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Informe final - Versión 15 "Cátedra Aleph" (II-2009): "El fanatismo, ¿gen del mal?"

La “Cátedra Aleph” fue creada en la Universidad Nacional de Colombia en 2002, con 15 versiones realizadas hasta finales de 2009, llevada a cabo con temas diferentes en cada una, y más de trescientos alumnos han pasado por ella, de los diversos programas académicos en la sede Manizales, en el “Aula del estudiante de la mesa redonda”, bajo la dirección de CER. He sistematizado en los siguientes cuatro apartados la experiencia más reciente, la versión 15 (II, 2009), cumplida bajo el tema: “Fanatismo, ¿gen del mal?”, con apoyo principal en dos autores: Amos Oz y Ryszard Kapuscinski.

Profesor y alumnos en la sesión de clausura de la versión 15 de la “Cátedra Aleph” (“Aula del estudiante de la mesa redonda”, UN-Manizales, 24.XI.09): Natalia-Andrea Agudelo, Carlos Aguirre, Ángela-María Alzate, Sebastián Arango, Johanna Arbeláez, Mayra-Alejandra Avila, Cindy-Alejandra Bedoya, Olga-Lucía Bermúdez, Juanita Botero, Darío-Alejandro Caicedo, Alejandra-Carolina Cardona, Andrés-Felipe Cardona, Claudia-Marcela Duque, Luis-Alberto Duque, Ángela Espinosa, Susana Giraldo, Carlos-Eduardo González, Laura-Mercedes López, Iván-Fernando Macías, Carolina Marín, Andrés-Felipe Marín, Johnny-Esteban Osorio, Yenny-Carolina Ramírez, Diana-Milena Ríos, Luisa-Fernanda Rodríguez, Juan-David Ropero, Alejandro López y Carlos-Enrique Ruiz. En la pared, arriba, “Profeta Zacarías” (talla en madera -cedro-, del escultor, maestro Guillermo Botero G.).


1.    El fanatismo, ¿caso perdido?

El gran escritor Amos Oz, que permanece en la antesala del Premio Nobel, ha sido creador de novelas fascinantes, como aquella "Tocar el agua, tocar el viento", o "Un descanso verdadero", o "De repente en lo profundo del bosque", y de tantas más, en las que combina el juego de símbolos con historias de amor y desamor, y con asuntos autobiográficos, en medio del grave conflicto Palestina-Israel. Intelectual formado en medio de fenómenos agobiantes de nuestro tiempo. En la versión 15 de la "Cátedra Aleph" nos hemos dedicado en este semestre académico a estudiar su ensayo "Contra el fanatismo", relacionándolo con el "Encuentro con el otro" de R. Kapuscinski. Dos colosos de la inteligencia comprometidos con los mejores destinos de la humanidad, trajinados en escenarios nada fáciles.

El fanatismo lo hemos asimilado de los conflictos religiosos y políticos, pero es un remanente en la vida de personas y sociedades que ha llevado a Oz a considerarlo un "gen del mal", siempre actuante, con posibilidades de apenas ser atenuado con la educación desde la familia, fortaleciendo el sentido del humor y la imaginación, con recursos de la literatura, y del arte en general.

Aludimos al fanático como aquella persona, grupo y organización obsesionados por convertir al otro a su causa, o destruirlo de no poder conquistarlo. El fanático no se ve a sí mismo en sus defectos y utiliza, incluso de manera inconsciente, el terrible principio de "el fin justifica los medios". Así se hicieron las cruzadas, las conquistas,... y el mesianismo sigue estimulando ese proceder, en escenarios de ideologías, de la política, de las religiones, con la secuela de múltiples formas de violencia. Los límites no aparecen en el fanático, al no aceptar lo distinto, ni las diferencias. Su creencia es la válida y hay que imponerla a lo que dé.

Hay fanatismos en la vida cotidiana, como la ejercida contra fumadores, y la de vegetarianos, pacifistas, ambientalistas y conservacionistas, a ultranza. Asimismo en el culto a la personalidad, en la condición exacerbada de líderes políticos o religiosos, o de individuos en trance de cautivar. Y tantas formas menudas en las relaciones familiares, de amistad e institucionales, con efectos de imposición a otros de conductas o de pareceres. Todos tenemos algo, o mucho, de fanáticos, lo que nos lleva a actuar en ocasiones con desmesura, y habrá que comenzar por identificar esas situaciones personales para intentar persuadirnos de su inconveniencia.

El autor de marras no ve posible que el fanatismo sea reducido, apenas morigerado con recursos del humor y de la imaginación. La lectura de autores como Shakespeare, Kafka, Gógol, Faulkner... ayudaría, dice Oz. Y, diría, en general de autores clásicos, o los contemporáneos consagrados. Y con la aplicación y apreciación de las múltiples formas del arte, con la música en su expresión más acabada. El fanatismo, lo advierte, termina tarde o temprano en tragedia o en comedia. Incluso el desespero puede conducir al fanatismo.

Oz considera que aquellas certezas que acompañaron a la humanidad hasta bien entrado el siglo XIX, como poder saber dónde pasará cada uno la vida, a qué labores dedicarse, y lo que sobrevendrá después de la muerte, fueron demolidas en el siglo XX, imponiéndose en la primera mitad de éste las ideologías, y en la segunda, con características de ferocidad el egoísmo, el hedonismo y el festín de los aparatos, bajo la consideración de la felicidad ser objeto del dinero.

En su naturaleza el fanatismo contamina y se expande. Oz contrapone a la visión del humano como isla, la de estimarlo como península, por cuanto tenemos una parte atada a tierra firme y la otra que mira al océano, al infinito, con posibilidades de distraer el espíritu, de soñar, de aventurar pensamientos y creaciones, de alcanzar ciertas formas bienhechoras de éxtasis. Asevera Oz que esa es la verdadera condición humana, ser penínsulas, e invoca que deberían dejarnos ser, por siempre, de esa manera.

En la Cátedra ha habido controversia saludable sobre el tema. Los alumnos examinan los textos y se atreven a discutir, incluso a disentir. No ha faltado quien explore cierta manera de fanatismo en positivo, de haberla. Y se ha planteado el interrogante de si al fanatismo de los nazis, en la segunda guerra mundial, correspondió otro fanatismo en sentido contrario, representado por las fuerzas que resistieron, se les enfrentaron y finalmente los derrotaron. De igual modo un alumno aventuró clasificación del fanatismo en cotidiano y en absoluto, con razones y aporte de ejemplos, lo que animó de nuevo el debate.

Amos Oz concluye su discernimiento al reiterar que todos llevamos por dentro un gen fanático, el que apenas podremos atenuar con herramientas como el sentido del humor, la capacidad de imaginar y reconocer al otro, y el sabernos que somos penínsulas, no sin asimilar la globalización en su parte más drástica, la de "infantilizar la humanidad", haciéndola esclava de cuanto cachivache aparece en los mercados, atraídos los individuos por el furor de la publicidad y el consumismo.


2.    El fanatismo en lo expresado por el grupo


Casos de fanatismo:

- Rivalidades personales que llevan al rechazo del otro, sin mediar diálogo racional. Casos en el seno de familias y entre amistades, colegajes o cercanías de estudio o trabajo, o de cuadra o de barrio. Cuestiones de pareja. Las pasiones no controladas por la razón, o no atenuadas por sentimientos de compasión, reconocimiento y solidaridad.

- El caso de las "barras bravas", afines, por ejemplo, a los equipos de fútbol.

- Las guerras se originan por rechazos, o por no haber llegado a acuerdos, o por no haberlos intentado. O por supuestas acciones de reconquista y control de territorios.

- Las religiones normalmente se repelen, en tando cada una asevera ser la única verdadera. Y llegan a las guerras, al intento de exterminar a los "infieles", o a los de otras creencias. Análogo ocurre con las ideologías y los partidos políticos.

- Las misiones de conquista: formas de penetrar en territorios para asumir el dominio de poblaciones sometidas, que sobrevivan, y para la explotación de los bienes materiales (caso de las riquezas naturales...).

- El fanatismo como ocultamiento del "vacío de la razón".


Preguntas cruciales:


- ¿Cuánto es posible tolerar?

- ¿Cuál es el origen del fanatismo?

- ¿Existirán formas buenas y malas de fanatismo?

- ¿Qué tan válida puede ser la posición del fanático, en determinadas circunstancias?

- ¿Es el fanatismo la fuerza guía de la humanidad?

- ¿Será posible que el fanático pueda ir contra sí mismo, o pueda plantearse en contra de sus propias convicciones?

- ¿Podría darse la posibilidad del fanático que no agrede a nadie?


Maneras de actuar contra el fanatismo:

- La educación, persistente y bien encauzada, con fortalecimiento de la capacidad de exponer criterios, planteamientos, con argumentos, con razones, hacia la tarea de convencer al otro, pero con la actitud propia de dejarse convencer, si resultaren válidos los argumentos o razones del contradictor. Lo que implica desarrollar la capacidad de dialogar, con la disposición de oír con atención al otro y captarle su mensaje.

- Apertura constante al diálogo, al examen libre y respetuoso de las diferencias.

- Predominio del respeto en todas las actuaciones de la vida, individual y colectiva.

- Cultivo de lenguaje apropiado para cada ocasión, fortaleciendo la concisión, la claridad y la precisión.

- Estimular en las personas los sentimientos de afecto y solidaridad.


3.    Decíamos ayer...

Es un decir que el mundo actual se encuentra en transición, con crisis generalizada, hacia una nueva época que no presumimos cómo podrá ser. Si recordamos a Heródoto, la humanidad siempre se ha estado en crisis, con el deseo insatisfecho de alcanzar algo de sosiego. Cada tiempo trae sus singularidades, con el cúmulo de problemas que vienen de atrás, más los aportados en los instantes. Sinembargo, nada bueno resulta insistir sólo en las dificultades, y resaltar lo adverso, con frustraciones a bordo.

En nuestra "Cátedra Aleph", de la Universidad Nacional, nos hemos ocupado este semestre académico del fanatismo, con soporte en obras de Amos Oz: "Contra el fanatismo" y de Ryszard Kapuscinski: "Encuentro con el Otro" (Ed. Anagrama, Barcelona 2007). En artículo anterior repasamos la primera y en éste procedemos con la segunda. Los estudiantes se interesan en las sesiones, asimilan lecturas asignadas previamente y debaten, en clima de saludable respeto. De entrada Kapuscinski establece que las guerras son derrotas, al no hacerse uso de otras maneras para resolver conflictos, o para alcanzar comprensión en el encuentro con el Otro, con el diferente, por distante que esté.

La etapa actual de la sociedad se reconoce como de globalización, con la idea que el mundo se ha vuelto un pañuelo. Todo lugar y toda situación están casi instantáneamente al alcance de la mano, en virtud del veloz desarrollo técnico-científico, gracias al internet. Y la competencia hace rápida carrera, con conocimiento vertiginoso entre mercaderes y los potenciales consumidores. Las empresas multinacionales se hacen más fuertes y dinámicas, incluso con actuaciones que intimidan y sujetan a países, con aparición de formas, en todos los órdenes, que tienden a la uniformidad. Esa tendencia a la globalización encuentra resistencia en actitudes locales que quieren conservar la individualidad, el carácter singular de su cultura, haciendo más notoria la identidad propia.

Resulta inevitable advertir la responsabilidad que tenemos en el camino propio, que conduce, también de manera obligante, al encuentro con Otros. En la cadena de encuentros aparecieron pueblos con ambiciones de solo conquista (persas, árabes, mongoles...), y otros que además se ocuparon del conocimiento del Otro, es el caso de los europeos desde los griegos. Surge la idea que para mejor conocerse a sí mismo es indispensable verse en el Otro: los Otros son el espejo en que nos reflejamos.

En la Edad Media se impone la esclavitud del Otro, con saqueos y todo tipo de horrores. Durante trescientos años el genocidio fue ley. De este modo se inaugura la edad moderna, con secuela de réplicas por doquier. Por fortuna llegaron los tiempos del Renacimiento, la Ilustración, el Humanismo, el Siglo de las Luces, con reconocimiento de los Otros como seres humanos, así no hayan sido cristianos o blancos. Aquellas épocas deslumbran en talentos: Leonardo da Vinci, Galileo, Copérnico... Goethe, Herder, Swift, Defoe, Rousseau, Voltaire, Montesquieu... Aparece la curiosidad por conocer al Otro, de comprender sus tradiciones, creencias, conductas, estimándolo como ser único e irrepetible. Los enciclopedistas agitan la necesidad de una ciencia universal y Goethe marca por la universalización de las letras. También irrumpen las ideas de "gobierno universal" y de "ciudadano del mundo", y se introducen eufemismos como "buen salvaje" para suavizar el término, "misión civilizadora" para evitar decir "colonialismo" y "voluntad de socorrer a los desvalidos" como sustituto de la "conversión" de los infieles, los Otros, los distintos.

Los antropólogos, segmentados en tres escuelas (evolucionista, difusionista y funcionalista), se unen en el propósito de buscar las mejores maneras de comprender a los Otros, con acercamientos y descripciones. La multiplicidad de pueblos y culturas lleva a concebir sistemas híbridos que asumen lo mejor de cada escuela, enriquecidos por el conocimiento creciente. Se llega, incluso, a aceptar que las culturas de los Otros son tan valiosas como la europea, aunque diferentes. El sistema de trabajo lo resalta Malinowski con aplicaciones en el propio terreno, demostrando que los Otros no eran "hordas de haraganes, primitivos e impredecibles".

En el siglo XX aparece la "sociedad de masas" con irrupción de dos sistemas totalitarios: el comunismo y el nazi-fascismo. Sus características: poder centralizado, absoluto; anonimato e impotencia de los ciudadanos, y creciente disposición para la barbarie, con punto cuasi-culminante en el Holocausto y en los gulags.

Kapuscinski considera que hubo en este historial más reciente tres momentos sucesivos y revolucionarios: los estudios de campo de los antropólogos, la teoría de Emmanuel Lévinas (opuesta a la "sociedad de masas") y la multiculturalidad. Agregamos ahora la teoría de la complejidad de Edgar Morin. Lévinas insiste en la trascendencia del encuentro con el Otro, en preservar conversación con él y en asumir responsabilidades para salvaguardar su existencia con dignidad. Subraya la diferencia como conocimiento fundamental y actitud profundamente ética.

Por otra parte, Kapuscinski observa que nos encontramos en una compleja transición, donde todo cambia con rapidez, de una "sociedad de masas" a una "sociedad planetaria", con creciente desarrollo de los encuentros, y aparición de cuatro problemas: 1. El carácter contradictorio de la primera reacción ante el Otro, con muestras de desconfianza, inseguridad y miedo; 2. Dificultad para definir y asumir la identidad; 3. La pérdida de identidad conlleva miedo y frustración, lo que favorece al nacionalismo y al racismo, y 4. Propensión al narcisismo, a la arrogancia y al ansia de fuerza, en mayor grado cuando se es más poderoso.

Kapuscinski concluye con el llamado a no caer en el pesimismo, dada la fragilidad actual con predominio de la demagogia, el clientelismo, la desorientación, la corruptela, el fanatismo y la mala voluntad, a pesar de arrojar la historia un balance trágico, puesto que hacer uso de la memoria ayuda a enderezar caminos, a fortalecer la tendida de puentes y de manos, para la continua comunicación, en diálogo, entre pueblos, religiones, ideologías, como "deber ético" y como "obligación apremiante".


4.    Encuentro y fanatismo entreverados

Concluyó la versión 15 de la “Cátedra Aleph” en la Universidad Nacional, con 26 participantes en el "Aula del estudiante de la mesa redonda", y los alumnos hicieron el maravilloso esfuerzo de resumir los aspectos tratados y debatidos sobre los temas cruciales de fanatismo y encuentro: cada uno en media página escribió  lo que grabó en la conciencia, como resultado de meditación seria. A continuación condenso lo expresado:

- Lo primero fue haber llegado a la convicción que el fin no justifica los medios y que la vida es el valor más prioritario. Además, con la idea que cada persona no es una isla sino una península, con los pies en la tierra, con la mirada y el pensamiento lanzados al infinito, para una mentalidad abierta a la exploración y la aventura. Y no existen culturas superiores o inferiores, tan solo diferentes.

- Al revisar la historia, se observa que el fanatismo ha estado siempre presente en la humanidad, como conducta dogmática que hace prevalecer opinión, parecer, o doctrina, con rechazo y violencia, sobre otros que piensan y actúan distinto, sin mediar la razón por el diálogo y la controversia constructiva.

- En el siglo XX las certezas que venían ("dónde pasaré la vida, que haré para vivir y qué pasará después de morir") se derrumbaron y fueron sustituidas por medio siglo de ideologías, seguido de otro medio siglo egoísta, hedonista, volcado a los aparatos, con predominio del dinero, del mercantilismo y del armamentismo de continua amenaza.

- La imaginación desempeña papel fundamental para comprender lo que implican las ideas y así prever consecuencias. De este modo se contrarrestaría el fanatismo, pudiendo cambiar los comportamientos, en mayor grado si se adiciona el sentido del humor.

- Se invoca la literatura y el arte como recursos para recrear personajes y momentos de la historia, con la consecuencia posible de despojarnos de actitudes de rechazo, como forma de liberar tensiones y conseguir que la realidad sea menos violenta.

- La educación, de calidad y total cobertura, es el medio para la formación de personalidades orientadas por el respeto y la solidaridad.

- Con el surgimiento de la Antropología y la Sociología, en sus diversas escuelas, se formalizó el estudio y la comprensión del Otro, para conocer la diversidad de pueblos con sus culturas, lo que contribuye a los acercamientos, los intercambios y a la colaboración, con elementos racionales, al saber que en la diferencia está la riqueza mayor.

- Vivimos en la actualidad una transición de la "sociedad de masas" a la "sociedad planetaria", que globaliza la revolución electrónica y desmorona la guerra fría, con el surgimiento de problemas como el nacionalismo, la xenofobia, el etnocentrismo, la hostilidad hacia el Otro y, sin falta, el fanatismo.

- Hay posición de no caer en el pesimismo. Se estima que el encuentro con el Otro es inevitable, lo que debería conducir a la convivencia, con llamado a persistir en tender puentes como "deber ético" y como "obligación apremiante". Sinembargo, se reconoce que hay riesgos altos por manifestaciones de voluntad malintencionada, demagogia, desorientación, corrupción, pasiones desmesuradas, en un mundo donde prevalecen la característica de "torre de Babel" y el “sálvese quien pueda y como pueda”.

La trascendencia de los diálogos fue matizada con lectura comentada de poesía: De Eugenio Montejo, aquello de “…/ El naufragio final contra la noche,/ sin más allá del agua, sino el agua,/ sin otro paraíso ni otro infierno/ que el fugaz epitafio de la espuma/ y la carne que muere en otra carne.”  De José-Manuel Arango: “…/ y abrimos la ventana y entre los árboles/ hechos de dura sombra está sólo/ el aroma de las frutas en sazón/…”  De William Ospina: “…/ Entre la ciega roca/ y el trémolo extasiado de la salamandra/ tan sólo hay tiempo.”  De Juan-Gustavo Cobo B.: “…/ Y la fatalidad/ sin misericordia/ de este vano pasar/ por la tierra/…”  Poesía, compañera buena en todo momento, para evocar, o para inquietar en medio de la monotonía o la indiferencia. O para despertar la dimensión de lo desconocido.

En el semestre académico concluido estudiamos en lo fundamental, como se expresó al principio, dos autores: Amos Oz y Ryszard Kapuscinski. E intercalamos artículos de ocasión, con las respectivas conversaciones, de Moisés Wasserman (problemas de la educación pública), Antonio Muñoz-Molina (relación de civilización y ciudad), Mijaíl Gorbachov (a propósito de 20 años de la caída del muro de Berlín), Bárbara Celis (polémica sobre el futuro del libro).

El alumno-ingeniero Alejandro Gómez-López,  con excelente capacidad de síntesis escribió lo siguiente, como resultado de igual labor:

El “otro” es aquella persona que no pertenece a alguno de nuestros círculos culturales; dicho grupos pueden ser tan numerosos como se quiera, sin embargo existe un pequeño grupo de círculos de gran importancia: la religión, la raza y la nacionalidad por ejemplo.
En la medida que exista una mayor coincidencia en estos círculos entre uno y el “otro”, el encuentro con este se facilita, pero más interesante, enriquecedor y difícil resulta encontrarse con “otro”, sin coincidencias aparentes en estos círculos y más difícil aún resulta si este “otro” es un fanático de “sus ideas”.
El fanatismo (que puede ser de tipo racial, religioso, nacionalista, etc.) es un fenómeno de masas y sólo la existencia de ciertas individualidades diferencian su intensidad; es decir, existen diferentes niveles de fanatismo. El fanatismo por lo general es agresivo, busca destruir de una u otra forma (eliminando o convirtiendo) a los individuos que no pertenecen a un círculo cultural; esto resulta ser una manifestación de un principio de conservación colectivo.
El acercamiento o encuentro con el “otro” en estas circunstancias puede tornarse en una cuestión peligrosa y en determinados casos debe abordarse con prudencia; sinembargo, solo con la intención de tener este encuentro, ya se está dando un paso gigante, lo que representa el deseo de construir un puente de comunicación en contraposición al de construir un muro.
El encuentro con el “otro” no tiene, o no debería tener la intención de cambiar las ideas del “otro”, sino de hallar los puntos de coincidencia y de desencuentro, reconociendo de esta forma que nos definimos gracias a los “otros”, como individuos, auncuando pertenecemos a ciertos círculos culturales en los cuales aparentemente se pierde la individualidad.
El fanatismo ha sido el motor de muchas guerras. El encuentro con el “otro” ha permitido acabar con muchas de estas, incluso disuadirlas con antelación.

Esta ha sido una experiencia grata y estimulante.

 

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