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Un testimonio del trabajo en la "Cátedra Aleph" (UN-Manizales): "Informe de Relatoría" de la sesión 4, Versión 30 (I, 2017)

El pasado 21 de febrero de 2017 se llevó a cabo la cuarta sesión de la cátedra Aleph, cuya apertura fue amenizada por la lectura de dos poemas de Borges, Nubes (I) y Nubes (II), los cuales lograban poner en sintonía a quienes participábamos de la sesión. Algunas opiniones fueron escuchadas tras la finalización de los versos: Manuela, por ejemplo, no dudó en asegurar que esas líneas le recordaban la fugacidad de la vida y que a pesar de que algo sea rosa, mar o nube, todo acaba o cambia; Carlos-Enrique, por su parte, sugirió vincular Nubes I y Nubes II con el texto El Aleph, también de Borges y sobre el cual ya se había trabajado en la sesión previa, pues de acuerdo con su percepción, el par de poemas planteaba preguntas a medida de que se avanzaba en la lectura, pero además lograban describir un sinfín de lugares y objetos para reunirlos en unas cuantos renglones, tal y como sucede en El Aleph.

 Posteriormente se da el espacio para que dos relatorías sean leídas. Guardando un orden, Luis-Felipe reseñó lo ocurrido durante la sesión dos, mientras que Manuela nos compartió los detalles de la sesión tres. En la sesión cuatro escuchamos más relatorías de lo que es usual, debido a que Luis-Felipe había tenido dificultades y el día en el que debía dar el relato de la sesión dos no pudo asistir. Carlos-Enrique, sin embargo, hace públicas las disculpas que muy amablemente Luis-Felipe le hace llegar a su correo y las extiende a todo el grupo; aprovecha la ocasión para destacar la cortesía en nuestras relaciones sociales y asegura que “es así como nos tratamos las gentes.”

Nuevamente, Jorge-Luis Borges vuelve a ser el protagonista de las conversaciones. Esta vez, Carlos-Enrique lo evoca con hechos históricos sucedidos en Argentina, contándonos que durante la presidencia de Juan Domingo Perón, Borges pasa de ser un bibliotecario a ser un inspector de aves en la región metropolitana de Buenos Aires, lo que provoca su renuncia y la desvinculación con algún empleo proporcionado por el estado. El escritor decide entonces aceptar la invitación hecha por la UBA para que ofreciera conferencias sobre literatura inglesa, y luego en Estados Unidos y Europa. Sólo hasta 1955 recupera su cargo de bibliotecario, cuando asume la dirección de la Biblioteca Nacional de Argentina. Estas reseñas, tan propias del siglo XX como de la vida de Borges, sirvieron de antesala para lo que sería la presentación de dos escritos interpretativos que nos ayudarían a seguir descifrando qué es el Aleph. El primer escrito, denominado La suma, en el que un hombre da una rigurosa pincelada del universo entero únicamente ante la cal de una pared. El segundo escrito, que es en realidad el epílogo de un libro nombrado El hacedor, propone la tarea de dibujar el mundo incluso con sólo leer su título.

La sesión continuó su avance, ahora sin la compañía de Daniela Ochoa y Luis-Felipe, quienes salieron  más temprano de lo acostumbrado con la ilusión de alcanzar una butaca en el auditorio en el que Humberto de La Calle Lombana daría una conferencia. Quienes quedamos en el recinto de la Cátedra Aleph, también esperábamos con ansias a que los expositores programados para aquel día comenzaran a plantearnos sus magistrales ponencias.

El turno fue entonces para Daniel-Alejandro, quien antes de comenzar nos previno sobre el reto que le planteó la lectura de El Aleph, ya que, de acuerdo con él, no le fue fácil asimilar el pensamiento que Borges pretendía transmitir en los párrafos; pese a esto, nuestro primer expositor no dudó en calificar la obra como una excelentísima creación que existe dentro de la literatura. Daniel-Alejandro tomó la decisión de dividir el texto en tres partes y aseguró que en la primera parte hablaría sobre el sentimiento que la lectura de El Aleph le produjo, en la segunda haría un resumen del cuento y en la última tendríamos el gusto de escuchar su opinión ante la relación que el texto tiene con la vida. Daniel-Alejandro nos hace ver que el mundo tangible, el que se presenta antes de conocer el Aleph, resulta siendo extravagante y en ocasiones, insignificante; piensa, además, que vivir en carne propia lo que vivió Borges puede no ser sencillo y tal vez por esto El Aleph no sea tan fácil de comprender como el autor quisiera que fuese comprendido. Daniel-Alejandro, próximo a terminar su exposición, resuelve dar un apropiado mérito al buen hábito de la lectura y a todas las intervenciones que lo antecedieron en sesiones previas, y concluye afirmando que las personas presentes en este salón somos los esenciales intérpretes de los nutridos diálogos que saben formarse a partir de diferentes criterios. Carlos-Enrique toma la palabra,  no duda en felicitarlo y en devolverle el mérito por atreverse a construir y compartir su propia opinión.

Diana-Carolina se convierte en la segunda expositora de la sesión, al expresarnos que la lectura del cuento de Borges había decidido asumirla como una experiencia de carácter interno. Para ella, El Aleph podría tratarse de una búsqueda desenfrenada de emociones y enseñanzas que van de la mano con una íntima edificación del ámbito espiritual del ser humano. Diana-Carolina considera que Borges no se refleja en la pequeña esfera porque el suceso es algo demasiado intrínseco y por tanto puede tener múltiples interpretaciones; no obstante, está segura de que el conocimiento o visualización del Aleph puede generar una trascendencia inigualable y particular en cada ser. Diana-Carolina tiene la oportunidad de advertir que en El Aleph hay un fuerte choque para cualquier ser humano, puesto que se comentan episodios de enamoramiento y aprecio hacia una mujer que, para desgracia del autor, está muerta desde el primer renglón del libro. 

Más adelante, Juan-Felipe, con la voz de Manuela, comienza su participación como tercer expositor, comentando que El Aleph es la forma para ver y entender el mundo debido a la amplia observación que se tiene mediante la pequeña esfera. Según Juan-Felipe, El Aleph transmite plenitud y disfrute, además tiene la capacidad suficiente de involucrar a la persona dentro de él recordando la identidad que el ser conserva con el universo. Nuestro tercer ponente opta por poner punto final a su relato declarando que  la felicidad es el punto principal de El Aleph, debido a que este estado de ánimo es capaz de reunir todos los puntos, tal y como lo hace la pequeña esfera que reposa en el sótano de Carlos Argentino. Existen tres puntos que Carlos-Enrique subraya del análisis hecho por Juan-Felipe: la plenitud, la tranquilidad y la felicidad e invita a que cada uno de ellos fuese tomado como un abrebocas a lo que será Las Analectas de Confucio, texto de discusión en sesiones posteriores.

De repente, hubo un momento de sorpresa dentro de los miembros de la sesión ante el súbito regreso de Luis-Felipe y Daniela Ochoa, quienes retornaron a la cátedra hacia las diez de la mañana al no poder alcanzar un puesto dentro del atiborrado auditorio en el que se estaba presentando Humberto de La Calle. Carlos-Enrique se encarga de darles nuevamente la bienvenida y dedica unas palabras en las que compromete a de La Calle como uno de los autores y partícipes de la constituyente del 91, asegurando que a este personaje se le ha encomendado la enmienda, aunque fuera parcial, de temas polémicos que dividen al país. Una vez más, Carlos-Enrique hace la analogía con Confucio, avalándolo como una persona líder en un cantón de China que participó directamente en temas políticos y de bien público; reafirma también la vigencia de Confucio en la actualidad, a pesar de que haya vivido hace más de 25 siglos.

Se da paso para que Daniel-Alejandro intente simular la delicada voz de Jhenifer, quien fue la cuarta expositora de la sesión. El intento de Daniel fue en vano, pues una voz gruesa y masculina fue la encargada de transmitirnos los conceptos y postulados de Jhenifer. En un inicio Jhenifer no tenía interpretación alguna para El Aleph, por tanto prefirió zambullirse en definiciones que trataran de esclarecer el significado de la palabra Aleph sin el contexto borgiano. Encontró que Aleph es la primera letra del alfabeto hebreo y  también del arábigo, pero además nos enteramos que en matemáticas es un símbolo que hace alusión a los diferentes tipos de infinitos. Jhenifer nos expone la similitud siguiente: si aleph es símbolo que representa tipos de infinito, entonces es símbolo que representa el universo, pues de acuerdo con ella, el curso de astronomía que tomó semestres atrás, le había hecho entender la característica inconmensurable, muchas veces incalculable, de la proporción que esconde el universo. Nuestra expositora hace referencia a los grandes avances tecnológicos que cada vez nos dan mayor alcance, pero que simultáneamente nos abren preguntas que antes ignorábamos. Una vez termina el escrito de Jhenifer Carlos-Enrique expresa la idea de expansión del universo y le agrada la manera como Jhenifer deja entrever en su ponencia un infinito que cada vez es más infinito… Al final Daniel-Alejandro no le fue mal en su imitación, ya que consiguió el principal cometido: hacernos intuir y asimilar lo que Jhenifer nos tenía preparado.

Le llega el turno a nuestra quinta y última expositora, Daniela Ruiz, quien resuelve fragmentar la lectura del cuento en dos partes: la primera es lo que vio reflejado y la segunda es lo que ella se cuestiona. Para Daniela, El Aleph no sólo reproduce las distintas fases que albergamos los humanos, sino que también es una poderosa fuente de conocimiento. Un llamado de atención sale a flote por parte de nuestra quinta expositora: ella considera que la humanidad debería asumir una actitud más reflexiva frente a lo que sabemos y conocemos, ya que a veces creemos que lo sabemos todo únicamente por mero dominio de solo tema. Daniela hace la exhortación para que administremos el conocimiento de forma juiciosa y consciente, aunque reconoce que el conocimiento pueda verse destruido por no dar registro a las antiguas generaciones o por simple olvido. Daniela Ruiz agrega que la cantidad de información y datos jamás podrán dejar de sorprendernos, por lo tanto el ser humano tendrá un poder de asombro que le es inherente, tal y como lo tuvo Borges al observar en El Aleph cosas que ni siquiera quería ver. Daniela, como estupenda expositora, fue la encargada de finalizar su ponencia abriendo el debate si en realidad perdíamos o no la capacidad de asombro. Hubo quienes estuvieron de acuerdo con que es imposible no conservar sorpresas en la vida de por vida, mientras que hubo otros que aseguraron la pérdida de poder de asombro en el ser humano por el afán que agobia su cotidianidad. Esta discusión sirvió para que Carlos-Enrique acertara diciendo que allí se reflejaba la diversidad y pese a que se procura convencer a alguien, al final no se convence pero tampoco se mata; Carlos-Enrique sostiene que en esta sala hay participación constructiva para el país.

Juan-David toma la palabra y sigue de acuerdo con la posición inicial que nos había planteado: para El Aleph no hay una sola interpretación; James parece estar en sintonía y añade que cada quien es Aleph por sus percepciones y maneras de interpretar y saber incorporarse al mundo; resalta que si hay diversidad hay diferencias y que esas diferencias acogen la variedad de la que está hecha el universo. Hubo participantes que acordaron en pensar que ese universo es producto de la imaginación, pero Carlos-Enrique da por terminada la sesión cuando trae a colación a Sócrates, quien en la Antigua Grecia analizó los múltiples elementos de racionalidad entre las personas.

A las 10:50 nos despedimos, mientras digeríamos la cantidad de opiniones de esta sesión y por ahí derecho, el delicioso caramelo Big-Ben que Carlos-Enrique nos compartió ese martes 21 de febrero.

 

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