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Moisés Wasserman: elementos estratégicos para una política oportuna de Educación Superior en Colombia y Latinoamérica

Deseable que exista en Colombia el Ministerio de Educación Superior, para impulsar la formación de alto nivel y desatrasar el país con fuerte dosis de conocimiento jalonador del desarrollo integral humano. De conseguirse ese objetivo, candidato para asumirlo sería, sin la menor duda, el profesor Moisés Wasserman: Ph.D., científico consolidado en campos de la Bioquímica, docente/investigador, presidente de la Academia de Ciencias, decano y rector de la Universidad Nacional de Colombia… Personalidad que en su regencia universitaria expuso ante el país ideas con empatía en la historia –tan olvidada- y en los contextos de avanzada a nivel internacional, con visión ambiciosa al futuro. Librepensador respetuoso de las diferencias y convocante del libre examen, con acento en la generación de nuevos conocimientos al servicio de la humanidad.

Científico reconocido por sus contribuciones en el estudio de la “Salmonella typhi”, con validación de una prueba diagnóstica, y formulación con cooperación internacional de un ambicioso proyecto de investigación, a partir del cual desarrollo investigación sobre el “Plasmodium falciparum”, parásito causante de la malaria, que le llevó a comprender el proceso entre el parásito y la célula que lo aloja, el “eritrocito humano”, con publicación de “la primera secuencia en Colombia de DNA, la de un fragmento repetitivo cercano al extremo de los cromosomas del parásito”, al haber desarrollado método de hibridación molecular para su detección. De igual modo estudió la resistencia del parásito a los fármacos, por sus variaciones genéticas. Y, lo que resulta más maravilloso, continúa en los estudios de cromosomas y enzimas con el objetivo de producir una quimioterapia alternativa. Trabajos apreciados por sus publicaciones internacionales, y en el singular doctorado honoris-causa que le confirió la Universidad de Antioquia en Ciencias Básicas Biomédicas. Y para completar, es miembro de la junta directiva del "Instituto internacional para la educación superior en América Latina y el Caribe, IESALC", de UNESCO.

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Acaba de publicarse en libro conferencias, ensayos y artículos reunidos de sus dos períodos (2006-2012) como Rector de la Universidad por excelencia del estado colombiano: “Buscando el futuro – Educación superior para Colombia en el siglo XXI” (Ed. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá 2012; 358 pp.; ISBN: 978-958-761-199-1). Importante conjunto de textos en los cuales se expone una clara política para vislumbrar el mejor camino para la educación superior, con lineamientos de profundidad y pertinencia.

Wasserman discierne los problemas apegado a la historia y a la lógica, con visión estratégica, sin quedarse en el pasado. Valora los informes de la “Misión de ciencia, educación y desarrollo”, ideada por Rodolfo Llinás, a comienzos de los años noventa del siglo anterior, para acentuar el ritmo en lo que sigue teniendo vigencia. Acepta lo válido de expresiones como “sociedad del conocimiento”, dándole sentido, por ejemplo en los debates sobre el TLC con los Estados Unidos, que ameritaron consultas con academias y personas de ciencia, aclarando que la sociedad ha comprendido la imposibilidad de progreso sin ciencia, a pesar de dudas y desconfianzas reinantes. Insiste en la necesidad de invertir sin avaricia en bibliografía, bases de datos, becas para formar talentos en niveles superiores, en el país y en el exterior, y avanzar en  intercambio de estudiantes, profesores y científicos, como prioridad dominante, requisito para la inserción en lo global del crecimiento, entendido no solo en lo económico, también en lo social con visión integradora.

En esta dirección insiste en comprender y desarrollar formas de universidad para la investigación, que consagren a instituciones selectas en la preponderancia de aplicación de esa naturaleza. Por ejemplo, impulsó el consolidar la Universidad Nacional de Colombia como universidad de investigación. Tema polémico en virtud de necesidades en la ampliación de cobertura, puesto que nuestro país conserva, comparativamente, muy bajo y lamentable indicador en población universitaria. Habría que pensar en coexistencia en la formación de profesionales idóneos, con apoyo en la ciencia involucrada en el método de enseñanza-aprendizaje. Sinembargo, cabe pensar en centros dedicados a la investigación científica para la generación de conocimiento, a la manera de Institutos, en las universidades o con un singular régimen de autonomía que articule a la empresa. Ya tienen existencia entre nosotros esas modalidades, pero con la necesidad de afianzarlas y multiplicarlas, con base en la experiencia acumulada.

La claridad de Wasserman en el tema no se deja esperar. Concibe la investigación incorporada en la escala educativa, a la manera pedagógica y de fomento en la capacidad crítica de indagación, advirtiendo que el pregrado no es para producir conocimiento, labor que corresponde a maestrías de investigación y de manera central en los doctorados. De este modo ayuda, con acierto, a despejar confusiones.

El pensador Wasserman participa en polémicas públicas como cuando un estudio propuso crear impuesto para que los egresados de universidades contribuyeran a sostenerlas, y respondió a editorial del periódico más importante del país que invocaba, en apoyo a aquella propuesta, la imposibilidad del Estado de asignarle más recursos a esas instituciones. Y Wasserman con reflexión serena preguntaba si argumento similar del diario no sería válido también para el impuesto de guerra y para salvar instituciones financieras. El editorial en cuestión lo que hizo fue subvalorar la inversión en educación superior, con flagrante desprecio. Y nuestro rector salió al paso en defensa de la Universidad, institución socialmente imprescindible y motora del desarrollo. Expresó la necesidad de ingresar el país a una “dinámica irreversible de desarrollo”, con “inversión permanente y generosa del Estado en la educación superior”, condición quizá la única irremplazable.

Polémica que tuvo continuidad en artículo de Rudolf Hommes quien propuso que las universidades fueran autosostenibles, con precio de matrículas correspondiente a los costos reales, al cual también respondió Wasserman con  sólidos argumentos, al tomar como referencia casos de las universidades europeas y norteamericanas subsidiadas por el Estado, en mayor grado las primeras. Y para el caso de Colombia se sostiene en modelo valedero, como es el caso de la UN: el pago de matrícula de acuerdo con los niveles de ingresos de las familias, bajo el sabio criterio que en buen momento lideró Antanas Mockus: el que tiene más, paga más; el que menos tiene, paga menos, y el que nada tiene, nada paga.

El liderazgo nacional de Wasserman en defensa de la educación pública de Estado es reconocido por conferencias, artículos e intervenciones en reuniones de gobierno, con referentes emuladores de otros países y argumentos sólidos. Recordó el “Acto Legislativo Morril” que en Estados Unidos llevó al presidente Lincoln a promover la creación de 58 universidades en 1862, 18 en 1890  y número significativo de “colleges”, que representan hoy la más importante red de universidades públicas en el mundo con casi tres millones de estudiantes activos y más de veinte de egresados vivos. Con resultados de asombro en personalidades públicas, científicos, artistas, escritores, pensadores de relieve en el mundo.

En cambio, en nuestra Colombia, el Congreso dispuso una nueva Ley de Fronteras, en la cual se había incorporado artículo para asignación de recursos con destino a la UN, con el fin de fortalecer y crear sedes de frontera, con aprobación en primer debate, pero el gobierno (2009) en su propuesta lo excluyó.

El profesor Wasserman tiene comprensión cabal del tema de la “equidad” en la sociedad colombiana y el papel de la educación para alcanzarla, con una política de Estado capaz de afianzar el destino de universidades líderes, para el fortalecimiento de su capacidad investigativa. Y la destinación de recursos tiene que responder a vocación de esa naturaleza, para que los sectores menos favorecidos por la fortuna tengan acceso a formación de alta calidad y de esa manera puedan llegar a posiciones de liderazgo social, y no este siga siendo ejercido por los mismos sectores privilegiados. Y la inequidad no radica, insiste el profesor, en las diferencias entre universidades grandes y pequeñas. Como buen pensador formula preguntas que por desgracia nadie escucha y menos responden: ¿El país se contenta con centros de mera instrucción, o ambiciona que sus universidades consigan altos niveles de calidad en formación, como actores plenos en lo social, en la ciencia, en la economía, en la cultura, el arte y el pensamiento? ¿Y cuál es la real responsabilidad del Estado para alcanzar metas ambiciosas, ‘condiciones óptimas de crecimiento’? Cuestiones fundamentales que involucran la calidad y la necesidad de ampliación ambiciosa de cobertura, teniendo en cuenta responsabilidades de las públicas y las privadas, en armonía.

Asimismo se refiere al tema álgido de la “autonomía” con historial de novecientos años y que ha sido el soporte para las universidades de mayores reconocimientos en el mundo. Autonomía, en términos de libertad para fijar sus propios derroteros y ejercer la docencia y la investigación, al igual que en lo administrativo y financiero. Con la anotación, nada despreciable, de equivocarse menos las universidades que los gobiernos. Por otra parte, resalta la condición de haberse fortalecido primero las universidades en los procesos de formación y de investigación,  en ciertos países que han alcanzado desarrollos económicos acelerados, apuntando a desarrollos sociales y culturales profundos.

Wasserman se ocupó también ante los empresarios y el Congreso de la República de desmontar mitos relacionados con el papel de la universidad y la innovación en el desarrollo afortunado de países que dieron el paso adelante, por cuanto la ciencia genera riqueza y bienestar. Las transferencias de tecnología necesitan disponer de personal altamente calificado, con el propósito de adaptar y trascenderla, con la intención de generar desarrollo autóctono. E insiste de manera válida en la innovación ligada a la formación doctoral, con verdaderos científicos con capacidad de romper esquemas tradicionales, visionarios de futuro.

Participa en el debate público sobre la ambicionada nueva ley que oriente y regule la educación superior, con la preocupación de no irse a generar lo que él llama un “aparheid educativo”, que implica consagrar la fragmentación de la sociedad con establecimientos de básica y media privados de calidad, para los estratos 4, 5 y 6, y públicos insolventes en lo académico, para los estratos 1, 2 y 3. Problema que debe abordar el Estado respetando la dualidad del sistema, pero elevando el nivel y las garantías de la educación pública, con políticas sensatas e inversiones significativas.

Recuerda los criterios expuestos por el físico José Goldemberg, del Brasil, para el desempeño de la ciencia y la tecnología en la solución de problemas de nuestros países: adaptar tecnología a las condiciones locales; involucrar la ciencia en la educación, y participar en las discusiones de gobierno relacionadas con el desarrollo. Pone por caso la participación en Estados Unidos de premios Nobel en comisiones donde se debaten problemas, con la consecuencia de disminuir los riesgos en equivocaciones.

Insiste en el papel de la investigación como método para el mejoramiento de la educación, de tal manera que puedan formarse profesionales con capacidad de adaptación a los cambios de labores y de instrumentos en ellas, además con capacidad de liderazgo para orientar comunidades con inteligencia e imaginación, con indeclinable soporte ético. Llega incluso a plantear la necesidad de ciencia en estos países subdesarrollados para defendernos de los autoritarismos, en tanto se forman personas con capacidad de libre examen, ilustradas y con capacidad de argumentar con solidez, alejando el predominio de la retórica vana. Y nos recuerda que no hay país alguno en el mundo con alto desarrollo económico y social sin inversión considerable en educación y ciencia. En sus propias palabras: “Las cosas no se dan por la acción mágica de las palabras sino por esfuerzos lógicos y coordinados”.

Su conocimiento de la historia de la ciencia y la cultura lo lleva a ubicar los temas en contextos adecuados, con relaciones que le conducen a ponderar en forma debida los problemas que aborda. Es muy diciente su disertación al cumplir 140 años la Universidad Nacional de Colombia, remontándose a los antecedentes de la institución en Europa, con repaso de las dos vertientes que han predominado hasta fijarlas en el siglo XIX como “universidad napoleónica” y “universidad humboldtiana”, la primera más dedicada a formar para la acción, en cambio la segunda con énfasis en la investigación científica, en un clima de libertad académica. Ubica a la Universidad Nacional más afín con la segunda, en los tiempos más recientes con fortalecimiento en doctorados. Y plantea con claridad la necesidad de integrar investigación y extensión a la docencia, con acceso a formas expeditas de flexibilidad curricular, movilidad de profesores y estudiantes, con ejercicio de la autonomía. Camino hacia una universidad de investigación, con el debido apoyo financiero del Estado, en respuesta a políticas públicas de reconocer la ciencia y la tecnología como imprescindibles para alcanzar desarrollo integral, ambicioso, de sociedad.

En novedad, Wasserman formuló en esa ocasión la propuesta de estimar la UN como “universidad multisedes”, de manera que en las sedes regionales se alcancen formas reales de cooperación con administraciones locales, dirigencia, sectores privados y con las comunidades. E insiste en acentuar pasos en los procesos de investigación con asociación de grupos bajo formas de interdisciplina y transdisciplina, en contextos de aplicación, con relaciones explícitas en los diversos sectores sociales, y en la ambición de formular proyectos de alta significación.

Su mirada se muestra, y en realidad la ha ejercido, tan amplia que formula la propuesta de establecer un sistema educativo común en Latinoamérica, aprovechando heterogeneidad en culturas, con sentido complementario.

Estima el profesor que la universidad en Colombia tiene doble amenaza: la de grupos internos que con sus acciones “conducen a una servidumbre de la academia a intereses políticos particulares”. Y la de gobiernos que se resisten a comprender el papel de la universidad moderna en la sociedad, con políticas retrógradas. Entiende el carácter público de la universidad por los problemas que asume, por los intereses que representa y por la población que se atiende, de procedencia dominante de estratos 1, 2 y 3.  Expone con insistencia los ejes formadores en la investigación y la creación artística, bajo la premisa de ser la universidad el lugar único para educar al profesional moderno. Y pregona, con justicia, que la universidad ha sido y será para los estudiantes, en un ambiente amable propiciador de formación integral y de felicidad.

Tema ineludible en la concepción y las exposiciones públicas del profesor es la Ética como responsabilidad de la ciencia y de la educación. Noción clásica que debe tenerse en cuenta en las consecuencias de los avances científicos y tecnológicos, pero también subraya la responsabilidad de la ciencia en estudiar el origen biológico de los comportamientos humanos, incluyendo el mismo surgimiento de la ética. Y explica las razones que han llevado a modificar normas morales en la historia. Para concluir que es posible discernir con argumentos científicos entre varias normas alternativas para seleccionar la mejor, con alusión a la “metaética” y con recursos de la matemática. Ilustra sus planteamientos con asertos del físico Richard P. Feynman, del biólogo evolucionista Edward O. Wilson y del filósofo Peter Singer.

Wasserman ha expuesto, asimismo con insistencia merecida, las características de la Universidad Nacional, en su rango de nacional, pública, autónoma, moderna, de investigación, con referentes internacionales, pluralista y laica, para los estudiantes. Su concepción es lúcida por la coherencia de sus razones, por el ejercicio en apostolado de investigador y por el compromiso que tuvo en la dirección universitaria.

El libro del Prof. Dr. Moisés Wasserman es un afortunado acopio de exposiciones abiertas donde se plantean políticas de envergadura para la orientación de universidades públicas de Estado, con reconocimiento a las privadas, y con ambiciones de permear la sociedad hacia metas ambiciosas de alta formación regida por valores de calidad, innovación, riqueza cultural, consistencia ética, contribuciones en nuevos conocimientos, servicio a las comunidades en la solución de problemas reales y autonomía con respeto a los papeles propios de las instituciones y de grupos y personas, reconociendo diferencias y con perseverante trabajo en cooperación.

Obra fundamental para desprender elementos de estrategia hacia una política oportuna de educación superior en Colombia y Latinoamérica, de quien fue Rector Magnífico de la Universidad Nacional de Colombia.


En Aleph, 07.XI.2012

 

 

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