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Un hallazgo musicológico colombo-venezolano


Cómo de un cartapacio de documentos y partituras, milagrosamente conservados en un pueblo de la sabana de Bogotá, va emergiendo la figura de un compositor venezolano de la época de Independencia. De esto da cuenta el apasionante trabajo musicológico, de la investigadora colombiana Ellie-Anne Duque, recientemente convertido en libro: Nicolás Quevedo Rachadell, un músico de la independencia, publicado por la Universidad Nacional de Colombia (Colección Comisión Bicentenario, 2011).


Una hazaña que tuvo como escenario original la localidad de Zipaquirá, situada al norte de Bogotá, tradicionalmente lugar de peregrinación turística, por sus salinas, pero en especial por el atractivo de lo que se considera algo único en el mundo: su catedral de sal. Un clima frío y seco fue factor determinante para que aquel material sin orden ni guía de ninguna especie, al cual se acercó la profesora universitaria, guiada por su buen olfato pero con muy pocas pistas, sobreviviera en buen estado por espacio de dos siglos. Una tarea como de arqueólogo que, a fuerza de separar y excavar, fue llegando al meollo del asunto ignorado hasta entonces.

Se tenía conocimiento del aporte de la familia Quevedo a la vida musical colombiana en el siglo XIX, que ha sido uno de los períodos en los que ha puesto la lupa Ellie Anne Duque en su trayectoria como investigadora. Pero en particular había información sobre dos de sus miembros, los músicos Julio Quevedo Arvelo y Guillermo Quevedo Zornoza. De hecho, tras la muerte de este último, en 1964, la casona familiar, con todo lo que albergaba, incluyendo un montón de documentos y partituras, fue donada al municipio, con miras a que se convirtiera en museo, inaugurado finalmente en 1984.

Sinembargo, en una nebulosa de desinformación flotaba la figura del paterfamilias y fundador de la dinastía, don Nicolás Quevedo Rachadell, nacido en Caracas, en la Parroquia de San Pablo, en 1803, y quien llegara a la Nueva Granada en 1827, como escribiente y miembro del estado mayor de Simón Bolívar en el rango de subteniente efectivo de infantería de línea. Su carrera militar y su desempeño al lado del Libertador en esos años cruciales para la consolidación de la Independencia de España fueron el aspecto de su personalidad reseñado hasta ese momento por los historiadores. Estaba casado con la también venezolana doña Concepción Arvelo y Rodríguez y se sabía que al llegar a Santafé de Bogotá tenía una formación musical básica pero sólida y ejecutaba el violín. Es posible que entre sus maestros de música en Caracas figuraran los nombres de José Angel Lamas, Lino Gallardo y Juan José Landaeta. No obstante, de su desempeño como compositor no se tenía indicio alguno.

La herencia de Quevedo Rachadell

Es aquí donde adquiere particular importancia el trabajo realizado por Ellie Anne Duque, con el hallazgo del arsenal de partituras originales de Nicolás Quevedo Rachadell, que incluye cerca de un centenar de obras instrumentales y vocales, en los géneros y formas propios de la época (valses, contradanzas, trisagios y otras piezas religiosas) de su propia autoría, amén de páginas de otros compositores, europeos y americanos, recopiladas y conservadas por él.

Gracias a la erudita y experta labor de la autora, este material fue examinado, clasificado, técnicamente fichado y transcrito, para facilitar su interpretación contemporánea. La edición que se reseña incluye un CD rom con partituras facsimilares y edición de uso en notación moderna. Sobra decir que ésta es una forma práctica, novedosa y económica de poner las partituras a disposición de los músicos.

El libro en cuestión sitúa al personaje en el convulsionado contexto histórico de la época y ofrece un documentado panorama de la vida musical. A propósito de esto, señala la autora el considerable desarrollo que, en medio de la zozobra de aquellos tiempos había en Caracas, muy superior al de Bogotá. Como que ya desde 1819 se había fundado en Caracas la primera Sociedad Filarmónica de Conciertos que, incluso contó con la aprobación del general español Pablo Morillo.

De esa experiencia musical en su ciudad de origen trajo Nicolás Quevedo Rachadell "muchas nociones novedosas, entre ellas la práctica del violín y la escritura de dúos para este instrumento. Es que, agrega, "desde el siglo XVIII hubo una práctica intensiva del violín y de otras cuerdas en Venezuela, cosa que no ocurrió en Colombia". Mas no es sólo eso: "Trae también consigo unas prácticas piadosas para la composición de música religiosa, no litúrgica, con voces e instrumentos, muy propia de los músicos caraqueños, como lo fueron la escritura de lloras, pésames a la Virgen, salves, trisagios, responsorios, etc.".

Tras la muerte de Bolívar en 1830 Quevedo Rachadell se queda en Colombia hasta su propio final, en 1874. Uno de sus hijos, Julio Matías Quevedo Arvelo, formado por él, llegó a ser un compositor prolífico y figura central de la vida musical colombiana durante la segunda mitad del siglo XIX.

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