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José Saramago en el filo de las apuestas

He concluido la versión 17 (II, 2010) de la "Cátedra Aleph", con quince sesiones, en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, dedicada en esta oportunidad a leer con entusiasmo parte de la obra de José Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998, en especial su trabajo periodístico (1969-1972) en el diario “A Capital” y en el semanario “Jornal do Fundao”, reunido en volumen con el singular título: "Las maletas del viajero", entreverado su estudio con la  poesía, polémicos ensayos y entrevistas. Los 22 alumnos, congregados en la mañana de cada martes en el "Aula del estudiante de la mesa redonda", contribuyeron a examinar, en libertad, ideas del insigne escritor, un hombre que estuvo vinculado a posición ideológica, por lo simbólica, sin sumisión a jerarquías de partido o de Estado, con despliegue de estudio y creación, sin fatiga. Librepensador emblemático.



Sesión de clausura de la “Cátedra Aleph”, versión 17 (UN-Manizales, “Aula del estudiante de la mesa redonda”, martes 9 de noviembre 2010): Paula Andrea Baena, Tatiana Bedoya, Maria Alejandra Charfuelan, Héctor Fabio Collazos, Johana Katerine Corredor, David Alexander Duque, Cristhian Gabriel Eraso, Yiddish Jesús Gahona, Yeison Andrés Girón, Camilo Guarín, Leidy Johana Hernández, Wilmar Hernández, Diana Minerva Idárraga, Luis Mauricio Jaramillo, Cristhian David Jojoa, Leidy Johanna López, Jonathan Moncada, Yohiner Moreno, Juan Carlos Ojeda, Juan David Ramírez, Juan David Ramírez Gaviria, Martha Mireya Tibaduiza, y Carlos-Enrique Ruiz (profesor).

Saramago nos dio de nuevo la oportunidad de explorar ese fascinante mundo, con derroche de poesía y racionalidad al considerar problemas contemporáneos. Su pensamiento no esquiva la responsabilidad con la justicia y la libertad, de existencia tan precaria. Se trata de artículos breves, aun ensayos cortos, joyas de la escritura y el pensamiento. Especial atención nos merecieron dos de ellos dedicados al acto de la creación en “El taller del escultor” y en el espacio del escritor (“Una carta con tinta de lejos”). El autor discierne sobre el proceso casi siempre angustioso de la creación, con los silencios, los titubeos, las frustraciones, incluso con el deseo de huir, en medio de cierta necesidad de esculpir, pintar, hacer bocetos, o de escribir, o de hacer música, pero sin dar, a veces en tiempo prolongado, con el asunto de concretar.

El taller del artista es motivo de descripción poética, con persona de espíritu anhelante, sumergida en un mundo de extrañezas y vicisitudes. La tensión en la que se encuentra inmerso en esos momentos, puede conducirlo a situaciones álgidas, para luego, con persistencia y gran esfuerzo, vislumbrar el camino, y alcanzar sorpresiva expresión. Pero no tanto por la inspiración, sino por la historia personal de estudio, meditación y trabajo.

Al artista plástico Saramago parece verlo sorprendido cuando "los sonidos caen dentro de él de un modo redondo, líquido". Y en la fase de los bocetos, la mano se despliega en la mesa de trabajo con lápiz, plumas, carboncillo y pinceles para poner en marcha la imaginación, hasta conseguir los trazos "con un movimiento breve o largo, pero segurísimo como un estoque". En el taller, el creador forja ilusiones de papel y agonías en cuerpos y rostros de cerámica, o piedra, o madera, o metal. El resultado final, figuras labradas en materiales ansiosos de vocación, que enfrentan la música en el silencio desprovisto de cautiverio. Esas formas quietas en el aire rememoran los esquemas de antecedentes por cumplir, en la dura lucha con proyectos y materiales. La escultura y la pintura se erigen en desafío de cualquier otra posibilidad, en el ritmo que atrae fuerzas ocultas de la naturaleza, y de manos con suspiros o evocaciones en el agua.

Saramago considera al escritor ubicado en el interior de un inmenso cubo, con una descomunal hoja en blanco, y dos manos vacilantes, rodeado de un desierto. Su situación es similar a la del escultor: hay tensión y deseo de hacer algo significativo, sumergido en un vacío, como isla de un mundo caracterizado por el ruido y la ramplonería. Piensa que en el escritor estarán los signos de una humanidad que se va volviendo más imprecisa, dando a entender que en su condición queda plasmado el testimonio de sociedad y de época, mientras en ambientes generalizados se desdibujan las ideas, los temas y las inquietudes de la Cultura.

¿Cómo y para qué llegar al lector y a los visitantes de exposiciones?, problema que contrasta con las angustias de las mayorías por sobrevivir en condiciones  precarias. El escritor podrá no ocuparse del espinoso asunto, y sinembargo su obra encontrará sus merecidos ámbitos, desde los más modestos hasta los de "gloria", siempre transitoria y vana, en ocasiones con trazos testimoniales, impensados, de los entornos. Saramago conservó escepticismo, realismo desapacible, frente al eventual eco de las obras de creación humana, así se tratare de las más significativas, porque al final nada queda.

Podría ocurrir en caso extremo, previsto también por Saramago, que el creador no consiga plasmar nada, y entonces haga, con sus soportes y elementos de labor, los bártulos del caminante, para ponerse en retirada, con la mira puesta en nuevos horizontes, por un desierto, sin descartar encuentros con otras personas, nómadas o peregrinos, que puedan suscitarle preguntas y de esa manera ir hilvanando la comprensión de su situación personal.

El acto de creación en el artista plástico, en el escritor de oficio y en el músico-compositor, es un misterio, sujeto incluso a explicaciones científicas y especulativas. Lo que sí puede asegurarse es que no bastan las ganas; es indispensable la formación tenaz, el temple de espíritu y laboriosidad constante. Y mayor dimensión cultural e histórica tendrá el creador si su trabajo se sustenta en el Humanismo. Saramago es magnífico ejemplo.

"No contemos los días que pasaron:/ fue hoy cuando nacimos. Sólo ahora/ la vida comenzó, y, lejos aún,/ la muerte ha de cansarse en nuestra espera."  Ha escrito, con infaltable sabiduría, Saramago, el amigo ahora de estos estudiantes de la Cátedra.

 

 

Publicado en: "La Patria", Manizales, domingo 14.XI.2010  [lapatria.com]

 

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