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El edén de la nostalgia - ¿El Humanismo en un desierto sin retroceso?


Conferencia en el "Auditorio Javier Calderón-Rivera, Universidad de Manizales, 25 de enero de 2012, en la apertura de celebraciones "40 años" y con movito de la creación del Departamento de Humanidades



Justificación o Preámbulo

Alcanzamos la plenitud a través de la comprensión.
Rabindranath Tagore


No faltan quienes, en los ambientes universitarios, reclamen por la ausencia de la dimensión humanismo en la formación de nuevas generaciones. El modelo de desarrollo y de vida preponderante en el mundo, bajo la forma de "globalización", ha generado sus propias maneras de entrenar a las personas en líneas de la producción, la productividad, el eficientismo, la competencia y competitividad, para generar ganancias medibles en valores monetarios, con crecimiento sostenido, sin importar la consecuente desigualdad, con unos pocos que acumulan cada vez más y las abrumadoras mayorías sumidas en las carencias y en la indefensión. Se trata de un modelo de desarrollo que los dirigentes en el mundo no han tenido la capacidad de revaluar, ni de moderar, en sus desmedidos impactos en la población y en el medio natural, por cuanto prevalece en él la consideración económica. Modelo que se contrapone al del "desarrollo humano", tímidamente recurrido en los gobiernos, con indicadores significativos, contenidos en informes anuales del PNUD.
 
 

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Ref.: "La Patria", Manizales, 26.I.2012
 
 

La reconocida y consagrada investigadora Martha C. Nussbaum, profesora en el departamento de Filosofía de la Universidad de Chicago, ha indagado a profundidad la naturaleza de la crisis de nuestro tiempo, la que califica de "proporciones gigantescas y de enorme gravedad a nivel mundial", planteando que esta se manifiesta en el furor de los estados, las instituciones, grupos y personas por la "rentabilidad", de consecuencias funestas, visibles; finalidad que se estimula con la formación en áreas y carreras pragmáticas y utilitaristas, dejando de lado la que debiera ser obligante formación personal, integral, con desarrollo del rigor en el pensamiento crítico, para el libre examen. En correspondencia hace evidente que hay una crisis profunda, silenciosa, la crisis mundial de la Educación. Privilegia, con buen sentido, la urgencia de reorientarla para formar ciudadanía, por supuesto para el trabajo y para darle sentido a la vida propia, con incorporación de las artes y el humanismo como eje, y por ese camino salvar y desarrollar la democracia. (Cfr.: M.C. Nussbaum. "Sin fines de lucro – Por qué la democracia necesita de las humanidades". Ed. Katz, Madrid 2010)


En aquel marco de referencia el Humanismo ha quedado atrás, como pieza de museo, de mirar y apreciar por cada vez menos personas, en términos de nostalgia, o de añoranza, o de drástica indiferencia.

Importante saber ese término, humanismo, cuando lo usamos, a qué nos referimos. El diccionario "Clave – De uso del español actual" (1997), recoge dos acepciones: "1. Movimiento cultural que se desarrolló en Europa entre los siglos XIV y XVI y que se caracterizó por su consideración del hombre como centro de todas las cosas y por su defensa de un ideal de formación integral apoyada en el conocimiento de los modelos grecolatinos: El humanismo actuó como impulsor del Renacimiento. 2. Formación intelectual obtenida a partir del estudio de las humanidades y que potencia el desarrollo de las cualidades esenciales del hombre: Una parte de nuestra sociedad lucha por la vuelta al humanismo." Y a la palabra humanidades (del lat. humanitas) el mismo diccionario la define como el "conjunto de disciplinas que giran en torno al hombre y que no tienen aplicación práctica inmediata: La literatura, la historia y la filosofía son parte de las humanidades."

Para el caso de esta exposición, propongo entender el humanismo como el conocimiento y cultivo de un saber referido a grandes momentos de la Cultura en su historia: Grecia y Roma clásicas, el Renacimiento, la Ilustración... Y al conocimiento y difusión de lenguas clásicas, al igual, por extensión, las modernas, con sus respectivos contenidos de literatura, pensamiento, ciencia y arte, en sus interrelaciones.

Es de anotar que el furor globalizante ha impuesto una línea pragmática de desarrollo tecno-científico, que desestimula la lectura paciente, deleitosa y meditada, con el agregado, por ejemplo, de un inglés de mercadeo, seco, de escaso número de palabras (500 o 600), que no permite abordar un artículo serio, o textos literarios y de pensamiento. Y lo que es más doloroso y grave, el "saber no rentable" ha perdido interés en la Educación, en cabeza de las universidades. Situaciones que han echado al traste con el Humanismo y su contenido las humanidades.

Con la expresión Humanismo quiero, entonces, significar lo más descollante de las culturas en la historia. Figuras estelares se consagraron en el tiempo y sus nombres han sido estimados como puntales de referencia para emular con sus logros en aquellas componentes (L+P+C+A). Y para sentir estímulo en la aplicación deseada por sucesivas generaciones. De conjunto se califica a esas singularidades humanas, como "clásicos", incluso, con laxitud, en nuestro tiempo.

La formación de generaciones, bajo el clima de altas expresiones de la Cultura, se ha desdibujado, a favor del modelo de la rentabilidad y de las concepciones económicas globalizadas. Las universidades entraron a formar parte en ese esquema impositivo, con intensidad debida al ritmo propio de la mundialización, bajo el liderazgo del sector financiero y la avanzada de multinacionales. Autores de honda formación, supérstites del Humanismo, han puesto en cuestión el modelo, como en los casos de Edgar Morin, Ernesto Sábato, José-Luis Sampedro, Federico Mayor y Stéphane Hessel, entre otros. La política en los gobiernos de las grandes potencias no se conmueve, a pesar de los riesgos que nos viene señalando con dramatismo el "cambio climático", en lo que se refiere a la componente antrópica de agravamiento que conlleva. Y los países en "vías de desarrollo" no han tenido otra alternativa que intentar parecérseles, con esfuerzos inusitados para marchar por ese mismo camino, a pesar de las distancias y del acento en riesgos.

Un referente cercano

Hace poco se publicó importante ensayo breve de Arturo Leyte (catedrático de filosofía en la Universidad de Vigo, España), intitulado "El territorio de las humanidades" (Cfr.: "El País", España, 05.I.2012; elpais.com), con interrogantes cruciales. Me ocupo a continuación de reseñarlo, por encontrarme en esa misma línea de preocupaciones, sin una respuesta que pueda dar esperanza en la reinstalación del Humanismo en el ámbito social y en el sector educativo.

De entrada hay una enorme limitación, en el sentido de no poder llamar "humanista" al profesional de las "humanidades", sencillamente porque no tiene la formación que lo emparente con la tradición del Humanismo. Se producen en nuestro tiempo, salvo extremas singularidades, profesionales con barnices que acentúan el alejamiento, sin el compromiso y la hondura en el rescate de lo esencial en la tradición de la Cultura. Y aquellos barnices no pasan de ser elementos decorativos, como florecitas de pronto marchitamiento en los planes de estudio, totalmente prescindibles sin afectar la onda productivista de los actuales enfoques.

Por otra parte, el tratamiento dado a las "ciencias humanas" ha llevado a subordinar aspectos de aquella tradición a los métodos de las ciencias naturales, perdiéndose el carácter sustantivo.

Leyte se interroga: ¿Qué queda del Humanismo? ¿Vale la pena y será posible recuperarlo? ¿Quiere una sociedad, por medio de su Gobierno, formar a sus jóvenes ciudadanos en estudios como la historia, la literatura, el arte, las lenguas clásicas o la filosofía?, ¿o prefiere una educación de la que haya desaparecido la posibilidad de leer, escribir, interpretar, juzgar y decidir de manera ilustrada? E introduce una pregunta inquietante: "¿Qué aportaría el territorio de las humanidades a la democracia?"

Señala Leyte que "el declive de las humanidades no deja de constituir otra forma de referirse a la aniquilación estratégica del pasado." Y en la posibilidad de volver a ellas percibe que pudiera encaminarse el trabajo no como arqueología sino con el propósito altruista de constituir un modelo de ciudadanía. Pero se topa con una realidad ineludible, la de disponerse de administraciones no dispuestas a enfrentar las dificultades que implicaría volver por esos fueros, en virtud también de no ser "productivas", limitación que se agrega a la velocidad que han venido imponiendo las tecnologías en la enseñanza.

Llega Leyte a concluir que "las humanidades ya no pueden constituirse en el fondo sobre el que construir una sociedad libre y crítica." Sinembargo, también se pregunta si hoy sería posible alcanzar una sociedad realmente democrática sin el reimplante de las humanidades, aunque persista el modelo económico.

La preocupación se centra, entonces, en la formación integral de ciudadanos, con capacidad de comprender por la juiciosa lectura y por la reflexión ilustrada, los fenómenos y las circunstancias que de manera inevitable les corresponde afrontar en la vida, con los demás. Y de esa manera integrarse en procesos de ascenso en la condición humana, en armonía con la Naturaleza, de la que hacemos parte y dependemos.
La concepción de Leyte no está en volver a formar "humanistas", sino "ciudadanos" en condiciones favorables para entender, con sentido histórico, los procesos en los que está inmerso, o que de alguna manera lo tocan. Es decir, se trataría de personas dotadas por la Educación de elementos favorables al pensamiento ilustrado y crítico, lo que no es posible de alcanzar con el modelo imperante, como decíamos, pragmático y utilitarista.

Visión humanista en la economía y en la vida

El dios Mercado se arroga el papel de principal educador: ha sustituido al profesorado en su tarea gracias a una publicidad omnímoda que subyuga a niños, adolescentes y jóvenes superconectados con la Red y ha reducido su vocabulario a una serie de sintagmas abreviados...
Juan Goytisolo ("Más y más cosas, pero menos importantes"; "El País", España, 21.I.2012; elpais.com)

Otro autor de tomar en cuenta en la reconsideración del Humanismo que me he propuesto, es José-Luis Sampedro (n. 1917), personalidad desconocida en Colombia, en virtud de nuestro aislamiento intelectual; economista de carrera e impacto académico y narrador notable, en particular por su obra "Economía humanista – Algo más que cifras" (Ed. Debolsillo, Barcelona 2009, 2010). Agudo y penetrante observador-analista de la realidad, con especial visión estructural o totalizadora, distinta a la visión dominante en el modelo que gobierna el mundo, que califica ya de insostenible, observando que vivimos la decadencia del sistema, sin que la historia se acabe. Asemeja la situación actual a la caída del Imperio romano que condujo al surgimiento de nuevas estructuras e instituciones. Observa la irrupción de agentes transformadores que habrán de conducirnos a otro mundo, sin posibilidades de advertir cómo habrá de ser, pero con sentimiento positivo de alcanzar otro estadio de sociedad que supere la crisis, generada por el mercado y la globalización, y consiga nuevos rumbos para la humanidad, con respuesta que dará la historia, con protagonismo de la ciudadanía, dejando atrás el paternalismo, y la forma estandarizada de hacer feliz a los otros, sino más bien generando condiciones para que las personas construyan la felicidad propia, lo que nos remite al sapere aude de Horacio, en el s. I: "atrévete a pensar", reasumido por Kant (1784), en la respuesta a la pregunta: "¿Qué es la Ilustración?", como postulado de la Ilustración, en los términos: "¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!", con la extensión: No intentes hacer feliz al otro a tu manera (Kant, 1793).

Advierte Sampedro en la situación actual dos características en los poderes dominantes: el gobierno en la sombra y la conducta "descarnadamente interesada", sin tapujos, con las consecuencias sociales en el agravamiento de la inequidad. Y no es que Sampedro rechace el modelo de mercado, puesto que lo considera necesario y exigido por la división del trabajo. Plantea un modelo de "economía social de mercado", sobre la idea que cuando los individuos están en situación desigual, unos con más medios a su alcance que otros, entonces lo equitativo será aplicar un trato desigual, compensatorio, para que las mayorías no sigan sumidas en el dominio de unos pocos.

Considera que habiéndose llegado a límites naturales, políticos, psicológicos con el modelo imperante de predominio de la técnica, se han desencadenado perturbaciones crecientes en enfermedades mentales, la producción, mercadeo y consumo de drogas alucinógenas y la incertidumbre sobre nuestra identidad y el puesto del ser humano en el mundo.

La respuesta podrá estar en reconducir la formación de nuevas generaciones con apego a la solidaridad en la forma de cooperación, al respeto en las diferencias, a la valoración del medio natural procurando su recuperación y defensa, la restricción al desbordado consumismo, contraponiendo el ser cada vez mejores, con dominio de sí mismo, para alcanzar intensidad en el ejercicio de la vida y una verdadera paz.

Considera Sampedro que a partir de los años setenta han emergido dos problemas: las "transnacionales", como prefiere llamarlas (en vez de "multinacionales"), con un poder desmesurado que sobrepasa la capacidad de control de los estados, por el rompimiento de las fronteras nacionales, hecho que fue puesto en evidencia en estudio de Naciones Unidas de 1973. Y el otro gran problema es la contaminación ambiental, que ha venido generando conciencia cada vez mayor por sus efectos y por las maneras como deberá controlarse. Contaminación articulada con la aplicación de la técnica en busca de más beneficios, gran problema que no es posible de enfrentar sino por urgida comprensión y concertación internacionales.

Problemas que se le suman a la crisis energética, a la explotación desbordada de los recursos naturales y a la crisis de los alimentos. De conjunto esos problemas álgidos del mundo actual deberían conducir a repensar el modelo de desarrollo económico dominante. Problemas que tienen que abordarse de manera mundial, que desbordan las posibilidades de intervenirlos por los países en forma aislada, con lo que se reclamaría el surgimiento de nuevas instituciones capaces de ser decisorias, reguladoras y acatadas a nivel mundial. Quizá en el siglo XXI ese paso pueda alcanzarse hacia un "centro mundial de decisión", como paso adelante de las Naciones Unidas, de la Unión Europea y de la naciente Unasur.

Sampedro se pregunta: "¿Cómo conseguir ese otro desarrollo basado en otra escala de valores?" Y la respuesta no podría ser distinta: "Es indispensable educar." Pero educar con base en concepción diferente, que privilegie valores humanísticos y humanitarios. La educación, también lo sabe Sampedro, condiciona los modelos a mediano y largo plazo, en la esperanza de generar otros condicionamientos en las personas, diversos al consumismo, a la rentabilidad con la creciente concentración y al productivismo eficientista. Sampedro llega a concebir un nuevo desarrollo que deberá ser global, diversificado, compensador, humanizado, que restablezca la vida interior, la capacidad de gozar, el sentido de identidad y el rescate de tradiciones. Y para alcanzar meta ambiciosa, plantea que "lo esencial es descolonizarnos intelectualmente y cuanto antes", con la ambición de alcanzar una sociedad para todos "donde lo que importe sea el libro y el pan, la tolerancia [el respeto] y la comprensión." Y ha propuesto contraponer vitalidad a la productividad, cooperación a la competitividad y creación a la innovación, con niveles de pensamiento que superen esas tres palabras estandarizadas (productividad, competitividad e innovación), punta de lanza del modelo dominante en crisis.

Complejidad y humanismo

Otro referente en nuestro tiempo para ayudarnos a comprender el difícil momento que vivimos, con aventura de posibilidades de superarlo, en armonía plena con la naturaleza, es el pensador Edgar Morin (n. París 1921), ampliamente conocido. Su libro más reciente, "La Vía para el futuro de la humanidad" (Ed. Paidós, Barcelona 2011) recoge de manera concisa lo más agudo de su pensamiento. En él se ocupa de revisar las políticas de la humanidad, las reformas del pensamiento y la educación, de la sociedad y la vida. Es una visión totalizante e integradora del mundo, con las opciones que concibe para tener esperanza y confiar en cambio de rumbo provechoso para el sostenimiento de la vida en el planeta.

Morin, después de hacer el diagnóstico del estado del mundo, hace esfuerzo descomunal para plantear las reformas necesarias que permitan emprender la recuperación por un camino sostenible. Así, en lo económico plantea las siguientes: Abandono de la idea de crecimiento indefinido; Creación de un consejo de seguridad permanente a nivel mundial; Establecimiento de cooperación Norte/Sur; Uniones económicas en Sudamérica, el Magreb, África subsahariana y Asia oriental; Desarrollo de economías de proximidad; Desarrollo de la economía verde, de la economía plural, del comercio justo, de los bancos solidarios, del microcrédito y las microfinanzas; Multiplicación de monedas locales subsidiarias; Resurrección de lógica de la donación, la ayuda mutua y la gratuidad; Reforma de la empresa que involucre relaciones entre los trabajadores, conocimiento pluridisciplinar, pensamiento complejo, dimensión ética; Mantenimiento o resurrección de los servicios públicos nacionales (correos, telecomunciaciones, ferrocarril); Ayuda a los oficios de interés general; Fórmulas comunitarias hacia el pleno empleo; Desmercantilización progresiva de los bienes comunes de la humanidad (el agua y todos los seres vivos).

Como lo pertinente para el tema que nos ocupa, en la contribución central de Morin, paso a destacar lo que concibe para la reforma de la Educación:

- Ante la contradicción de necesitar primero reformar las mentes para reformar luego las instituciones, pero a la vez estas no se pueden reformar sin reformar aquellas, Morin advierte no existir respuesta, pero encuentra la salida al concebir que "la vida es capaz de aportar soluciones a problemas lógicamente insolubles." Es fórmula de esperanza: cuando creemos estar en callejón sin salida, no hay que darse por derrotados.
- Debemos reaprender a pensar, esa tarea de salvación pública que comienza por uno mismo.
- La reforma de la educación debe partir no tanto por lo expresado por Rousseau en el Émile, en palabras del educador al alumno: "Quiero enseñarle a vivir", sino con la idea de solo poder ayudarle a aprender a vivir.
- La enseñanza que se realiza con disciplinas separadas, coarta la curiosidad de los jóvenes; es deseable que se trabaje con integración de ellas para abordar problemas fundamentales: ¿qué es el conocimiento pertinente?, ¿qué son el hombre, la vida, la sociedad, el mundo?
- Deben asociarse términos antagónicos para acceder a la comprensión de la complejidad.
- Incorporar las diversas formas de racionalidad: teórica, crítica y autocrítica.
- Establece la "ecología de la acción", en tanto la acción al iniciarse involucra las "ínter-retro-acciones del medio"
- La reforma debe involucrar una "introducción a los problemas vitales, fundamentales y globales que se ocultan en la fragmentación disciplinar".

- Propone introducir, en todos los niveles de la educación, las siguientes seis asignaturas:

El conocimiento del conocimiento. Referencia al libro "Los siete saberes necesarios para la educación del futuro" (N. Vallejo-Gómez & Edgar Morin. Ed. Unesco, París 1999). Alude a Heráclito: "Son malos testigos para los hombres, los ojos y los oídos cuando tienen almas bárbaras." Fundamental enseñar que "el conocimiento comporta considerables riesgos de errores e ilusiones". "El conocimiento pertinente debe mostrar las diversas caras de una misma realidad".
La realidad humana como trinidad individuo/sociedad/especie: el ser humano como homo sapiens/demens, faber/mythologicus, economicus/ludens; el individuo como sujeto sometido a un programa casi doble, uno, egocéntrico encerrado en el "yo primero"; el otro, altruista, integrado en un "nosotros".
La era planetaria: de la conquista del mundo a la globalización.
La comprensión del otro: entre personas, entre pueblos, entre etnias.
El enfrentamiento con las incertidumbres (individuales, sociales, históricas)
La trinidad ética: de la persona, cívica y del género humano. Platón: "Para enseñar hace falta Eros"; hace falta el amor al conocimiento, el amor a una juventud. Alude a la importancia de la educación activa, de acuerdo con Montessori, Freinet, Paulo Freire, o en la Green Chol, escuela internacional de Bali, establecida en 2008. Uno pensaría también en el modelo de "Escuela Nueva", derivado de aquella, exitoso en la región central cafetera de Colombia y extendido a Manizales como "Escuela activa urbana".

- Anota que tomando como referencia las experiencias piloto significativas, o exitosas, al multiplicarlas nacerá la reforma de la educación, que podrá conducirnos "a crear la forma de inteligencia capaz de afrontar los problemas fundamentales y globales, y de relacionarlos con lo concreto"; y no será suficiente con decretos y leyes.
- Llama la atención también sobre el internet como un recurso para el cual deben entrenarse los docentes, con "utilización pertinente y crítica" de lo disponible en las redes.

En Edgar Morin como en José-Luis Sampedro las raíces clásicas en la formación y en el desarrollo de sus obras, son inobjetables. Ambos se nutrieron de la más rigurosa educación, con acceso al estudio continuo de autores sobresalientes antiguos, modernos y contemporáneos. Su apego a la historia los lleva a establecer conexiones de pensamiento y a considerar líneas preponderantes, con eclosión de modelos, como el "neoliberal", que analizan en sus consecuencias desastrosas, materializadas en inequidad social, con abismales diferencias, en la concentración creciente de poderes transnacionales, sin fronteras, y en el angustioso deterioro medioambiental, advirtiendo de la necesidad de un retorno a las fuentes del pensamiento, para reconstruir el camino, orientándolo bajo principios de justicia, libertad, equidad, coexistencia armónica con la naturaleza, para lo cual es completamente necesario reformar la Educación, con criterios de integralidad.

El retorno a las fuentes

Es nuestra creencia que la acción no se resiente de la discusión, sino de la carencia de ésta, que sirve para arrojar luz antes de emprenderla. Y combinamos en grado excepcional las cualidades de audacia y reflexión, cosa notable, pues en la mayor parte de los casos el valor no es sino fruto de la estupidez, y la duda, pena de la reflexión. Somos igualmente excepcionales en nuestras normas de moral, pues tenemos amigos por los favores que hacemos y no por los que recibimos. Solamente nosotros estamos inspirados por el espíritu de libertad hasta el punto de poner el interés propio por un lado y hacer el bien sin medir las consecuencias.
Pericles [495?-429 a.C.] (fragmento de su discurso en el otoño del 431 a.C.) – [Siglo V a.C.: "siglo de Pericles", "siglo de oro ateniense"].

En esta cita de discurso de Pericles, se da cuenta del hecho real en la Grecia clásica, sobre la predisposición cultural a la discusión, para confrontar tesis contradictorias mediante los argumentos, y de una manera generalizada, manifiesta en Sócrates, por ejemplo al discutir con Protágoras. Actitud de la que tanto necesitamos hoy que rompe con las culturas que le preceden, acompañada de ser una cultura pluralista, abierta, tolerante incluso en religiones y pionera, con Anaximandro, en la comprensión del evolucionismo en las especies y el estudio racional del mundo, mediante la observación de hechos y fenómenos, con esa capacidad extraordinaria de cambiar con rapidez, así de las explicaciones por los mitos a las comprensiones racionales, a pesar de haber tenido la idea, un tanto deprimente, de la circularidad cósmica y en la historia, con la noción de ciclos. De ahí el interés en recoger un hilo conductor surgido de aquellos tiempos, en el siglo denominado de Pericles, caracterizado por los saltos cualitativos.

La obras de Platón (428-347 ó 348 a.C.) y de Aristóteles (384-322 a.C.) son la referencia más sobresaliente como consecuente de los presocráticos y como apertura a formas de pensamiento todavía con vigencia. La Filosofía no puede excluirse de ser la base para la elaboración de interpretaciones, de análisis, y de alternativas racionales respecto a las soluciones que deben alcanzarse para resolver problemas fundamentales de cada uno y de todos los tiempos.

En el libro V de la República, Platón se pregunta "¿Cuáles son los verdaderos filósofos? Y responde: "Quienes aman contemplar la verdad". Ahí está el primigenio sentido de la Filosofía, y para amar la contemplación de la Verdad habrá que consagrarse a su búsqueda permanente. Y en el Fedro, Platón establece la contemplación de la Verdad y del Ser como el manantial que origina los valores morales del ser humano; contemplación que también incorpora la idea de hacer, no es la quietud o inmovilidad como oportunidad de observar y de acariciar en la mente lo observado. Hay labor involucrada en el pensar que conduce, como regente, al construir. De ahí que Platón le conceda a la contemplación una dimensión política. Y asegura que el mal mayor es la injusticia, y la justicia es el bien mayor. Sócrates (470-399 a.C.) asegura que la persona que sea honesta y buena será feliz, y el deshonesto y malvado será infeliz (En el Gorgias).

A su vez Aristóteles afirma que la felicidad proviene de la contemplación de la verdad (libro décimo de la Ética a Nicómaco).
Fue también Sócrates quien estableció la "persuasión" como la manera de asumir las diferencias y los conflictos, mediante el uso de argumentos (Cf.: el Critón). En este sentido Sócrates sería el primer teórico de la NO violencia que en el siglo XX Gandhi lideró y ejerció hasta conseguir la independencia de la India, al igual que otros líderes pacifistas como Martin Luther King y Nelson Mandela.

En Platón de igual modo encontramos el soporte al concepto de ser Eros la tendencia al bien, en todo sentido, con la ambición de disponer de él para siempre. Concepto ligado a la belleza, con la intención de que lo bello sea reproducido y continuado. Eros ambiciona conquistar las cosas buenas y bellas, y ejerce como intermediario de estas con las malas y las feas, en especie de acción dialéctica de contrarios, que conduce a la confrontación entre carencia y abundancia, pobreza y riqueza, entre otras. (Cfr.: el Simposio)

En Aristóteles está el concepto de virtud como el justo medio, sin que pueda darse donde estén presentes los excesos o los faltantes, es decir, las situaciones extremas, por lo alto y por lo bajo. (Cfr.: la Ética a Nicómaco).

Sin pretender ahondar más en el tema, bastará con señalar a los grandes filósofos griegos como los que se atrevieron a elaborar concepciones generales para la humanidad. De ahí nuestro interés en señalar esa cultura como digna de estudiarse de manera permanente, motivando en los jóvenes el acceso a ella, por medio de cursos, seminarios, tertulias y talleres académicos.

La sabiduría en el valor de normas insoslayables

Confucio (551-479 a.C.) es otro pensador clásico de tomar en cuenta en un proceso de rescate del Humanismo. Autor de obra monumental, las "Analectas", que para Elías Canetti "constituyen el retrato intelectual y espiritual más antiguo y completo de un hombre. Nos sorprende como si fuera un libro moderno." Su ejercicio de la educación fue para todos, sin ninguna discriminación económica, social, racial o de creencias, de profundo alcance moral. Para Confucio el conocimiento comprende tanto lo que se sabe como lo que no se sabe, e involucra el pensamiento en la educación con la siguiente norma: "Estudiar sin pensar es inútil; pensar sin estudiar es peligroso."

Aconseja en los procesos de estudio recoger mucha información, pero con capacidad selectiva dejar de lado lo sospechoso y hacer muchas observaciones, poniendo en práctica con cuidado lo que queda, y asegura que "con pocos errores en lo que dices y pocos lamentos en lo que haces, tu carrera estará hecha".

Su sentido de ejercicio de la vida lo llevó a recomendar no tener preocupación alguna por ocupar cargos públicos o de adquirir fama, pero sí a preocuparse de no merecerlos o de no ser digno para ellos.

Para los ancianos manifestó el deseo de que dispongan de tranquilidad, de sosiego, de paz; para las amistades aconsejó generar confianza y para los jóvenes el despliegue de los afectos.

En la formación del ser humano involucró con similar trascendencia la moral, la bondad y las artes, como asuntos esenciales de asumir. A la vez inculcó la capacidad de escuchar al otro, sin reserva alguna, al igual que ver mucho, y siempre elegir lo mejor de lo escuchado y lo visto para conservarlo.

Pide también evitar la temeridad y la arrogancia, atenerse a la buena fe y descartar totalmente la vulgaridad y lo que no tenga sentido, al igual que recomienda evitar de un todo el capricho, el dogmatismo, la obstinación y la vanidad. En esta línea de normativa de valor, encamina su pensamiento a la conquista de la armonía personal y social, sin descartar la posibilidad de ejercer la inconformidad frente a lo que se considere negativo en los procederes de gobiernos, instituciones, colectivos e individuos.

Confucio considera que a un jefe de Estado le debe preocupar más la desigualdad que la pobreza y la carencia de paz, y que en su proceder debe atraer a la población más distante, o indiferente, en virtud de la fuerza moral de la civilización. Concebiría que al resolver el problema de la inequidad, la pobreza se soluciona.

La amistad la considera un valor preciado y hace la distinción de quienes pueden hacernos bien y quienes daño. La amistad que nos retribuye, que nos aporta, es la de personas rectas, dignas de confianza y cultas. Y deberemos evitar la de aquellas que son tortuosas, halagadoras y falsas.

Hay especie de "nonálogo" en las "Analectas" que bien puede emular con el "decálogo" de los cristianos, con ventajas por su formulación en positivo. Convoca a prestar especial atención cuando se mira para ver con claridad; a escuchar para oír sin confusión; a expresarse en forma debida para ser amistoso; a disponer de actitud adecuada para ser respetuoso; a tener expresión concordante con ser leal; a asumir las obligaciones o deberes para ser responsable; cuando se esté incierto interrogar, cuestionar, dudar; cuando se esté disgustado o con enfado meditar en las consecuencias de un indebido proceder, y cuando se tenga algún beneficio deberá pensarse si es merecido o justo.

Se trata de precioso y conciso código para asumir la vida con ejemplaridad, puesto que involucra valores nada despreciables que recuento enseguida: claridad, amistad, respeto, lealtad, responsabilidad, cuestionar, asumir consecuencias de los propios actos y justicia.

A estos valores le agrega Confucio cinco prácticas que llevarán a fortalecer y desarrollar el sentido de humanidad: cortesía, tolerancia, buena fe, diligencia y generosidad.

Es un verdadero conjunto de normas para un comportamiento ético concordante con la ambicionada dignidad humana, por encima o al margen de credos religiosos, es decir, laico.

Finalmente, con respecto a este inolvidable Maestro, quiero recordar también su invocación a no transgredir las normas esenciales, a comprender y cumplir con los ritos apropiados y asimilar sentido y alcance de las palabras, lo cual conduciría a entenderse con los demás.

Escarceo de actitud para la reforma de la Educación

Si no insistimos en la importancia fundamental de las artes y las humanidades, éstas desaparecerán, porque no sirven para ganar dinero. Sólo sirven para algo mucho más valioso: para formar un mundo en el que valga la pena vivir...
Martha C. Nussbaum

Esta exposición ha tenido una finalidad, la de vislumbrar algún camino favorable a estimar la Educación como fórmula salvadora en la crisis que de nuevo padece el mundo, por las secuelas generadas del modelo económico de desarrollo imperante. Lo primero será concebir sobre qué cimientos la cultura y la organización social deberán apoyarse para un salto deseado adelante, que favorezca al conjunto de las poblaciones, en armonía con la Naturaleza.

Esos cimientos están en la tradición del Humanismo, desde los Presocráticos, la cultura clásica griega, el Renacimiento, la Ilustración... Y en personalidades emblemáticas por sus obras que en los siglos XIX y XX han reasumido aquella tradición, además de evaluar lo que ocurre y dar pasos adelante en la comprensión integradora hacia nuevos horizontes, sin eludir la magnitud de los problemas.

Es bueno resumir los tres problemas cruciales que parecen avasallarnos: 1. La inequidad, con la componente de injusticia; 2. El deterioro medioambiental, y 3. La imposibilidad hasta ahora de resolver pacíficamente los conflictos agudos (incluso, en ocasiones, también los más sencillos). Las consecuencias se evidencian, y se podrá pensar si la vida en el planeta estará en riesgo de extinguirse, antes de tiempo, por la mala acción humana. Y si ese proceso estará en nuestras manos detenerlo y, aún, devolverlo a condiciones de "sostenibilidad".

Considero que la Educación es la herramienta y el camino. Soñando en su papel estratégico y en la posibilidad de construir una gran concertación entorno a ella, propongo reformularla incorporando como eje central, en todos los niveles, el Arte, tal como lo formuló Herbert Read en su maravilloso libro la "Educación por el Arte" (Ed. Paidós Educador, Barcelona 1986), en una atmósfera de Humanismo y solidaridad.
Para la componente esencial de retornar al Humanismo, sugiero que en el bachillerato y en la Universidad se ofrezcan cursos en cada año o semestre, estructurados por épocas y autores, considerados como clásicos, desde los primeros tiempos de la Cultura, en términos de civilización.

Por ejemplo, insistir en el conocimiento de la Grecia Clásica, en términos del arte, del pensamiento y la política. Análogo con el Renacimiento y la Ilustración. Y con las grandes culturas aborígenes o ancestrales de América. Hasta llegar al estudio de aquellas figuras sobresalientes en arte, pensamiento, ciencia... contemporáneas.

Todas las carreras profesionales tendrían esa componente necesaria, y las propiamente relacionadas con el Humanismo y las ciencias sociales, por supuesto estarían más centradas en esos temas.

El problema fundamental radica en disponer de profesorado idóneo, con capacidad de impartir lecciones, con la exigida formación, y de ser motivadores para ganar el interés, y aún el entusiasmo, de los estudiantes, de lo contrario se dispondría de asignaturas reconocibles, como ha sido usanza, a la manera de "costuras".

Sinembargo podría emprenderse en gradualidad el camino, con un norte claro.

Detalles más minuciosos sería trabajo de la comunidad académica, a la manera de grupos, con labor de seminario permanente, involucrable en la construcción de un sendero como el aquí delineado. Y las estructuras académicas podrán ir asumiendo las decisiones que correspondan y la puesta en marcha de los respectivos planes y programas que surjan, de manera colegiada.

El profesorado actual debe de tomar conciencia y emprender sin demora la tarea de restablecer la Educación como guía, o lazarillo, de la sociedad, re-cimentándola en postulados de vigencia incuestionada, con apoyo en culturas, escuelas y personalidades consagradas en la historia.

Para ir redondeando el tema, comparto testimonio de eminente profesor colombiano en universidad de los Estados Unidos, aplicado a las Humanidades, en mensaje que recibí por estos días, a raíz de diálogos que hemos sostenido sobre la complejidad que nos ocupa:

"... Cuando empecé mis estudios de graduados de filosofía y letras, todo se circunscribía al estructuralismo, luego a medio camino nos cambiaron el cuento y girábamos alrededor de los estudios culturales/ postcolonialismo, y ya cuando terminé el doctorado el traje de moda era el postmodernismo. Pero, lo peor es que las obras literarias habían quedado relegadas a la lectura atenta y a la reflexión sobre sus ramificaciones con el entorno. Me prepararon para ser 'especulador teórico' y cuando salí a buscar trabajo el perfil más solicitado en el mercado era para los especialistas en el lenguaje y lingüística aplicada. Y ahora, la moda es Iconotextos y Sonoridad (un nieto del post-estructuralismo). Los departamentos de literatura se convirtieron en un sancocho de especialistas en 'ismos' o rótulos amarillentos.

"De ahí proviene una distracción alarmante que genera una rivalidad a muerte en el mundo académico norteamericano, que puede ser igual en España, Francia o cualquier país de América Latina. La guerra a codazos en el mundillo universitario se asemeja a la institución militar, porque el interés es de poder. Aunque sea el poder del chisme, de alguna información confidencial para manipular y escudriñar posibilidades de trepar, o de treparse en los colegas..." (Cfr.: mensaje del Prof. Dr. Antonio García-Lozada, de la Universidad Central del Estado de Connecticut, EUA, 19.I.2012; 11:10 a.m.)

A manera de coda

En tiempos oscuros nos ayudan quienes han sabido andar en la noche.
Ernesto Sábato

He partido de la base de ser esta una época empobrecida en la vida de personas y comunidades, por el apego desmesurado a la rentabilidad y a la acumulación concentrada de capitales, con derroche de técnica o tecnología, lo que ha conducido a la ampliación creciente de la brecha en las poblaciones humanas. Se suceden generaciones que sobrellevan ese impacto, pero la responsabilidad estará en la oportunidad de una política que reasuma la Educación, humanista y humanitaria, como el único camino de apuntarle a un mejor futuro para todos, con recuperación, o instauración social, de valores de consistencia universal, que legitimen la dimensión espiritual del ser humano y su potencialidad de concebir, idear, fantasear, amar, recrear y compartir. Además, con la necesidad de abandonar la idea exclusivista de desarrollo y crecimiento, en lo económico e indefinido, al igual que superar la pretensión de seguir considerando a la Naturaleza como un objeto, maleable a la intención de turno.

Habría de llegarse, si la fortuna del destino nos favorece, a especie de gobierno mundial, con capacidad de asumir criterios y mecanismos de regulación y control; aspiración que también tuvieron Albert Einstein y Bertrand Russell, con aquella idea reminiscente y nostálgica de Diógenes-el-cínico, al considerarse "ciudadano del mundo" (kosmou politês), guía de los estoicos afines, quienes tuvieron la ambición de habitar el lugar propio y un ámbito grande solo limitado por el Sol.

En el penúltimo libro de Ernesto Sábato, "Antes del fin" (Ed. Seix Barral, Buenos Aires 1998), el autor hace especie de revisión crítica del acontecer en el mundo, con balance de testimonio personal, en la proximidad de clausura de una vida elaborada en conocimientos y en escrituras reflexivas. En él Sábato presenta el panorama crucial del mundo, con enorme pesimismo, pero hace monumental esfuerzo para escribir un capítulo último, bajo el título: "Pacto entre derrotados", especie de manifiesto a los jóvenes, donde invita a jugarle a la posibilidad de componer el camino, sin dejarnos avasallar por la depresión ante la magnitud de los problemas y ante la impotencia o ineptitud de dirigentes y gobernantes, asignándole a la juventud la inmensa responsabilidad de prepararse en líneas de pensamiento valederas para asumir la conducción del futuro, con actuaciones en defensa de los valores más caros al sentido de Humanidad.

Sábato refiere historias de personas humildes que sobrevivieron a catástrofes, constituyéndose en verdaderos ejemplos de superación en la vida, a pesar de las cargas de tragedia. Y recuerda lecciones de poesía y pensamiento, como al citar a María Zambrano, con la expresión: "No se pasa de lo posible a lo real sino de lo imposible a lo verdadero." Y apela en diversas ocasiones al inmenso poeta Hölderlin, con la idea de "donde abunda el peligro crece lo que salva". Acude, asimismo, a Kierkegaard, quien dijo: "tener fe es el coraje de sostener la duda".

En la misma persistente reflexión, Sábato propone que "en estos tiempos de triunfalismos falsos, la verdadera resistencia es la que combate por valores que se consideran perdidos." E invita a promover una insurrección a la manera de Gandhi, con los jóvenes, "una rebelión de brazos caídos que derrumbe este modo de vivir donde los bancos han remplazado a los templos." Recuerda que Gandhi advirtió que no es suficiente ser NO violento, sino que es necesario actuar ante las injusticias sociales.

Recursos de la gran poesía lo acompañan en ese llamado final, aludiendo también a Rilke, a René Char, a Miguel Hernández, a León Felipe. Traza una línea de pensamiento en la historia, de recuperar, para asumir los retos de reconducir el mundo hacia la equidad y la justicia.
Y como si se tratara de un antecesor de los "Indignados", convoca a salir a los espacios abiertos, a movilizarse, asumiendo riesgos por el otro, bajo la esperanza que una nueva ola de la historia podrá levantarnos.

Conmueve en lo más profundo la siguiente cita que trae de Hölderlin:

El fuego mismo de los dioses día y noche nos empuja a seguir adelante.
¡Ven! Miremos los espacios abiertos, busquemos lo que nos pertenece, por lejano que esté.

No hay que tenerle miedo a las utopías, también enseña Sábato; hay que asumirlas con gran reto y dedicación apasionada para ir en su procura. No de otra manera podrá tener existencia la posibilidad de alcanzar un mundo mejor.

Concluyo dándole la palabra al mismo Ernesto Sábato, en su manifiesto pionero del movimiento de los "Indignados" que nació en el 15 de mayo de 2011 (15-M) en España y que ha tenido expresión en varios países, como Estados Unidos, Inglaterra e Israel. Dice Sábato:

Cuando el mundo hiperdesarrollado se venga abajo, con todos sus siderántropos y su tecnología, en las tierras del exilio se rescatará al hombre de su unidad perdida.

Esta es la causa que nos congrega, y el Humanismo debe asumirse justo en esa línea de pensamiento desde los presocráticos hasta las lucecitas que hoy todavía luchan por sobreponerse a las mayores adversidades, con voceros contemporáneos como el mismo Sábato, Edgar Morin, Stéphane Hessel, Martha C. Nussbaum, José-Luis Sampedro, Federico Mayor, entre otros, con la matriz común de la NO violencia activa.

 
 
 
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