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ISSN 0120-0216
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El perdón y sus cuestiones


En la vida, en la historia, en la cotidianidad, las palabras adquieren formas múltiples y mutantes. El sentido fluye, lo que antes era, hoy no es. Y el mañana será un-quien-sabe. El rigor, como proceder de la lógica racional, tiene lugar restringido, no siempre con desenvolvimientos coherentes. Antes el Sol giraba alrededor de la Tierra, y luego la observación invirtió la apreciación. La Tierra fue plana, y en sus límites los abismos insondables. Luego se le reconoció redonda y en el espacio infinito las estrellas parpadean con nostalgia de mundos extinguidos.

Perdonar es infinitivo de uso multifuncional. Las religiones lo asumen como un don divino, interpuesto como acción en manos "elegidos" para aplicarlo, con exclusividad al arrepentimiento y a la bendición ritual. En la formalidad de la justicia no parece tener lugar: quien es juzgado paga por las culpas, y de exonerarse será por haber sido enjuiciado sin motivo. En las culturas de la autocracia, el perdón es favor de los supremos en el ejercicio del poder, como dádiva un tanto mesiánica que compense con la sumisión.

Teóricos los hay que estudian el tema desde la especulación filosófica, o desde la experiencia, con el saludable intento por encontrarle posición a la idea entre la humanidad. Así, un sobreviviente del Holocausto, Simon Wiesenthal, se dio a la tarea de indagar a varias decenas de personajes involucrados en los conflictos, a partir de interrogantes de difícil solución: ¿Será posible perdonar a un criminal arrepentido?, ¿se podrá perdonar los crímenes cometidos contra los semejantes?, y ¿qué deuda deberá asumirse con las víctimas? Esta ilusión le sobrevino después de haber estado en campo de concentración, donde fue llevado al lecho de uno de las SS que quería pedirle perdón después de manifestarle, como moribundo, su arrepentimiento por los crímenes cometidos. El judío guardó silencio inquietante, y le apretó la mano, con mirada profunda al criminal, y ebullición de inquietudes en su pensamiento, sin poder desatar salida posible. Situación que llevó a Wiesenthal a formularse interrogantes de nada fácil respuesta, en los cuales se proponía el deseo de conocer los límites del perdón y la posibilidad de olvido, en un marco de moralidad apreciable.

El perdón es solo alcanzable por las víctimas. Y en qué condiciones, bajo qué circunstancias y premisas. Y las consecuencias. Quien sea perdonado, ¿podrá regresar al sosiego de espíritu? ¿El olvido será consecuencia del perdón? ¿De no olvidar, aunque perdonado, el sujeto podrá tener algo de alegría? La vida transcurre en los contrasentidos y en las enemistades, producto de buscar lugar en el mundo, en medio de estrujones. La violencia aparece ante los antagonismos religiosos, ideológicos o de intereses de tantos órdenes. Colombia es un laboratorio natural, inextinguible al parecer.

En el diálogo suscitado en el caso vivido por Wiesenthal, el Dalai Lama apeló a la cultura budista de la no violencia y la piedad, para manifestar su acuerdo con la posibilidad de perdonar al culpable de atrocidades, sin la implicación del olvido. Eva Fleischner se preguntó si Wiesenthal podía perdonar al criminal nazi, con duda en la posibilidad, en vez del debería. El silencio y el apretón de mano, con la espera para escuchar, fueron más bien muestra de compasión, en el sentir de Matthew Fox, pero con la convicción que siempre es posible perdonar, por la necesidad de ser libre y continuar viviendo. Por otra parte, el rabino Harold Krushner acudió a interpretar el perdón como un acto interior que conlleva despojarse del dolor de víctima. El recordado Herbert Marcuse, a su vez opinó que en caso de crímenes atroces, como los padecidos por las familias de Wiesenthal, perdonar hubiera perpetuado la maldad a la que trata de contraponerse. Discusión sin término.

Por lo dramática de la historia de Colombia, con innumerables guerras en el siglo XIX y con una, ramificada, que se prolonga por más de medio siglo, no han dejado de aparecer intentos de construir acuerdos de paz, para que insurrectos se incorporen a la vida civil con sus derechos y sus deberes, al amparo de la Constitución y la Ley. Y en casos se ha conseguido, pero los conflictos continúan con actores herederos o nuevos actores. Y el Estado, en sus gobiernos, trata de aclimatar procesos de "entrega", "desmovilización", con promulgación de leyes que faciliten y traten de considerar a las víctimas.

Guillermo Hoyos, pensador, ha discernido el problema en varios ensayos y apunta que tenemos total carencia de la "cultura del perdón". Subraya la imposibilidad de alcanzar el perdón para crímenes de lesa humanidad. Y hace referencia a procesos pragmáticos de reconciliación y de paz, mediando las negociaciones políticas y jurídicas.

El tema involucra conceptos de "culpa", "arrepentimiento", "reparación", "verdad", "justicia"... Y la historia nuestra sigue en procura de un camino que con alta convergencia ciudadana pueda rescatar oportunidades de convivencia, coexistencia para el restablecimiento de mejores condiciones de vida en la sociedad, superando niveles de hostilidad y rencor. Las distancias son largas y las discusiones traviesas, en ocasiones disimuladas por el oportunismo y los intentos de sacar ventaja de los conflictos, no propiamente para resolverlos. La palabra la van teniendo organizaciones de ciudadanos, con vocación altruista.

La encrucijada nacional es grande, y parece perpetuarse. El llamado sería por enriquecer los procesos de educación, con la componente fundamental de la cultura ciudadana, con maneras de forjar personalidades favorables a la controversia civilizada y a la construcción colectiva. El respeto en las diferencias, mejor que la "tolerancia".




["La Patria", 08.IV.2012]


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