Ediciones

ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

Consejo Editorial

Luciano Mora-Osejo (א)
Valentina Marulanda (א)
Heriberto Santacruz-Ibarra
Lia Master
Marta-Cecilia Betancur G.
Carlos-Alberto Ospina H.
Andres-Felipe Sierra S.
Carlos-Enrique Ruiz.

Director
Carlos-Enrique Ruiz

Contacto
Tel-Fax: +57.6.8864085
Carrera 17 No 71-87
Manizales, Colombia,
Sudamérica.
cer @ revistaaleph.com.co

Civilización y esperanza, en el signo de la barbarie (tras las huellas de Edgar Morin) - Informe final de la versión 16 de la "Cátedra Aleph" (UN-Manizales, I-2010)


Alumnos de la versión 16 de la “Cátedra Aleph” (I, 2010): Cristhian-Alberto Aguirre R., Marcela Arango-Ospina, Jorge-Armando Castaño Y., Angélica Castillo-Mejía, Pedro-Pablo Díaz G., Jeimy-Tatiana Echeverri H., Walter-Nelson Gómez G., Noel-Andrés Gómez M., Natalia-Andrea Hernández V., Angélica Jiménez-Muñoz, Alexander López-Arboleda, Paula-Yulieth López V., Juan-Sebastián Marín C., José-Robinson Mejía S., Edward-Arturo Motoa G., Juan-Camilo Muñoz R., Mónica Ocampo-Mendieta, Daniel-Felipe Ocampo V., Julián Ocampo-Zuluaga, Victoria-Eugenia Parra, Jimmy-Fernando Prieto G., Santiago Rendón-Valencia, Johan-Camilo Rodríguez B., Cristhian-David Romo A., Jorge-Mario Salazar R., Gustavo-Andrés Sánchez D. y CER (Sesión de clausura, 18 de mayo de 2010, “Aula del estudiante de la mesa redonda”, UN-Manizales)


El combate por la lucidez en Edgar Morin


Los filósofos suelen estar al alcance de minorías, pero no faltan quienes, de aquellos, logren niveles de divulgación. Un caso de tomar en cuenta es Fernando Savater, cuyos libros y artículos cuentan con asiduos lectores en el mundo hispánico. A Platón, Sócrates y Aristóteles se les sigue nombrando, pasados tantos siglos, pero no dejan de ser objeto de grupos selectos. Y después están Kant, Nietzsche, Wittgenstein, Russell,… mencionados y citados con frecuencia, pero no cabe la menor duda que los nombres son más populares que sus propias obras.

Algo similar pasa con Edgar Morin, sobre quien se ha publicado libro de su más aventajado discípulo, Nelson Vallejo-Gómez (“Morin, humanista planetario”, Ed. Infodem, Lima 2009). En el primer semestre académico/2010 estudiamos con 25 alumnos en la "Cátedra Aleph" (UN-Manizales), un texto suyo: "Para una política de la civilización" (Ed. Paidós, Barcelona  2009), en parangón con "Los siete saberes necesarios para la educación del futuro" (E. Morin, N. Vallejo-Gómez. Ed. Unesco, París 1999), e incluso he acudido a referentes de esperanza/desesperanza como Ernesto Sábato en "Antes del fin", de manera preferente al epílogo: “Pacto entre derrotados”. Los estudiantes participaron con interés, en tanto asumieron experiencias personales y de observación del mundo circundante. Leían, volvían a leer, meditaban y se aventuraron en reflexiones, no siempre concordantes con las del pensador en estudio. Y eso es lo más importante: se arriesgaron a pensar críticamente, a ejercer el libre examen, con diálogos constructivos.

Morin pone en cuestión la idea de desarrollo como progreso irreversible y la noción del carácter positivo de la civilización imperante, con pregunta que inquieta: ¿Vamos hacia una mutación, una metamorfosis o una regresión? La respuesta deseada sería hacia una metamorfosis que permita, en el salto, corregir trayectorias, preparar el futuro con criterios de sostenibilidad, así el llamado progreso no siga el camino de crecientes ganancias para unos pocos, a costa de las mayorías. Por otra parte, Morin observa, con optimismo, que en la sociedad se van dando formas espontáneas de resistencia no violenta, a la manera de contratendencias, gentes en busca de cambio de vida hacia la simplicidad y el sosiego, con intento de abandonar el consumismo, con valoración nueva de la naturaleza. De igual modo se presentan sistemas cooperativos u organizaciones comunitarias, o clubes de amigos, que buscan la producción ecológica, orgánica, y la recreación en ambientes rurales, o en la simple colaboración de vecinos con intercambio de servicios y suma de esfuerzos que enriquecen sus vidas, no propiamente los bolsillos.

Captar el conjunto de resistencias y contratendencias en la sociedad civil dará oportunidad para formular una política de civilización, sobre la base de la solidaridad, la convivencia, la defensa del medio natural y el amparo en la calidad de vida. Formulación que podría cambiar las relaciones capital/trabajo, técnica/administración, ciudad/campo, naturaleza/cultura, con bienvenido impacto en la vida cotidiana. Sin necesidad de caer en las garras antípodas de capitalismo o socialismo/comunismo. La condición necesaria para ese salto estará en la convergencia de aquellas situaciones expresables en una gran fuerza colectiva, pacífica, con expresiones políticas locales, regionales, nacionales, finalmente planetaria.

El tema remite a nociones, también aludidas por Morin, de asfixia, ambivalencia, velocidad, con la incertidumbre de hacia dónde iremos. Nada podrá observarse con capacidad de comprensión sin asumir la complejidad reinante. De ahí la necesidad de contar con herramientas estructuradas en sistemas para enfrentar los problemas, las dificultades.

En términos de la educación anhelada, Morin plantea siete saberes: 1. El error y la ilusión; 2. El conocimiento pertinente; 3. La condición humana; 4. La identidad terrenal; 5. Las incertidumbres; 6. La comprensión, y 7. La ética del género humano. Hace la crítica de la educación dominante que nos ha llevado a donde estamos, un estado de crisis aparentemente sin salida. Y la alternativa estará en repensar la formación despojándonos de las “cegueras del conocimiento”, y en preparar mentes con capacidad de emprender un "combate vital para la lucidez". Entonces hay que considerar los riesgos, con el llamado a "aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certeza", lo que conduce a forjar la condición intelectual de las personas, a esperar lo inesperado con capacidad de afrontar lo que se presente.

Una educación de esta naturaleza fortalecería las relaciones recíprocas individuo/sociedad, en especie de mutuo control, lo que daría lugar a la democracia, no como un recurso de tramposos y leguleyos, sino como ejercicio de vida en comunidad, innovadora y productiva, con derecho al regocijo compartido.

Mis estudiantes en el debate se han atrevido a formular otros "saberes" como base necesaria de una educación de salto adelante. Ante mi propuesta de encontrar siete adicionales, complementarios o diferentes, el grupo concluyó en los siguientes: 1. Conocimiento de sí mismo, o conocimiento de la propia persona; 2. Formación integral y crítica; 3. Motivación; 4. Desarrollo de la imaginación; 5. Pertenencia (a la Tierra, a la sociedad, a la humanidad); 6. Articulación teoría-práctica, y 7. Formación espiritual (no religiosa, laica).

La pregunta que finalmente me hago, es porqué no somos capaces de dar el salto adelante, cuando contamos con una juventud que piensa con ambición y pertinencia. En alcanzar la lucidez está el combate. Y con la educación todo es posible, pero despojada de los manidos criterios de "competitividad" y "eficientismo". Con la solidaridad como espíritu de construcción firme.


La Crisis, con referencia a Morin, Sábato y Verdú

Se ha hablado de crisis, por décadas y décadas, en las condiciones de supervivencia de la humanidad y en su relación con el medio natural. Ocurre que mentalidades más avanzadas se atreven a mirar, con sentido crítico, es decir, de libre examen, lo que acontece en la vida de las sociedades, y nunca se tiene satisfacción plena, por el contrario, se aprecian signos de alarma en las relaciones entre naciones, etnias, poderes, y con el ambiente. Pero a pesar del contraste de civilizaciones coetáneas se da un modelo preponderante de desarrollo, llamado capitalista y también neoliberal. Opciones experimentadas como el comunismo y el socialismo de estado, han fracasado como modelo, con acontecimiento culminante como fue la caída del Muro de Berlín en 1989, haciendo de igual modo evidente el desánimo de las ideologías. Un mundo configurado de esta manera privilegia el pragmatismo, la rentabilidad, sin importar los impactos, con consecuencias crecientes en incertidumbre y angustia. Pero no faltan quienes observan en las crisis la oportunidad de salir adelante, con  base en la revolución ocasionada por las comunicaciones digitales.

Edgar Morin, uno de los tantos pensadores contemporáneos que han puesto el dedo en la llaga, recoge como problemas de esta civilización dominante, también reconocida como civilización occidental, los siguientes: pobreza, injusticia, desigualdades, guerras, insatisfacciones, malestares, deficiencias en sistemas sociales... La fragmentación predomina, restando posibilidad a las comprensiones globales, unitarias. La economía globalizada está regida por las ganancias, en una lógica de las competencias, arrasadora para los menos fuertes, y concentradoras en grandes multinacionales, de poder creciente, restándole importancia al bien común. También está la irrupción de enormes maquinarias tecno-burocráticas. Y otros síntomas manifiestos en la fragilidad de la familia, las insatisfacciones sexuales, con itinerancia de experiencias, el sentimiento de soledad, las depresiones, el estrés, las enfermedades psicosomáticas ocasionadas por ambientes nocivos, los del trabajo y los del sin-trabajo, y las producidas por las contaminaciones crecientes en el aire y en los productos que consumimos. Está, de igual modo, el deterioro de la biodiversidad y de la diversidad cultural. Y el crecimiento incontrolado de la población.

Este conjunto de situaciones conduce a dudar del carácter positivo de nuestra civilización, a pesar de tantos logros científico-técnicos, como en la prevención y atención de enfermedades, lo que ha mejorado las condiciones de vida de sectores amplios de la sociedad. Pero en general las soluciones han ocasionado mayores problemas, habiéndose llegado a la necesidad de plantear una desaceleración en los procesos, que permita reconsiderar formas de desarrollo, en función de los impactos, de tal manera que pueda privilegiarse lo cualitativo sobre lo cuantitativo en el modelo de desarrollo.

La complejidad es grande y creciente, con la necesidad de asumirla para abordar los problemas, en sistemas imprevisibles que fluctúan al azar como intentos de adaptación, ocasionando órdenes y estructuras nuevos. Morin hace llamado a la necesidad de la regeneración en todos los niveles, incluyendo lo ambiental, a partir de la refundación política de la sociedad, con base en una profunda reforma intelectual capaz de asimilar la situación existente y de reorientar el camino, dejando atrás la codicia.

La refundación política implica introducir en la familia, en la educación, en la vida ciudadana, ejercicio de cualidades como la solidaridad (en pequeños núcleos, en lo regional y lo nacional), la convivencia, la amistad, la fraternidad, el voluntariado, la cultura ciudadana, con objetivo de alcanzar más sentido de sociedad, de hermandad, de libertad. Proceso ambicioso de esta naturaleza se contrapone a formas de regresión, con aporte de Morin en la idea de "metamorfosis" como se da en el reino animal, con procesos simultáneos de autodestrucción y auto-reconstrucción, para dar salida, deseable en este siglo XXI, a la "sociedad-mundo" que congregaría los estados-nación, puesto que de seguir la historia como viene continuaría la constante amenaza de las guerras, con armas de destrucción masiva, y el permanente riesgo de la desaparición de la humanidad, además del progresivo y dramático deterioro del medio ambiente.

Morin advierte que esta idea de metamorfosis supera la de revolución, puesto que involucra la conservación de la vida y de la herencia de las culturas, considerando rupturas significativas que se han dado, sin despreciar la oportunidad de una nueva, al tomar conciencia de su necesidad imperiosa para reconstruir colectivamente el rumbo, con actuaciones, al mismo tiempo, en tres campos: 1. mundializar y desmundializar (conciencia de "Tierra-patria" y las acciones de proximidad en alimentación, comercio, artesanos); 2. crecer y descrecer (energías verdes, transporte masivo no contaminante, agricultura biológica, economía solidaria, humanizar las ciudades, reducción del consumismo); 3. desplegar y replegar (vida interior, comprensión de los demás, el amor, la amistad).

Cinco razones para tener esperanza formula Edgar Morin: 1. El surgimiento de lo improbable, como en el triunfo de la aparentemente insignificante Atenas frente al poder devastador de los persas; 2. La capacidad creativa de la humanidad; 3. Virtud de las crisis, que permiten asumir experiencias para enfrentar con fortuna otras; 4. Virtud del peligro, que a su vez genera la prevención, y 5. Ambición de armonía, como deseo en la humanidad desde siempre. La esperanza, de esta manera, la relaciona con la no-certeza, es decir, como posibilidad, y la estima "no en el mejor de los mundos, sino en un mundo mejor".

Ernesto Sábato en su penúltimo libro: "Antes del fin" (Ed. Seix Barral, Buenos Aires 1998), con recuento desconsolador de las tragedias del mundo, introduce capítulo final -"Pacto entre derrotados"- como intento de meditar sobre las posibilidades de esperanza, al buscar maneras de alentar la vida en los jóvenes, por si de pronto. Apela a Hölderlin, quien cree que en los momentos de mayor riesgo surge lo que salva, a la vez que formula llamado para asumir los problemas del mundo como reto propio, con misión de reivindicar la defensa de la vida en mejores condiciones. También Sábato estima que el creciente escepticismo es debido a la resignación con la que asumimos las tragedias y los malos acontecimientos. Y refuerza el llamado a reconquistar los valores perdidos, como actitud de verdadera resistencia. Sin olvidar que "en tiempos oscuros nos ayudan quienes han sabido andar en la noche".

Morin, como Sábato, le juega a la esperanza, aun sabiendo de las dificultades enormes para conquistar espacios de creencia en un mundo mejor. Introduce además la idea de contraposición entre lo prosaico y lo poético, para significar espacios que en algunos casos se excluyen: en lo prosaico ubica al pragmatismo, a lo cuantitativo, y en lo poético a lo cualitativo, con apuesta por la creatividad. Llega incluso a decir: "La cuestión no es imaginar otro mundo sino elaborar otra economía para describir este y poder mejorarlo."

Por su parte el escritor Vicente Verdú ("El capitalismo funeral", de Vicente Verdú; Ed. Anagrama, Barcelona 2009) describe como signos del deterioro de nuestro tiempo, los siguientes: desvalorización del esfuerzo, pérdida de calidad en la educación, la corrupción generalizada en políticos, gobiernos y financieros, la desestima de la moral, el incremento de la brecha entre ricos y pobres, el desempleo, la injusticia en los regímenes laboral y de salud, y la destrucción del entorno natural. Conjunto de síntomas evidenciados en la crisis económica que la rebasan, manifestación de una más profunda: crisis de época, que marcaría la transición a otra, inesperada. Verdú se ocupa, de igual modo, del papel de los medios modernos de comunicación, en las campañas de mercadeo, incluso bajo características del "rumor" entre amigos, vecinos, con generación de cadenas que abarcan los múltiples medios ofrecidos por el ciberespacio. Y considera que la crisis económica actual ha desencadenado el surgimiento de colectividad, con la creciente masificación de las "webs" sociales, internacionalizadas en lo político, en inversiones, ventas y consumos. Observa que personas menores de 22 años, habituadas al mundo digital, son más favorables a la participación que a someterse a procederes autoritarios. Y se declara optimista en el surgimiento de sociedad distinta, "coloreada y trenzada a través de la no-jerarquía de las pantallas".

Asimismo, Verdú parece, en lo implícito, concederle a Edgar Morin la validez de la complejidad como paradigma, al aludir a soluciones en nuestro tiempo que no responden a genios en particular sino a colectivos de pensadores congregados en la forma de archipiélago, idea también de Morin. Invita a un pronto funeral de la actual "gran crisis" para dar paso a nuevos modelos de interactividad, que habrán de prevalecer en todos los emprendimientos de la vida social, con fortalecimiento de modelos no jerárquicos y ampliación de maneras democráticas de participación ciudadana, por fuera de marcos restrictivos de partidos. Asume la esperanza de llegarse a la proliferación de "personas de calidad", en quienes prepondere la amabilidad, el humor, la compasión, la empatía, la curiosidad, las maneras del bien relacionarse, ajenos al remordimiento por el placer, conquistando felicidad sin culpa.

Economistas y pensadores de importancia se han ocupado del asunto, dando señales de alarma e invocando alternativas hacia reconsideraciones del modelo de desarrollo actual, generalizado en el mundo. Está, por caso, el filósofo español Daniel Innerarity, quien ha señalado la crisis económica en el mundo con implicaciones en las maneras de interpretar la realidad. Subraya lo equivocado en las visiones fragmentadas y en lo iluso de atenerse a lo que digan los modelos econométricos. Incluso reclama considerar la economía como ciencia social e histórica, y no como ciencia exacta.

En la versión 16 de la "Cátedra Aleph" (en la Universidad Nacional, sede Manizales) nos ocupamos durante el primer semestre académico 2010 de estudiar y debatir el texto de Edgar Morin, referido arriba, "Para una política de civilización", con sentido de interpretar acontecimientos del mundo actual y de buscar oportunidad en opciones de futuro, donde imperen la solidaridad, el afecto, la sostenibilidad, la innovación, en un modelo de desarrollo que conjugue la globalidad con lo regional y local, sin perderle sentido de altruismo a la vida. Lo registrado en este artículo es un compendio de lo tratado, con perspectiva histórica y apoyo en diversos autores.


Los estudiantes opinan, con escritura en libertad

Cristhian-David Romo, en informe escrito, dijo: "En el texto Edgar Morin nos dice que se puede poner en marcha una política que deje sitio a la iniciativa individual, y creo que es muy cierto, puesto que si logramos estimular a las personas comenzando desde su círculo social, podríamos acrecentar efectos a niveles mucho más amplios, por ejemplo el que ayuda desinteresadamente a un compañero explicándole un tema de matemáticas, hace con su labor política de civilización a pequeña escala, y con mayor alcance puede actuar si llega a ser el gerente de una empresa, al introducir campañas de compañerismo o de solidaridad, con la implantación de procesos que no generen externalidades negativas en el medio ambiente. Estos pueden ser claros ejemplos de lo que las personas podemos hacer, sin arriesgar demasiado, como aporte a una política de civilización."

Marcela Arango-Ospina, escribió: "Es necesario tener presente que el campo laboral representa un aspecto fundamental para la estabilidad económica y social del hombre; entonces para lograr un cambio en la situación actual puede ser de gran ayuda, como lo dice Edgar Morin, empezar mediante la creación de empleos donde se fortalezca el trabajo en el campo, al igual que la solidaridad por medio de centros de asistencia tanto para los niños como para las personas de edad avanzada, además del fortalecimiento cultural por medio de empleos de convivencia. Es de vital importancia que los políticos incluyan en sus programas de gobierno aspectos de esta naturaleza."

En otro momento, la misma estudiante Marcela Arango, planteó su posición ambientalista: "Gracias a esta comunidad interesada en la adquisición material, se generan constantes conflictos que ocasionan muertes, indiferencia, angustia, egoísmo, y sobre todo inestabilidad emocional y cultural que se ve reflejada en todos los aspectos humanos, tanto económicos, como políticos y sociales. Entonces esta dificultad para construir la paz se asocia a la falta de ambientación de los procesos que desarrollan con fines pacíficos, puesto que los territorios culturales y el ecosistema como tal pierden valor hasta el punto de no existir posibilidad de conciliación que permita el desarrollo de un sistema de comunicación apropiado para defender lo realmente importante, nuestro ambiente. ¿De qué sirve, entonces, tener riquezas materiales si no hay espacio ambiental apropiado para disfrutarlas?"

A su vez, Angélica Castillo-Mejía, expresó: "Siendo la solidaridad el primer imperativo de una política de civilización, su ideal se enmarca en la voluntad, y hace referencia al potencial de ayuda del ser humano para con sus semejantes. Sinembargo, son excepcionales las ocasiones en que esto ocurre. La solución no radica en promoverla, o en crear campañas de concientización sobre ella, se trata de potencializar la fuerza que se tiene de colaboración por la sociedad. Miedo o frustración son las mejores excusas para eludir el problema, pero es indispensable ayudar a conquistar nuevas formas de vida más justas."

Natalia-Andrea Hernández V., también contribuyó en los siguientes términos: "La política de calidad de vida es uno de los aspectos más importantes en las formulaciones de Edgar Morin, porque no es el hecho de ser homogéneos en una sociedad que quiere que todos seamos felices. La sociedad tiene establecido un patrón de la felicidad, y quien se salga de él no es aceptado sino despreciado. A lo que se debe aspirar es a que las personas tengan sus necesidades básicas resueltas, lo cual puede alcanzarse con mejores técnicas de producción y de sistematización, con cierto sentido utilitario. De este modo se estaría en lo que Morin llama "vida prosaica". Pero también debe contemplarse su complemento, la "vida poética", que da lugar a las oportunidades de gozo, al amor, al fervor, con posibilidades de ejercer y disfrutar las expresiones artísticas. Pensado todo esto en función de comunidad, se da lugar a hacer evidente la complejidad de las situaciones, con dificultades notorias para la convivencia, pero es posible alcanzarla desarrollando, por la educación, la comprensión en las diferencias, la coexistencia en la diversidad."

Mónica Ocampo-Mendieta, escribió: "Necesitamos una educación diferente, de enfoque novedoso y consciente de todo lo que sucede en cada lugar del planeta. La formación académica debe expandirse más allá de lo que está consignado en los libros de historia, geografía y matemática. Es de vital urgencia mostrar la aplicación de lo anterior para mejorar la vida humana y la conservación del planeta, con un buen toque ético que nos enseñe de una vez por todas que en el universo estamos todos conectados, que nuestras acciones tienen siempre una consecuencia que, tarde o temprano, afectará a alguien más y es, por eso mismo, que debemos estar inteligentemente educados, para tomar las mejores decisiones, favorables a la convivencia y haciéndonos responsables de las consecuencias de  nuestros actos. No podemos permitir que en la sociedad se sigan presentando más situaciones de infamia, a causa de una educación que solo arroja como resultado más y más cavernícolas."

Noel-Andrés Gómez M., escribió: "El ser humano es una unidad compleja, que lleva muchos campos de estudio para poder entenderlo, y es poco probable que se llegue al punto que se muestra en la obra en estudio de Edgar Morin, de estudiarlo como un todo, pero la reunión de las especialidades nos podrá dar una visión mucho más amplia, posiblemente no completa, pero sí nos dará los 'archipiélagos que necesitamos para navegar'. Y si es complejo el humano como unidad, la sociedad es más compleja por el comportamiento de los individuos dentro de ella. Para mejorar será necesario tener en cuenta unos complementos éticos basados, como expresa Morin, en el control del individuo a la sociedad y viceversa ('Antropo-ética'), y de la conciencia de nuestra realidad y actualidad en los tres estamentos planteados: individuo-sociedad-especie."

Con visión crítica, Jeimy-Tatiana Echeverri H., escribió: "Los dueños del capital, su forma de producir y la manera en que la publicidad y los medios llegan a nosotros, nos hacen creer que seremos y nos sentiremos mejor, si adquirimos y consumimos sus productos, cada vez de menor calidad, con el fin de producir y vender de forma masiva, al generar falsas necesidades. Es como si los medios y nuestra economía nos vendaran los ojos, impidiendo que veamos la realidad que nos aqueja, nos sofoca y nos corrompe. De esa manera nos conducen a vivir en un mundo de fantasías, del cual muy pocos salen bien librados."

Jorge-Armando Castaño, aportó: "No todo es malo. Es fácil convertirse en villano y asumir una fácil posición, pero como lo dijo Edgar Morin, aún hay héroes, conducidos muchas veces por la fuerza de las circunstancias a tomar decisiones de alto riesgo, legado de valiosas lecciones de vida, motivadoras por la ilusión de alcanzar situaciones mejores para todos. Ellos nos enseñaron a comprender el valor del sacrificio, tan precario en nuestros días, al jugársela de manera voluntaria por los otros."

Pedro-Pablo Díaz G. estableció comparación en los siguientes términos: "Al confrontar el texto de Ernesto Sábato con el de Edgar Morin, vemos similitudes: los dos hablan de los vicios y degradaciones en los que ha caído esta sociedad, al dejar en claro que este mundo consumista e hiperdesarrollado no lleva el rumbo correcto, y que es indispensable retomar lo que el hombre ha perdido: su esencia, su humanidad. Pero se dejan ver algunas diferencias, ya que Morin hace más énfasis en la crítica de los males que azotan al hombre y a este mundo, mientras Sábato simplemente deja ver a través de sus ojos la realidad."

Julián Ocampo-Zuluaga, conceptuó: "Al realizar un ejercicio de interpretación del escrito de  Edgar Morin, y sin hacer mención a qué tipo de desarrollo se encuentra asociado cada mal de civilización específico, se logra entender que el autor ve una sociedad en la que sus individuos llevan una coexistencia anónima, como consecuencia directa de la sustitución de hombres por máquinas, lo cual es evidente en los países desarrollados donde la máquina artificial ha desplazado a los policías de barrio, a los encargados de trenes, en los metros, en los peajes, etc. Este panorama de ciudad ha eliminado los sitios de encuentro y ha creado los no-lugares, o lugares de paso, en los que el individuo no puede satisfacer sus deseos y necesidades de comunicación, de amor y de comunidad, lo que conduce al hombre al subdesarrollo afectivo."

Finalmente, en este recuento de lo aportado por los alumnos, un tanto al azar, el estudiante Juan-Sebastián Marín C., escribió, en contraste de escepticismo y de esperanza, lo siguiente: "Para mí la única salvación de la raza humana y del planeta sería una destrucción cuasi-total y el renacer de una nueva vida. Claro que también podríamos pensar más bien en que el planeta y la humanidad estén en proceso de cambio y que talvez puedan llegar mejores tiempos para nosotros después, pero algo sí hay que pensar y es que nos están cobrando caro los descuidos, puesto que son muchas las personas que mueren por el desinterés de nosotros hacia la vida misma."

Trabajo de esta naturaleza con los estudiantes me deja profundas enseñanzas, en cada semestre académico, al abordar textos de autores calificados y al entablar diálogos de interpretación sobre ellos, con los naturales riesgos en las apreciaciones, pero perdiendo el miedo a opinar y confrontar entre todos los asuntos que se desentrañan como importantes. Es un ejercicio en simultaneidad de lectura, escritura y diálogo, con prevalencia del respeto, y motivación continua por seguirle el hilo a los temas, con exploraciones que no dejan de tener instantes sorprendentes, por la imaginación y creatividad de los jóvenes. Lecciones de esta naturaleza dan pie para confiar en el futuro, para cimentar cada día los brotes de esperanza.


Hay que jugarle, por consiguiente, a la esperanza. Lo dice un escéptico.

 

Apéndice

Mensaje de Edgar Morin a los estudiantes de la versión 16 de la “Cátedra Aleph” (I, 2010)


París, miércoles, 03 de febrero de 2010;  09:56 a.m.

Queridos amigos:

Estoy muy impresionado por la calidad y la pertinencia de los programas anteriores de la “Cátedra Aleph”, y me alegra ver que mis análisis y propuestas para una política de civilización serán examinados por ustedes en el actual semestre académico.

La política de civilización, al igual que mi obra “Tierra-Patria”, es la consecuencia política, lógica, de un pensamiento complejo; permite abrir una nueva vía que podrá llevar al abandono del camino actual que ha ocasionado varios desastres.

Asimismo esa política se relaciona con un pensamiento del sur, que sin objetar todo lo bueno que llega del norte, acreciente el rechazo por la hegemonía del interés material, de lo cuantitativo, permitiendo destacar y desarrollar las cualidades de la vida.

Saludo cordial a ustedes, y estoy a su disposición si desean informaciones u orientaciones.


EDGAR MORIN






[En Aleph, Universidad Nacional de Colombia, Manizales, julio de 2010]

 

Copyright ©Powered by Ciudadeje.com