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Cátedra Aleph: la gran casualidad de mis estudios universitarios

Otro semestre, un paso más. Ya es el noveno y las promesas de nuestros antecesores son cumplidas por lo menos en algunos apartados. La inscripción de asignaturas en la Universidad Nacional es un buffet para los estudiantes de los semestres más adelantados y un rebusque en el basurero para los primíparos y los que apenas están empezando. Pacientemente esperé esta oportunidad para darme el lujo de escoger las asignaturas que quería ver, el profesor y el horario. El día que me tocaba inscribirlas, sorprendentemente, las materias que había seleccionado con estimulado pragmatismo azarosamente se habían quedado sin cupos apenas en las primeras horas de inscripción. Tal vez la visión que tenía estaba equivocada o quizá las promesas que me hicieron los que ya se graduaron eran falsas.

Recuerdo ese hecho. Solo nos dan 20 minutos para la inscripción y es una carrera contra el tiempo. Estoy recibiendo mensajes y llamadas de un amigo y compañero, mucho más amigo que compañero, con el que he visto casi todas las materias. Nuestros “planes” han sido desbaratados y en los pocos minutos que nos quedan debemos tomar decisiones rápidas que nos dejen con un horario decente pero sobretodo digno y cómodo. Serán cuatro meses donde durante dieciséis semanas se repetirá el mismo itinerario y se debe procurar que sea ameno.

Rápidamente ingreso al buscador de asignaturas y veo que existe una Cátedra que tiene algunos cupos, su nombre es Contexto: Cátedra Aleph y es impartida por el docente Carlos-Enrique Ruiz. Curiosamente es el nombre de la biblioteca del campus La Nubia de la Universidad, la que posee más de 100 mil libros y digo curiosamente ya que creo que el simple hecho de que el nombre de alguien esté en una estructura tan importante de la Universidad le da los créditos y pergaminos necesarios para creer que en la cátedra uno se encontrará con una persona que ha ayudado al alma mater a crecer en diferentes campos. Para confirmar mi decisión de inscribir la materia decidí ver la descripción que se encontraba en el sistema de información académica (SIA). En resumen, aprecié que era una asignatura donde la literatura cumplía un papel fundamental, razón suficiente para reafirmar mi decisión de cursarla ese semestre.

El primer jueves de febrero de 2016 se dio inicio a la vigésimo octava versión de la Cátedra. En esta primera sesión el profesor hizo una presentación del método de la asignatura el cual resumió como “un seminario, adaptado a condiciones de amable tertulia”. El salón de clases era propicio para este ambiente ya que tenía el suficiente espacio para hacer una mesa redonda donde todos los estudiantes tenían la posibilidad de observar el rosto del sujeto que habla. Estos espacios crean verdaderas conexiones con personas desconocidas con solo escuchar lo que tienen por opinar acerca de los temas que se tratan en cada una de las sesiones. Hubo una presentación de cada uno de los estudiantes en la que el profesor Carlos-Enrique estaba interesado en conocer si leíamos regularmente y qué tipo de literatura preferíamos, finalmente esta era el actor principal de la Cátedra. Por último, el profesor hizo su presentación personal, contándonos a manera de resumen su trayectoria como profesor de la universidad y director de la revista Aleph, la que hoy sabemos cumple 50 años y de la cual sorprendentemente ha publicado más de 170 ediciones con un contenido cultural muy dinámico. Destaco que para mi sorpresa el profesor es ingeniero civil. De ahí me surgió la curiosidad de cómo desde una carrera que tiene un enfoque tan práctico y científico se puede llegar a ser director y escritor de una revista cultural. Fue una duda que tal vez me quedó por responder, pero el ingeniero Carlos-Enrique se convierte en un ejemplo de que los sueños y pasiones no se dejan de lado con facilidad. Cuántos pintores, actores, escritores, directores de cine, poetas, se encuentran escondidos entre las paredes de la universidad estudiando carreras que son políticamente correctas para nuestros padres y la gente en general y que en definitiva se escogen por un beneficio económico y no por un beneficio espiritual.

Doy gracias a pensadores como el profesor Carlos-Enrique que abren nuestros horizontes más allá de lo que creemos posible y nos dejan la lección de que las pasiones nunca se deben dejar de lado en la vida ya que ellas son una parte del motor que la mueve hacia la felicidad. Luego de las presentaciones, el profesor nos describió brevemente los dos libros que iban a ser tratados en esta versión de la cátedra: Breve historia del mundo de Ernest H. Gombrich y Preguntas de la Vida de Fernando Savater. Cada semana se ofrecerían voluntariamente personas que escribirían un informe de lectura además de otro estudiante que al inicio de la clase se encargaría de llevar un registro de lo que pasaba en casa sesión de la cátedra para luego ser leído a manera de crónica en la sesión siguiente, todo esto para desarrollar la habilidad de escritura y descripción de la actuación de las personas. Recuerdo que por ser la primera sesión el ambiente fue un poco falto de confianza así que los estudiantes poco participábamos y estábamos cohibidos a dar nuestra opinión ya qué la costumbre y constancia durante casi todo el estudio profesional es que el profesor habla y el estudiante escucha y pocas veces se invita al estudiante a participar y dar su opinión. Por ello era distinto ese método y requería de un poco más de sesiones para llegar a crear el ambiente que el profesor quería lograr.

Pero todo esto quedó atrás en la segunda sesión de la cátedra, donde se trabajó el cuento “El Aleph” de Jorge-Luis Borges. Luego de los informes de lectura y de la sesión de la clase pasada, el profesor tomó la moderación de la sesión y nos enumeró lo que él llamaba las “cuestiones fundamentales”. Estas son unas preguntas cuya función fundamental era crear diversos pensamientos críticos en los estudiantes, para que así el ambiente de tertulia fuera más dinámico y tuviéramos diferentes temas de los cuales hablar. Generalmente cada cuestión fundamental venía antecedida de una introducción por parte del profesor quien en su continua moderación hacía que la conversación no tocara fondo y fuera lo más interesante y fructuosa posible.

Había ocasiones en que la pregunta tratada tenía tal aceptación del público presente que la tertulia tomaba un aire de discusión en confianza donde se podía expresar el pensamiento sin temor a ser juzgado. Era increíble ver cómo personas que tenían una máscara de timidez completamente pegada en su cara eran capaces de dejarla a un lado para expresar su opinión en cuestiones que de verdad los apasionaban profundamente. En definitiva, se aprendía bastante de estas conversaciones y era interesante conocer lo que las otras personas pensaban de temas como la muerte, el amor, la amistad, la historia, etc.

Al final de cada sesión de la cátedra se rifaron dos libros entre los diferentes asistentes. Esto se hacía de manera tal que a final de semestre cada estudiante tuviera un regalo que podría disfrutar en cualquier momento de sus vidas porque un libro es un activo que constantemente está en crecimiento al tener la posibilidad de enriquecernos espiritualmente. Además cada sesión era amenizada con un “dulce” a la mitad de la misma, esto con el fin de que se rompiera la monotonía que podría haberse suscitado en algún momento de la sesión. Cabe destacar que una de las compañeras no podía comer golosinas con azúcar y el profesor en un gesto muy bonito llevaba una particular para esta estudiante que no podía disfrutar con los demás compañeros.

Así es el profesor Carlos-Enrique, una persona supremamente humilde y colaboradora que está dispuesta a ayudar a cualquier estudiante desinteresadamente, por ello se ofrecía como un amigo con el cual podríamos tomar un café o simplemente sentarnos a hablar sobre cuestiones de la vida porque eso es lo que para él es importante, escuchar y aconsejar a esta juventud.

Cientos de estudiantes han pasado por su cátedra durante quince años. Al terminar el semestre nos despidió a todos con un abrazo en un gesto que difícilmente se me va a olvidar porque pocas veces existe el deseo de repetir una materia y menos una de libre elección. Pero he decidido que llegado el momento tendré la posibilidad de ingresar de nuevo a ese ambiente de confianza y de tertulia donde las palabras y pensamientos fluyen con mayor facilidad que en cualquier otro lugar que haya conocido.

Gracias al ingeniero Carlos-Enrique por darnos a los estudiantes esta posibilidad y espero que las personas que en un futuro inscriban esta materia no lo hagan por una casualidad de la vida como me tocó a mí sino por la clara convicción de que esta hará enriquecer su vida en todos los aspectos. Por ello la casualidad de encontrármela ha sido una de las más bonitas que me han pasado hasta ahora.

Por último, felicidades por los 50 años de la Revista Aleph y que sean muchos más.

 

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Ref.: Publicado en el libro: “El calidoscopio Aleph – Homenaje a los 50 años de la Revista Aleph”.  Ed. Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales; Manizales, noviembre 2016;  pp. 51-55

 

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