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Manizales: ciudad de ensueño, en el interludio de la esperanza


Conferencia de apertura del "53o. Congreso Nacional de la Federación Colombiana de Sociedades de Mejoras Públicas" - Centenario de la Sociedaad de Mejoras Públicas de Manizales, SMPM - Auditorio UN, Manizales, 30 de junio de 2012



Sinopsis

Me propongo exponer la línea que ha sido palpitante en la vida de Manizales, en campos múltiples de la Cultura, con ejemplos, para insistir en la idea de lograr la formulación estratégica de "ciudad educadora" y "ciudad universitaria", con la componente central de las artes, y entre estas la Música que ha alcanzado admirable protagonismo.
De conjunto la Educación tendrá que ser revitalizada, con atractivos para la formación de calidad, integral, que permita continuar atrayendo foráneos que se sientan seducidos por las condiciones ambientales y sociales de la ciudad, en especial para los estudios universitarios de pre y postgrado.
Para desarrollar el tema utilizo los siguientes apartados: 1. La ciudad en la idea de horizonte; 2. La ciudad nuestra, en la simiente de los maestros; 3. La Educación, núcleo del saber y la concordia; 4. Editores, libreros, y el Arte que palpita; 5. La investigación en ciernes, las letras y el pensamiento; 6. El interludio.
Se trata de un intento de encontrar derrotero que enlace diferentes hitos históricos en la Cultura, como determinante de la que debe ser vocación de nuestra ciudad, identificable, reconocible y de fomentar para el mejor desarrollo integrado de beneficio a sus moradores y visitantes.


Barrio Fátima, vertiente sur, a partir Estadio-Barrio Palermo, en Manizales (foto Arq. Santiago Moreno)


... La característica de la ciudad es su complejidad social, que tiende hacia su fin. Representa el máximo de posibilidades para humanizar el ambiente natural y naturalizar la herencia humana.../... Hoy en día comenzamos a ver que el mejoramiento de las ciudades no es un asunto que pueda resolverse mediante pequeñas reformas unilaterales: la confección del plan de la ciudad implica la tarea más vasta de reconstruir nuestra civilización...
Lewis Mumford (En: "La cultura de las ciudades)

 

La ciudad en la idea de horizonte

La idea y ejercicio de ciudad surgió de los griegos, en la antigüedad clásica, de la mano de la noción de ciudadanía, para disfrutar de servicios comunes y para sentir la compañía del otro, en las similitudes y en las diferencias. Asimismo, en la grandes culturas aborígenes de América y de otras latitudes, hubo lugares de concentración habitable y para los rituales, ciertas formas de asentamiento humano, como en Mesopotamia y Egipto, también en las culturas Azteca, Maya e Inca,... y Chibcha y Quimbaya y Kuna y Aruhaca y Kogi y Wayúu y Tukano... Las viviendas se aproximaron y los lugares de caminar y concentración, abrieron novedosa perspectiva para la humanidad. La cooperación entre los moradores fue paso determinante. Pero también la ciudad estuvo de objetivo militar, con asedio por enemigos, dando lugar a fortalezas para la defensa. La ciudad surge en el pandemonio de humanidad que no consigue entenderse, apenas en períodos cortos. Sinembargo, con la ciudad la humanidad obtuvo singular prestancia, oportunidad para alentar formas de expresión comunitaria, de convivencia, con sentido de solidaridad, en las diferencias. Para erigir instituciones reguladoras, de gobierno y de formación, como resultado de necesidades sentidas. El caserío y la aldea son primero, como expresión congregada de lo rural, y de su crecimiento en necesidades, y en la busca de soluciones surgen las ciudades, con desarrollo a veces inconmensurable. Los ambientes cosmopolitas predominan en el mundo contemporáneo, con sus cualidades y sus problemas, muchos de ellos incontenibles. La cultura en la ciudad adquiere las más elaboradas realizaciones, en todas las formas expresivas, con el germen interno de violencia, en los suburbios de la desprotección y en las calles.

Muy a pesar de las grandes ciudades, las pequeñas siguen teniendo vigencia, en casos de mayor proximidad e influencia de la vida rural. La dicotomía ciudad-campo entró a ser problema de dirimir por las políticas de los estados, con situaciones de agravamiento por los desplazamientos provenientes del campo, en virtud de los conflictos armados y de la pobreza extrema. De este modo surgen cinturones de miseria que engrosan las ciudades, con perímetros muchas veces indefinibles, en expansión. Y crecimiento en problemas como el transporte, la provisión de alimentos y de los servicios básicos: agua de consumo doméstico, manejo de los desechos, fuentes de energía y la seguridad.

Colombia no escapa del proceso de crecimiento en la concentración urbana, con amplia desproporción frente al campo. Y la vida rural se sumerge en formas dispares. Grandes propiedades en manos de unos pocos, con tierras subutilizadas, como la explotación extensiva en ganadería, y los minifundios de pancoger. La creciente demanda externa de recursos naturales, por potencias industrializadas, ha obtenido de nuestro subsuelo otro destino de complejidad en el territorio, de compensación irrisoria para las comunidades, y de efectos altamente degradantes para el medio natural.


Vertiente norte a partir sector Av. Santander (foto CER)

 

La ciudad nuestra, en la simiente de los maestros

Manizales surgió a mediados del siglo XIX como avanzada de campesinos desplazados de la región antioqueña, pero por la colindancia con la región caucana y el Tolima, tuvimos influjo para forjar una idiosincrasia de ciertas singularidades. La arriería templó a los primeros habitantes, y el campo del entorno les dotó de provisiones para la subsistencia. Con el tiempo, esa amalgama produjo expresiones múltiples en la Cultura, con manifestación de condiciones variopintas en los moradores. La economía del café pronto fue la protagónica, y en su desenvolvimiento los campesinos y las poblaciones de la región tuvieron amparo, en mayor grado con el surgimiento de organización nacional y representaciones regionales y locales, gracias a lo cual hubo vías, escuelas, acueductos, salud, electricidad, sentido de la participación ciudadana.

Los primeros maestros fueron nucleadores de la población y pilares para sembrar esperanza, con sentido del trabajo para la creación y el sustento. De las escuelas y colegios públicos salieron los primeros emprendedores, gestores de empresa, para una economía con mirada hacia mejores condiciones del lugar y de sus gentes. Maestros de recordar, nombres perdidos en la insuficiente memoria que nos acompaña, pero testimoniados en su significado, en especial la tarea portentosa de la maestra, en el grandioso mural en madera del segundo piso del Teatro-los-Fundadores, obra del escultor maestro Guillermo Botero-Gutiérrez. Sinembargo, acuden a nuestra voz nombres de maestros consagrados: Felipe Moreno (el primer maestro, 1854), Sara y Juliana Restrepo, Blas Gaviria, Magdalena Isaza, Francisco Marulanda-Correa, Pablo Araque, Marcelino Saffon, Jesús-María Guingue y Carvalho, Benigno Muñoz, Concepción Ruiz, José María Restrepo-Maya, Josefina Mejía, las señoritas Aristizábal, Juan Hurtado, Claudina Múnera, Jesús-Antonio Marín, Margarita Hurtado, Colombia Mejía, José Cañas-Cuervo, Joaquín Betancourt, Camila Marín, Alba Arango, Lucrecia Villegas, Octavio Calderón, Bernardo Trejos-Arcila...

Maestros anónimos en veredas y ciudad fueron forjadores con mística de generaciones que llevaron la impronta de sus personalidades y el ejemplo de la dignidad, la honradez y el sentido de labor, en el cumplimiento cabal de los deberes. En especial hay que mencionar a las maestras, ocupadas por lo general en recibir a los niños para las primeras letras, con el titubeo de la felicidad naciente por la alegría de cantar, de jugar en grupo, de unir las letras en pizarras para descubrir las sagradas voces de mamá y papá, los vocablos de flor, sol, luna, ventana, futuro, esperanza... Maestras gloriosas que se fueron dejando estela con recuerdos de aliento, cuyos nombres no se grabaron en piedra, ni en la memoria de los historiadores. El viento acunó sus armoniosos balanceos, sus recitaciones entonadas, sus trazos de seguridad en tableros de tiza, su mano tendida para dar amparo y sus miradas cautivantes para recomponer actitudes, sin el más mínimo desparpajo. Y la oración mañanera para inaugurar el día con invocación de salud y actitudes buenas, además de pedir por los padres y familiares con la piedad de la concordia.

Maestras y maestros que los dioses tendrán en su gloria eterna, cuyas voluntades y capacidad de servicio están por recuperar en la formación de nuevos docentes, en rescate de esa mística de ejemplo no mediatizado por carencias de toda índole. Sus recursos esenciales fueron la imaginación para suplir lo faltante en lo material, y abnegación de asombro para laborar con entrega total al servicio de la niñez, merecedora de alegría en el caminar feliz con el descubrimiento paulatino del mundo, con las plantas de la huerta escolar, los minerales de recolección, el herbario, las construcciones manuales, el dibujo y las modelaciones en barro o plastilina, y el atisbo de los entornos complejos, bajo cielos modulares en la composición cósmica. Con las palabras, la música y la aritmética para asumir las cuentas integradas de la vida.

Manizales se trazó a partir de un tendón de cordillera, por la divisoria de aguas, en la dirección oriente-occidente, con vertientes empinadas al norte y al sur, pero con cierta configuración de cometa, remansada con levedad hacia el centro de la urbe. Y los entornos de montaña, por el Este hacia el complejo volcánico Ruiz-Tolima, de imponente prestancia geográfica, en ocasiones amenazante. Y por el Oeste, los atardeceres de fascinación, espacio para los espíritus sensibles, con el complemento de mirada a los valles intercordilleranos, con avizoramiento intuido al Chocó y al mar de Balboa.


Panorámica Estadio, Universidades Nacional y de Caltas (foto de Arq. Santiago Moreno)

 

La Educación, núcleo del saber y la concordia

Es de recordar que a finales del siglo XIX y principios del XX surgieron las Universidades Populares en Europa, con la ambición de llevar educación comprometida y de libre examen a sectores del pueblo, configuradas en Francia, Alemania y España. En España en especial como influjo de la "Institución Libre de Enseñanza". En América Latina tuvieron pronto eco y se establecieron, por ejemplo, en México bajo la acción del Ateneo de la Juventud, que congregó a intelectuales como Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso, José Vasconcelos, entre otros; también en Puerto Rico, Argentina, Perú, Chile, Guatemala,... con el eco de la experiencia mexicana y el activismo de los estudiantes que invocaron mayores compromisos de la universidad con la sociedad, con irrupción de formas de extensión a favor de las comunidades.

Como curiosidad singular anoto que la Universidad Popular en Guatemala fue promovida por escrito del poeta colombiano, trashumante, Porfirio Barba-Jacob, en 1922, y su establecimiento acompañado por el posterior Premio Nobel Miguel-Ángel Asturias.

Esas experiencias de universidades populares en Latinoamérica comenzaron en México (1912) y terminaron en 1925, con señales de asimilarlas en el compromiso comunitario, con despliegue en lo que siguió llamándose "extensión universitaria".

No es de descartar que en ese ambiente continental de comienzos de siglo, se creara en 1914 el Instituto Universitario de Caldas, con la aspiración de formar bachilleres, aspirantes de universidad, concebida esta posibilidad en el proyecto de fundación. El Instituto se creó como consecuencia del agite intelectual de la "Sociedad literaria", con un escritor de recordar en especial: Samuel Velásquez (1865-1942), que fue puente cultural entre Antioquia, Caldas y la capital de la República, con función integradora; autor de la novela "Al pie del Ruiz", con descripciones de Manizales, Bogotá, Buga, Cartagena y Medellín; colaborador de la "Revista Nueva" de Aquilino Villegas, y quien publicó en Manizales su libro "Hija", al igual que la crónica de la "Recepción del General Uribe Uribe en Manizales", en la Tipografía Caldas.

Similar condición protagónica en la educación media cumplieron el Liceo Departamental Isabel La Católica (1942) y las dos Normales, de señoritas y de varones.


Centro de Manizales, vista Nor-Oeste (Foto CER)



Aparecieron librerías, impresores de periódicos, revistas y libros. Y surgieron las escuelas de artes, oficios y de música.

Singular acontecimiento fue la creación en 1905 del "Taller de Bellas Artes de Carvajal Hermanos" (también llamado: "Estudio de Bellas Artes de hijos de Álvaro Carvajal [Martínez]", o "Casa de Bellas Artes de Álvaro Carvajal"), que tuvo como protagonista principal a Don Álvaro Carvajal-Quintero (1877-1966), maestro-escultor e imaginero, además escritor y director de dos periódicos en los comienzos de siglo XX: "Paz y Unión" y "Labor y Paz". Se trató del principal antecedente del que fue, en 1932, el "Círculo de Artes Industriales", creado por el Concejo de nuestra ciudad, para dar "instrucción a quien la solicite, en dibujo, ornamentación, modelado, y en fin, todo lo que sirva para aumentar el conocimiento de las artes..." (según reza el Acuerdo No. 37 del Concejo Municipal, del 7 de marzo de 1932), la posterior Escuela de Bellas Artes.Línea de las artes, con el Conservatorio incluido, que fue cimiento seguro de la Universidad.

La Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales estuvo en el centro de liderazgo congregando voluntades para ofrecer la mejor educación a una población ávida de conocer y de expresarse. De este modo en los años 30 del siglo pasado estimuló nuevos intentos por crear universidad y en mayo de 1943 se consiguió la promulgación de Ordenanza No. 006 del 24 de mayo de 1943, de la Asamblea Departamental de Caldas, al crear la "Universidad Popular", quizá con el influjo de aquellas experiencias de Europa y en especial de México, con liderazgo y escritura del proyecto por parte del médico Gustavo Mejía-Jaramillo (liberal de la masonería, miembro de la SMPM), que aglutinó la educación media oficial para ofrecer programas de educación superior a los jóvenes en la región propia, en campos de aplicación técnica y tecnológica, como en salud, derecho, humanidades, artes, lo cual se consiguió, en comienzo, en 1948, con acuerdo alcanzado con la Universidad Nacional de Colombia y su rector magnífico, el maestro Gerardo Molina. Punto de partida de la Universidad en la región centro-occidental de Colombia. Luego irrumpe la Universidad de Caldas, en 1950, y de ahí en adelante se multiplican las ofertas profesionales, hasta congregar hoy cerca de cuarenta mil universitarios, con un 60% de foráneos, bien-recibidos, que representan el mayor ingreso económico para la ciudad, de la más amplia distribución.


Barrio Estrella, en Manizales (foto del Arq. Miguel-Ángel Aguilar)

 

Editores, libreros, y el Arte que palpita

Mención especial merece en la historia cultural de la ciudad, entre otros, Arturo Zapata, con su labor editorial pionera en Colombia, con la colección de cien volúmenes de autores nacionales, excepto uno, y de la bella revista Cervantes. Aglutinador y consejero que fue de los "grecoquimbayas", escritores de pluma ágil influenciada por vertientes clásicas, en especial por autores franceses, y con la expresión política de los "Leopardos", de asomo en el parlamento colombiano, con oradores, de encendida voz. En similar línea editorial y de librero, estuvo Gilberto Agudelo, con la revista Atalaya y librería de igual nombre, con liderazgo de escritura y de expresión política en el Concejo Municipal. Librería que luego asumió Jorge Escobar, con líneas de importación directa, toda una época. Y la librería Cervantes, de Rogelio Escobar-Ángel, profesor de Historia, intelectual de reconocimiento, muerto tempranamente al ser atropellado por una bicicleta. Además, la célebre librería de viejo y de nuevo: "Mi Libro", de Pablo Pachón, personaje curioso. Librería más actual fue la Académica, de Germán Velásquez, que devino "Librería Palabras", de gratas tertulias, cerrada en tiempo reciente después de más de 30 años de existencia, por la crisis en la venta de libros en papel.

La "Revista Manizales", de los esposos Blanca Isaza y Juan Bautista Jaramillo-Mesa, tiene, asimismo, historial de alta significación, fundada en 1940 cerró en el 2004: ¡64 años! Y la revista "Siglo 20" (1963-1969), en los interesantes años 60, expresión de por entonces jóvenes sintonizados con vertientes de avanzada en el pensamiento colombiano e internacional, con cierto eco del existencialismo, con la autoridad intelectual de su director-fundador Hernando Salazar-Patiño. El periódico "Quehacer Cultural", de Maria-Virginia Santander, con puntualidad mensual que supera los 30 años de existencia difundiendo programaciones actuales y escritos literarios de plumas locales, en promoción de nuevas voces. También cabe nombrar a la "Revista Aleph", con 46 años de labor y 161 ediciones, que ha testimoniado expresiones en poesía, ensayo, reportaje, plástica, música y algo de narrativa, con sentido de universalidad, desde este lugar de las ventanas abiertas.

De recordar la Orquesta Sinfónica creada en los años 50 con músicos italianos, bajo la dirección de Nino Bonavolontá, creación alucinante, increíble pero cierta, por la conformación de excelentes intérpretes traídos de Europa, que ejercieron como profesores en el Conservatorio, formando músicos que luego fueron simiente fortalecida de sucesivas generaciones. Otros maestros europeos que enriquecieron ese proceso fueron los maestros Carlos Schweineberg, organista alemán, maestro de capilla, y Esteban Galdós, violinista vasco-español. De esta manera se configuró la ciudad de hoy con verdadera vocación musical, con agrupaciones de todo tipo, en lo clásico, lo popular, lo folclórico, jazz, hip-hop, rock, pop, ska, reggae, tropipop, tropirock, fusión... y las bandas en colegios y barrios populares.

Orquesta Sinfónica se revive con el maestro Nelson Monroy a comienzos de los años 90, incorporando también expresión en ópera, con realizaciones admirables, y dificultades incomprensibles en su continuidad actual. Soporte ha sido también en la formación la "Fundación Batuta-Caldas", como capítulo de organización nacional creada por aquella misma época, como extensión a la tarea de la más singular significación cumplida por el Conservatorio.

Rara excepcionalidad tuvo la "Normal Musical de Caldas", creada por el inolvidable dirigente cívico de la SMPM y educador infatigable, maestro Guillermo Ceballos-Espinosa (1917-2010) y su excelsa mujer, Ruth Peñaloza, pianista, dibujante a plumilla y docente de finas ejecutorias. Institución concebida para formar maestros, al amparo de la Escuela Normal, calificados para enseñar la música, con apoyo en el instrumental Orff, de recursos creativos al alcance de los niños; funcionó 14 años, otorgando el título de "Educador Musical", en las décadas 70 y 80 del siglo pasado, pero el Ministerio de Educación Nacional no tuvo la comprensión ambicionada para haberla consagrado y asumido como experiencia piloto en Colombia, de acuerdo con sus merecimientos, prolongados por quienes se formaron en ella.

Grupos de cámara y agrupaciones corales han sido especial surtido del arte musical en Manizales. La "Coral El Ruiz", del Conservatorio, dirigida por el maestro Ramón Cardona-García, singular pedagogo y compositor, de alta formación musical en el exterior, víctima joven de la violencia de los años 50, de regreso de recital en Ibagué. Menciono, porque ha sido olvidada, la "Coral Verdi", de los años sesenta, creada y dirigida por Livia González, mezzosoprano de alta formación en la técnica vocal y en gramáticas, que con independencia tuvo la voluntad pionera de recorrer el departamento, al llevar interpretaciones clásicas, sacras y populares de elaboración académica, por los pueblos, con actuación protagónica; por ejemplo, en la gran conmemoración de las "Bodas de Oro" del Instituto Universitario de Caldas, en octubre de 1964. Y está la "Coral Santamaría", que permanece con historial que supera el medio siglo, con varias generaciones incorporadas, y de realizaciones de reconocida calidad. La familia de los músicos Camargo-Spolidore, con repercusión formadora de algunos de sus miembros en el Conservatorio, tuvo laboriosa existencia.

Discípulo destacado y biógrafo de Ramón Cardona-García, es el maestro Guillermo Rendón-García, músico, compositor, etnógrafo, con formación de alto nivel en Europa, con alrededor de cien obras en música contemporánea y número apreciable de libros teóricos y de interpretación etnográfica y lingüística, referente actual en Manizales para la formación de nuevas promociones de creadores e intérpretes.

Las artes plásticas también han tenido asidero, oscilante, pero afortunado, en la ciudad. Maestros como Gonzalo Quintero, Alberto Arango-Uribe, José-Manuel Cardona, los fundadores de Escuela, y los maestros Alipio Jaramillo, Alberto Pino, Guillermo Botero, Teodoro Jaramillo y Jaime Valencia, continuadores de excelencia. Y el maestro Luciano Jaramillo, de proyección más moderna, autor del abstracto telón principal del Teatro-los-Fundadores, sin saberse dónde habrá ido a parar cuando su remodelación. Número apreciable de pintores, escultores, artistas visuales sigue en la actualidad esa tradición, con obra significativa, como en los casos de Jesús Franco, Maria-Victoria Vélez, Cosme Jaramillo, Alberto Betancur, Olga-Lucía Hurtado, Fernando Martínez, Vicente Matijasevic, Natalia Castañeda, Francisco González, entre otros.


Barrio Sierramorena en Manizales (foto CER)

 

La investigación en ciernes, las letras y el pensamiento

En la incipiente tradición científica de la ciudad, hay que ubicar al Dr. Félix Henao-Toro, médico con formación alemana, humanista integral, profesor universitario que como pionero promovió la investigación científica, con principio en su especialidad de las enfermedades tropicales; estudioso de la arqueología, de los procesos de formación de nuestras sociedades, y autor de una singular novela. Su hijo, el ingeniero civil Ramiro Henao-Jaramillo, es custodio de su valioso legado en biblioteca, documentación, piezas de diversas culturas aborígenes, mientras alguna institución asume su amparo y protección.

De igual modo menciono al profesor, matemático y filósofo, Luciano Mora-Osejo, quien en algunos años de pasantía académica en Manizales, en los setenta, creó en la Universidad Nacional la primera unidad de investigación, que se llamó "Centro Ludwig Boltzmann" (en homenaje al creador de la Termodinámica), con aplicaciones de modelos matemáticos desarrollados por él, para examinar problemas de la economía, los transportes y la demografía, con trabajos que apuntalaron el surgimiento de líneas de investigación, hoy en pleno desarrollo en las diversas universidades.

Prolífica igualmente ha sido la ciudad en escritores de calidad. Recontar nombres y obras sería por ahora un riesgo de caer en exclusiones involuntarias. Apenas si hago mención, por singularidades, del poeta Fernando Mejía-Mejía (1929-1987), nacido en Salamina y con desempeños de vida y obra en Manizales, autor de "La inicial estación" (1961), su primer poemario, de impacto. Para el momento, su voz fue un referente en el cultivo de formas clásicas, y acentuado tono de angustia existencial, como estímulo en jóvenes inquietos, aprisionados desde temprano por la Poesía. Y Maruja Vieira (n. 1922), de cercanía familiar en nuestra infancia, quien desde su primer poemario "Campanario de lluvia" (1947) ha sido voz sensible, reminiscente y académica. Y Fernando Arbeláez (1924-1995), el poeta cosmopolita, de prolífica obra, que hizo parte del grupo de intelectuales de la Revista MITO, emblemática y modernizadora en Colombia. De no olvidar tampoco a Carmelina Soto (1916-1994), poeta quindiana de expresión sosegada e íntima, licenciada de la Escuela Normal en Manizales, que fuera bibliotecaria en el Instituto Universitario de Caldas, cuya obra está por rescatar en su real significado de validez estética; autora del poemario inicial "Campanas del alba" (1941) y de la antología "Tiempo inmóvil" (1974, 1983).

En la actualidad disponemos de selecto grupo de poetas, ensayistas y narradores, con atisbos más allá de nuestras fronteras: Eduardo García-Aguilar, Valentina Marulanda, Orlando Mejía-Rivera, Carlos-Alberto Ospina, Marta-Cecilia Betancur, Heriberto Santacruz-Ibarra, Berta-Lucía Estrada, Octavio Escobar, Jaime-Eduardo Jaramillo, Adalberto Agudelo, Hernando Salazar, Jorge-Eduardo Hurtado, Albeiro Valencia, José-Clareth Bonilla, Pedro-Felipe Hoyos...

En niveles de alto pensamiento: la Filosofía, han estado presentes, auncuando no con ejercicio prolongado de vida en la ciudad, Jaime Vélez-Sáenz (1913-1990), Danilo Cruz-Vélez (1920-2008) y Rubén Sierra-Mejía (n. 1937), de obra rigurosa y propiciantes de la vida académica; filósofos a cabalidad, de los más reconocidos en Colombia, con proyección internacional.

De no olvidar tampoco la "Casa de la Cultura" que en los años sesenta fundaron y regentaron dos poetas de relieve: Emma Gutiérrez (conocida por el seudónimo de Dominga Palacios), la autora de "Azul definitivo" y Beatriz Zuluaga, autora de "La ciega esperanza", sus primeros libros. Mujeres que desafiaron con sus versos, sus actitudes sociales y sus programaciones, a una sociedad tradicionalista, sumida en el conservadurismo de abolengos. La historia cultural de Manizales tiene en ellas un quiebre significativo; lo que vino después no fue igual a lo de antes.

El "Festival internacional de teatro", nacido en el memorioso 1968, ha sido animador de vida cultural intensa, con sus realizaciones anuales y participantes invitados de las más diversas nacionalidades. Asimismo los grupos de teatro TICH, creado y animado por el inolvidable Rodrigo Carreño, en la compañía de Piedad Jurado, su directora actual, y "Actores en escena", creado y dirigido por Leonardo Arias, ambas agrupaciones con programaciones permanentes y escuela de formación de actores, surgidos casi en contravía, con persistente compromiso. Los festivales de jazz, de música sacra, de música de cámara, etc., también han tenido presencia de significación, en medio de, hasta ahora, irremediables dificultades financieras. El "Festival de la imagen" de igual modo ha sido, en la década reciente, actividad sostenida cada año, con impacto en los medios universitarios, de singular apertura en lo internacional.

Período de múltiples singularidades fueron los quince años (en los ochenta y los noventa) de Norma Velásquez en la dirección del "Fondo Cultural Cafetero", institución que dirigió en el país la nunca bien apreciada historiadora Aída Martínez, con exposiciones, conferencias, seminarios, conciertos, desde el rescate de valores regionales como la imborrable muestra de los muebles de Orrego, hasta el compartir de figuras internacionalizadas del arte moderno en Colombia, con obras originales en escultura y pintura, con extrema singularidad la retrospectiva del maestro Eduardo Ramírez-Villamizar. Estímulo duradero en el espíritu de niños, jóvenes y mayores que frecuentaron sus espacios, con avidez. En lo que se refiere a artes plásticas, el Museo de Arte, dirigido por Elvira Escobar, ha venido haciendo exposiciones de artistas locales y nacionales, de importancia, en especie de prolongación de lo realizado en el "Fondo Cultural".

Tampoco debemos desconocer lo que por años hizo el creativo Pedro Zapata, pionero en teatro con el grupo "La Brecha" (1972-1992) y actor destacado en el TEC de Enrique Buenaventura, luego con las "Jornadas Juveniles Latinoamericanas", y en "Pensamientos sin fronteras": movilización de niños y jóvenes, hacia la expresión libre con el recurso congregante de la palabra enaltecida, forma peculiar en la formación de ciudadanía. Algunos libros publicados por él testimonian ese admirable trabajo. Con liderazgo, y apoyos de instituciones, trajo Pedro a la ciudad personalidades de otras nacionalidades: Fernando Savater, Victoria Camps, Francesco Tonucci, Hugo Zemelman, Alain Touraine, Gianni Vattimo, entre otras, que aleccionaron y enriquecieron el ambiente académico y cultural.

Y hay razones para confiar en la dinámica actual de movimientos creativos de jóvenes agrupados, por ejemplo, en "La nave de papel" y en "Abrapalabra – colectivo de artistas", con Carlos-Mario Uribe a la cabeza. Asimismo, en la sostenida actividad del área cultural del Banco de la República, bajo la responsabilidad de la inteligente y dinámica Claudia Villegas.


Barrios hacia el sur, desde el centro de Manizales (foto CER)

 

El interludio

Este repaso fragmentado, apenas si tiene la intención de mostrar que Manizales dispone de una tradición cultural que ha llevado, en diversos momentos, a plantearla como "ciudad educadora" o "ciudad universitaria", con continuada expresión en el Arte. Y todavía tardamos en comprender la importancia de esa historia, como para privilegiar desempeños en esos órdenes, fortaleciendo ofertas de servicios que resulten atractivos para que jóvenes de todo lugar vengan a formarse a esta ciudad, y para que Manizales adquiera merecida relevancia internacional por su condición privilegiada en la educación y la cultura.

Quizá la clase dirigente ha sido inferior a ese compromiso, mediatizada por visiones todavía rurales. No ha tenido las antenas bien puestas para percibir lo que aquí ha venido ocurriendo, y más bien se han dejado puertas abiertas para que las indelicadezas penetren, fortaleciendo el desamparo y la desesperanza. Es indispensable reivindicar la vocación de la ciudad, en educación y cultura, con eje dinamizador en las artes. Y hacer de ella el mayor atractivo de ciudad en Colombia, como centro de festivales de música y teatro, de convenciones científicas y de pensamiento, de exposiciones internacionales de arte, lo que fomentará un turismo calificado, de la más amplia repercusión en la economía y en la vida ciudadana.

¿Qué podemos esperar? Que surja una nueva dirigencia en la sociedad, de los jóvenes que se han venido formando en estos ambientes, perfeccionados en el exterior, con capacidad de abrir espacios para fortalecer procesos educativos, científicos, artísticos y de pensamiento. Con fuertes compromisos en la alianza de universidades, que establezcan por fin como realidad la ciudad educadora y universitaria ambicionada, donde las instituciones sean campos de imaginación, con dinámicas incontenibles, y las calles y plazas sean receptoras de la expresión creadora, en las más variadas modalidades, involucrando a la ciudadanía, con mejoramiento sostenido en sus conductas. Construcción permanente de civilidad, diríamos, en ejemplo de construcción de sociedad, de región y de país.


Torre de Herveo, sector del Cable, en Manizales (foto CER)

 


*

El poeta Fernando Charry-Lara en una de sus obras magistrales dijo, como si se refiriese a nuestra ciudad: "Siempre vestida de impalpable atardecer/ como la lejanía". Y he expresado yo, alguna vez, con ese amparo, lo siguiente:


M a n i z a l e s,

en tu conformación de vértigo

se acunaron la niebla

y los atardeceres de fuego.

Figuras fantasmales vestidas de luz

                     cubiertas con el color cenizo de la tierra

trashumantes ellas

                     siempre ávidas de infinito

recorren las calles

vigilando tu ambición de montaña

y el descenso a la noche

                                      de los sueños

                          en el interludio de la esperanza


*


Termino recordando a Sócrates, el filósofo al que soy más cercano, por haber sido él quien inauguró en la Cultura la reflexión crítica, la ética y por haber abierto las posibilidades de que la humanidad pudiera acceder a nociones como "la belleza", "el bien" y "la piedad", con el riesgo de su propia vida, inmolada por amor a la verdad. Y ejerció método pedagógico, la mayéutica, preludio de la escuela activa, con la formulación de interrogantes que permitieran al otro, al distinto, al diferente, introducirse en proceso interactivo hacia el descubrimiento o elaboración de la verdad.

"Solo sé que nada sé", dijo el maestro.


Sector del barrio Palermo, en Manizales (foto del Arq. Miguel-Ángel Aguilar)



 
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