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La vida: el mayor compromiso, personal y colectivo


Texto de conferencia en el espacio cultural "Ágora", de la "Escuela de Carabineros Alejandro Gutiérrez", Manizales, 14.VI.2012


1. Pasión vs. Compromiso

Los organizadores de este evento me propusieron exponer el tema: "Pasión que debemos tener por cuidar nuestra vida". Y con respeto lo he considerado de la siguiente manera:

La palabra "pasión" suele tener sentido problemático, por cuanto involucra la idea de un actuar desordenado y brutal, pero, por supuesto, los organizadores de esta charla han tenido apego al buen sentido que conlleva el término, es decir, a la voluntad expuesta al fervor mayor, o al entusiasmo más vigoroso, para comprometerse en alcanzar un fin noble, benéfico o altruista, comenzando por salvaguardar la vida propia y la de los semejantes.

Sinembargo, dada la connotación primera, tan arraigada en los procesos de violencia que padecemos, prefiero utilizar otra expresión. Quizá pueda ser la palabra "compromiso". Nuestro país exhibió por algunos años, a nivel internacional, un lema: "Colombia es pasión", acompañado de un buen diseño de corazón. Lema que fue criticado al ser interpretado por analistas de la geopolítica como un reconocimiento a la sostenida violencia que padece nuestra patria, por años y años, en las diversas formas, desde el conflicto armado interno, con ramificaciones siniestras de crueldad. Y en tiempo más cercano, talvez con razones valederas, ese lema fue sustraído de la circulación en todos los medios.

Entonces por conveniencia de sentido, para evitar interpretaciones equívocas, o desafortunadas, es mejor emplear otro término, y mi propuesta es "compromiso", de alta misión en despliegue de cualidades o valores, por la vida propia y en comunidad, en perpetua búsqueda de la paz, la armonía, el sosiego, con aplicación intensa de las personas a sus responsabilidades, a sus tareas, hacia la conquista del bien común.

Es de advertir que la vida es sagrada, es el bien supremo. Y es sagrada por inspirarnos veneración y respeto, como un deber, una obligación mayor.

2. La vida en su fugacidad

¿Por qué debemos ocuparnos de la vida? Suele considerarse la vida como el bien primordial, es decir, el punto de partida. La vida es la razón de ser de la existencia. Existimos porque tenemos vida y nos damos cuenta de poseerla. En otras palabras, existir es tener conciencia de la vida. La vida no es propia solo de los seres humanos; la tenemos en común con las plantas, los animales, las algas, los microbios, las bacterias... Multitud de seres que nacen, se reproducen y mueren.

La vida, entonces, es una cualidad que implica un origen, un recorrido ondulado, zigzagueante, y un declinar ineludible que culmina con la muerte.

El poseer la noción de que todo se acaba, de que moriremos, permite afianzar el aprovechamiento de la vida.

La vida es un asombro, un deslumbramiento de duración fugaz, así podamos alcanzar los humanos la edad de 90 o 100 años, en casos excepcionales. Duración insignificante frente a la vida del planeta y del Universo, medible en millones de años.

Y esa duración temporal, tan breve, nos despierta reflexiones tanto por el sentido de la vida como por las posibilidades múltiples en su despliegue. Cada uno nos vamos formando, en especial en el sistema educativo, con influencias de los mayores, de los más calificados, y de las afinidades intelectuales, afectivas, profesionales, de ocupación, o de cercanía. La reivindicación de cada día es el trabajo, el reconocernos útiles para los demás, el poder continuar formándonos y contribuyendo al bienestar de otros.

Sinembargo, la vida impone sus destinos. Hay componentes de azar en ella, pero afrontables en tanto tengamos mayor preparación, incluso para sortear estados de ansiedad y de incertidumbre, tan frecuentes. De ahí que sea aconsejable fomentar la lectura, como soporte para desarrollar en mayor grado capacidad de comprensión, adquisición de conocimientos y también distracción grata en momentos de descanso, o incluso de estrés. La esperanza debe tener lugar, a veces duramente trabajado, en nuestros espíritus. Esperanza en un futuro mejor para todos, pensable y de trabajar en su conquista. Y el 'plan de vida' es una invocación frecuente, y posible para orientar de mejor manera el futuro, con los ajustes periódicos determinados por los tropiezos y las dificultades, o también por los logros.

3. Noción de origen de la vida en las culturas

En el origen de la vida están las mitologías, de todas las culturas, que elaboran con bellas narraciones de donde venimos.

Para culturas mesoamericanas, o de América Central, antes existía el silencio, la inmovilidad, la calma, vacío estaba el cielo. No había hombres, ni animales, ni plantas, ni piedras... Solo existía el cielo. Los creadores estaban ocultos bajo plumas verdes y azules, quienes al ponerse de acuerdo disponen la creación de los árboles y de la vida; crean al hombre que aparece al amanecer. Y desde el agua fueron surgiendo los diferentes seres, la Tierra, sus configuraciones, los ríos, las montañas, los valles. Los animales diminutos y los más grandes. Y los creadores al ir conversando fueron tomando decisiones para poblar el mundo con seres a los que les adjudicaron funciones, y asignaron morada para cada uno de ellos, como en el caso de los venados y los pájaros. Y se les asignó también, por los Progenitores, las formas de expresarse y de comunicarse.

De esa manera, según la leyenda, fueron surgiendo las personas, los conglomerados, los lugares de asentamiento, el pastoreo, el cultivo, las responsabilidades de vivir en comunidad. Y se multiplicaron. Pero vino también la desgracia a oscurecer el ambiente, con la ruina, las inundaciones y la muerte.

Los primeros pobladores, de acuerdo con esa mitología murieron, pero de ellos quedaron los monos en los bosques, con la creencia de ser esa la razón por la cual los monos se parecen a los hombres. Los Progenitores continuaron su labor, creando especies alimenticias en los campos, hasta convenir en la creación de la primera madre y del primer padre, que surgieron del maíz amarillo y del maíz blanco.

En las mitologías de las culturas se encuentran relatos fabulosos sobre la creación de todo lo existente. Y lo más palpitante de esa creación es la vida, los seres dotados de movimientos, de expresiones, de comunicación, con capacidad para el trabajo y la construcción de lugares apropiados para el reposo, el juego y la multiplicación. Pero también fuimos dotados para acometer acciones violentas que ocasionan guerras, confrontaciones a muerte entre grupos, etnias, naciones. Y la destrucción vuelve a tener presencia en el mundo. En simultaneidad se afirma la condición de reconstruir, habitar de nuevo los lugares, e ir adelante. El tiempo no se detiene.

La vida es una especie de milagro, porque surge aparentemente de la nada, con disposición de seres superiores para darles figura y echarlos al mundo a emprender la lucha por preservar y enriquecer la existencia.

En últimas, la vida nos ha sido dada en larga historia, de dimensiones descomunales en pasos del tiempo, con procesos de ventura y desventura, en medio de dificultades y penalidades sin cuento. Y quienes existimos en este instante, en cualquiera de las expresiones de los seres vivos, somos, en lo individual, seres de punta, con acumulación de transformaciones asombrosas. Y la vida habrá de seguir, en la dirección del tiempo. Hay una estructura genética que portamos, nos determina, y evoluciona. El compromiso será salvaguardar, cuidar, proteger, ese privilegio que es la vida que cada uno conduce, o de la que es ineludible portador.

Oscuro será el tiempo de la memoria para encontrar las causas y los momentos en los que surgen las disputas, los enfrentamientos, las guerras, sin encontrar todavía soluciones en conjunción de racionalidad y afecto, para dirimir conflictos y diferencias, a través de fórmula civilizadora que puede ser el diálogo, la discusión con razones o argumentos, hasta conseguir en lo deseable consensos, o coexistencia en las disparidades. La organización de las sociedades, en todas las épocas, incorpora guerreros, personal entrenado para la defensa y el ataque, situación que sigue teniendo vigencia en virtud de la proliferación de antagonismos bélicos, de múltiple procedencia, y de intereses igualmente múltiples y complejos.

La seguridad de la vida no está dada por sí misma. En su protección se encaminan propósitos, estrategias y acciones. La vida hace parte del medio natural, del cual se origina, y la responsabilidad de supervivencia estará en función del propio medio natural. Si ese medio natural se deteriora, esta acción incidirá en los seres vivientes, con efectos funestos. En la actualidad hay signos preocupantes en el deterioro medioambiental, que agrava los efectos del cambio climático, con situaciones de catástrofes que afectan de continuo a las poblaciones.
Hay que confiar que todavía sea posible revertir el proceso, enderezando procederes humanos en un rescate de convivencia con la naturaleza, hacia su restablecimiento y protección. La educación ambiental es un camino. El aprovechamiento de energías renovables es una urgencia. La reducción drástica en la emisión de gases de efecto invernadero, es llamado de angustia.

De conjunto, sería posible pensar en aprovechar medios de formación de conciencia en las personas, en los ciudadanos. De ahí la importancia de echar mano de algo que ya ha tenido efectos benéficos como es la "Cultura Ciudadana", o "Cultura Cívica".

4. La vida en el ejercicio cotidiano

Como se trata de amar y proteger la vida, es indispensable echar mano de instrumentos que faciliten maneras de comportamiento social acordes con ese fin. Y la "Cultura Ciudadana" es la mejor herramienta, sin desconocer todo lo que debe hacerse en las familias, en las escuelas, colegios y universidades.

- La cultura ciudadana es transformadora, por cuanto permite incorporar en la vida diaria de las personas comportamientos buenos, deseables, que benefician a los demás.

- Ejemplos de cultura ciudadana: respeto de los pasos peatonales en las calles; caminar por la derecha en los andenes y en las escaleras, aún en los centros comerciales y edificios públicos; ceder el puesto a las mujeres, independientemente de la edad; ayudar a personas limitadas en lo físico, para subir o bajar del bus, para cruzar la calle, para subir y bajar de andenes; respetar las colas; disponer del cinturón de seguridad cuando se conduce un vehículo; no contaminar con ruido las vías públicas, ni arrojar basuras; reciclar los desechos de los hogares, o disponerlos en forma separada con la clasificación que convenga para el beneficio ulterior...

- Es necesario asumir como estratégico en las ciudades los programas de cultura ciudadana, y no es cuestión de dinero. Programas que pueden llevarse a cabo convocando la solidaridad, por ejemplo, de maestros, profesores y estudiantes, con distribución de tareas, en puntos clave de la ciudad, y sostener una campaña con entusiasmo y entrega, que los resultados no tardarán en notarse. Bogotá fue un ejemplo, pero la situación retornó al caos por falta de continuidad en políticas públicas y en acciones educativas.

- Un caso excepcional en los efectos de cultura ciudadana: cuando Antanas Mockus era Alcalde de Bogotá hubo emergencia por derrumbes que afectaron la conducción de aguas de Chingaza, para el servicio domiciliario, hospitalario e industrial. Los técnicos aconsejaron de inmediato un riguroso racionamiento, pero Antanas pensando el problema lideró, más bien, el auto-racionamiento, con una campaña pedagógica intensa, sin decretos, ni amenaza de sanciones. Cuando la campaña empezó el consumo de agua era de 27 metros cúbicos/familia-mes, y la campaña se posicionó llegando a 16 metros cúbicos/familia-mes. Es decir, con un proceder de educación hacia la comunidad, en la ciudad más populosa del país, con ocho millones de habitantes, se consiguió un ahorro de 11 metros cúbicos/familia-mes, lo que evitó un drástico racionamiento, impuesto por las autoridades del Distrito. Fue caso ejemplar en el mundo, sin antecedentes. Lo que demuestra las inmensas bondades de las campañas cívicas, reconocidas como de cultura ciudadana.

Lo más trascendental de la cultura ciudadana es inculcar en la gente, de una manera muy natural, el ejercicio de cualidades o valores deseados en el comportamiento de buenos ciudadanos, con expresión en la solidaridad.

Como sentido de lo experimentado y vivido, podrá decirse que la cultura ciudadana es una fábrica de solidaridad, de la más alta eficiencia.
Acudo, como simple ilustración, a los valores expuestos por Confucio, pensador chino de hace 25 siglos, de validez universal:

Hay especie de "nonálogo" en las "Analectas" (obra que recoge las sentencias o enseñanzas del pensador, en diálogos con sus discípulos), con ventajas por su formulación en positivo. Convoca a prestar especial atención cuando se mira para ver con claridad; a escuchar para oír sin confusión; a expresarse en forma debida para ser amistoso; a disponer de actitud adecuada para ser respetuoso; a tener expresión concordante con ser leal; a asumir las obligaciones o deberes para ser responsable; cuando se tenga duda interrogar, cuestionar, dudar; cuando se esté disgustado o con enfado meditar en las consecuencias de un indebido proceder, y cuando se tenga algún beneficio deberá pensarse si es merecido o justo.

Se trata de precioso y conciso código para asumir la vida con ejemplaridad, puesto que involucra valores nada despreciables que recuento enseguida: 1. Claridad, 2. Escuchar sin confusión, 3. Amistad, 4. Respeto, 5. Lealtad, 6. Responsabilidad, 7. Cuestionar, 8. Asumir consecuencias de los propios actos, y 9. Justicia.

A estos valores le agrega Confucio algunas prácticas que llevarán a fortalecer y desarrollar el sentido de humanidad: cortesía, buena fe, diligencia, generosidad.

Dotar a las personas y a las colectividades de un conjunto de normas de esta naturaleza, afianzadas en los espíritus, en las voluntades y con capacidad de orientar las acciones, permitiría enfrentar los grandes males de nuestro tiempo, en especial la codicia, tan ruinosa, en un mundo seducido por el dinero, su acumulación, con la profundización de la brecha entre ricos y pobres. Busca de justicia, equidad, participación, es lo imperativo.

El tema tiene que ver, por supuesto, con el respeto a las normas y a las instrucciones que se impartan, acatables, a favor del bien común.

5. Acatamiento de las normas

Importante señalar un caso histórico que en situación extrema muestra el respeto o acatamiento a las normas. Se trata de Sócrates, el famoso pensador griego que hace 25 siglos se paseaba por las calles de Atenas interrogando a los ciudadanos para, en ese diálogo, indagar por la verdad o por la virtud, en una búsqueda incansable. Con su proceder estableció un método pedagógico que hoy se reconoce como el de la escuela activa. Su vida además de ejemplar se desplegó al servicio de los demás, bajo esa manera de investigar sobre los valores que deberían regir la conducta humana. Con él surge la llamada Ética. Y como método en la búsqueda del conocimiento, la "mayéutica", consistente en interrogar a otro u otros y en sucesión de preguntas y respuestas, facilitar que el otro descubra por sí mismo el sentido que se busca. Método que derivó en la reconocida "escuela activa" de célebres maestros europeos de los siglos XIX y XX, y entre nosotros la exitosa "escuela nueva", introducida por Colombia a Latinoamérica en los comienzos del siglo pasado por el gran pedagogo Don Agustín Nieto-Caballero, y de vigencia ejemplar en zona cafetera del centro occidente del país.

Sócrates fue acusado de pervertir a los jóvenes por sus enseñanzas, y fue juzgado en "El Tribunal" conformado por 500 jueces. Sócrates se defiende con discurso en tres momentos que es pieza monumental para toda la historia. Y fue condenado por cerca del 70% de ellos, con apoyo apenas de un 30%. La condena fue a muerte, con obligación de beber la cicuta.

Critón, su discípulo más cercano, de la misma edad de Sócrates y además de buenos recursos económicos, accedió a la cárcel con soborno de los guardias, para intentar que Sócrates huyera. Este al escuchar la propuesta, con serenidad se niega, manifestando que no era posible que él pudiese comportarse como un fugitivo, huyendo de la justicia de una parte a otra. Y refrendó que se trataba de su obligación en acatar la Ley, así los jueces la hubiesen interpretado mal.

De esta manera Sócrates da el ejemplo más dramático de apego a la Ley, a las normas, y a las decisiones de los jueces.

Se trataba de la democracia ateniense que estuvo de fulgor en el siglo V a.C., siglo llamado de Pericles, en honor a ese gran gobernante que supo conciliar la educación, la cultura, el arte, con formas de participación ciudadana, en debates abiertos.

Para nosotros los colombianos es un ejemplo de no olvidar y de intentar aplicar en la vida diaria, ya que en la Constitución Política de 1991 se definió el "Estado social de derecho", en cuyo desarrollo todos deberíamos estar, por igual, comprometidos, a favor del imperio del bien común, con primacía del interés general al interés individual, con acatamiento de las disposiciones legales.

6. Conclusión: resistir a la desesperanza

De esta manera espero haber expuesto lo que para mí significa el respeto a la vida, el amor a la vida, la propia y la de los demás, como el supremo bien que hemos recibido, y que debemos multiplicar ante los semejantes, comenzando por la familia e irrigando en la sociedad, en simultaneidad a la construcción de maneras sensatas y practicables de convivencia, sin descartar los problemas ineludibles que suelen presentarse, pero con afirmación de la autoestima, el aprecio al ser que somos, el reconocernos en la singularidad única, sin sobrevaloración ninguna. Un gran pensador austríaco, Karl Popper, nos enseñó que vivir es enfrentar problemas. Y los problemas de tan variadas características, nos ayudan a fortalecer la voluntad y el pensamiento, forjando en gradualidad maneras racionales de abordarlos y de superarlos. Tanto más significativo este proceder cuando se trata de involucrar instituciones y sectores amplios de la población.

He utilizado la expresión "respeto", y no "tolerancia", puesto que esta involucra un sentido laxo de indiferencia, mientras que con "respeto" estamos transmitiendo el mensaje de aceptar al otro en las diferencias, con dignidad, con el sentido de apertura al diálogo y debate, así sea para reconocernos en las diferencias, por irreconciliables que sean, pero sin tener que llegar a situaciones extremas para dirimirlas. La racionalidad y los afectos deben aunarse en la construcción continua de familia, institución y sociedad, en un proceso de mejoramiento continuo.

Quizá en el camino estarán momentos de la ansiada o merecida felicidad, como regocijo del espíritu, y no en el punto de llegada. Sin olvidar que la vida es sagrada, el bien supremo, de preservar y enriquecer, en compromiso cotidiano, con inspirada veneración. La vida propia y de los demás. Y la vida de la Naturaleza, a la que nos debemos y de la cual hacemos parte indisoluble. Pero a la vez somos tan frágiles y vulnerables, que la humildad debería ser nuestra norma de vida.
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