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Guillermo Rendón: la pasión por el saber, la creación y el sonido del color


Presentación del libro: Guillermo Rendón-García. La lengua Umbra. Descubrimiento, Endolingüística, Arqueolingüística. Ed. Instituto de Altos Estudios Bókotta et al., Manizales 2011 - ISBN: 978-958-57127-0-6


El libro completo puede obtenerse con el siguiente enlace:

http://www.calameo.com/read/00094832836bf897947ef


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En la cultura Umbra, la figura espiroidal es la representación del pensamiento
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G. Rendón G.


Aproximación

Dokureima, el dios del nacimiento de las aguas, en la cultura Umbra, habrá de guiarnos en este compromiso de presentar un libro testimonial, producto de juiciosa investigación, con rescate de una lengua, ejercida por pequeña comunidad enclavada en montaña caldense, circunscrita en la indiferencia y en la capacidad de olvido, tan propias de la porción de “mundo occidental”, donde estamos inmersos, en veces, de manera inconsciente.

Las culturas se construyen en siglos, transcurren sus propios itinerarios, y suelen declinar y desaparecer, muchas veces a ojos vistas. Y es tarea de la inteligencia elaborada recoger sus legados, en ocasiones contribuir en su preservación en el ámbito de las propias comunidades, para que su camino corresponda a la evolución que le es propia, sin el dominio de otras culturas que las absorben y destruyen.

Cada lengua es portadora de saberes, de conocimientos milenarios sobre el origen del mundo, de las cosas y de los seres, con sus mitos y leyendas articuladas a la vida diaria, con directrices para el actuar personal y en comunidad. La lengua congrega su función mágica en una palabra, en una frase, en relatos, en poesía y canto, con sentido de recreación y exorcismo, en formas expresivas de una sabiduría coherente, portadora de valores de solidaridad, para la prevención y para afrontar problemas y conflictos. Y las lenguas ancestrales, aborígenes o indígenas, que sobreviven en reductos frente a una llamada “civilización” avasallante, testimonian sabiduría de siglos, merecedora de asimilarse y de ser proyectada en sus conocimientos más valederos, como la armonía con el medio natural, incluso en el tratamiento de enfermedades y en los paliativos frente a los estados de angustia y de incertidumbre.

Esa tarea de rescatar y preservar culturas en nuestra América, tiene real asidero en la ambición planteada por Bolívar en su célebre “Carta de Jamaica” (1815), cuando se refirió al Nuevo Mundo como un “país tan inmenso”, en el ideal de alcanzar su unidad de vocación histórica, en la multiplicidad de procedencias y raíces, como una América “encontrada entre sí”, en sus propias palabras.

Y la Constitución Política de Colombia, desde 1991 consagró el reconocimiento de la diversidad étnica y cultural de la Nación (art. 7), con también reconocimiento de las lenguas y dialectos de los grupos étnicos como oficiales en sus territorios (art. 10). Reivindicación significativa después de haberse impuesto el castellano en 1770 por cédula real de Carlos III, en la América conquistada, a la vez que ordenó abandonar las lenguas indígenas.

Semblanza

La obra que hoy celebramos en su aparición, tiene de protagonista a personalidad singular, de formación recia en variadas direcciones del saber racional y de las artes, que ha sabido sostenerse en el reto de existir, con ideales indeclinables que la guían, afrontando sin falta una que otra tempestad, con resultados que comparte en instancias regional, nacional y universal. Sin otra riqueza que un espíritu embebido en la pasión por la belleza y el conocimiento, con profundo sentido de sociedad.

Es ancestral la capacidad de indagación y trabajo del maestro Guillermo Rendón-García (n. 1935), formado en distintas disciplinas, con sentido de comprensión unitaria. Se hizo músico académico en los más altos niveles de la composición y la dirección de orquesta, con formación primera en el Conservatorio de Manizales, y luego en Argentina y Brasil. También accedió al doctorado en la Universidad Humboldt de Berlín, en la disciplina de la Etnografía, con énfasis en la lingüística estructural. Además, fue pasante en escuelas afines de la anterior Checoslovaquia, siendo interlocutor de expertos en Música y Lingüística, con actuaciones en seminarios, congresos y en la dirección de orquestas, con estreno de obras suyas. Y de ahí en adelante congregó su formación con aplicaciones en la enseñanza y en la investigación. Sus trabajos de campo han tenido resultados en libros, de importancia científica en sus especialidades.

Para avanzar en estudios e investigaciones, con proyectos que él mismo se propone, con el certero apoyo de Anielka Gelemur, su mujer, ha tenido que acceder al manejo de lenguas occidentales y nativas. Formación que lo parangona con los mejores lingüistas, como el eminente colombiano Sergio-Elías Ortiz.

El libro que hoy presentamos, es una muestra de esa conciliación de personalidad de artista y de científico. A mediados de los años 90 emprende, con Anielka, investigación para rescatar grabados rupestres en la región de Riosucio, resguardo Escopetera-Pirza, y se encuentra con comunidades indígenas que le auxilian, con quienes establece diálogo en mutua confianza. Pronto se da cuenta que tiene por interlocutor a Cacique, que hace parte de comunidad de pocas familias que configuran la cultura Umbra, con lengua propia, diferenciada de la de culturas paredañas como la Embera-Katío. Traba comunicación con portadores de esa cultura, del habla clásica Ucala, la que aconseja replantar, cuyos nombres recoge en el libro: Valeriana Arikapa, Vidal Guarumba y Juan José Largo, de quienes recoge conocimientos, entre otros hablantes que consigue registrar. Hace las primeras anotaciones, y a la par del otro trabajo, incorpora esta investigación, con el pálpito de haber descubierto una nueva lengua, aún no registrada, lo cual confirma con indagaciones posteriores, que le llevan a afinar en procedimientos y en la sistematización compleja de esa lengua ancestral.

El maestro Rendón ya había publicado sus hallazgos anteriores en libros de la importancia de “Teorética del Arte” (1974), “Tunebia. Reserva ecológica y cultural” (1975), “Samoga: enigma y desciframiento” (en colaboración con Anielka Gelemur, 1998), “Antropología del arte - Constantes andinoamazónicas” (2000), “Ramón Cardona-García: del romanticismo de campo a la armonía ciudadana” (2005). En su labor de compositor de cerca de un centenar de obras sinfónicas, cantatas, conciertos y música de cámara, cabe destacar las siguientes: “Tiempo de ser”, “Cali Sinfonía”, “Grabado de Ana Bella Geiger”, “Ritmos tonales y politonales”, “Afroenergesis”, “El jardín de los dioses”, “Pentamorfosis en marrón y argenta”, “Atmósfera y variaciones para 12 instrumentos de arco”, “Bipartita”, “Ciclo del exilio”, “Atmósferas y variaciones”, “Bucólicas – con tres poemas de Fernando Mejía-Mejía, para mezzosoprano, flauta y clarinete”, “Trilaúd – para bandola, tiple y guitarra”, “La dama y el unicornio – para guitarra y corno”, “Trópico de capricornio – para violonchelo solo”, “Serkan Ikala – Variaciones sobre un texto sagrado de la cultura Tule”…   En sus obras musicales trabaja con armonías y disonancias, estructuras aleatorias, exploraciones sonoras, giros melódicos, con sistema de grafía novedosa de su propia creación. Ha creado también música incidental, con representaciones de teatro: para la “Antígona” de Sófocles, en adaptación de Bertolt Brecht, con trabajo coral, igual para cuentos de Juan Rulfo y para Entremeses de Cervantes.

[Puede consultarse el catálogo completo de sus obras en el siguiente enlace de la "Biblioteca Luis Angel Arango, BLAA": http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/musica/blaaaudio/compo/rendon/indice2.htm]

En este año (2011) el maestro Rendón tuvo homenaje nacional, en cabeza del área cultural del Banco de la República, en Bogotá, con motivo de su jubileo de compositor.

En la “Cátedra Samoga”, en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, comparte investigaciones e interpretaciones del arte rupestre, con estímulo a la creación pictórica de los estudiantes, en desarrollo de la metáfora “imagen sonora”, en la que se conjugan emociones, sentimientos, lo inconsciente, temperatura de color y tesitura. Trabajo que le ha llevado también a desarrollar películas, donde vierte esos hallazgos, como en la titulada “Color-Color”, en formato betacam. Tanto la Cátedra como el museo de la ciencia en la Universidad Nacional, llevan el nombre de “Samoga”, que en lengua Umbra significa “lugar de misterio”, asignado en reconocimiento a las investigaciones y hallazgos arqueo-etnológicos de Guillermo y Anielka, en la región occidental de Caldas.

El maestro Rendón ha recibido Premios y galardones nacionales e internacionales de singular significación como la Medalla Smétana de la Unesco, el Premio Nacional de Música Sinfónica, el Premio internacional Cristóbal Colón, la Orden al Mérito Cultural del Ministerio de Cultura y Bellas Artes de Polonia, el Premio Nacional a la originalidad de Colcultura, el Premio Nacional de música de cámara…

La Obra

El libro que hoy presentamos, singular y elaborado testimonio de un descubrimiento lingüístico, está rigurosamente estructurado en siete partes, comprendiendo Descubrimiento, Problemas lingüístico-arqueolingüísticos, La Lingüística, la Fonemática y la Endolingüística de la lengua Umbra, El léxico, estructura y sintaxis, Textos lingüísticos equivalentes, para concluir con Estudios comparados y complementarios.

Además de testimoniar las circunstancias del descubrimiento, un tanto de casualidad, indaga en aspectos de etnohistoria para confirmar la trascendencia del hallazgo, incluso con acercamiento a la cultura y lengua de los Embera-Chamí, pueblo contiguo, en la circunstancia de llevar juiciosos diálogos con Cacique, de quien obtiene las primeras bases para adentrarse en el estudio, a sabiendas que son apenas unas siete familias las que conservan la lengua Umbra, con quizá personas dispersas que también la hablan, por ubicar.

Cabe recordar que la lengua de los Embera-Chamí fue recuperada y sistematizada, en la fonética castellana, incluso con rescates en tradiciones, por el misionero claretiano, español, Constancio Pinto-García, en obras suyas de 1950 y 1974. Otro antecedente, que de alguna manera se emparenta con el trabajo de Rendón, fue la cartilla sobre el habla Embera (del alto San Juan, en el Chocó) elaborada por Giorgio-Mario Manzini, en 1973. Obras con limitaciones técnicas, ahora superadas por Rendón.

De los cronistas de la Conquista obtiene claves, como en Cieza de León, quien registra la existencia de la comunidad Umbra. En los entornos de la fundación de Santa Ana de los Caballeros (la Anserma de hoy), en 1538, encuentra el testimonio sobre la existencia de los caciques Umbra, Ocusca y Umbaza. Y repasa el origen del nombre de Anserma, por la expresión “sal” en la lengua aborigen (“anzer”), que el mismo Belalcázar recoge, en parangón con “Anzea”, el “señor de la sal”.

De igual modo, registra la desaparición gradual de la expresión Umbra, auncuando reconoce el testimonio toponímico de Umbría.
En el rescate que hizo de los petroglifos en el resguardo Escopetera-Pirza, encontró dos palabras escritas en fonograma: “maude ombea”, que consigue identificar como el número 12.

El maestro Rendón no deja cabos sueltos en su investigación sobre los antecedentes en los cronistas, para adelantar una conclusión primera: el territorio Umbra correspondería a los actuales de Bonafont y Quinchía, que incorpora poblaciones antiguas (Pirza, Sausagá, Ubarbá, Opiramá, Taudía…)

En Paul Rivet encuentra conocimiento valedero en el hecho de haber llegado a Colombia la “corriente Karib” antes que los europeos, con aportes como las lenguas Pijao y Umbra. Y en Sergio-Elías Ortiz (1894-1978) tiene apoyo para identificarse con su clasificación de lenguas, que lo conduce a formular la hipótesis de considerar el Umbra como lengua y como cabeza de grupo. Refuerza el conocimiento de la expresión Umbra como identificación de los territorios que se conocen como “Ancerma”, habitados desde los tiempos de Belalcázar y Pedro Simón.

Pero se le cruzan problemas un tanto sin resolver, como las relaciones de las lenguas Umbra y Chamí, y del Umbra con el Katío, variante del Chamí. Pero tiene serios indicios de ser el Umbra el más antiguo de los tres, sin posibilidad alguna de derivar del Chibcha, con la advertencia de identificar al Umbra y el Chamí como parte del grupo que Paul Rivet et al. describen como “grupo Chokó”.

En estos comienzos de la obra, también concluye en la pertinencia de utilizar expresiones tales como “lengua Umbra”, “cultura Umbra” y “población Umbra”, con sentido de identificación de territorialidad y características culturales, bajo la identidad, para el caso, de las nociones de “pueblo” y “cultura”.

La obra se adentra en la ciencia de la Lingüística, bajo características de rigor que los expertos habrán de celebrar, para dar soporte científico a la reconstrucción de la lengua Umbra, incluso con la ambición de ser pedagógicamente replantada. Por ejemplo, sienta las bases en el conocimiento de “lenguas aglutinantes”, en las que una palabra ocupa funciones distintas en la oración, y las “lenguas analógicas”, como es el caso de la lengua Umbra.

Sus descubrimientos de la lengua Umbra, comprenden una totalidad. Por ejemplo, asimila de ella el tener un orden jerárquico, con singularidades de ritmo, elegancia y agilidad fonemática, evidentes en las construcciones de expresión cotidiana. Coteja el Umbra con lenguas arcaicas y modernas, para contextualizar su existencia, y concederle sentido de frescura, con autonomía, como lo pueden ser el griego o el alemán.

El maestro Rendón llega a esas comprensiones, no por casualidad, sino tomando referencias de unas dieciocho lenguas, en sus sonidos y estructuras, con la experiencia singular de haber llevado a cabo transcripciones en ocho lenguas indígenas: chibcha, tunebo, tukano, kubeo, kunimía… De manera que enfrenta la sistematización del Umbra, con acervo cultural y científico consolidado, que armoniza con su vocación del alma en los pormenores de la música, con indagación continua y profunda en las más diversas manifestaciones, y capacidad creativa singular en sus múltiples obras sinfónicas y de cámara.

Incluso llega a las intimidades del Umbra descubriendo manifestaciones del asombro platónico en los desarrollos semánticos, con ligazones entre el pensar y los actos, de raigambre en la paleolingüística, incluso remontándose al “Acadio”, la más antigua de las lenguas semíticas, distanciada en seis mil años atrás de este momento, pasando luego por las lenguas eslavas, en especial el checo, con reminiscencias a sabios de la dimensión de Jan Huss (1369-1415) y de Jan Amos Komenský (1592-1670), como reivindicación del sentido y vigencia del concepto “lengua madre”, con su carga de fuerza espiritual para los pueblos. Además, involucra simbología que conecta el habla con la gesticulación. De ahí otro de los descubrimientos suyos en esta lengua: en ella el hablante imita los objetos y refigura la acción que expresa.

A la altura de estas consideraciones, Rendón concluye en lo siguiente: El habla es la razón primordial de la lengua, pero la escritura prolonga la existencia de la misma, le impone sus normas de sintaxis, regula sus sonidos y le otorga mayor estabilidad.

Por otra parte, con motivos bien fundados llega a establecer que en el habla común del caldense hay tendencia al sonido nasal, originario del Umbra, que incluso influenció a parte apreciable de comunidades cordilleranas.

No es mi intención reseñar en detalle los aspectos técnico-científicos en la feliz sistematización que ha conseguido el maestro Rendón, pero bastará advertir que se ha apoyado, por ejemplo, en el Alfabeto Fonético Internacional, y en fuentes complementarias francesa, española, e incluso en aportes colombianos del Instituto Caro y Cuervo. Y ha conseguido en esa tarea aproximarse a la acentuación castellana, pensando en las maneras prácticas de su replantación, organizando un sistema fonético que permite la correcta escritura de la lengua Umbra. Incluso, ha penetrado en la configuración de los grafemas, o letras con los respectivos signos que puedan representar los sonidos, incorporando características como la emisión, la duración y altura del sonido, la intensidad, el acento y la cadencia, entre otras.

Su propósito último va camino de elaborar una serie de cartillas didácticas que puedan ser asimiladas por maestros o instructores, para la replantación de la lengua en las comunidades de la región originaria, o como expresó Esteban E. Mosonyi (del "Comité para la defensa de las lenguas indígenas de América Latina y el Caribe", Unesco), en términos de “revitalización lingüística”. Propósito altruista, por cierto, para el cual ha compilado vocabulario y expresiones de uso cotidiano, con su gramática, la sintaxis y las formas verbales. A tal punto laborioso el trabajo que, incluso, ha recogido las palabras de uso en español, originarias de la lengua Umbra, como: achira, sirirí, churima (árbol de fruta comestible), guaco (planta medicinal), cuncho (raspado), mamei (fruto comestible), tonga (borrachero), entre otras. De manera semejante identificó palabras en Umbra provenientes de otras lenguas.

Aporte de la investigación que nos recuerda las enormes contribuciones de nuestra América indígena, en la sobrevivencia alimentaria de la humanidad. De estos territorios, y por la mano laboriosa de los aborígenes, fueron originarias la papa (Solanum), el fríjol (Phaseolus: P. vulgaris, P. lunatus), las calabazas como la ahuyama o zapallo (Cucurbita maxima), el cacao (Theobroma cacao), la batata (Ipomoea batatas), la mandioca (Monihot utilissima), el maní (Arachis hypogaea), el ají (Capsicum annuum), el maíz (Zea mays), la quinua (Chenopodium quinoa),… etc, de acuerdo con información recogida por el etno-antropólogo y americanista español Salvador Canals-Frau (1893-1958) .[ Cfr.: "Las civilizaciones prehispánicas de América", Ed. Sudamericana, Buenos Aires 1955, 1959, 1973, 1976]  Especies vegetales americanas que salvaron de hambrunas a los europeos, quienes sobreviven con sus inmensos logros culturales y económicos, con estado de bienestar, en virtud de las riquezas de estas tierras del Sur, todavía a la espera de compensación y de tiempos para el despliegue de sus potencialidades en favor de la vida, con equidad, en el planeta.

No se trata de una replantación de lengua, atrevida o intrusa, la que propone Rendón. El autor se apoyó, por ejemplo, en el caso de la lengua checa que fue dramáticamente suplantada por el alemán en los siglos XVI, XVII y XVIII, para luego ser de nuevo rescatada, con tarea riesgosamente defensiva de intelectuales y comunidades, que condujo posteriormente a su replantación. En esta dirección, Rendón asevera que “la defensa de la lengua madre implica la defensa de la independencia, la libertad y la autonomía.”

El autor aspira a que en la enseñanza de la lengua Umbra se tenga como referente que los indígenas deberán también disponer del español para, con las dos lenguas, hacer parte de la propia tradición y beneficiarse de lo aprovechable de la cultura occidental.

Es de anotar en este punto que los pueblos indígenas que sobreviven han padecido asedio, influencias y aun destrucción por parte de comunidades blancas o mestizas dominantes, que no asimilan el respeto que es debido a las minorías étnicas, con alto riesgo en la desaparición de lenguas y culturas, con sus múltiples saberes. Y siguen siendo víctimas de sometimiento y de absorción en formas socioculturales.

A manera de cierre

El maestro Rendón termina su singular y admirable obra con una reflexión serena y profunda de cinco párrafos, de los cuales cito el último:

Al lenguaje se debe el arribo a la consciencia, a la investigación científica y a los valores éticos, todo lo cual, junto con el arte, y, apoyado en el trabajo reflexivo, marca el camino de ascenso de la especie humana, a través de la cultura.

Celebro este descubrimiento para la Cultura, de una lengua que no había sido referenciada ni menos sistematizada para preservarse, con sus contenidos de tradición y sentido de trascendencia. La lengua Umbra adquiere de esta manera ciudadanía de universalidad, en mayor grado al conocer que en su sabiduría se establece:

Yo tengo un pensamiento:
el Sol es el único que da vida.
Toda cosa tiene un dios.  

Conocimiento evocador, por azar, de los Presocráticos, en especial de Tales de Mileto, quien aseguró: “Todo está lleno de dioses”. Y de sorpresiva y grata concordancia con el panteísmo propio de la identidad dios-naturaleza que fue expuesto de manera categórica por Baruch Spinoza. Línea conductora de pensamiento, con vigencia urgida.

Otro sabio indígena de la comunidad Mapuche, en conexiones similares, nos enseñó:

Escribo en el Agua, en el reflejo Azul
Escribo en el cielo que nutre el Árbol
de mis Pensamientos
Matriarcal es ahí el aire de la Libertad
Paterna la luz de la Ternura.

Elicura Chihuailaf: “En el cielo Azul, Azul”


*
¡Brindemos por la vida!....

¡Salud!, admirados y queridos maestros Guillermo Rendón y Anielka Gelemur.

¡Salud!, por todos ustedes.

¡Larga vida para el pueblo Umbra, con el rescate de su lengua, sus tradiciones y la vitalidad de su espíritu!



Manizales, Área Cultural del Banco de la República, 10 de noviembre de 2011
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