tiendas Falabella en busca de algunas camisetas para regalos faltantes (Mariela, entre otras). Regresamos cerca de las dos de la tarde con parada en el restaurante Natasha a almorzar, para comer cosas suaves. Al cruzar por la avenida encontramos una manifestación de la CCC, con pancartas y tambores ocupando la mitad de la vía (me atrevo a tomar tres fotografías): una gran pancarta que encabeza tiene la leyenda: "D E S O C U P A D O S/ C C C/ M A T A N Z A", en tres líneas, con letras azules.
Llegamos al hotel para una siesta, y para Livia tener mayor reposo, puesto que no pretendiendo tener caminata larga resultó prolongada, con sol que subió de nuevo (con temperaturas del orden de los 19 grados), puesto que ayer estuvo gris, lluvioso de temperaturas bajas.
Son las 4:05 de la tarde y Livia sigue de reposo en la cama, con sueño fácilmente conciliado.
Luego acudimos a la droguería de la esquina y el chico que nos atiende con amabilidad recomienda los siguientes medicamentos que compramos: 1) para el dolor de tripa, dice, "Sertal Forte" y 2) el antidiarreico, "Custey Loperamida". Estos medicamentos traen el papelito de las explicaciones correspondientes a posología, componentes, restricciones, etc. Livia consume de inmediato el para el dolor, y a la hora el antidiarreico, con buenos resultados.
Asistimos a las 7:00 pm a la sesión última del Festival de Primavera, con mi lectura prevista. En general bien, con otros dos acompañantes en la mesa, además de la presentadora: una chica uruguaya, joven, de excelente poesía y lectura grata, y el poeta negro del Ecuador, Antonio Preciado, de recitación entonada y un tanto teatral, con absoluta memoria para decir sus poemas oratorios.

27.X.06
Madrugamos a las 5 de la mañana, desayunamos a las 6 y salimos para Puerto Madero poco antes de las 7, para abordar el buquebús que nos conduce a Montevideo. Trámites ágiles, y espléndido el medio de transporte. Buen sitio, con ventana al lado.
Vamos en el buque Juan-Patricio y ya han dado las instrucciones de seguridad. Compro diarios de hoy: "La Nación" y "Clarín", los cuales repaso, encontrando entrevista a Mercedes Sosa, quien cuenta de sus ambiciones y de sus dolencias físicas, con señalamiento de la falta de humildad de algunos intelectuales y artistas, como en el caso de García-Márquez, que fue lanzado en Argentina y no quiere regresar, dice ella.
Encuentro editorial de "Clarín" con el título "Dos caras de nuestra educación" con referencia al "Informe sobre tendencias sociales y educativas en América Latina 2006", elaborado por el "Instituto internacional de planeamiento de la UNESCO" y la Organización de Estados Americanos, OEA. Se hace referencia a la posición de privilegio que ocupan en América Latina países como Argentina, Uruguay y Chile, por su bajo nivel de analfabetismo y la alta proporción de población con escolaridad primaria y secundaria completa. Se señala también el progreso que ha habido pero con la anotación de lo lejos que se está de los indicadores de los países desarrollados. Por otra parte señala que en ese estudio no se evaluó la calidad de la educación.
El editorial anota: "Detrás de las estadísticas referidas a nuestro país se esconden realidades como la fragmentación de la educación y la desigualdad de las ofertas  que se brindan. La escuela pública perdió su uniformidad y en las geografías más afectadas por la pobreza es donde se suele brindar el servicio más deficiente./  Se asiste, de este modo, a una creciente pérdida de la capacidad transformadora de la escuela pública. La meta, entonces, debe ser extender la escolaridad, jerarquizar la docencia y la investigación. Igualmente importante es mejorar la calidad de la enseñanza, reforzar la función democrática e igualadora de la instrucción pública y promover el desarrollo y la innovación científico-técnica."
Por el altavoz anuncian que ya entró en pleno funcionamiento el motor que faltaba y que la velocidad de crucero se ha alcanzado.
El viaje es tranquilo, cruzando el río de La Plata, con extensión de mar, bajo cielo gris y lluvias intermitentes, con duración de 3 horas y media. En Montevideo hay una hora adicional a la de Buenos Aires. Nos instalamos en el hotel Lancaster, en la Plaza de Cagancha o Plaza  Libertad (en razón de estatua que significa la paz, hecha por José Livi, escultor nacido en Carrara, Italia. La plaza fue abierta en 1928), en la habitación 42, cómoda. Salimos a buscar sitio de almuerzo y en cercanía encontramos uno que nos seduce: "Café Central" en la avenida 18 de julio No.1122. Comemos sabroso con dos platos distintos y entrada común en suflé de zapallo, con costo total de 13 dólares ambos.
Como a las 3 y 30 de la tarde salimos en taxi a visitar a Mirta Negreira-Lucas, que es el motivo fundamental de nuestro viaje a Montevideo. Ella fue maestra en ejercicio cabal, y esposa de nuestro escultor Guillermo Botero-Gutiérrez. Vivió en Manizales desde comienzos de los años sesenta hasta la muerte del ámese en 1999. Se radica de nuevo en Montevideo y recupera la vida en la antigua casa en Shangrilá, construida por ambos en 1953. El lugar está a 30 o 40 minutos del hotel, con curiosa dirección: "Avenida de las Américas, manzana 47, solar 23, entre Génova y Gestido, departamento de Canelones".  Al llegar nosotros, Livia se adelanta para acceder a la puerta de reja y como si la receptora presintiera, se encuentran en ese lugar, sin ninguna señal previa de tocar a la puerta. Grandes abrazos, con lágrimas de emoción.  Está casi ciega, y con limitaciones fuertes en el cuerpo, sinembargo se desplaza sola con gran conocimiento de rutas y sitios exactos en la casa, aun con el manejo de llaves que identifica por detalles de las mismas. Camina con grandes dificultades, y no se cansa de repetirnos la alegría de vernos otra vez, la primera desde su salida de Manizales, hace poco más de seis años. Después de breve pausa para sobreponernos a la emoción recíproca, hacemos recorrido por la casa, que conocíamos por un video que llevó el maese después de uno de sus últimos viajes. Mirta nos guía, titubeante, pero certera al orientarse por rutas, objetos, paredes,... presentes en su memoria. Tomo fotografías de todos los instantes y de cada lugar de la casa, en especial de paredes y repisas donde permanecen obras del maese: cerámicas de su serie de personajes populares, sin nombre, entre estos un Quijote que al despedirnos Mirta le regala a Livia. Una bella cabeza de mujer joven, terminada en esmalte verde oscuro, que fotografío sin flash en varios momentos, para registrar los matices de la luz que incide en el interior de la vivienda. También tomo foto de pinturas en puertas de aparador, de una pareja en conjuntos de  baldosas, etc.  Al llegar al patio de atrás, con prados, matas de flores y árboles, ella nos describe la vegetación: dos robles sedosos, grandes, sembrados por el maese en 1953, un manzano bellamente florecido, una pitanga (árbol nativo con fruto comestible) a punto de florecer, el árbol de Artigas, así llamado porque en uno de esos se ponía a la sombra el héroe nacional en medio de las persecuciones (no recuerda el nombre propio), tres espumillos, de flor rosada, una hortensia frondosa, geranios, una ave del paraíso, etc.
Livia le hace entrega de los presentes, con cartas y tarjetas, que le enviaron Armando Ramírez y Beatriz, Bertha Botero de Gutiérrez, Heriberto y Mónica, Amanda y Mariela, las señoras del costurero de doña Ligia... Livia los entrega uno a uno, con las referencias del caso y la lectura del envío. Ella se estremece con lágrimas, al oír los relatos de Livia que acompañan cada entrega.
Cerca de las seis de la tarde, nos ofrece un Té, que ella misma prepara, sin dejarse ayudar para no perderle ubicación a cada cosa. En la mesa seguimos conversando sobre tantos recuerdos de personas y lugares. Faltando 20 minutos para las 8 'de la tarde' salimos en taxi de regreso al hotel, que ella mismo intentó pedir por el teléfono, pero sin conseguir acertar en los tres intentos que hizo; accede al apoyo de Livia quien acierta, conducida por el dictado de los números de la empresa del sector, a la que ella acude para las citas médicas que cumple con regularidad.
La despedida es tanto más dramática que el saludo de reencuentro: lágrimas profusas, muestras de dolor en el rostro de Mirta, a quien se le ahogan las palabras de despedida.
Luego Livia y yo coincidimos en apreciaciones de la situación de Mirta: grandes limitaciones físicas corriendo riesgos enormes en cada momento, con vida en soledad (apenas una auxiliar la acompaña cada mañana, desde temprano hasta las 10 am, y luego sola, completamente sola el día y la noche, pero con vida asumida, más que con resignación, con valor. No favorece el ayudársele, por no perder continuidad en el conocimiento de los lugares de la casa y en la ubicación de cada objeto, puerta, etc.  Habiendo conocido por años a Mirta en Manizales, puede comprenderse la línea continua en el ejercicio de su autonomía: no hace tragedia de su situación de decadencia senil, y la reciedumbre campea en su continuo sobreponerse a las limitaciones. A tientas va solita a cumplir cada labor de soporte y sustento. 
La vida tiene su sesgo de inclemencia, bajo la conciencia plena del decaer de la vida, como si el agua fresca escapara de las manos. Terminamos la reflexión diciéndonos con la pregunta: ¿Qué nos esperará en la vida hacia los años del inexorable declinar?
En la noche caminamos un poco por la avenida 18 de julio y nos topamos con magníficas librerías, en especial la llamada "Puro verso", que recorremos con rapidez en su interior, con la promesa de visitarla mañana sábado con detenimiento, para tomar también algunas fotografías.

28.X.06 (sábado)
Dispuestos para los ajetreos del día, lo primero que hacemos es visitar a "Puro verso", con dependientes amables. Pido permiso para tomar algunas fotografías, y sin reserva alguna aceptan. De mi cuaderno con los registros de libros a buscar, consulto por varios, y encuentro dos que adquiero: "La mano del teñidor (ensayos sobre cultura, poesía, teatro, música y ópera)" de W.H.Auden, en Adriana Hidalgo editora, y "Memoria para el olvido" de R.L.Stevenson, en edición de Alberto Manguel, con el sello de Siruela. Y en estantes de libros de otro tiempo (o usados) encuentro la "Antología de aire nuestro" de Jorge Guillén, en la colección "Biblioteca clásica y contemporánea" de Losada (Buenos Aires 1971, de edición de 1961).
Luego, por la avenida 18 de julio, en la dirección de la escollera, emprendemos la busca de "Sarandí", cruzando la Plaza Independencia, con el monumento a Artigas, y la Plaza Matriz o Plaza Constitución, con la Catedral y el Cabildo en su marco. Sarandí es mercado en calle peatonal, con artesanías y antigüedades. Livia encuentra un puesto con cajitas de cáscara de naranja, comprando una para llevarle a la médica Ángela-María, también una mariposa de nácar montada sobre lámina metálica dorada, como prendedor, que compra para ella, y una vajilla diminuta de porcelana para Amanda. La recorremos toda y regresamos en busca de un sitio de pausa, que encontramos cerca para un café con pastelillo. Tomamos una botella de agua natural, con curiosa etiqueta: Nativa, la marca, sin gas, con presentación que dice: "Pura. Silenciosa. Cristalina. El agua Nativa reposa una siesta mineralizante en su lecho de dolomita, en lo profundo de la Sierra de las Ánimas, desde donde surge liviana, equilibrada, hipotermal e inobjetablemente natural, un regalo de vida de la naturaleza a nuestro cuerpo" (sic). Luego caminamos de nuevo hasta el hotel, y más tarde almorzamos, como a las 2 p.m.  Después de pasar por el hotel para el consabido lavado de dientes emprendemos otra caminata para visitar el "Museo Nacional de Artes Visuales". En el mismo hotel nos instruyen para que vayamos por la Rambla República Argentina y Rambla Presidente Wilson, lo cual hacemos: lugar espléndido, con el río-mar al lado y bello sol, con cielo azul. Registramos el paisaje en fotos. En cierto momento observamos unas aves negras apostadas en rocas cerca de la orilla; preguntamos a un señor que tomaba el sol por el nombre de ellas, y nos dijo que popularmente se les reconocía como "patos maraguyones". Llegamos al Parque Rodó, bien dispuesto y concurrido. Tomamos fotos del monumento y seguimos para el Museo, que encontramos agradable con espacios interiores generosos y bien dispuestos con colecciones del museo: Juan-Manuel Blanes (1830-1901), Pedro Figar (1861-1938), Joaquín Torres-García (1874-1949), Rafael Barradas (1890-1929),... Adquirimos tres números de suplemento especial del diario uruguayo "El País" en conmemoración de los 75 años del Museo, con amplia información.
Regresamos en taxi al hotel, vemos la prensa del día, en la que encontramos dos escritos sobre educación: columna de Marta Maffei, en "Clarín" de Buenos Aires, con el título: "Educación: no basta una ley", y editorial de "El País" de Montevideo titulado "Prioridades educativas" (llevamos los recortes). De igual modo revisamos el suplemento cultural "Ñ" de "Clarín" donde aparece entrevista a la joven ganadora del "Premio Clarín de Novela", Betina González (34 años), titulada "Arte menor", otorgado por jurado que integraron José Saramago, Rosa Montero y Eduardo Belgrano-Rawson. (Llevamos los recortes de prensa).

29.X.06
Nos levantamos a las 7 para cumplir con la cita de las 8:30 de salida al "City tour" por Montevideo. El ómnibus llega pasada esa hora, y salimos sin más pasajeros que nosotros dos, al precio de 15 dólares cada uno. La mañana gris y lluviosa. El guía nos va señalando cada lugar con elementos de historia. Nos indica que los árboles predominantes en la ciudad son los "plátanos", así llamados, pero bastante diferentes de los nuestros, no nativos, traídos de Europa. Son frondosos y de hojas pequeñas un tanto palmeoladas. También hay jacarandá. Visitamos el centro histórico, repasamos por la avenida 18 de julio la Plaza Independencia con el monumento a Artigas (debajo están sus restos), Y la Plaza Constitución, también llamada Plaza Matriz. Vemos de nuevo la Peatonal Sarandí, visitada ayer con detenimiento.
El guía nos indica que la avenida 18 de julio comienza en la Plaza Independencia y termina en el Obelisco, con tres figuras en bronce, que representan tres valores sustantivos de la Constitución: fuerza, libertad y ley.
Visitamos el centro histórico, un tanto despoblado, y continuamos por diferentes barrios. Vemos el Parque El Prado, con el riachuelo Miguelete, el Jardín Botánico. Vamos por el Bulevar Artigas, vemos la Plaza Ramírez, próxima al Parque Rodó. El bulevar Rambla (o malecón, como se llama en otras partes) que es uno solo, con nombres por tramos, tiene el nombre genérico de Naciones Unidas. El guía hace la observación que la palabra RAMBLA proviene del árabe.
Observamos el Monumento a la Carreta, que representa el medio primigenio de transporte (nos recuerda al Monumento de los Colonizadores, en Manizales).
Visitamos el bario Carrasco, el más residencial de todos, y en la avenida Italia del mismo encontramos lujosa casa de la embajada de Colombia (fotografías de fachada y del escudo).
En la Plaza de la Armada o Plaza Virgilio, descendemos para recorrerlo con paraguas y fotografiamos la escultura de la supervivencia, que representa al hombre tratando de  sobrevivir a la fuerza del mar. Tomamos también desde allí panorámicas de Montevideo, con escena del río-mar.
Vemos en el camino algunas esculturas figurativas del artista José Luis Zorrilla de San Martín, hijo de Juan Zorrilla de San Martín.
Al terminar el recorrido, convenimos que nos dejen en la calle Tristán Narvaja, con feria en la calle de frutas, verduras, libros y antigüedades. Hay como 20 librerías en no más de 4 cuadras, en general del libro usado. Formidables. Las fotografiamos en su interior, y algunas en sus fachadas. También llevamos panorámicas de la calle.
Luego caminamos al hotel, vamos a almorzar con carne jugosa, ensalada de lechuga, zanahoria y remolacha, con acompañamiento de medio litro de vino clarete y tempranillo (siguiendo las recomendaciones que nos dio Anielka en Manizales) y hacemos una suculenta siesta. Al reponernos, llamamos a Mirta para la despedida: intercambio de plácemes por el encuentro, repaso de gratitudes  recíprocas y manifestación de nuestro deseo de volverla a ver el año próximo, en caso de concretarse anuncio de invitación a Chile (haríamos paso obligado por Montevideo, por algunos días). A las cinco de la tarde liquidamos en el hotel y partimos para el puerto en busca del buquebús (llegamos con tres horas de antelación). Aprovechamos para tomar algo de agua, y un té de boldo, con pastelillo. Y para escribir este registro.
Al ponerse en marcha el buquebús, Livia va a comprar lo de comer: emparedados de jamón y queso, con agüitas de boldo y yerbas digestivas, para cada uno.
Nos queda la espera de las tres horas de viaje, con algunas lecturas de por medio, y quizá, de poderse, un sueñito.
En algo conciliamos el sueño, por breve período, puesto que las sillas no permiten echarse para atrás, auncuando en general los espacios son cómodos, amplios al medio, sin sillas, donde la gente se sienta en el suelo a conversar y las mamás distraen a los niños con juegos y carreras. Recorremos el "shopping", para observar las mismas ofertas, con chaquetas y suéteres de buena condición, pero sin comparación para los precios. Los productos digitales magníficos, para oír música, audífonos, 'cuchuflíes' para puertos USB, etc., etc.  Damos por separado cada uno su paseillo, para no dejar el equipaje solo. Y a propósito, el equipaje está constituido por la bolsa azul de la mola, la mochila arhuaca de la Sierra, la bolsa negra con la identificación en blanco de la Universidad Técnica de Aachen, el maletín café, y una bolsa de plástico donde va con cuidado el grabado de Bertrand Russell.

30.X.06
Último día de nuestra permanencia en este viaje. Un poco cansados y con deseos de regresar a la casita. Salimos en la mañana a caminar un poco, sin rumbo fijo. Caminando decidimos ir a la Plaza de Mayo. Vamos por la avenida 9 de julio en el Obelisco nos orientamos por la Diagonal Norte hasta el  sitio objetivo. En la Plaza de Mayo merodeamos y tomamos fotografías. La curiosidad son las palomas que se asientan sobre manos y hombros de las personas que les ofrezcan maíz, vendido por persona en el lugar. Primero una señora da la sorpresa en esa labor, luego un niño entra en el juego, persistiendo en la amistad con las palomas, con el ofrecimiento del grano, hasta llega a cogerlas con cariño y soltarlas sin ninguna travesura. Luego Livia me pide hacer lo mismo, y me toma fotos. En réplica le pido a ella hacer lo propio, con la respectiva foto.
De regreso entramos al célebre "Café Tortoni", con el ánimo de recrearnos un poco en ese ambiente histórico-cultural. Después vamos en busca de almuerzo, pasada la una de la tarde, al ya usual para nosotros restaurante "Natasha". De paso, por la calle Suipacha encontramos la librería Alberto Casares, entramos y adquirimos en promoción (5 pesos arg.) "Tocar el agua, tocar el viento", obra de Amos Oz, en editorial Pomaire, y decido subir por escalera tambaleante hasta descanso de remate, para ver ejemplares de la "Revista SUR", no alcanzo a permanecer mucho rato, por susto, y apenas escojo un ejemplar, la número 321, con trabajos de José-Luis Romero, Alberto Girri, Juan Goytisolo, María Zambrano, entre otros; lo adquiero: me piden 35 pesos arg., pido rebaja y queda en 30. Salimos con ambas adquisiciones.
Al término del almuerzo vegetariano vamos al hotel para hacer siestecilla, e ir planeando el despegue de retorno. En la mañana Livia consiguió por teléfono que Avianca nos cambiara el itinerario Bogotá-Manizales, del 1 de noviembre, como estaba, por el 31 de octubre, a las 4:30 pm. Es decir, esperamos llegar ese 31 directo a nuestra casita en la ciudad de nosotros.
Tenemos invitación de un té con Graciela Maturo, a las 5:30 de la tarde, en el café "La Biela" en la Plaza Recoleta. Nos encontramos con la puntualidad que le caracteriza a ella, y a nosotros. Recorremos los entornos y tomamos fotografías del viejo árbol próximo, de nombre "Gomero", plantado en 1830 por los hermanos recoletos, y el sector se llama "La Recoleta", ya visitado antes por el cementerio, el parque y el centro cultural. Árbol de gran cobertura, con brazos extendidos, soportados en columnas de madera como soporte. Su imagen a distancia es imponente.
Ya en el café "La Biela", Graciela nos cuenta un poco la historia del lugar, que ha sido centro de reunión de intelectuales, artistas y gentes del común. Recuerda que a ese lugar acudía Sábato a escribir. Pronto se tocan con ella temas de calado: su persistente apego a la tradición del Humanismo, con bastiones en Sócrates, en Erasmo, en Montaigne...  A saltos se pasa de un tema a otro. En algún momento alude a Bachelard, por haber encontrado en libro mío un epígrafe con frase suya, para decir que él llegó a la Fenomenología a mitad de camino de su obra. Lo valora como creador, en el sentido poético, y por la filosofía que acompaña todos sus escritos. Y lo alude por su formación integradora en ciencia y humanismo.
Graciela nos entrega dos libros más suyos, y una artesanía en cerámica, vasija un tanto plana, bella, para lucir en mesa o mueble visible de nuestra casa.
Tomamos el té con tostadas de acompañamientos, untando mermelada de "frutilla" (así llaman aquí a las fresas de nosotros) y queso blanco, como en estado de preliminares.
A las siete de la tarde salimos acompañándola a tomar autobús que la lleva a su residencia, y nosotros para abordar taxi hasta el hotel. Ya aquí Livia da los últimos detalles en los equipajes de retorno, para echarnos a la cama a las 10 de la noche, e intentar dormir, con levantada a las 3 de la mañana, y salida al aeropuerto a las 4.

31.X.06
Como estaba previsto, timbra el teléfono-despertador a las 3 de la madrugada. A buen ritmo nos alistamos, y a las 4 en punto salimos en "Remis" para el aeropuerto de Ezeiza. Una vez aquí emprendemos los trámites, sin dificultad alguna, siguiendo los pasos de registro en el "counter" de Avianca" (con recibo de equipaje aforado hasta Manizales y entrega de los pasabordos), el pago de los impuestos de salida (18 dólares por cada uno) y acceso por migración al área de embarque, con destino a sala 2. Livia aprovecha para hacer trámite de reintegro de iva, por algunas compras en lugares de "tax free", y lo consigue por decisión personal, que yo acompaño mudo y en el segundo plano. Como nos quedaron pesos argentinos disponibles, hacemos recorrido por el "shopping", primero desayunando en cafetería de muy lenta atención. Livia compra una caja grande de alfajores argentinos, y luego de cinco cajas de chocolatas de la Patagonia. Aún así sobran pesos que cambiamos en el respectivo lugar, con resultado de 20 dólares.
Tranquilos, con poco equipaje de mano, nos sentamos en lugar de sala 2 y pronto llaman a abordar. Quedamos de últimos, porque la funcionaria receptora en el "counter" no pudo chequearnos en vuelo de hoy Bogotá-Manizales, a pesar de Livia haber hecho diligencia ayer por el teléfono con la empresa. Con cortesía nos pidió esperar para conseguir los cupos, los que al final se nos concedieron, en la proximidad de la puerta de abordaje, pero tuvo también, la gentil funcionaria, de haber aforado las dos maletotas directamente a Manizales, sin tener que reclamarlas en Bogotá.
Bien sentados en el avión, a la hora establecida este boeing emprende vuelo. Tomo algunas fotografías desde el aire, con sectores de Buenos Aires, comenzando por detalle del terminal de Ezeiza.
Y aquí seguimos en el vuelo, soportando con tranquilidad, y algo de frío, este vuelo de seis horas. Livia lee la bella novela de Amos Oz que compramos ayer, en promoción, en la librería de Alberto Casares, que lleva por título: "Tocar el agua, tocar el viento", de la cual queda atrapada desde las primeras líneas. Yo leo a saltos algunos ensayos, artículos, poemas, del ejemplar de  la Revista SUR comprada en igual lugar ayer (la No.321, de noviembre/diciembre 1969; entre ellos un artículo  muy ilustrativo de esos dos colosos de la aquitectura que fueron Walter Gropius (1883-1969) y Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969).

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