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Las letras y el humanismo -Informe de la versión 23, Cátedra Aleph (UN-Manizales, II-2013)

Estimular una “formación integral” ha pasado a ser un lugar común, de casi nulos efectos prácticos. Lo integral en la educación es debido a formación interactiva de diversas áreas del conocimiento: artes, ciencias, técnica, letras, pensamiento. Un profesional debería tener bagaje intelectual con elementos sustantivos de esas disciplinas, sin deterioro en la fortaleza de su profesión. Pero cada vez esa formación está más compartimentada. Fragmentos que no apuntan a integrar el rompecabezas.

Las especialidades unidimensionales se han impuesto. El médico que se ocupa de los ojos nada tiene que ver con otras partes del cuerpo; el ingeniero calculista de estructuras, tampoco se entiende con nada de hidráulica ni con suelos, ni con nada distinto a lo suyo; el agrónomo experto en cultivo de café, ajeno es a otros cultivos, etc.

De pronto aparecen profesionales con gusto por las letras y las artes, como distracción o complemento. Sin faltar los que asumen con rigor esas preocupaciones intelectuales. Ejemplos mayores son Gregorio Marañón y Santiago Ramón y Cajal, para citar solo dos casos relevantes en el mundo hispánico. Ni que decir de Albert Einstein y Bertrand Russell.

Preocupaciones de esta naturaleza me han llevado a idear maneras de seducción, o motivación, con estudiantes de diversos programas curriculares, en la “Cátedra Aleph” de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales. Voy por la versión 23, con temas distintos cada semestre académico. En el actual me he ocupado de hacer un recorrido, un tanto a saltos, por el humanismo, desde los Presocráticos (antes de los socráticos, no de Sócrates) hasta encontrarnos con algunos escritores-pensadores latinoamericanos del siglo XX. No falta la buena y prometedora participación de estudiantes. Las sesiones casi siempre están precedidas con algo de poesía, en lecturas en voz alta, con comentarios de interpretación y de valoración.

Evocamos a los Presocráticos, en esa amplia y ejemplar nómina de pensadores que fueron pioneros en el uso de la razón, con busca continua de argumentos para soportar las ideas y los sentimientos, incluso con uso de la poesía. Ocuparon alrededor de tres siglos anteriores al 370 a.C., en número significativo, indagando por el cosmos y en aventurar ideas por el conocimiento, con fortaleza en la intuición. De Jenofonte asimilamos nuestro origen físico en el agua y en la tierra, elementos que ocasionan todo lo susceptible de ser engendrado. De Parménides recogimos la idea de conocer aún en las apariencias. En Empédocles nos entretuvimos tratando de hacer claridad en algunas de sus ideas-metáforas: su entendimiento de ser cuatro las raíces de todo: fuego, agua, tierra y el éter. Seductora su idea de la noche, “la de ojos en peregrinación, la desierta”. En Tales encontramos la dificultad del conocerse a sí mismo. De Heráclito aprendimos que no es posible bañarse dos veces en el mismo río; la idea del transcurrir, del paso inexorable del tiempo; asimismo, dictaminó sobre el hecho de pensar como la virtud máxima, con apelación a la sensatez. Y tuvo la idea de la comprensión unitaria al decir que “sabio es reconocer que todas las cosas son una”. “Todas las cosas están llenas de dioses”, también dijo Heráclito, con el preanuncio del panteísmo de Baruch Spinoza (“Deus sive Natura”). Igual supo distinguir entre la realidad y las apariencias.

En Demócrito encontramos lo que engendra la cordura: capacidad de aconsejar con buen talante, de hablar con pulcritud y de obrar con pertinencia. Anticipamos en él a Rousseau con la idea del íntimo parentesco entre naturaleza y educación. Igual sugiere que para ser amado hay que amar, y que antes de actuar con las consecuencias de arrepentirse por lo mal actuado, la persona debe disponer de asesoría confiable. Involucra la noción de experiencia, al referirse a la cordura que no la enseña el paso del tiempo, sino las maneras de cultivarse con ajuste a la naturaleza.

Sócrates (40 a.C. – 399 a.C.) fue especial motivo de diálogo, por la singular personalidad, ejercida sin otro interés que la busca ansiosa del conocimiento, en la forma de indagar, preguntar. La duda fue su herramienta de trabajo, en diálogo continuo con sus conciudadanos. Su método fue la diálectica. Acusado de impiedad y de corromper a los jóvenes, todo por esa capacidad admirable de someter a la razón cuanto pudiera saberse o decirse, lo cual implicaba estar por fuera de las ortodoxias dominantes, ejercidas por gobiernos. Sócrates se defiende con bella argumentación, pero los jueces terminan condenándolo a la pena de muerte. Acepta, como acatamiento a la Ley, auncuando considera que es injusta la decisión, por coherencia con su idea de solo ser libre si se obedecen las leyes. Ejemplo límite por sumisión a las normas. “Sócrates, el mejor de los mortales,… el más sabio y justo de los hombres”, exclamó Critón, su discípulo, al expirar el maestro. La sabiduría en humildad de Sócrates quedó consignada en la sentencia: “Solo se que nada se”. Con él se configura el pensamiento crítico, en línea con sus antecesores.

En cuanto a la muerte, Sócrates la concibe como el mayor bien siempre y cuando se haya cumplido a cabalidad con el deber. Y si se la teme –asegura- será porque se confía en una falsa sabiduría. Sinembargo la considera un triste destino. Sócrates es estimado como el fundador de la tradición intelectual y moral, con asidero en especial en Europa.

En instante como ese, evocamos con los estudiantes los primeros versos del poema “Amén” (En: “Los trabajos perdidos”) de Álvaro Mutis: “Que te acoja la muerte/ con todos tus sueños intactos”, y leímos el texto completo, breve.

Luego vino la “Alegoría de la caverna” de Platón (427 a.C. – 347 a.C.), parangonada con “La caverna” de José Saramago (1922-2010). Aquellos hombres encadenados al ver sombras y sombras que consideran la verdad. Platón se aprovecha del mito para discernir sobre el mundo sensible, lo que percibimos por los sentidos, y el mundo inteligible, en las instancias respectivas de la caverna y al salir al sol. El engaño es una posibilidad, en lo personal o por poderes de hecho. Saramago aprovecha el referente para afianzar las posibilidades de dudar y discernir, con autonomía, y homologa el mito en la novela con tres espacios: el agrario-artesanal, el centro comercial tecnificado y el cinturón industrial, con trajín contrastado entre esos mundos. La novela es una crítica a la sociedad de hoy, la que el autor considera injusta y vergonzante.

Luego compartimos un poco sobre la vida y la obra de Michel de Montaigne (1533-1592), el exquisito escritor-pensador, que afrontó las guerras religiosas de su tiempo, y supo tomar distancia de los dogmatismos antagónicos, con una actitud moderada, de espíritu sereno y reflexivo. La inquietud fundamental de Montaigne en los “Ensayos” fue desarrollar el examen personal, verse su propia existencia, su vida, a partir de la pregunta ¿Que sais-je? (¿Qué es lo que yo sé?). Impulsó y practicó la capacidad de pensar en libertad y de comportarse de manera concordante en la sociedad, al servicio de esta. La educación fue motivo principal de sus preocupaciones, en la modalidad de escuela activa. Opuso al fanatismo el escepticismo moderado. Concibió el acceso al saber instruyendo con ejemplos concretos y con experiencias. Estima que el maestro no debe ser de “humor melancólico” ni persona que desate furias ante sus alumnos. Dice que por igual debe formarse el espíritu y el cuerpo, cada uno en sus campos de fortaleza.

Pasamos a considerar la vida y obra Baruch Spinoza (1632-1677), con base en dos textos básicos: “De la libertad de la voluntad” y “El hombre libre”. Dos ideas resaltamos: la de virtud y la de ser libre. La primera, como noción de un esfuerzo perseverante para conservar el ser propio, y la segunda una comprensión con base en tres elementos: disponer de entrega total y pensamiento innovador, tener arrojo al argumentar y oponer a las pasiones bruscas el sosiego del espíritu.

De Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) nos ocupamos de considerar su “Emilio” en algunos fragmentos, a partir de su apreciación de que todos los hombres en el estado natural son iguales. Conocimos de su idea de la vida, no como un simple pasar, sino como despliegue en el obrar de la plenitud de los sentidos. Bastante falta nos hace regresar a él para estimar todo lo que debemos aprender de la naturaleza, como la guía mayor, sin tratar de sujetarla a nuestros deseos y pretensiones. En su noción de libertad encontramos que se es en verdad libre si se quiere alcanzar lo que se puede, con actividad legítima para lograr lo que sanamente convenga. Y en la educación desde el hogar debe aclimatarse la costumbre de no concederle a los niños todo lo que pidan, sin mediar la necesidad. El aprendizaje debe estar regido por la motivación para descubrir por cuenta propia y no para asimilar lo que se diga, al estimar el para qué de lo que haga y el por qué de cuanto crea.

Rousseau busca aclimatar la paz, el sentido de coexistencia, como resultado de la educación. Lejos estamos todavía de alcanzar esa práctica, forjadora de humanidad.

Esta versión 23 de la Cátedra dio en este punto un tremendo salto para observar a varios humanistas latinoamericanos, emblemáticos: Pedro Henríquez-Ureña (1864-1946), Alfonso Reyes (1889-1959) y Baldomero Sanín-Cano (1861-1957). Los dos primeros protagónicos del “Ateneo de la Juventud” en el México de comienzos del siglo XX, con efecto en la transformación radical de la educación y la cultura, como resultado de un puñado de intelectuales comprometidos con los más altos destinos de la sociedad. Creadores también de una universidad popular y luego de la refundación de la Universidad Autónoma de México, al rescatarla del pragmatismo positivista. Revisamos dos textos: “Patria de la justicia”, de Henríquez-Ureña, fragmento de “La utopía de América”, y “El destino de América”, de Alfonso Reyes, apartado de su obra “La última tule”.

Al asomarnos a esas escrituras encontramos compromiso similar por la idea de la “magna patria”, originada en Bolívar quien concibió la integración latinoamericana como unión de los países. Henríquez-Ureña y Reyes aprecian ese proyecto favorable a la justicia, con sentido de equidad, sin hambre en la población. A su vez observan la cortedad de visión de los gobernantes que no tienen sentido estratégico para encaminar políticas y acciones de los estados a favor de esas mentas ambiciosas y necesarias.

Por otra parte, los dos humanistas, el uno dominicano y el otro de México, pero universales, con bagaje por el mundo, asumen la historia de Latinoamérica en los pasos de la Conquista, la Colonia, la Independencia, con todo su dramatismo, para insistir en la utopía de América ser una esperanza irrenunciable para la humanidad, como utopía no como ilusión.

Con la experiencia de los logros alcanzados por ese puñado de intelectuales comprometidos en el “Ateneo de la Juventud”, Henríquez-Ureña formula: “¡No hay que desesperar de ningún pueblo mientras haya en él diez hombres justos que busquen el bien!” Y agrega: “Hay que trabajar con fe, con esperanza todos los días. Amigos míos: a trabajar”. Da sentido al porvenir con base en la dedicación laboriosa y en las ideas elaboradas con base en el estudio y en la experiencia.

Reyes acompaña esas ideas y compromisos recalcando la utopía de una América soñada como república unitaria, con ejercicio cabal de la justicia, la libertad y la felicidad. También concibe esta América en un destino de universalidad, tierra de promisión, reserva de la humanidad. América, el valor de una esperanza. Sintetiza la idea de la siguiente manera: “Tres siglos de elaboración; un siglo de azarosos tanteos, desatados por las independencias y las nuevas organizaciones; medio siglo más de coherencia y cooperación. Tal es, en su perspectiva general, la senda de América.”

Incorporé a Baldomero Sanín-Cano, humanista especie de un Alfonso Reyes colombiano, reconocible de manera similar como “colombiano universal”. Apreciamos su valor intelectual en dos textos: “Una gran aventura: el arte” y “La civilización manual”. Formado como maestro en Escuela Normal y ejercicio docente hasta desempeños universitarios, como profesor (por ejemplo en la Universidad de Edimburgo), y avanzado en su vida como rector de la Universidad del Cauca, en Popayán (1941-1945). Viajero cosmopolita pasó catorce años en Londres y ocho en Buenos Aires. Columnista y editorialista de prensa, ensayista sin haberse propuesto hacer siquiera un libro, pero con recopilación de sus abundantes escritos se publicaron volúmenes: “Civilización manual” (1925), “Indagaciones e imágenes” (1926), “Crítica y arte” (1932), “Divagaciones filológicas y apólogos literarios” (1934), “Ensayos” (1942), “Letras colombianas” (1944), “De mi vida y otras vidas” (1949), “El humanismo y el progreso del hombre” (1955). En 1977 se publicó la antología “Escritos” (selección y prólogo: Juan Gustavo Cobo-Borda), en la colección “Biblioteca básica colombiana”, del Instituto Colombiano de Cultura, Colcultura. Y la “Biblioteca Ayacucho” de Venezuela publicó el volumen 48 de su colección dedicado a Baldomero Sanín-Cano: “El oficio de lector” (compilación, prólogo y cronología comparada: Juan Gustavo Cobo-Borda; Caracas, s.f.)

Sanín-Cano concibe la historia del arte como historia del género humano, e interpreta al arte como la expresión mayor que justifica el paso del ser humano por el planeta. Distingue entre Civilización y Cultura; la primera en tanto los resultados progresivos de los pueblos en cada época para mejorar las condiciones materiales de vida. Elabora la idea de ser la civilización un valor histórico, resultado del cerebro, y más bien un producto manual.

Piensa la Cultura, especialmente hecha de tradiciones, como resultado de la imaginación, facultad creadora, especie de antorcha que guía a la humanidad para el surgimiento de valores. La idea de progreso la ubica en la civilización, no en la cultura, puesto que esta –dice- se cimenta en valores de eternidad, pero puede decaer. En correspondencia con esta comprensión piensa que no es posible establecer avance o retroceso al comparar las obras de los artistas de épocas diferentes.

Establece que la verdadera vida de la humanidad es debida a las ideas, sentimientos y emociones, todo lo cual es preservado de manera principal por las obras de arte. Pone por caso a Grecia que sobrevive gracias a lo que hemos heredado de ella en sus obras de arte, en las emociones líricas, las obras de sus poetas épicos, sus filósofos e historiadores.

Dedica párrafos para analizar la condición de Henry Ford, a partir de su autobiografía, la que considera haber sido “cuidadosamente mal escrita”;  personaje representativo de su época ajustado a normativa personal rigurosa para alcanzar las metas que se proponía, falto de ideas, salvo una: producir vehículo automotor, rápido y barato. Compara esa obra con la autobiografía de Benvenuto Cellini quien alcanzó influencia notable sobre los artistas, desde su condición de artista, mientras que Ford contribuyó con su condición empresarial a hacer más notorio el vértigo de la velocidad en el mundo.

Aprovecha Sanín-Cano para establecer precisiones sobre el “homo faber” y el “homo cupiens”: el primero, el hombre industrioso, y el segundo, en complemento, hombre adquisitivo, con la intención de decir que esa es la figura destacada de nuestra época (la de Sanín-Cano que sigue siendo la actual), bajo ambiciones del enriquecimiento a toda costa, sin importar las maneras de alcanzarlo. Señal que afecta las juventudes.

Considera que la simetría es un patrón inferior de belleza, y la naturaleza la evita. Fija como ejemplos la figura humana, las montañas, los meandros en los ríos, y en especial desarrolla el papel de la asimétrica mano en todas las actividades, con bella apología de este miembro bello y vital, especie de nuevo sentido con capacidad de suplir a casi todos, exceptuando la percepción del color. La mano, dice, es instrumento de precisión y factor decisivo en lo social; asimismo le asigna ser de muchos recursos de expresión, siendo órgano silencioso, de mayor superioridad plástica al mismo rostro.


Los estudiantes piensan, debaten y escriben

“La existencia de Aleph puede ser un bello mito o una enigmática realidad, pero quizá su encuentro plantea desafíos que nuestro razonamiento aun no está en la capacidad de enfrentar.”  Paula-Victoria Cárdenas M.

“La universidad se considera laboratorio humano. Estoy de acuerdo con esta aseveración, en razón de las universidades haber pasado de ser refugio de intelectuales a constituirse en academias que le permiten crecer a la ciencia joven, e incorporar la vida misma al saber, como producto de la revolución por la que pasan todas las instituciones de educación en pro del saber y el conocimiento. En consecuencia, la academia se debe considerar un cenáculo de sabios.”  Natalia Montoya D.

“Los Presocráticos representan la escuela filosófica más importante de los tiempos, debido a sus contribuciones sobre cómo se creó el todo de las cosas, el estudio del principio de todo, lo cual es la esencia de la investigación de nuestros días. Esta se basa principalmente en que para llegar a una verdad se debe hacer una representación metódica y práctica, para alcanzar el conocimiento.” Danny-Alexander Trujillo P.

“Admiro a los filósofos Presocráticos, puesto que ellos plasmaron sus pensamientos por la reflexión, con intuición poderosa, con vigencia actual de muchos de ellos. Incluso, basta tomar alguna frase o máxima de ellos para sentir aliento espiritual en nuestro tiempo, como ganancia convertible en ser mejores personas.”  Leidy-Victoria Molina R.

“Comparto de manera plena la idea expuesta por Pítaco: No hagas tú lo que te indigna en el prójimo, base fundamental de uno de los principales valores conocido como respeto. De esa manera tan sencilla podemos entender la regla principal para aceptar y valorar a los demás, en las diferencias.”  Carlos-Alberto Rivera C.

“La sabiduría no es propia de la condición de ser mortal, no consiste en la simple acumulación de conocimientos, sino en revisar los conocimientos que se tienen para construir conocimientos más sólidos. Demócrito lo dijo: No te empeñes en saber todas las cosas, no sea que resultes ignorante de todas.”  Natalia Montoya D.

“Sócrates al morir fue considerado como el hombre más justo y el más sabio, personalidad que debe servirnos de ejemplo. Fue un hombre que luchó por lo que pensó hasta el final de su vida, sobrellevando la muerte por ese destino. Afrontó las dificultades con serenidad y reflexión, y siempre estuvo al servicio de lo que más amaba, la búsqueda del conocimiento.”  Angie-Dayana Vargas C.

“El autoconocimiento es lo más importante en cada persona, porque de esa manera sabremos cómo mejorar y eliminar conductas inadecuadas. Por ese mismo camino logramos identificar comportamientos en nuestros semejantes, alcanzando el respeto en las diferencias y en la diversidad. También favorece el crecimiento de la inteligencia emocional, como soporte para una existencia tranquila, laboriosa y de mejor calidad.”  José-Javier Cabrera C.

“José Saramago invita a disponer de conciencia crítica, que defienda ideales, con inconformidad justificada, y de este modo –como en la Caverna de Platón- se podrá salir al exterior, a recibir la influencia del Sol y trajinar erguidos por la vida.”  Daniela García O.

“Desde el punto de vista pedagógico Michel de Montaigne es un temprano defensor del carácter único e individual del alumno, al que el maestro debe adaptarse para ayudarlo a razonar por sí mismo y desarrollar, de esa manera, el pensamiento crítico. Aparece con claridad la concepción del sujeto, que es una creación del Humanismo.”  Daniel-Felipe Lizcano O.

“Es mejor quedarse en la duda que seguir una opinión porque otros la consideren verdadera, es idea de Montaigne que debemos adoptar como propia, teniendo en cuenta que solo mediante la investigación autónoma se obtiene el verdadero conocimiento, y con este modelo se podrán alcanzar grandes objetivos.”  José-Javier Cabrera C.

“De acuerdo con Rousseau es posible afirmar que la educación es el modo más eficaz para formar personas libres, con conocimiento de sus derechos y deberes en la sociedad; claro está que con los modelos apropiados para que cada individuo geste su propio mundo y en el que quiere vivir, conservando su bondad natural.”  Daniela García O.

“La organización de la sociedad humana ha desligado al individuo de sus raíces naturales, y si alguien como Rousseau, que no era pedagogo, pudo darse cuenta de ello hace tanto tiempo, por qué nos empeñamos en distanciarnos aun más de nuestros orígenes en algo tan básico como la formación del carácter. Parece que se sintiese una necesidad vana de encerrarse en una burbuja. Lástima que la vida se visualice como un mar de agujas.”  Charly Correa M.

“Lastimosamente desde que nacemos hasta que morimos nos encontramos en un continuo aprendizaje, no dado por vivencias, con asimilación de enseñanzas asumidas de los errores propios, sino de los ajenos. Esto se debe a que desde pequeños nos indican qué hacer y cómo hacerlo. La enseñanza que nos brindan es una enseñanza sin sentido ni profundidad, ya que no nos permite indagar ni descubrir individualmente, y desde diferentes perspectivas, cómo es el mundo que nos rodea.”  Stephanie Henao M.

“Ver lo bello en la naturaleza no es ni mucho un concepto rudimental. La diferencia entre humanos y las demás especies de vida no es ni la conciencia, ni la cultura, ni la inteligencia, ni el lenguaje, pues todas estas cualidades se encuentran en mayor o menor medida en las otras especies. Hay algo que sí nos diferencia rotundamente: la capacidad de concebir un Dios, la Divinidad”  Francisco-Javier Posada M.

 

De esta manera se cumplió una nueva experiencia, muy grata, en este espacio de libre examen, con temas cambiantes en cada semestre, en busca de motivación para los alumnos, provenientes de diversos programas curriculares, hacia la lectura comprensiva, el diálogo racional y la toma juiciosa de posiciones en los debates académicos e intelectuales.

 

 

Manizales, en Aleph, diciembre 2013/enero 2014

 

 

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