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Labores de gran reto en Educación


En Manizales se ha hecho una votación simbólica por la Educación, bajo el llamado de ser expresión ciudadana para que los gobernantes le den prioridad en sus mandatos, en términos de cobertura y calidad. El ejercicio es interesante, por cuanto moviliza opinión pública alrededor de un tema no siempre suficientemente valorado. Y ha habido vocería calificada en busca de la sensibilidad pública en el tema. Pero es necesario adentrarse en los problemas que involucra un compromiso real de gobierno.

La Educación viene de capa caída, en mayor grado cuando se comparan los indicadores a nivel internacional. Colombia no ha perseverado en las buenas oportunidades que tuvo, por ejemplo, con los planes de gobierno de Santander, primero, luego con los Radicales del siglo XIX y, por último, en el período 1930-1946. Y con el saludable proyecto a 25 años que concibieron en conjunto cerebros reconocidos como “Los diez sabios”, con Rodolfo Llinás y García-Márquez a la cabeza, presentado al país a mediados de los años 90 (cf. “Colombia al filo de la oportunidad”), pero abandonado a renglón seguido por los gobiernos, con insólita indiferencia.

Fueron saltos adelante, aquellos, con la Educación y la Cultura en la mayor consideración, que otros gobiernos menospreciaron, e, incluso, borraron de un tajo. Está el caso de las Escuelas Normales, en cabeza de la desaparecida “Escuela Normal Superior”, establecida por López-Pumarejo, que formaron maestros de alta calidad, con ejercicio ejemplarizante en campos y ciudades, las cuales en alguna medida han tenido proceso de reestructuración, pero sin todavía recobrar la prestancia a la que son llamadas, y que tuvieron. El proceso debería ser tan audaz que, en estos tiempos, ellas pudieran incorporar formación plena en licenciaturas. Y está de igual modo el modelo de “Escuela Nueva” que introdujo a Colombia el más grande educador del siglo XX en nuestro país, Don Agustín Nieto-Caballero, del cual se apersonó en nuestra región el Comité Departamental de Cafeteros, con resultados de excelencia, y que permea en Manizales bajo la forma de “Escuela activa urbana”. Modelo que debería generalizarse en todos los establecimientos, incluida la Universidad.

La Educación debe asumirse como el proyecto más estratégico de una sociedad: de ciudad, de región, de país. Y debe de ser el eje en la formulación de planes y programas para conducir el desarrollo humano, integral. Ejemplos recientes los hemos tenido en Colombia, pero solemos desconocerlos o restarles importancia. Antanas Mockus en sus alcaldías de Bogotá dio acento prioritario a la Educación, con extensión cívica en la ejemplarizante cultura ciudadana. Y Sergio Fajardo en la Alcaldía de Medellín cumplió papel prominente, al asumir la Educación como lo fundamental, que llevará, de próximo Gobernador, a un nivel mayor, bajo el lema: “Antioquia, la más educada”.

Para un proyecto ambicioso de la Educación, como núcleo en la formación de ciudadanos, es indispensable incorporar aspectos desde la más temprana infancia, con afianzamiento en la primaria, la secundaria, la universitaria. Hoy se habla de la necesidad de formarnos competitivos e innovadores, pero el acento pragmático de sociedad conduce a los estudiantes hacia emulación por la productividad, con intereses económicos. De ahí surge la desigualdad, consagrándonos como la sociedad más inequitativa del continente americano.

La Educación tiene que asumir la formación integral de la persona, con elementos como la solidaridad, el respeto, la creatividad, lo cual podrá conseguirse formando maestros que recobren mística por su trabajo, de alta formación y capacidad motivadora, con buena remuneración y reconocimiento social. El Arte sería un eje deseado en la Educación, en los distintos niveles, que contribuya a incentivar la creatividad, con resultado último en la innovación.

En vez de acentuar la competencia de unos con otros, que ha llevado a disponer hoy de una sociedad fragmentada, está la solidaridad. La formación individualista fomenta el egoísmo, que deja tantas gentes tendidas en el camino, en la indefensión y hasta, en casos, en la ruina, con la creciente concentración de riqueza en unos pocos, los aventajados, los más perspicaces, o los de mayor viveza. La solidaridad es la respuesta para contrarrestar esos efectos funestos. Solidaridad en la idea de apoyarnos unos a otros, sin detrimento de las responsabilidades personales. La forma de los exámenes sigue alentando esa competencia, cuando pudieran hacerse pruebas en colectivo para que prime la vocación en el trabajo de equipo.

El respeto es otra característica que debe involucrar la Educación de calidad, como manera de aceptarnos incluso en los antagonismos, los cuales deberán reconocerse en el estudio, el diálogo y aun en el debate. Oírnos unos a otros, para comprender las diferencias, de haberlas, y para construir concertaciones, o consensos, que nos permitan sumar esfuerzos.

La educación es capacitación para el trabajo, puesto que es soporte al asumir posición laboral en la sociedad, con el propósito del sostenimiento propio y de la familia. De ahí la importancia que desde el jardín y la primaria haya espacios para labores manuales, como despertar de aplicaciones prácticas. Incluso a la larga, el intelectual y el científico, habrán de reconocer formación de ese orden, por las posibilidades en aplicaciones recreativas y de distensión.

El salto adelante estará en asumir la Educación como la posibilidad única de transformación real de la persona, en su crecimiento de humanidad, con valores incorporados como el respeto, la solidaridad, la creatividad, el sentido de equidad. Pero con la formación de maestros, con los actuales y los de relevo, prioridad inaplazable. Programa para varias generaciones.



[“La Patria”, 13.XI.2011]
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