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Literatura en diálogo: Informe de la versión 26 en la "Cátedra Aleph" (I, 2015), UN-Manizales

Durante trece años he tratado, en mi “Cátedra Aleph” de la UN, de propiciar diálogos entre la ciencia, el arte y la literatura, con estudiantes congregados de diferentes programas curriculares. La experiencia ha sido grata. En cada versión aparece un tema, debidamente planeado, con puertas abiertas para incorporar asuntos que despierten el interés. La motivación principal está en ser un espacio de libertad, donde se estimulan la conversación informada y la correcta escritura, con el intercambio de opiniones o pareceres, bajo la premisa ineludible del respeto en las diferencias.


Jimmy-Alejandro Álvarez, Eliana-María Betancur, Maye Cárdenas, Catalina Flórez, Alejandro Giraldo, Daniel-Stiven Gómez, Yeny-Alexandra González, Juan-Miguel López, Mauricio López, Wanda-Xiomara Matta, Viviana Mendieta, Richard Muñoz, Leidy-Alejandra Orozco, Yelcy-Dalena Ortiz, Juan-Pablo Osorio, Claudia-Marcela Perdomo, Alejandra Quintero, Carlos-Mario Ramírez, Andrés-Felipe Rebolledo, Mateo Rincón, Juan-Camilo Rosero, Kharla-Jinned Ruiz, Juan-Camilo Solarte, Alex Tamayo, Santiago Trujillo, Cristian-Daniel Zambrano.  Profesor: Carlos-Enrique Ruiz

En general, al comienzo de cada sesión leemos poemas breves de buenos autores y hacemos el ejercicio de auscultar sentidos, con el reto de pensar en voz alta.

En el semestre académico que acaba de concluir examinamos aspectos del grueso tema “Educación, literatura y pensamiento”, con soporte en tres libros: “El valor de educar” de Fernando Savater, “La caverna” de José Saramago y “El credo del hombre libre y otros ensayos” de Bertrand Russell. Como suele ocurrir, comenzamos con la lectura e interpretación de “El Aleph” de Jorge-Luis Borges, en especie de poner en escena el método de trabajo. Un relato complejo, culterano y con palabras de uso infrecuente, pero en número significativo estudiantes lo abordaron para explorar en sentidos, en interpretaciones. También con la idea de justificar el por qué la Cátedra tiene ese nombre, en correspondencia con la Revista de la cual surge. Con los protagonistas del relato: Beatriz Viterbo, Carlos-Argentino Daneri y el mismo Borges, la historia devela un amor imposible y el irónico tratamiento hacia una descripción ‘poética’ del mundo y sus detalles, en reto infinito de imposible cumplimiento. Y en el centro está la fascinación con el descubrimiento de ese punto que es todos los puntos, denominado “Aleph”, el cual Borges aprecia en una sincronía radiante y describe en los destellos de mayor asombro. Para concluir que la Cátedra es esa especie de lugar donde se conjugan visiones del más diverso origen, relacionadas con la ciencia, el arte y la literatura, no ajenas a la vida en sus alegrías y sinsabores.

Aproximación que llevó, por ejemplo a la estudiante Mayecxiliana Cárdenas, a decir: “el cuento ‘El Aleph’ representa un cierto infinito matemático, pero no cualquiera… Despertó en mí un sentimiento de empatía, lástima y compasión. En el primer instante de intentar concebir el infinito entramos en un pequeño y deslumbrante paraíso, pero el instante siguiente nos envía directo al infierno, al percibir la finitud, con la incapacidad de comprender ese infinito más grande que nosotros, lo que conduce de manera irremediable a una terrible angustia.”

Por estar muy palpitante el tema de la “educación en Finlandia”, nos ocupamos de ella en una sesión, recogiendo guiones fundamentales. Pequeño país al norte de Europa que ha llegado al primer lugar en indicadores de medición internacional, como por ejemplo tener el primer puesto en las pruebas PISA (conocimiento en estudiantes de 15 años en matemáticas, ciencias y lenguaje). Su secreto ha sido el haber asumido la educación como la principal política de Estado, con docentes muy formados, bien pagos y de gran reconocimiento social. Y seguimiento conjunto a los alumnos por parte de padres y docentes.

En Fernando Savater encontramos el criterio de ser la educación el más humano y humanizador de los empeños, con el llamado a aprender de otros, con los otros, a partir de la comprensión de la realidad de nuestros semejantes y la necesidad de enseñar el uso responsable de la libertad. Libertad entendida –también lo aprendimos de Savater- como la conquista de “autonomía simbólica” con posibilidades de elegir y de innovar, pero como partícipes de la comunidad. Con otro conocimiento sustantivo: “lo absolutamente respetable son las personas, no sus opiniones”, pero aceptando el derecho a que las opiniones sean escuchadas y discutidas.

Se introdujo el estudio de la novela “La caverna” de Saramago con el análisis de la “Alegoría de la caverna” de Platón, contenida en el libro VII de la “República”, en la cual descubrimos sombras de realidades, y realidades en la sombra, con posibilidades de acceder al mundo inteligible y a las nociones de verdad y de bien, en conexión con las comprensiones diferenciadas de Heráclito (imaginación y creencia) y de Parménides (pensamiento y razón).

En la novela de Saramago se escudriñó la analogía con el texto de Platón, con el sentido de considerar los centros comerciales como cavernas de los nuevos tiempos, sumida la sociedad en ellas con el atractor del consumismo, representados en expresiones como esta: “Venderíamos todo cuanto usted necesitara si no prefiriésemos que usted necesitase lo que tenemos para venderle”. Indagamos en aquella la manifestación de formas de pensamiento, con sabiduría palpitante como al decir: ”Buena verdad es que ni la juventud sabe lo que puede, ni la vejez puede lo que sabe”. Con sentido metafórico en: “Se dice que cada persona es una isla, y no es cierto, cada persona es un silencio”.

La alumna Viviana Mendieta sacó una conclusión de la lectura: “Día a día decimos palabras y actuamos en muchas ocasiones con base a ellas, al tener presente que cada acción que emprendamos nos implica asumir las consecuencias que estas traen consigo.”

En la parte final del semestre nos ocupamos de Bertrand Russell y su libro indicado arriba. El ensayo con el bello título “El peregrinaje de la vida” fue motivo principal de estudio, en el cual dilucida aspectos esenciales en las personas y en la sociedad: la belleza, la esperanza, la ternura, los deseos, la finalidad de la vida, el amor, la paz, el valor, la soledad, la sabiduría, la familia, la bondad, el consuelo y la piedad, el olvido, la comodidad, el temor, la perplejidad, la gentileza, la experiencia, el destino, el deber, la alegría y el dolor, la tristeza, la austeridad, el terror a la muerte, el remordimiento… En conjunto, “las aspiraciones que no deben asfixiarse en un mundo desalmado”.


                            "Aula del estudiante de la mesa redonda"

La alumna Wanda-Xiomara Matta dijo: “El amor, a mi juicio, es el elemento que encierra la vida del gran pensador Bertrand Russell. El amor lo lleva a la búsqueda por comprender el mundo a través de innumerables cuestiones, pasando por la religión, la filosofía y las matemáticas, ya que para él una buena vida es aquella inspirada por el amor y guiada por la inteligencia.”  A su vez, Juan-Camilo Rosero escribió: “Los textos de Russell me generaron pensamientos de importancia y agrado, pero también me despertaron una serie de inquietudes e inconsistencia sobre mi vida diaria. Una de ellas fue ‘el mensaje de la naturaleza’ que nos dice que ‘la belleza es eterna, y la paz espera a los que han aprendido a vivir con las cosas que perduran’. Pienso que vivimos con una mentalidad equívoca de progreso, buscando tener cada vez más comodidades y lujos,… pero a cambio estamos sobrepasando por el medio ambiente, destruyendo todo a nuestro alrededor, llenándonos de horizontes de concreto y acrílico, que lo único que hacen es privarnos de esos hermosos lienzos con lo que la naturaleza nos deslumbra cada día.”

Esta nueva experiencia en la Cátedra me deja sensaciones de alegría y de reiterada firmeza en el método de la “escuela activa”, aquella ejercida por los grandes pedagogos en cabeza de Decroly, Montessori, Giner de los Ríos, Nieto-Caballero, como el mejor camino para la motivación y la participación creativa de niños y jóvenes, en un proceso entusiasta por explorar en la vida y el conocimiento, con lecturas reflexivas y diálogos de interpretación. Modalidad para contribuir en el desarrollo autónomo de la personalidad, cada uno en función del otro.

La palabra en diálogo es el camino, para convalidar la vida y para avizorar horizontes de labor esperanzada, con sumatoria de voluntades y de esfuerzos.

 

Manizales, en Aleph, junio de 2015

 

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