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Informe de la Versión 32 (II, 2018) de la "Cátedra Aleph" : Poesía y pensamiento en la obra de Graciela Maturo

Contenido:

1. Introducción
2. Descripción crítica de “Navegación de Altura”
3. Las ideas en lo poético de Graciela Maturo
4. Los estudiantes reflexionan y escriben:
-       Comentarios sobre “El Aleph” de Borges; por Est. Alejandro Buitrago-López
-       Comentario al poema “Navegación de Altura”; por Est. Evelyn Esperanza Burbano-Argoty

Esta versión tuvo como centro de trabajo un extenso poema de la académica argentina, Graciela Maturo (n. 1928), poeta y ensayista, profesora/investigadora de la Universidad de Buenos Aires, con desempeños en otras instituciones argentinas e internacionales, de amplia obra. Se trató de “Navegación de Altura”, escrito entre Buenos Aires y Madrid en 1997.

Dayro Agudelo, Víctor Arteaga, Benkos Biojo, Alejandro Buitrago, Evelyn Burbano,
Guillermo Castellanos, 
Sergio Murillo, Sebastián Delgado, David Galeano, Carolina Huertas,
Dayanna Leiton, Gabriel León, Francisco Mora, 
Carlos Orrego, Jeimmy Pantoja,
Kefvin Perafán, Carolina Pérez, Viviana Ríos, 
Santiago Rodríguez,
Alejandro Saa, Raphael Valencia.

 Como es tradición en la Cátedra, se comenzó con la lectura individual y la conversación en aula de “El Aleph” de Jorge-Luis Borges, para aclimatar el método de trabajo, pero por otra parte para dialogar sobre el origen del nombre de la Cátedra, en nexo de origen con la “Revista Aleph”, tanto en el conocimiento de la Cábala, como en el cuento de Borges y en la teoría matemática de los transfinitos de George Cantor. El propósito siempre es develar el sentido de ese símbolo en términos de las conexiones entre ciencia, arte y humanismo.

Sinembargo, en ocasiones suelo promover la reflexión en la sesión primera de trabajo sobre las citas que dan marco a la Cátedra, reunidas al principio del “Derrotero”, donde se encuentran alusiones a Confucio, José Ortega y Gasset, Michel de Montaigne, Germán Arciniegas, David Bohm, Margarite Yourcenar, Edward O. Wilson, Harold Bloom, en lo fundamental.

En la parte final de este Informe recojo algunas contribuciones especiales de los estudiantes en los temas tratados. A  continuación reúno mis personales notas y reflexiones sobre el magno poema “Navegación de Altura”, que fui desarrollando en las sesiones de trabajo ocupadas sobre el tema.

Navegación de Altura

Vos sos la que en la noche alcanza a ver las luciérnagas mientras el resto se deja cegar por los faros de los autos; vos sos la que escucha el agua a la hora en que los otros abren la radio para no perderse los noticiosos… Pastora de misterios y secretos, amiga del murmullo en medio de tanta conversación altisonante,…

Julio Cortázar (en carta a Graciela Maturo, fechada en París el 29 de febrero de 1972)

Se trata de un poema que congrega sensaciones de nostalgia, de dolor, de apego a los entornos naturales en especial del mar, los árboles, los pájaros. Es una especie de resumen de vida en los ajetreos propios de una personalidad formada en las letras y en la filosofía, no ajena a las venturas y desventuras propias de la condición humana. Establece por ejemplo parangón entre el ocaso y la muerte, refiere el misterio de la luz que los pájaros saludan al despuntar del día. En el caminar propio cada comienzo de la jornada pareciera que los pájaros cantores ayudaran al surgimiento y avance del Sol. Y concibe la luz en su trayectoria entre la oscuridad del universo.

No deja de avistar la ciudad como una especie de fiesta, en medio de un océano de belleza, con el regocijo propio de la claridad en los ojos. Cada amanecer lo aprecia como inesperado, a la manera de irrupción de otro o un nuevo tiempo. A la vez concibe el desgaste de los cuerpos en el transcurrir del tiempo, hasta llegar en figura metafórica al centro encendido de una rosa, especie de símbolo del arribo al fin de la vida en un momento de esplendor. Pero no deja de entender que se tiene un cuerpo trágico, a pesar del gozo y de las alegrías. Sus insomnios los recuenta en las noches en vela, con cansancio de amor, pero con los libros en proximidad infaltable. De esa manera llega al despertar del día como a un templo desconocido.

Pasan a veces los días sin el arribo de una palabra, es el silencio, o el cansancio, o el abandono. Y la tristeza irrumpe como si se tratase de herramientas de plomo, con la dureza y la frialdad que en esas inesperadas ocasiones tratan de imponérsele a la vida. Lo frecuente es el silencio de las tardes, con afloramiento de inquietudes por la razón de ser o el sentido de la vida.

En medio de todo, el amor surge con hilos de convergencia, algo así como una luz que se filtra por alguna rendija, sin despejar del todo la negación del tiempo que de pronto irrumpe como un frío sobrecogedor en el espíritu. Se aprecia también el alba en un panorama de misterio, en tanto circula el aire de los bosques con el fresco olor a madera, cuando el mismo rocío confunde los cabellos con los tréboles. A su vez, se va desdibujando la ciudad con asomo de multitudes, donde los rostros se confunden unos con otros, perdido cualquier centro de atracción, con esquinas distraídas, y resulta la imagen del no ser.

El tiempo es motivo constante del poema, que reaparece una y otra vez, incluso con la imagen de la serpiente, especie de símbolo de reptante sensación de abismo, con lucha continua entre la vida y la muerte. Recuerda los cantos en la noche del ruiseñor y la alondra, con el desapego de los amantes en la madrugada, pero con sentido de esperanza desprendido del encuentro de aquellas dos avecillas.

La autora acude a recordar las sorpresas de unos niños en los parques ante estatuas ajenas de expresión alguna, lo que le lleva a rememorar la muerte en un bello reino. Hay constancia en acudir a la muerte no como deseo, sino como una constante de preocupación que circunda cada paso de la vida. A su vez, está el recordar la infancia propia al transitar por lugares poblados de abedules, jacarandás, jacintos, lilas, en medio de músicas propias del despertar del día, las de los trinos y diálogos de aves en la ciudad de la memoria, con todo aquello vuelto silencio.

En ese hacer memoria le parece haber sido también un ave con las otras reales, sobrecogidas de asombro, con el objetivo de congregarse en un templo, que a la vez denota el significado de un pequeño mundo, ilusorio. Vuelve la sensación variopinta del despertar del día, con aire de danza, entre flores y yerbas verdeazules, en la inocente condición de infancia, sujeta a la risa al pisar los tréboles húmedos. Vuelve la autora al presente de su vida, estimada como un viaje entre las estrellas en busca del origen, en espacios del sueño.

El árbol es un asomo frecuente en el poema, en expresión de belleza estimulante, con un vislumbrar de rostro escondido en el follaje. Quizá es el amor que la circunda, con sus ires y venires, en una geometría a la vez dispersa y convergente, sumida en cantos que le llegan al alma, sin asomo de origen y destino. Maneras de simbolizar el transcurrir de la propia vida entre alegrías y tristezas, con momentos de consuelo.

Esa infancia en la memoria le hace saborear la ternura que contrarreste la oscuridad de lo insensato en la atmósfera cotidiana, con la esperanza de inventar un aire favorable a la concordia y a la esperanza. La música ronda en los versos, bajo el deseo de instaurar la felicidad, en oposición a los momentos grises y oscuros, en contraste con la imagen de un río de oro en un tiempo desolado y desértico. Otra búsqueda es la certeza, con lo transitorio de figuras en la palma de la mano, especie de recurso adivinatorio.

Persisten en el poema imágenes del viento, el tiempo, el silencio, la tristeza, la desolación, con madrugadas de incertidumbre y suposiciones de contrariedades. Atisbo de lo inesperado en dificultades de la vida. La esperanza le resulta un llamado en ocasiones, cuando hay reposo en el corazón y humedecimiento de azucenas en la frente. Son momentos en los que el arcoíris se forma de plumas y la belleza es motivo de ser apreciada, a la vez ocasión placer.

Vuelve la sensación de dureza en el poema con soporte en el viento y manifestaciones de nostalgia y quebranto, con mirada a un árbol lejano, inmerso en un jardín de hielo. Cobra la imagen de ser alzada en brazos en un momento de acogida solemne, en un país de geografía desconocida. Especie de despiste entre las paradojas del vivir y del morir, con trajín espacial desprendido de la gravidez, en un peregrinaje por los cielos abiertos e infinitos. El amor resurge con palabra que el otro habita, en un mediodía de luz, de espacio despejado y de resplandores evanescentes de ternura. Moran los rayos y las aguas nutritivas, en un renacer mediado por lo sombrío.

Hay luces y flores que en el crepúsculo parecen sangrar. Es la avalancha de naufragios y de muertes que de nuevo la intimida, aunque se sienta habitar en lo más alto del aire. A pesar de todo, reconoce lo permanente del amor en su historia, con aire que susurra en palabras, ojos de fulgor en el recuerdo y notas de un violín lejano. Pero de pronto un trueno en el crepúsculo hace patente la posibilidad de los desastres. Hay pesimismo, acentuado por lo incierto del futuro en el ser, en el estar y en lo inquietante del momento presente, con respuesta grandilocuente en forma de abismo.

Hay llanto por lo no alcanzado de felicidad con el otro o lo otro. Le queda refugio en el viento, para atenuar lo sombrío de la soledad. El viento trae mensajes cargados de pasión en la memoria, especie de diálogo sobrecogido por el poder del silencio. Hay un suceder de sensaciones y sentimientos, con reflejo de angustia en el árbol, como si se tratara de un espejo, para arribar al deseo de besar el infinito, en compasión y estado de profunda meditación.

De improviso resulta un huésped que puede concordar con el ser amado, representado en instrumento musical, arpa o piano, dispuesto a intensa pulsación, en expresión del sufrimiento. Los campos de amapola vuelven a estar presentes, y el mar de consuelo con vientos agitados que estremecen la arboleda. Surge una sed, un deseo de incursionar en nuevas circunstancias, pero es la muerte la que tira, con divagaciones en los sueños. La escena rememora un amor ido que disfrutó con pasión voluptuosa y felicidad, dejándola deshabitada, sumida en recuerdo con divagaciones estériles de la memoria.

Las flores son amparo en la reflexión poética de la autora, incluso cuando hay referencias del divagar por ciudades, distraída en el encanto de los tulipanes, con tenue lluvia que le acaricia la frente, en un estar ahí, de cara a las situaciones cambiantes. En ese estar recuerda en su niñez al padre que la lleva a pasear por jardines de Buenos Aires, con la ambición de convocarlo ahora para caminar de nuevo juntos, sin preocupación por el destino.

En las estancias finales del poema, se aviva la rememoración, con invocaciones a la belleza, a la música, a la penumbra, a los jazmines, al caminar sintiendo que cada paso es como un amanecer para sentirse encadenada a la espera de un rocío de eternidad. Algo así como la despedida. Ese recrudecimiento de recuerdos con sentimientos de nostalgia lo ejerce en una batalla de palabras que tienen como destino el rostro del amado, fijo en la memoria, con el deseo de disponer de una morada donde la música sea el centro y el motivo, habitada por mariposas blancas.

El jardín desplegado a la vista es el motivo para el cierre, con imágenes de alimañas y mujeres de cabellos desplegados al viento. En el pecho siente un ave contenida que no alcanza a emitir un canto delicado en medio de la soledad. Le pide a las amistades que la dejen vivir y desvivir, con ingreso al bosque para despertar entre jacintos azules con el golpeteo del mar en los acantilados. El adiós la lleva a entregarse a todo aquello que habrá de conducirla al infinito, entre nubes abandonadas por la gravedad.

El magno poema quiso la autora que fuese recordado y difundido con motivo de cumplir ¡90 años! el 15 de agosto de 2018. Motivo por el cual acudimos a una edición digital ilustrada por Pilar González-Gómez, desde Madrid. Asimismo, fue objeto de estudio en la Versión 32 (II-2018) de la “Cátedra Aleph”, en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

Los dioses del Olimpo preserven su vida y su obra.

Las ideas en lo poético de Graciela Maturo

Se complementó con el estudio del ensayo “La transmodernidad latinoamericana. Oriente y Occidente en el pensamiento del poeta” en su libro “América, lugar de la poesía” (Ed. Prometeo, Buenos Aires 2018), para destacar las ideas principales:

-       Ideas de “transmodernidad” y “transnacionalización”. El poder en manos de grandes corporaciones económicas y financieras.

-       La globalización generada por lo tecno-económico, la revolución técnica y de comunicaciones. El reto. Tendencias hacia pensamiento único y uniformizador.

-       Identidades culturales; nacionalidades: evolución, con elementos reconocibles en tiempo-espacio. Identidad con fraternidad de origen.

-       Naciones latinoamericanas, su identidad como Hispanoamérica: idioma común, cultura variada y en amalgama, historia compartida; reconocimiento de culturas arcaicas; renovación continua

-       Idea de “alteridad”: ethos americano, nomos universal. Evolución moderada, con apego a las raíces.

-       Antiguos gérmenes culturales provenientes de grandes civilizaciones, con desenvolvimiento en tramado progresista y expansivo.

-       El mestizaje cultural: cinco siglos con amalgamas en idioma, creencias, historia, problemáticas sociales.

-       Estamos en momento de inflexión: sociedad fragmentada, estilo de vida internacional.

-       Actitud crítica del poeta latinoamericano, contrario a las tendencias deshumanizantes.

-       El legado histórico de América, nutrido de las dos grandes vertientes: latina y anglosajona.

-       Modernización vs. Propuesta ingenua de indigenismo purista.

-       Eje del desarrollo americano – Idiosincrasia. Nuestra América no es antimoderna, ni pre ni posmoderna.

-       La “transmodernidad” señalaría un destino singular. La tenacidad humana sobre la Tierra. Límites en el avance a la mentalidad moderna (desentendimiento de la historia y de la ética.

-       Las grandes obras del pensamiento y la creación. Búsqueda afanosa de equilibrio entre el ser humano y lo sagrado, lo místico, la meditación, el pensamiento trascendente. 

-       La revolución cibernética: sorprendente engranaje de comunicación. Tramo final de la modernidad. Cómo se afecta la identidad de los pueblos.

-       Conciencia de cambio de época.

-       Utopía tecnológica vs. Utopía social

-       Desplazamiento del concepto de identidad por el de construcción de ciudadanía. Resurgen la poesía, la búsqueda de la belleza, la fe, la esperanza -àtiempo profético o conexión de utopías con el tiempo que se vive.

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Transmodernidad, concepto creado por la filósofa española María Rodríguez-Magda, en 1989, en su libro “La sonrisa de Saturno”.

La transmodernidadno es una meta sino la descripción de la situación en que nos hallamos, un punto de no retorno ante nuestras antiguas certezas, pero también una asfixia que pugna por salir de la banalidad. Tiene pues una vertiente descriptiva, cuya constatación no hemos elegido, de análisis de los fenómenos sociales, gnoseológicos, vivenciales; una exigencia de conocimiento y un anhelo de ir más allá en la superación de los límites que hoy nos atrapan.”

Ref.: https://es.wikipedia.org/wiki/Transmodernidad

 

Los estudiantes reflexionan y escriben

El Alumno-Ingeniero Alejandro Buitrago-López expuso sobre el cuento “El Aleph” de Jorge-Luis Borges, lo siguiente: 

“… Me he podido dar cuenta de que Borges narra la historia de manera tal que todo sea un proceso, para que aparezca el destino moviendo sus hilos, con el fin de que todos los sucesos ocurran cuando les corresponda. La muerte de Beatriz Viterbo, referida al principio, desencadena las frecuentes visitas de Borges a la casa de ella, habitada por su primo, Carlos-Argentino Danery. En esas visitas ocurren cosas, como la presentación que este le hace a Borges de su infinito poema que desarrolla para describir todos los lugares de la Tierra. A la mitad del relato Danery le informa a Borges de la fuente de su inspiración: el Aleph, existente en el sótano de la casa, al cual accede Borges por invitación de Carlos-Argentino. Como resultado Borges despliega su imaginación para narrar lo visto, con la dificultad de haber ocurrido en absoluta. en simultaneidad abrumadora… 

La lección que asumo es lo nefasto en la sobrecarga de información. Borges llega a decir que aquel Aleph es falso, haciendo notar que al llegar a una cúspide parece descartarse que haya algo más allá… Borges es protagonista del propio cuento, condición que utiliza para ironizar de la arrogancia de los escritores, con protagonista Carlos-Argentino, por el uso desmedido y pedante de expresiones. Esa condición protagónica de Borges muestra su calidad de ser uno de los mejores autores en la historia de las letras…”

 

Comentario al poema “Navegación de Altura” de Graciela Maturo

Por: Alumna-Ingeniera Evelyn Esperanza Burbano-Argoty

Dado que es un poema no tan fácil de leer, la manera en la que yo decidí abordarlo fue leer cada estancia tantas veces como era necesario hasta que yo misma pudiera escribir en pocas palabras lo que había leído y lo que había comprendido; dicha tarea no fue sencilla en todos las estrofas, aunque pude hacerla en la mayoría.

En varias ocasiones Graciela habla del día y la noche, nos relata escenarios donde incluye a diferentes especies de aves y la manera en que éstas y su comportamiento hacen parte de estos acontecimientos, en lo encantador que es recibir el alba con el saludo de los pájaros y sentir como estos callan con la llegada del ocaso.

La luz, uno de los protagonistas de este poema, es sin duda un signo de inicio, de nuevas oportunidades; la luz del amanecer es un evento lleno de belleza, de sentimiento, de paz, de volver a empezar un nuevo día con energía, un momento en el que nos confesamos y dejamos que nuestra alma sea ella misma. Graciela dice “caminar por el mundo como si a cada instante amaneciera”.

Por otro lado, el ocaso es también otro bello acontecimiento que se inicia con el término del día, sangra una vez más el horizonte en el sacrificio de la tarde, se nos presenta un mundo lleno de colores, los acontecimientos y costumbres de vida ofrecen la oportunidad de descansar, de tener sueños donde el corazón corrige al tiempo que pasa en cada sístole y diástole en que se convierten el día y la noche.

Las diferentes formas del arte como lo son la poesía, la música, la danza, la pintura… permiten alumbrar la vida, son acciones que se promueven por nuestros sentimientos, esos que corren bajo la piel. Graciela menciona: “la música nace de mis dedos, paso de danza sobre el mundo, elegí el incendio de las palabras para alumbrar una caverna de silencio.”

Supo entonces que la eternidad se ofrece a cada instante en la comunión de la belleza, así pues, todo lo que hemos amado permanece mientras surcamos el cielo como pájaros al recorrer los diferentes caminos y ciudades llenas de rostros, yendo en contra del tiempo sin permitir que nos arrebate los recuerdos. Donde está el ojo que nos ve, la lengua que nos habla, la mano infinita que nos sostiene.

 

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